La guerra hispano-cubano-norteamericana, su retórica en la prensa: dos libros para estudiarla

10 ago

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El caso de Evangelina Cossio Cisneros, y su utilización por el magnate periodístico,  William Randolph Hearst, fue uno de los casos más sonados, pero no el único ejemplo del papel jugado por la retórica  de los medios en la guerra entre cubanos, españoles y norteamericanos; una  guerra donde la información se sacrificó en más de una ocasión en función de necesidades políticas o la creación de imágenes que favorecieran a los intereses de uno u otro bando. El caso de esta confrontación resultó paradigmático para comprender la dialéctica guerra-prensa que luego se repetirá en las  diversas conflagraciones del siglo XX.

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Para conocer la forma en que la guerra resultó mediatizada, tanto por el lado norteamericano como por el español, nos bastaría, dentro de la amplísima bibliografía dedicada al tema; dos libros: el primero sería ” Aquella Guerra nuestra con los Estados Unidos..” : Prensa y opinión en 1898, publicado por la Asociación de Periodistas Europeos en La Habana, en noviembre de 1999, cordinada por Santos Juliá.

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El segundo libro sería;  Cuba in the American Imagination: Metaphor and the Imperial Ethos ((The University of North Carolina Press, 2008)) del investigador  Louis A. Pérez.

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La primera obra en  sí, es una compilación de ensayos de diversos autores quienes abordan de manera ordenada distintos momentos de la expresión en la prensa del hecho histórico, ofreciéndonos consecutivamente  el cuadro de la reticencia española al afrentarse con los Estados Unidos;  el tratamiento dado a la guarra por la prensa (y su responsabilidad)  primero en el lado norteamericana, luego en el lado Español,  la manera en que el conflicto fue visto por la prensa de Europa,   lo mismo, pero del lado español, la presencia de los corresponsales en el campo de batalla y el papel que jugaron como periodistas, propagandistas, combatientes o simplemente aventureros,  así como el empleo de la caricatura y el estereotipo por  los periódicos de los países enfrentados.

El libro se encuentra ampliamente ilustrado con caricaturas de la época (aunque se nota la ausencia de las mas denigrantes contra los españoles) y anexa una interesante selección de artículo aparecidos en la prensa Española de 1898 y un poco después que nos permite conocer como la prensa española se vio a sí misma y a la norteamericana, como patrioteros y  se hicieron la guerra y en resumen como los periodistas españoles de antaño, según sus propias palabras percibieron eso, que con toda justicia denominaron “El desastre”.

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Este libro nos descubre algo de lo que no se habla mucho, que no sólo hubo prensa amarilla en Estados Unidos, sino también en España, donde la excitación guerrera dentro de la prensa llegó incluso a la recomendación de que se liberaran los asesinos encerrados en las cárceles y que se les enviara a desembarcar en las playas norteamericanas para que allí se dedicaran a violar y matar, como nos lo descubre Marta Cruz Seoan, en el su artículo “La Cuba de 1898 en la Prensa Española”, incluido en al libro “Aquella Guerra Nuestra…”, le investigadora le otorga la Palma de la insensatez aö periódico español “La Escoba”, de orientación “Carlista”, del que cita el siguiente fragmento aparecido en vísperas de la declaración de guerra por parte de Estados Unidos a Espana:

“Que se abran inmediatamente las puertas de todos los presidios de España, que se alisten los barcos de la Trasatántica para conducir a América a los presidiarios, y que los suelten allí dándoles cuchillos y navajas.¡Presidiarios españoles!Al llegar allí seréis libres, en la punta de vuestros puñales tenéis y la riqueza…Cuanto más robeís mejor…Exterminad a las mujeres enemigas de la patria y no perdoneis a ninguna que donde hay yeguas potros nacen.”

Se trata con la propuesta de “La Escoba” de realizar una especie de remake de la aventura de Colón y es a su vez una suerte de premonición de lo que hará Fidel Castro en 1980; cuando vació las cárceles e infiltró miles de ex-reclusos,  quienes emigraban por el puerto del Mariel.

Por su parte Lois A Pérez, tiene dedicado su  ” Cuba in the American Imagination” a algo más que la guerra hispano-cubano-americana. El objetivo de su estudio es en sí comprender en general como se conformó la idea de Cuba en el imaginario norteamericano, desde los inicios del imperialismo en ese país hasta el triunfo de la revolución Cubana, todo ello a partir del uso de la metáfora. Se trata pues de un estudio de la retórica de Cuba en los Estados Unidos en el que no puede faltar el tratamiento de la guerra contra España, pero que naturalmente la trasciende. Aquí si encontramos de sobra material gráfico sobre la caricaturización del español (aunque también del cubano y del propio norteamericano) pero siempre desde la perspectiva de las redacciones estadounidenses. Por ello la obra se complemente con la anterior para darnos la imagen completa de como fueron representados los contendientes en la gráfica.

Varias son las enseñanzas que se obtiene de estos libros, las cuales podríamos resumir de la siguiente manera.

Si bien es verdad que España no quería enfrentarse a los Estados Unidos  e hizo todo lo posible por evitar la guerra; entre otras medidas desarticulando la  reconcentración y concediendo la autonomía, la  imagen que en principio se ofrecía del norteamericano, como pueblo de comerciantes, como un cerdo (incluso antes de la intervención), falto de valores e hidalguía; sugería a su pueblo que en caso de confrontación los españoles resultarían  vencedores.

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Del norteamericano los españoles fueron dibujados como gente insolente y traicionera, cuando no maltratadores de mujeres y niños, las mismas personas que en muchos caso con estampas de famélicos reconcentrados servían para representar a Cuba, transformada en la “Armenia” del Caribe (en alusión a los crímenes turcos contra los armenios). A su vez el norteamericano se representaba así mismo como el caballero protector de la dama frente a su abusador, el español (algo que anticipa en mensaje feminista, que paradójicamente hoy se impone en la sociedad española).

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Los representantes de Cuba Libre en Estados Unidos en colaboración con buena parte de los corresponsales norteamericanos en Cuba y apartándose de la línea independiente defendida por separatistas como José Martí y Maceo, utilizaron con gran habilidad la prensa para crear en Estados Unidos y en no pocos países de Europa, un estado de opinión favorable a los insurrectos y contrario al mantenimiento del control colonial español en Cuba.

Al final de la contienda la prensa española, si bien mostró señales de autocrítica, y reconocimiento del error de no haber alertado (salvo raras excepciones) contras la guerra, centrada en magnificar el coraje español, no fue capaz de reconocer  el miedo de Madrid a Estados Unidos, más que en la derrota material, la verdadera causa del desastre, un miedo del que no “comieron” ni los militares españoles, ni los cubanos integristas, que alejados de la “Madre patria” supieron confrontar con valor al enemigo  que les llegaba de enfrente, un aguerrido aliado interno, el independentismo; un valor que quedó demostrado entre otros enfrentamientos en la  heroica resistencia de Santiago de Cuba  (de la que poco o nada cuenta  la historiografía cubana), fue el  miedo de los políticos de España a adelantar con un desembarco en la península,  lo que el resto de Europa preveía para ella misma, si  se ponía del lado español.

Se trata de esa temida  intervención norteamericana, que, contradictoriamente, terminó por darse al final de  la segunda guerra mundial, bajo el pretexto de vencer al nazismo. Una intervención de la que no pudo librarse ni Franco; cuando  tomó partido en la guerra fría, ofreciendo su tierra para las bases norteamericanas, y que se continuó con el ingreso en la OTAN  por parte del socialista Felipe González.

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