Archivo | julio, 2020

Borbones, la monarquía que vendió su imperio

29 Jul

Me despierta El correo de España con un articulo que detalla lo que ya sabía; lo escribe julio Merino, bajo el título de Memoria Histórica: 1808 ASÍ VENDIERON ESPAÑA A NAPOLEÓN LOS BORBONES.

El artículo comienza con una referencia al sueño irrealizado de Benito Pérez Galdós, de escribir una obra de teatro sobre los Borbones, en la que pudiera sintetizar lo que fue la “Familia Borbón española”, cuyo mundo consideraba ¡Un rotundo esperpento!”. Gran verdad cuya expresión en este medio tradicionalista alcanza un doble valor en los tiempos en los que la derecha española parece mas interesada en sostener los puntales de su tambaleante monarquía, que en poner coto a un régimen que, justificándose con la pandemia y las nuevas anormalidades la oprime a ella como al resto de la ciudadanía, incluido en este nuevo despotismo ese comunismo a domicilio que son las cuarentenas, el cierre de empresa y conculcación del derecho al trabajo en nombre del sacrosanto covid-19.

Volviendo a la historia, el autor nos remite a los acontecimientos que tuvieron lugar en tornos a la sublevación del “2 de mayo”, otro motivo de realización literaria que Galdós y completó. Estos serían los siguientes:

Entre el 19 y 23 de marzo de 1808 se produjo el “Motín de Aranjuez” con lo que se consigue el derrocamiento de Godoy, el Primer Ministro y presunto amante de la reina María Luisa, cuya consecuencia más importante será la abdicación del rey Carlos IV en su hijo Fernando VII.

Había diferentes motivos tras este levantamiento popular. En primer lugar, la impaciencia de Fernando VII por reinar, así mismo estaban las consecuencias a largo plazo del desastre de Trafalgar, acontecido el 21 de octubre de 1805, cuando el almirante Nelson, al frente de 27 navíos de línea y 6 fragatas, derroto una flota franco-española compuesta por 33 navíos de línea y 7 fragatas.

Estaba como condicionamiento la gran crisis económica sufrida sobre todo por las clases populares y con ella el temor del clero de que el gobierno desamortizara sus propiedades. Una práctica iniciada en 1798, y consistente en poner en el mercado, mediante subasta pública, las tierras y bienes que estaban amortizados, es decir, que no se podían comprar ni vender muchas de las cuales pertenecían a la Iglesia católica y sus Órdenes religiosas, algo que solo beneficiaba a los grandes terratenientes y a burguesía urbana absentista.

El promotor de esta medida fue Manuel Godoy y Álvarez de Faria, un aliado con el que llegaran a contar Francia en España, tras el golpe bonapartista. De Godoy se dice que era el amante de la reina y favorito del rey Carlos IV, así como su primer ministro de entre 1792 y 1798, y hombre fuerte del país en su condición de Generalísimo de 1800 a 1808.

Si bien fue España aliada de Inglaterra en la contención de la revolución francesa, la expedición conjunta de los dos países para asediar el puerto de Tolón, convenció a Godoy de que Gran Bretaña enemiga tradicional de España en el Atlántico, no era de fiar y dando giro firmó la paz con el país vecino 1795 lo que le valió a Godoy el título de Príncipe de la Paz, y al año siguiente de un paso más con la firma del Tratado de San Ildefonso, una alianza ofensivo-defensiva que tenía como prioridad la cooperación militar de los dos países frente a Inglaterra.

La alianza hispanofrancesa, se daba en un nuevo estadio de la Revolución, la cual había sido aplacada por el golpe de Termidor, Francia necesitaba la armada de España, y ésta un ejército como el francés. Sin embargo, el aporte español se reduce en 1805, tras la derrota de y la práctica desaparición de la armada.

Pero el detonante fue la decisión de este mismo Godoy de autorizar la entrada tropas francesas en España supuestamente para apoyar la conquista de Portugal en virtud del tratado de Fontainebleau. Hasta el mimo Godoy sospechó que la llegada al país de 65.000 soldados franceses era en realidad una invasión por lo que envía a la familia real viajara hasta Aranjuez como tránsito de un hacia América, imitando al monarca portugués.

En realidad, no estaba mala la idea, viendo la integridad que pudo conservar la América portuguesa hasta nuestros días, el caso es que la muchedumbre, agitada por aristócratas al servicio de Fernando, se entera de la movida y ataca, para nuestra desgracia, la de los hispanoamericanos, el Palacio Real de la ciudad. En Madrid, otra masa de gente ataca el palacio de Godoy, el cual tuvo que esconderse de la turba, siendo salvado por Fernando quien tras conseguir la renuncie de su padre comienza a reinar como Fernando VII.

Pero las fiesta le dura poco al flamante Rey, el día 23, hace su entrada en Madrid el Mariscal Murat invalidando la abdicación de Carlos IV en nombre de Napoleón, concediendo a Carlos IV de que retire su abdicación, cosa a al que accede el viejo Rey, presionado por la Reina María Luisa, quien además pide al Mariscal francés que ponga en libertad al Godoy y luego que consiga de Napoleón la concesión a su esposo, a ella misma y al defenestrado ministro de lo necesario para poder vivir los tres juntos en un lugar conveniente para su salud, sin autoridad y sin intrigas.

Amparándose por el Tratado de Erfurt con el Emperador Alejandro I de Rusia, que le cede España y por el Tratado de Fontainebleau que unen los destinos de Francia y España, Napoleón toma cartas en la disputa sucesoria reuniéndose con los dos borbones en pugna. El encuentro tendrá lugar en el castillo de Marracq, en Bayona. El encuentro, del que también participa Godoy, alias príncipe de la paz, es descrito con ribetes tragicómicos en el artículo, Y es aquí donde tenemos la escena en la cual mientras Napoleón daba sus argumentos para apoderarse de la Corona de España el rey solo pensaba en comer. Mientras, ese mismo día 2 de mayo de 1808, tenía lugar la sublevación popular de Madrid contra los franceses y sus secuaces, para impedir el traslado a Francia del infante Francisco de Paula, el último miembro de la familia real que permanecía todavía en Madrid.

El 5 de mayo, es decir, cuando las noticias de la masacre y los fusilamientos de Madrid llegaron a Bayona, Emperador vuelve a reunirse con los Reyes de España y el Príncipe Fernando a quien acusó de fomentar con la aprobación de la Madre y el Padre de fomentar el motín. Napoleón aprovecha el momento para obligar al Príncipe de Asturias a reconocer a su padre como Rey legítimo a lo que Fernando acede hincándose de rodillas llorando y pidiéndole perdón, a Carlos IV como hijo y como súbdito. Pero la cosa naturalmente no quedó ahí. Trans enviar al príncipe al castillo de Valençay. Carlos IV abdica a favor de Napoleón quien coloca como Rey de los españoles a su hermano José.

Por cierto es contra este Rey ilegitimo, contra el que se subleva Hispanoamérica en un principio, algo que maestros e historiadores, suelen pasar por alto en su contribución a la leyenda negra, confundiendo a los alumnos y lectores sobre el sentido originario de aquellas guerras de independencia, que no eran contra España, sino para salvar la hispanidad de una España afrancesada, lo que no sabían los sublevados, cuando evocaban el nombre de los borbones aparentemente secuestrados en Francia, era la manera miserable en que se habían comportado.



Julio Merino, nos da la cifra recibida por aquellos reyes y el inseparable Godoy como pago por entregarnos a Francia 6 millones de francos anuales y los castillos de Compiègne y Chambord, más la servidumbre necesaria, y de por vida.

Por supuesto que ese no era el principio de la desgracia, ella había comenzado mucho antes, con la entrada del borbonato gracias a los afrancesados de la primera hora, incluido el muy cacareado Blas de Lezo, significó la conversión de España en una neocolonia francesa y el comienzo del quiebre del imperio en el Nuevo Mundo.



Ahí tenemos las crisis que desencadenan desde el primer momento revueltas en Hispanoamérica que eran más anti borbónicas que antiespañolas, desde las rebelión de los vegueros en Cuba, los comuneros de Nueva Granada o las de los indígenas de Yucatán bajo el primero de la dinastía en España, el rey Felipe V de España, llamado «el Animoso» , hasta la más conocida de todas la que se da bajo el nefasto persecutor de Jesuitas Carlos III, la de Tupac Amaru en Perú.

Lo peor fue como la familia borbona se dejó arrebatar en beneficio de los Británicos Nueva Francia, y media Cuba, la cual en lugar de recuperarla como bien podía haber hecho, siendo el Caribe un Mare Nostrum español, lo que significaba una ventaja estratégica frente a Inglaterra, no se le ocurre mejores ideas que cambiarla por la Florida, evidentemente la masonería que controlaba a sus ministros estaba operando a las mil maravillas. Por supuesto la tapa al pomo la ponen Carlos IV de España, llamado «el Cazador», con su abyecta sumisión ante Napoleón compartida por su hijo Fernando VII, el indeseable, más que deseado, al cual habrá que sumar la manera en que por carambola se convirtió en un pelele de los británicos a través de los espadones liberales, gracias a los cuales los conservadores hispanoamericanos se ven obligados a rendir sus armas al independentismo.

En sus propias palabras: Vindicación del Conde de Posos Dulces, catalogado de “malvado” y “lechuzo” en un video de “Forja”

29 Jul

Francisco de Frías y Jacott

“No está lejana la hora, decía el Sr. Soulé en Madrid, en la que una flota americana desembarcará sobre las costas de Europa a cincuenta mil yanquis, quienes devorarán de un bocado vuestra pretendida civilización”.
Carta de Francisco de Frías y Jacott a Su Majestad el Emperador, Napoleón III, sobre, la influencia francesa en América, a propósito de un Mensaje de James Buchanan, el decimoquinto presidente de los Estados Unidos.

Buen video, el que aparece en el canal “Fortunata y Jacinta” bajo el título de Origen de la expresión “América latina”. Esa que, por cierto también duele a cierto liberal hispano iberico del que aquí se hemos tratado.  Pero en esta ocasión a la realizadora se le va la mano en la ligereza cuando califica de “malvado” a un reformador y sabio como fue el cubano Francisco de Frías y Jacott, IV conde de Pozos Dulces, nacido en 1809, en La Habana, Cuba y fallecido en 1877 en París, Francia.

Es cierto que esta figura fue contradictoria, pecó de ingenuop, en mi opinión al conspirar  en favor de la conversión de Cuba en un estado más de la Confederación Norteamericana, es decir los Estados Unidos previos a la guerra civil.

 Claro hay un detalle que podría alegarse en su defensa y que tanto por la historiografía norteamericana como Iberoamericana ignoran y es que la parte sur de aquella unión estaba conformada en los territorios que un día fueron parte de Nueva España y tenían mucho en común con el espíritu, la cultura e incluso la economía cubana.

Todo eso cambiará bruscamente tras la conquista del sur por el norte y podría explicar el giro que dará el Conde de Posos Dulces hacia el independentismo.

Sin embargo, si alguna vez resulta lúcido este pensador fue precisamente en documentos con el libelo de 32 páginas que el cubano le escribe a modo de carta, al entonces emperador francés Napoleón III. Un escrito que se hace en un momento histórico en el que cualquiera con dos dedos de Frente podía ver en Francia, la sustituta de lo que siglos antes había sido España, una esperanza de los pueblos latinos, a los que identifica con los católicos, frente al embate general de sus enemigos.

No se le debe atacar a Francisco de Frías y Jacott, como traidor por enfrentarse a un régimen traidor, ocultando lo que pasaba en ese momento en España, callando que lo poco que quedaba del imperio se encontraba sometido a los espadones filo británicos triunfantes en las guerras carlistas.

Así cuando un hispano cubano como el conde de Posos Dulces apela a Francia es porque con toda razón la hispanidad de encuentra, como ya lo había estado en otras épocas, en decadencia en la misma madre patria.

Se trata pues de un afrancesamiento tardío, y hasta sano frente al otro mucho más vil, el que significo la importación del borbonato. Esa era la alternativa salvadora de los hispanoamericanos ante la decadencia real de una España que se habría salvado de triunfar el carlismo. No confundirlo con sudamericanos Sarmientos que, en racismo propio del masón, lo único que le movía era exterminar indios y gauchos, para sustituirlos por europeos de cualquier ralea como hacían sus correligionarios norteamericanos.

Lo de América latina no está mal, pues nos une a los que hablamos español, portugués y francés en el Nuevo Mundo en una mancomunidad que nos diferencia del anglosajón, no olvidemos que la España masónica dejó en la estacada a sus primos mexicanos herederos del nuevo mundo, frente al embate protestante, solo Napoleón III plantó cara al embate liberal siempre al servicio de los anglosajones, no sólo en América, sino incluso en Europa. De todos modos, si quieres rescatamos lo de hispanoamericanos e incorporamos a los que hablan nuestro idioma en Europa como en hispano europeos.

Lo cierto es que reconocer la latinidad de unos y otros nos haría poderosos, ya que conformaríamos, al menos en la autoconciencia, una identidad grandiosa que sumaría a portugueses, franceses, italianos e incluso a los rumanos (aunque no sean católicos) frente a ese impero anglosajón, británico-usense (como denomina Pio Moa a lo que solemos llamar estadounidense) que es quien nos domina, sobre todo a esa Europa que terminó invadiendo precisamente por Francia.

En este sentido las premoniciones del tal Soulet, citado como argumento en su favor por aquel hombre de raza latina nacido en la habana resultan asombrosas; esto entre otras varias alertas del conde de Posos Dulce en su célebre carta, que “Fortunata y Jacinta ” pasa por alto. A que aquí dejo el documento traducido por José Andrés Fernández Leost y que el Proyecto Filosofía en español, ha tenido a bien publicar en agosto 2006.

Leamos en su integridad el texto y luego valoremos cuan justo es el término de “lechuzo”, usado en el video para referirse a su autor: 

Carta a Su Majestad el Emperador Napoleón III sobre la influencia francesa en América a propósito del Mensaje de
M. Buchanan
por
Un hombre de la raza latina
 
París, Ledoyen, Librero editor
Galería de Orleans, 31 (Palacio Real)
1858



La Providencia, cuya intervención en las cosas de la tierra nunca dejó de ser evidente para los espíritus sin posibilidades, se ha manifestado de nuevo colocando sobre la cabeza de Su Majestad la corona de Carlomagno, en un momento en el que los acontecimientos hacían necesarios para la salvación de la humanidad la reconfiguración de una de esas influencias imperiales que han planeado sobre el Mundo en todas las épocas decisivas, como un testimonio de salvación y resurrección.La llegada de Su Majestad al Imperio ha estado rodeada de todas las señales que dan a un hecho carácter providencial, y que establecen entre este hecho y la Divinidad una comunión entre ideas y intereses de tal importancia y grandeza que su comprensión no está al alcance del común de los hombres. La razón humana, extraviada por el abuso de sus propias fuerzas, no previó en absoluto la elevación de Su Majestad; la lógica de los acontecimientos parecía arrastrar al Occidente europeo hacia una corriente distinta a la que hoy puede orientarla Su Majestad. El poder, la fuerza, la inteligencia relativa, la voluntad de sus árbitros, todo se oponía al pensamiento de marchar de nuevo tras el vuelo audaz y salvador de las águilas napoleónicas. Tan sólo Su Majestad poseía la convicción de sus destinos; tan sólo Su Majestad comulgaba con Dios en el secreto de sus aspiraciones. Y he aquí que la razón humana, la lógica de los acontecimientos, el poder, la fuerza y la inteligencia relativa reconocen que se han equivocado; he aquí que Su Majestad las obliga a humillarse ante la fatalidad providencial de la que hasta ayer osaban creerse independientesSire, la providencia ha elevado a Su Majestad a condiciones muy superiores a las de los soberanos ordinarios. Os ha coronado por el sufragio del pueblo; os ha coronado por la gracia divina que se ha manifestado abiertamente a favor del prisionero de Ham. Y por esta triple coronación, os ha puesto a la cabeza de la única nación que puede reivindicar el derecho de ejercer una influencia universal, puesto que es la única que está en condiciones de agrupar a su alrededor a la mayoría de naciones, sin verse acusada de obedecer a un pensamiento egoísta o interesado. Si un emperador de Rusia mandase a sus ejércitos a cualquier parte del globo terrestre, le sería imposible persuadirnos de que no lo ha hecho por un interés ruso; si una reina de Inglaterra desplegase la bandera británica sobre un océano; nunca podría sostener que no trabajaba para otro interés más que el de su país. Estos dos soberanos, uno que personifica el absolutismo, y otro que supuestamente representa la libertad, se encuentran tan encadenados a su exclusivo interés por la estrechez de su religión nacional que les estará siempre vedado ejercer una influencia universal. No es el caso de Su Majestad, que por el carácter eminentemente católico de su poder debe, sin verse acusado de egoísmo o de ambición, pasear por todas partes la bandera de Francia, en la que ninguna nación verá nunca la bandera de un pueblo invasor. La corona imperial que se ciñe sobre la frente de Su Majestad será saludada naturalmente por todas partes como hermana de la tiara, y Francia respetada como la hermana mayor de las razas latinas.Esta denominación de razas latinas, dada desde hace algunos años preferentemente a todas las razas que reconocen la soberanía espiritual del Papa, merece recibir toda la atención de Su Majestad. Esta denominación es un síntoma del deseo simultáneo que sienten de aliarse entre ellas bajo una protección poderosa, a fin de resistir las invasiones interesadas y desorganizadoras que las amenazan. Esta protección, deseada ardientemente por las razas latinas, solo puede ejercerla Su Majestad, y de ella lo esperamos.No me será difícil, Sire, hacerle comprender a Su Majestad de qué lado está la grandeza, la justicia y la verdad en la lucha que las razas latinas se ven obligadas a mantener hoy contra las otras razas. Algunas líneas me han bastado más arriba para demostrar que, de entre todos los soberanos, el de Francia es el único que puede desplegar la bandera de su país sin verse acusado de querer servir exclusivamente a sus intereses o a su ambición. Todos los soberanos susceptibles de comparársele se han visto forzados en su imperio a poner la idea a remolque de la materia; él es el único que ha subsumido la potencia material a la idea, sin sustituir a Dios. Todos los malentendidos que han sembrado gérmenes de división en el Mundo cristiano y han retrasado la marcha de la civilización en beneficio de la barbarie, proceden del olvido o de la ignorancia de esta verdad. Basta recordarla o proclamarla para que nos persuadamos enseguida de que todos los cismas, nacionalizando la religión o propagando la indiferencia, han hecho retroceder varios siglos a la civilización y han retrasado el advenimiento de la unidad, cuya única vía es el Catolicismo. Por rechazar este convencimiento, las artes y la literatura se degradan; el nivel del espíritu humano se rebaja; el desorden se impone en la familia, en la sociedad y en el Estado; y las razas, volviéndose egoístas, buscan conquistar para sí mismas el cetro de la monarquía universal. Afortunadamente el mal, a veces brillante en sus teorías, no tarda en desvelarse a través de los hechos, inspirando el horror de sus consecuencias en aquellos de quienes había abusado. Tras un instante fascinados por él, las razas latinas ven al fin el abismo hacia el cual les arrastraba; y una necesidad de creencia se hace sentir en ellas, pero una necesidad de creencia tal y como estuvieron acostumbradas a profesar en el pasado; de creencia sintética, elevándose encima de la materia y glorificando la idea en la elevación del hombre hacia Dios. Las razas latinas saben que sólo el Catolicismo glorifica así la idea; que las artes, la literatura, los grandes pensamientos y las grandes cosas no son posibles sino por él; y buscan a alguien que, defendiéndolas de sus enemigos, reasiente a su vez sobre bases sólidas sus sociedades quebrantadas. La grandeza, la justicia y la verdad, ¿no están del lado de esas razas que piden reanudar la cadena de los tiempos y retomar la civilización progresiva allí donde la dejaron los errores, las ambiciones y las malas voluntades de la pretendida Reforma?Harían falta muchas páginas para reunir bajo los ojos de Su Majestad las numerosas pruebas que testimonian, en las razas latinas, el deseo de sumarse y unirse contra los invasores; si bien Su Majestad ha estudiado tan profundamente las causas y los resultados de la revolución operada en el universo desde hace tres siglos, que conoce mejor que yo estas pruebas, recientes al espíritu. Providencialmente esta revolución debía desembocar en su punto de partida; Francisco I llevado al Imperio en la persona de un elegido por los acontecimientos; y las promesas del siglo XVI, aplicadas tarde o temprano. Todo ha convergido hacia tal meta, y para alcanzarla la Providencia ha coronado tres veces a Su Majestad. En cuanto a la nación francesa, no ha pasado una hora de su historia que no la haya dedicado al papel que estaba llamada a representar, papel sublime entre todos, ya que consiste en defender la justicia, la verdad y la idea, sin reclamar jamás para sí más que el honor de haberlas defendido. Quisiera que el espacio me permitiese recordar aquí, uno a uno, los acontecimientos que han llevado a la Francia del Renacimiento del siglo XVI al Renacimiento del XIX, a través del periodo crítico del ochenta y nueve, y así distinguiríamos la mano de la Providencia uniendo unos acontecimientos a otros como a las anillas de una misma cadena. Pero también en este caso Su Majestad está en mejores condiciones que yo para abarcar con su mirada los tres últimos siglos, y estoy impaciente por llegar al verdadero tema de esta carta.Más hábil que el bien para adivinar los peligros que le amenazan, el mal no pierde ocasión para prevenirlos y combatirlos de antemano en el terreno en el que han de producirse. El mal sabe muy bien, desde que intenta invadir el universo para arrojarlo a las garras de la barbarie o al caos de la excentricidad, que Francia y el soberano que regirá sus destinos son los obstáculos más serios contra los cuales forzosamente habrá de chocar. Sabe también que las razas latinas, otra vez por él respaldas, volverán pronto a ejercer la omnipotencia que habían perdido por haberle escuchado, y que una vez consolidada la alianza de las naciones católicas se desharán las esperanzas del desorden y la tiranía. Todo su esfuerzo tiende a impedir la alianza de las naciones latinas, a sembrar entre ellas todos los elementos de discordia posibles, a que se destruyan unas a otras; a debilitarlas con luchas internas, y sobre todo a reducir el papel de Francia al de una nación media y el papel de Su Majestad al de un simple soberano constitucional. La gran preocupación de los adversarios del verdadero progreso es la de hacerle olvidar a Francia su carácter católico y lograr por todos los medios que Su Majestad se ocupe de la religión tan sólo desde el mero punto de vista de nuestro país, como si un hombre, venido desde exilio al trono imperial, pudiese olvidarse de la mano que le condujo allí para el cumplimiento de designios eminentemente religiosos.¿Se creerá que es fácil persuadir a Francia de que un Imperio, como el que ha dado a su elegido, se constituye fuera de toda síntesis, y que acepta ocupar en el Mundo una posición que no la haga llave de bóveda de la solidaridad entre las naciones de su comunión? En un momento de ceguera un poeta puede imponer momentáneamente tal opinión a Francia; pero si tiene tiempo para reflexionar, morirá del veneno con el que quería matarla. Nunca Francia llegará a ser tan incrédula como para aceptar suya la doctrina del egoísmo y como para no comprometerse a intervenir en las cosas del universo. Francia está en el Mundo para otras cosas más que para servir a los intereses de sus hijos; está para servir a los intereses de la Humanidad; nunca faltó a esta misión, y su odio actual a la república procede de lo que los republicanos de mil ochocientos cuarenta y ocho quisieron enseñarla a olvidar.Un gobierno que diese a Francia todo el bienestar y todas las libertades deseables, pero que se olvidase de llevarla al socorro de una de sus hermanas injustamente amenazadas, no es el gobierno que necesita. Francia prefiere menos bienestar y menos libertad, pero más nobleza y generosidad. Francia, Sire, es una nación madre: no piensa en ella sino tras haber pensado en la familia. Y he aquí el porqué la Providencia, dándole a Su Majestad la jefatura, ha querido que Su Majestad se convierta en el gran árbitro de la reconstitución de las sociedades latinas.Pues bien, Sire, los adversarios de la idea que debe salvar al género humano realizan, repito, esfuerzos inauditos para impedir que las cuestiones del momento sean planteadas sobre este amplio terreno. Esperan que al retrasar la solución, podrán desarraigar mejor del corazón de las naciones latinas la idea católica que debe servirlas de faro el día del realineamiento. Como saben que en las regiones del verdadero saber tal idea prevalecería fácilmente sobre sus detestables sofismos, hacen todo lo posible para rebajar el nivel del saber, so pretexto de divulgarlo. El trabajo que dedican a ello produce resultados funestos y rápidos. Su Majestad, Sire, es quizá el último hombre de la sociedad occidental que ha recibido una educación completa, capaz de hacerle digno de grandes cosas; y esto gracias a un milagro de solicitud maternal. Con la misma prontitud con la que los pobres alumnos de las universidades y escuelas de Francia reconocieron la superioridad del Presidente de la Republica que tenía fe en Dios, desecharon su nombre de la memoria: Occidente tiene quinientas mil especialistas de primer orden: dentro de algunos años, si nos descuidamos, no podrá proporcionar ni un ministro. No se crean hombres completos sin educación religiosa.El mal aspira a retrasar la solución de las cuestiones importantes despertando ante todo en las poblaciones latinas el instinto de los intereses materiales. Pero desgraciadamente, Sire, no nos ocupamos lo suficiente de combatir la conspiración permanente de algunos capitalistas contra la sociedad occidental. Hace falta estar ciego para no ver cómo organizan por un lado y a su saldo, el ejército del desorden, mientras que por otro lado procuran desarraigar toda idea caballeresca del corazón de los franceses.Lo dejé entrever más arriba: el mal reviste dos formas para apropiarse del universo: por un lado acude bajo la forma de la tiranía; por otro, bajo las apariencias de la libertad. Allí, se dice ejecutor del testamento de un bárbaro; aquí, se pretende encargado de la defensa de una doctrina política absurda. Pedro el Grande le encomendó absorber Europa; Monroe le dijo que Europa no tiene derecho de preocuparse por el resto del Mundo. Pese a la animadversión de los enemigos internos de la gloria de Francia y de la dinastía napoleónica, Su Majestad no dudó en dar buena cuenta del pensamiento de absorción de Europa en nombre del testamento de Pedro. Golpeó con el pie el suelo francés, y sin más interés que el de la civilización latina, Francia aportó millones y soldados; el Águila Imperial emprendió su vuelo y no paró hasta llegar a su meta. Fue entonces, Sire, cuando el mal reconoció más que nunca la necesidad de acabar con Su Majestad, con Francia desinteresada. Se organizaron conspiraciones contra el triunfador; se dio a la nación la fiebre de lucro, esperando que las bombas y la especulación dieran al fin cuenta de la Providencia y de la idea. La Providencia desvió a unos; la idea, simple porque es grande, se refugió en las masas; las bombas golpearon abajo, cuando estaban destinadas a golpear arriba; la especulación desenmascaró, corrompió, arruinó y perdió a los mismos que querían servirse de ella para arruinar a las masas. De esta suerte, el Emperador y el pueblo francés continuaron de nuevo dispuestos a presentarse allí donde la civilización reclamase su apoyo. Un largo reposo del mal sucedió a estas tentativas; pero en su derrota quedó al menos satisfecho de que las cosas no llegasen tan lejos como para permitir a Su Majestad y al Pueblo francés tomar de manera decisiva el papel que deben cumplir tarde o temprano. Cuestiones políticas de segundo orden habían sido agitadas; pero las grandes preguntas permanecían sin resolver; la catolicidad no había sido llamada a pronunciarse de tal manera que pudiese al fin decir: ¡heme aquí! Las razas no estaban clasificadas; los latinos habían salvado a los sajones de la vergüenza de una derrota; sabíamos que el Imperio era fuerte, pero con algo de ceguera todavía podíamos persuadirnos de lo contrario. Lo más hábil era la espera: el tiempo es más mortífero que las bombas.Pero la Providencia que, después de haber preparado a las naciones, crea a los hombres para los acontecimientos, no permite que estos no se cumplan. Aunque numerosas palabras de mando se sucedan, la explosión tiene lugar en un punto cuando se la conjuraba sobre otro; y las grandes preguntas son al fin planteadas de tal manera que hay que resolverlas, pese a los nuevos esfuerzos y tentativas para retrasar otra vez la solución.En la época en la que, bajo el pretexto del progreso, las primeras revueltas religiosas empezaron a comprometer la unidad católica, el Catolicismo completó el Mundo revelando la existencia de América; la gran Isabel proporcionaba a Cristóbal Colón los medios para cumplir la misión que él también había recibido de Dios; y el descubrimiento de un continente nuevo, desbaratando todos los cálculos de la ciencia y de la razón humana, demostraba la superioridad de la revelación sobre ellas. Las razas latinas, que habían civilizado el Mundo antiguo, civilizaron el nuevo: lo conquistaron para la fe y la unidad, tal y como habían conquistado a sus soberanos; y ganaron sobre las tierras vírgenes de América el espacio que perdían en Europa. Pero sus adversarios no tardaron en perseguirlas en este nuevo campo de batalla, y es allí donde probablemente va a emprenderse la lucha que obligará a nuestra época a resolver por fin las grandes cuestiones de raza y de unidad absoluta, planteadas a la vez por la civilización católica y por sus enemigos.América está dividida por la naturaleza en dos grandes partes, vinculadas por un istmo cuya posesión tienta necesariamente a la que quiera a toda costa absorber a la otra. No lejos de este istmo, como un observatorio que Europa conserva en el golfo más importante del nuevo Mundo, se extiende una isla fértil donde todavía nada le ha sido arrebatado a los hijos de quienes la descubrieron y civilizaron. Si el istmo es conquistado, Europa está derrotada políticamente; si la isla es invadida, lo está su religión. El istmo se convierte en la ruta de las nuevas conquistas, tan legítimas como la del istmo mismo, y la isla sirve de arsenal para una marina cuya creación está prevista en aras de completar la derrota del Catolicismo en el continente europeo. Y que no me digan, Sire, que exagero; de la boca del Sr. Soulé se sabe de estos proyectos, que no esconde en Madrid, para cuya ejecución se puso de acuerdo con todos los enemigos declarados de la civilización latina, antes de su salida de Europa. Codiciando México y Cuba, Estados Unidos no tiene tan sólo en vista la ampliación de su territorio y la satisfacción de sus intereses, sino que obedece a un pensamiento diametralmente opuesto al que sostiene regularmente Francia. No quieren civilización más allá de la que pretenden poseer; están comprometidos con todos los hombres cuyos odios han condenado las sociedades europeas. Para la república democrática triunfante en el nuevo Mundo, todo imperio, toda realeza en el universo, se convierte en algo perjudicial para sus intereses; por consiguiente, es útil y lícito derribarlos por la fuerza o por la astucia. Estados Unidos representa la Reforma insensata que, no habiendo podido triunfar en la civilización latina con los secuaces de Coligny, ha ido a remojarse más allá de los mares para volver reforzada y luchar con más afán que nunca contra esta civilización.Una de las grandes desgracias de nuestra época, Sire, es la incapacidad en la que se encuentran nuestros hombres de Estado, ignorando los amplios horizontes donde planeaba antaño el espíritu de sus predecesores, no elevándose por encima de simples cuestiones de intereses políticos, comerciales, industriales y financieros, y no discerniendo las ilimitadas consecuencias que puede tener para el futuro el triunfo de Estados Unidos y de la doctrina Monroe. Hace falta una inteligencia como la de Su Majestad para abarcar el conjunto de estas consecuencias y reconocer la urgencia de una rápida alianza entre las razas latinas del antiguo y nuevo Mundo. Una vez se reconozca la urgencia de esta alianza por la voluntad que dispone Francia, el horizonte se ampliará súbitamente por su vigor; sus hombres de Estado se elevarán a la altura de las circunstancias hacia un trabajo hecho necesario, y todas las cuestiones de tránsito, de transporte trasatlántico, de relaciones con tal o cual continente americano serán tratadas desde un punto de vista macroscópico, lo que devolverá de inmediato al Occidente europeo su preponderancia moral y material. Todavía ayer resultaba peligroso aconsejar a los hombres de Estado latinos situarse a esas alturas; fácilmente se les podía acusar de dejarse arrastrar por quimeras más ilusorias que espantosas; las amenazas eran sordas, las invasiones disfrazadas, los peligros todavía ausentes. Pero hoy que la duda ya no es posible, las amenazas se profieren de viva voz, se preconizan las invasiones y los peligros son reales, ya no se teme ser tratado de Casandra, profetizando el próximo ataque del que va a ser objeto la civilización.Lo que podría aumentar el peligro, Sire, es la persuasión que se logre inspirar a Su Majestad de que las amenazas proferidas por el Presidente de Estados Unidos en su último mensaje no merecen más que desdén, bastando esbozar una sonrisa para hacerlas justicia. En nuestros tiempos de ignorancia, donde únicamente los grandes genios tienen el don de ver los peligros y las masas el de presentirlas, las clases medias, ahora escépticas, creen poder superar todo a través de la burla. No recuerdan que los romanos de la decadencia se reían de los bárbaros, alrededor de mesas cargadas de vino y viandas hasta el mismo momento en que los bárbaros invadían la sala rompiendo en sus labios la copa desbordada de orgía. En tales ocasiones, la sonrisa no es señal de fuerza, sino de cobardía; se desdeña por miedo a ser obligado a combatir. Adversarios como los filibusteros y sus patrocinadores nunca se engañan; se lanzan en sus barcas, obligando a llorar antes de que terminen las sonrisas.Supongamos incluso, Sire, que fuese insensato invitar a nuestra época degenerada a ocuparse de otras cosas más que de intereses materiales –tan mezquinamente restringidos en tanto no están subsumidos a intereses de otra naturaleza. Aun así el mensaje de Buchanan no merecería sino incitar en Europa el deseo de contestarle enérgicamente, ya que el día en que América no tenga relaciones de solidaridad con el resto del Mundo, los intereses materiales de Europa se verán seriamente comprometidos; nuestro comercio, nuestra industria, sufrirán la ley en vez de imponerla, y el descubrimiento del nuevo Mundo producirá el resultado incomprensible de causar la muerte del antiguo. ¿Pero porque reducir el debate a tales proporciones, cuando reina Su Majestad? El que los progresos de los enemigos de nuestras creencias y de nuestra nacionalidad desinteresada hayan conducido a la mayoría de la prensa europea a no discutir más que en el terreno de la vulgaridad es tan cierto como deplorable. Pero cuando un hombre del temple de Su Majestad ha logrado devolver la llave de bóveda al edificio europeo, se puede trasladar el debate más allá de ese terreno, hablar de la solidaridad de razas que creen en un mismo Dios, y de la alianza de naciones que tienen fe en un mismo pueblo y en el mismo Emperador. Además, es la única manera de alcanzar la salvación; puesto que en el terreno de los intereses materiales no hay razón alguna para pensar que el caos no advenga inmediatamente y para que la alianza de razas latinas se reconozca inútil. Por otra parte, vea Sire, con qué rapidez ha aumentado el nivel de audacia de los adversarios de la civilización a medida que ha bajado el de nuestras convicciones. Ya hablan de la unidad en el ateismo, mientras nosotros no osamos hablar de la unidad en la fe; Buchanan habla ya del derecho de los pueblos de librarse de toda tutela, mientras nosotros no nos atrevemos a declarar la solidaridad de los pueblos con una misma creencia. Los soberanos católicos, apoyados por Dios y sus súbditos, se valen incluso de circunloquios para llevar adelante una pretensión legítima y, entretanto, el elegido de una banda indisciplinada de salteadores de banca, osa declarar ante la faz del Mundo que ha llegado la hora de los bandidos y de los salteadores para asaltar la civilización. No estemos menos convencidos de la verdad de lo que ellos parecen de la impostura; no discutamos su sistema del mal temiendo proclamar nuestro sistema del bien. Y puesto que –más habilidosos que nosotros– han sabido hacer religión del crimen, mientras nosotros parece que renunciamos a la nuestra, apresurémonos a elevar la cruz al mismo tiempo que desenfundamos la espada; apresurémonos a invitar a las razas latinas a la alianza, fuera de la cual no existe salvación alguna para la civilización.La prueba de que esta alianza tendrá como resultado inmediato derribar todos los planes del mal, es el número infinito de esfuerzos que este hace para romper su espíritu antes de que se consolide de hecho; es la inminencia de una lucha fraticida hábilmente preparada, pérfidamente aconsejada por él. Sabe perfectamente que una vez emprendida esta lucha, su triunfo está asegurado, que el istmo y la isla se convertirán en su presa; que nadie podrá parar su marcha invasora hacia el sur, su vuelo destructor hacia Europa. No está lejana la hora, decía el Sr. Soulé en Madrid, en la que una flota americana desembarcará sobre las costas de Europa a cincuenta mil yanquis, quienes devorarán de un bocado vuestra pretendida civilización. He aquí, Sire, el porqué Su Majestad debe considerar el mensaje de Buchanan como un documento serio e impedir ante todo, por sus consejos, que el Gabinete de Madrid envíe un ejército contra México, y hacer que prevalezca en este último país la influencia francesa en beneficio del gobierno que en definitiva representa el orden y la disciplina.España es con toda seguridad la potencia europea que tiene, tras Francia –y acaso tanto como ella–, un interés inmenso en impedir a los electores de Buchanan llevar a buen termino sus proyectos. Y sin embargo España es la que quizá asegure el triunfo de esos planes, debilitando México y obligando a sus habitantes a tirarse a los brazos del partido extremo, que tiene todas las simpatías de Buchanan.El General Prim ha entendido que la expedición de México representaba de alguna manera una abdicación por parte de España sobre su influencia en América y una vía hacia la perdida de Cuba.Se esperaba que la presencia de buques españoles en aguas mexicanas fuese la señal para todos los extraviados de México frente al infame mercado propuesto por Estados Unidos a esa república. “España es vuestra enemiga, le decían el presidente de México, y vosotros sois pobres. Prestarnos vuestra bandera e iremos a conquistar Cuba, comprometiéndonos a compraros cien millones de ‘piastras’ cuando la hayamos conquistado”. Se trataba entonces en México de tocar la fibra del patriotismo ofendido, al igual que desde hace dos años en Madrid. México no fue lo bastante torpe como para sucumbir a la tentación. ¿Será el general O’Donnell menos hábil, menos concienzudo, menos desinteresado que el presidente de México? En tal caso los mexicanos exaltados dejarían de dudar; tendrían el motivo que les faltaba, y como es probable que un ataque de España tenga por resultado facilitarles el camino hacia el poder, no hay duda de que firmarán a dos manos el tratado que puede entenderse como la condena a muerte de la raza latina en el nuevo Mundo.Las consecuencias de la aparición de buques españoles frente a México podrían ser más que las que vislumbro. Y que el partido pretendidamente liberal, que desgarra hoy el corazón de esta república, reconozca como jefe a ese Vidauri que en su momento no vaciló en prestarse a un reparto de su patria para obtener la presidencia de una república de Sierra Madre, constituida con las más bellas provincias de México, bajo el protectorado de Estados Unidos. Y este general, ¿no continua de agente de Estados Unidos en su patria desolada? Podríamos decir aquí quien es el corredor audaz que por su cuenta vendió las barras de plata que provenían de la fundición de platería de templos violados por él. Podríamos mostrar al ministro de Estados Unidos en Washington recubriendo con su librea al ladrón Loperena y amenazando a México con una declaración de guerra si la justicia osa oponerse a la salida de este nuevo tipo de lacayo. Se lo pregunto a Su Majestad, ¿qué relación podemos esperar mantener con un país que lanza sobre el Mundo civilizado embajadores capaces de levantar barricadas en Madrid, mantener en Europa conciliábulos en los que se pronuncia la condena de Europa, y de convertirse en mercaderes de plata robada en un país en el que fomentan una guerra civil?Los buques españoles en aguas mexicanas no pueden ser útiles sino a condición de que acompañen a los buques franceses para intervenir concertadamente en el centro de América, a favor de las razas latinas. La Expedición de Conchinchina es un síntoma; este síntoma debe desarrollarse hoy y producir una alianza terrible ante la cual los invasores tiemblen.Sí, Sire, una nueva ocasión, y esta vez decisiva, se le presenta a Su Majestad para representar el papel supremo de árbitro universal, para el cual la Providencia ha coronado su frente. Su Majestad ha estado en Oriente para proteger al débil del fuerte, y el débil no era su hermano ni en religión, ni en política, ni en civilización. Y con gusto el fuerte se hubiese repartido con Francia la presa codiciada, si es que Francia pudiese aprovecharse jamás de la debilidad de una nación para absorberla. En el occidente de Europa se trata de nuevo de proteger al débil; pero esta vez el débil es hermano de Francia tanto en religión, como en política y civilización. Y el fuerte, pasando sobre su cadáver con el consentimiento tácito e imposible de Su Majestad, no aprovechará su triunfo más que contra Napoleón III.El mensaje está abiertamente dirigido contra la fe, las ideas, los principios y los intereses de los que Su Majestad es símbolo universal; abofetea a Europa en sus dos mejillas, y afirmo que los que tratan de ridiculizarlo palidecen en sus gabinetes por ello.El señor Buchanan y la nación que representa ya no lo esconden más. Desean hoy mismo Cuba, y el lenguaje empleado en el mensaje demuestra que no retrocederán bajo ningún concepto hasta alcanzar su meta. Primero quieren ocupar dos provincias de México, y en el caso de que el general con el que cuentan para que les venda las demás no salga victorioso, declaran que se apoderarán de una parte la república; lo que equivale a decir que tomarán Sonora, Sinaloa, Chihuahua, Durango, Zacatecas, Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila, simplemente porque las cinco primeras ofrecen incalculables riquezas metalúrgicas y las tres siguientes circundarán Texas. Proclaman abiertamente que Nicaragua, Costa Rica, Honduras, San Salvador y Guatemala son de su propiedad. Deben ser mías, dicen, y la razón es que me llamo león. Necesitan extender el famoso protectorado sobre Arizona, que según ellos es una guarida de asesinos. Antaño bombardearon Greytown, bajo el pretexto de que en esta ciudad de madera anidaban los piratas. ¡Piratas castigados por filibusteros! Por supuesto, tan sólo había piratas en los navíos que bombardearon la ciudad; esta estaba habitada por apacibles comerciantes, la mayoría extranjeros, entre los cuales se encontraba un buen número de compatriotas. Y si hasta ahora se bastan con esto es porque según ellos el Sr. Buchanan resulta, por su prudencia y moderación, un obstáculo para propósitos más grandiosos.Animados por la indiferencia de Europa, que con razón creen tan sólo aparente y por lo tanto dictada por el miedo; enardecidos por las concesiones de Inglaterra, cuya marina insultaron en Greytown sin que se les pidiese rectificación alguna; suficientemente ricos para recubrir el Mundo de cómplices, no quieren a Buchanan sino a Soulé. Ni Cuba ni México pueden apaciguar su sed avasalladora. Les hace falta América entera y la ruina de todo lo que pueda recordar en el universo la existencia del catolicismo y la monarquía. en los demás continentes Los que aquí tiemblan al ver cómo se emprende la lucha –siendo por sus intereses cómplices del mal–, tratan de persuadirse y de persuadir a los demás de que Estados Unidos no aprueba el espíritu del mensaje de Buchanan. Es un error; este mensaje no es más que la expresión debilitada de la opinión publica de esa guarida de bandidos, destinados a castigar la Humanidad, si la Humanidad no se detiene a tiempo ante la pendiente que la conduce ya al abismo.Ante el triunfo de Estados Unidos como señal de descomposición de la sociedad latina, es deber de Francia, a la que Dios ha encomendado la custodia de esta sociedad, amarse para defenderla; manteniendo con su influencia, ante las pretensiones de Buchanan, el gobierno que representa en México el orden, la moralidad y, sobre todo, la unidad religiosa; restableciendo las relaciones de España con este gobierno, en donde la presencia de la bandera de Isabel en el golfo de México secunde los propósitos y asegurar la estabilidad; prohibiendo a Estados Unidos pensar siquiera en la compra o la invasión de las Antillas. Una alianza franco-española a la que todas las naciones latinas vendrían a unirse, revelaría de golpe el nivel moral de la Humanidad, con la ventaja añadida de resolver al fin las cuestiones más importantes, siempre distantes por enrevesamientos repletos de tormentas. Y que Su Majestad no se extrañe de mi insistencia en subrayar el carácter religioso de los acontecimientos, que se pretende abstraer en nuestros días, con todos los esfuerzos de los que es capaz el mal a fin de conseguir su meta. El día en el que la unidad católica cese de reinar en México y Cuba, la descomposición de la sociedad latina en América será un hecho consumado, y caerán los únicos obstáculos que se oponen todavía a las invasiones de Estados Unidos. Prueba de que el mal considera el despertar de la creencia como señal de su derrota, es la incalculable serie de medidas que toma para oponerse. Una gran conspiración se ha organizado para que ni las artes, ni la literatura, ni el ejercito, ni cualesquiera fuerzas, se atreva a decir abiertamente: yo creo. Mientras Buchanan se prepara para el asalto a la civilización, sus cómplices le envilecen y enervan. Ya ve Su Majestad que el peligro es grande, y debe reconocer que su dinastía sería la primera victima.Una intervención franco-española en América a favor del principio latino conllevaría para la civilización católica la inmensa ventaja de desviar la atención de Europa hacia América, así como revelar a la sociedad europea un campo de influencia moral y de transacciones materiales mucho más amplio que el que se ha creído que debía explotarse hasta hoy en el nuevo Mundo. Las relaciones de Europa con Norteamérica no han tenido para Europa sino resultados deplorables, lo que es fácil de entender debido al estado de conspiración permanente de Estados Unidos contra ella. Apenas han pasado algunos meses desde la crisis organizada por los electores de Buchanan para producir en el Mundo una perturbación propicia al cumplimiento de sus propósitos; Estados Unidos no ha mantenido con Europa sino relaciones orientadas a su ruina, y cada vez que se ha presentido una conmoción bajo sus pasos, al abrir la mina se ha descubierto pólvora fabricada por los anglosajones. Todas las ventajas de las relaciones comerciales establecidas entre Europa y Estados Unidos han repercutido en favor de Estados Unidos, y todas las desventajas han sido para Europa. Mientras tanto, Sire, le aseguro que podríamos adquirir ventajas de todo tipo, crear una deuda de reconocimiento que sería pagada, establecer un contrapeso suficiente a las pretensiones yanquis y asegurarnos todas las rutas de tránsito universal entre el océano y el Pacífico, si prestásemos a América Latina un cuarto de la atención que prestamos a la América anglosajona, ejerciendo nuestra influencia benefactora sobre Sudamérica y Centroamérica, fomentando en todas las repúblicas hispano-americanas el desarrollo del comercio y de la industria, en donde las riquezas proceden desde luego de otras fuentes que las de Estados Unidos.Una alianza latina, colocando a los electores de Buchanan del lado de la civilización, obligaría al fin a Europa a reconocer que Centroamérica y Sudamérica son el teatro natural donde en lo sucesivo debe ejercer su influencia y establecer sus relaciones trasatlánticas. Casi todos aquellos hijos que se van a Estados Unidos, apenas ponen los pies en esa tierra maldita cuando un viento de ingratitud sopla sobre sus corazones y reniegan, tal como Soulé, del país que les vio nacer; todo europeo que se mezcla con los yanquis se vuelve inmediatamente un enemigo de Europa. Pero algo todavía más extraño pasa en Norteamérica y ciertamente no es el menos curioso ni interesante de los temas examinados que planteamos a la atención de Su Majestad. Los verdaderos habitantes serios de Estados Unidos, los propietarios del suelo, los descendientes de aquellos que aseguraron valerosamente la independencia de la colonia inglesa sin sospechar que abrirían un refugio a la hez de las revoluciones, no son libres para manifestar una opinión de orden y de moralidad, y se ven dominados por los nuevos reclutas que vienen de fuera a fortalecer y engordar cada día la falange de los autoproclamados demócratas. Nadie piensa que estén dispuestos a respaldar a Europa, ya que Europa, por su indiferencia o temor, les deja a merced de sus adversarios. Alejados del poder desde hace veintiocho años, se ven obligados a asistir en silencio a las orgías de los filibusteros y a ver su patria transformarse en una guarida donde desde hace tiempo se preparan todas las infamias políticas que amenazan la existencia de la civilización. Estos habitantes son respetables, podrían rehacer su país si Europa intimidase o derrocase a sus adversarios; pero es su influencia lo que se destruye. Los europeos que ponen un pie en Centroamérica y en Sudamérica, no dejan de ser hijos y amigos de Europa; si actuasen de otro modo perderían todo su prestigio, lo que por tanto marca la diferencia que existe, en cuanto a la nobleza de sentimientos, entre los yanquis y aquellos cuyo país quieren invadir. Europa tiene pues allí alguien a quien proteger; nuestros embajadores sienten latir corazones franceses y no ven en los habitantes sobre cuyo país hacen ondear nuestra bandera enemigos enardecidos de ese glorioso labarum.Francia tiene a cuatro mil de sus hijos únicamente en México, e igualmente tiene a otros tantos en todas las capitales de las repúblicas hispano-americanas. Pues bien Sire, se trata de proteger a estos hijos de Francia, interviniendo de manera pacifica o a mano armada, y cambiar en su provecho, al nuestro y al de nuestros aliados naturales el curso de las relaciones de Europa con América. No es en Estados Unidos donde se encuentren las verdaderas fuentes de riqueza del nuevo Mundo, y es por ello por lo que Estados Unidos se ve siempre tentado a extenderse fuera de su país. Es en Centroamérica y en Sudamérica donde la influencia de Su Majestad puede hacer renacer el orden y la paz por todos lados. Los Estados latinos del nuevo Mundo, Perú y Ecuador por ejemplo, ¿estarían cerca de llegar a las manos si Europa latina se ofreciese como arbitro de sus diferencias? Pronto serían más fuertes y fecundos, y estarían unidos. Bloquee, Sire, a Estados Unidos, y el Mundo verá entonces si Estados Unidos puede encontrar en su casa lo necesario para alimentar la sed de gozos materiales que le carcome.Como todos los hijos de las razas anglosajonas, los norteamericanos son expertos en explotar el trabajo y la fortuna de los demás, ven sus indias en Sudamérica; he aquí lo que les empuja a lanzarse rápidamente más allá del istmo de Panamá. El futuro de las relaciones de la civilización latina con América está, lo vuelvo a repetir Sire, completamente del otro lado de Estados Unidos; está en la importancia del istmo que Su Majestad ya estudio antaño desde miras tan elevadas que os hizo el primer hombre de la época; está en Sudamérica. En cuanto a Estados Unidos, su hora sonará el día en el que una alianza latina les exhorte la orden de no dar un paso más encaminado a la invasión. El cáncer que les roe, y que nutren arrojándole cada año el producto de un nuevo robo, les morderá repentinamente el corazón; su federación se romperá por la fuerza de las cosas, y entonces será cuando realmente Europa latina podrá sonreír, si es que no es tan bondadosa como para apiadarse de ellos. Estados Unidos no viven sino para invadir; parecidos a bandidos, sus habitantes no existan sino lanzándose frecuentemente fuera de sus cavernas; encerradlos y se comerán entre ellos; a grandes bocados, como salvajes: ¿No se probaron ya a sí mismos en Utah?Sí, Sire, tal será la suerte de Estados Unidos, cuando una alianza latina les reduzca a existir por sí mismos; y no imaginamos lo fácil que sería reducirles. Este temible adversario, cuyos golpes pueden ser tan funestos, cuyo triunfo sería mortal para la civilización, no tiene más fuerzas que las de la indiferencia o el temor de aquellos a quienes amenaza. Representa para el Mundo lo que para el niño las sombras imaginarias que cree ver correr detrás de él: si continua huyendo el espanto le conducirá al abismo; si se para y mira de frente a su sombra, el fantasma desaparecerá. Nada hay en ellos más que mentira, debilidad y cobardía. Creyendo que no tiene nada que temer ni nada que perder, Estados Unidos se atreve y lo arriesga todo; son grandes por el espanto insensato que inspiran. ¿Quién no se acuerda de los resultados de la campaña que emprendieron contra México, en mil ochocientos cuarenta y seis? México, que no tenía más que ocho millones de habitantes, desgarrado por la guerra civil, sin apenas un millón en su tesoro, le costó a Estados Unidos veinte mil hombres y doscientos millones de piastras, siendo su población de veintiséis millones de hombres, y con un tesoro que excedía los veintiocho millones. ¿Qué les habría pasado, en qué se convertirían, si hubiesen tenido o si tuviesen que luchar contra una de las grandes potencias europeas, y, sobre todo, contra una alianza latina? Aun teniendo hombres a mano, les será imposible tener un general de genio; ya que una de dos, o este general es un hombre honrado que no se prestaría a sus propósitos, o es un ambicioso egoísta, y entonces sería de sus propias instituciones por lo que tendrían que preocuparse. Durante esa misma guerra contra México, ¿no estuvieron celosos de Scott, su general, no le tuvieron miedo?… Su potencia marítima ha metido mucho ruido, y ni siquiera pueden alinear una flota militar; sus buques mercantes, muy adecuados para transportar filibusteros, no aguantarían contra una fragata imperial. Están obligados a negociar con sus propios insurrectos, y no pueden montar una armada capaz de barrer a unos cuantos locos reclutados.En realidad, Sire, el examen de sus fuerzas reales daría razón a los que les ridiculizan, si no recibiesen impunemente el apoyo de fuerzas auxiliares verdaderamente peligrosas para la civilización latina y particularmente para la dinastía de Su Majestad. Son estas fuerzas a las que es necesario y glorioso vencer, ordenando a Estados Unidos no dar un paso más; lo que hay que combatir frente a ellos es lo que la revolución tiene de amenazadora, la revolución universal de la que son símbolo, como lo es Su Majestad del orden religioso y político; y es ante todo sus modos de subvencionar a sus cómplices europeos lo que hay que extraerles, obligándoles a ofrecer otra cosa que amenazas gratuitas y provocaciones impunes.Si Su Majestad, descendiendo una hora de su trono, pudiese deslizarse entre las bandadas de quienes conspiran de corazón y con la bolsa contra la Francia imperial, en los despachos donde papeles pretendidamente liberales reproducen el mensaje de Buchanan, en todos los lugares donde, en definitiva, se le espera como al Mesías, como una chispa que encenderá las pólvoras revolucionarias, se daría perfectamente cuenta de las fuerzas terribles que la impunidad da a Estados Unidos, y entre ellos a todos los adversarios de las razas latinas. Una manifestación de estas razas bajo la dirección de su árbitro natural bastaría para dispersar como al polvo las cuartillas del mensaje de Buchanan. Una indecisión, una torpeza de estas razas, una lucha entre ellas, un año más de indiferencia por su parte, y el mal que ha empezado a atacar los confines de nuestra civilización, las estrangularía en Europa, para entregar después su cadáver a los cómplices bárbaros que pululan alrededor del trono de Su Majestad. La funesta influencia moral ejercida por Estados Unidos sobre sus cómplices europeos; el crecimiento del número de estos últimos son, hay que admitirlo, consecuencia de la debilidad de los gobiernos respecto a las excentricidades e intenciones de los yanquis. ¿Cómo dejar de creer que los gobiernos no están sometidos a la voluntad de los electores de Buchanan, cuando cada dos por tres vemos a estos últimos situarse por encima de las leyes y de los tratados respetados y corroborados de común acuerdo por las potencias de primer orden? El Wabash, ¿no ha franqueado últimamente y con total impunidad, los Dardanelos violando las prescripciones del tratado de París, declarando que los buques de Estados Unidos no tiene porqué atenerse de este tratado? ¿No hemos visto a un simple capitán yanqui enfrentarse a Austria, prohibiéndola en el mediterráneo tocarle un solo pelo a Kosta? Los ejemplos de tales desafíos son innumerables. Los enemigos internos de la civilización también dicen: ¡Europa tiene miedo de Estados Unidos! En 1846, Europa, que también creía que las bravatas yanquis no eran dignas de atención, ha dejado que Estados Unidos hacerse con CIENTO DIEZ MIL LEGUAS CUADRADAS en México, ¡suficientes para construir tres reinos!Sin embargo, no es siquiera necesario –este usted persuadido, Sire–, lanzar un solo cañonazo para disipar el fantasma amenazador y aniquilar las fuerzas dispuestas por sus cómplices. Estados Unidos no tiene ningún Sebastopol, como tampoco flotas y ejércitos; saben que en el terreno de la defensa no se puede esperar nada de ellos. Una simple declaración de Su Majestad bastaría para hacerles reflexionar e inspirar al fin bastante confianza a los adversarios de los demócratas para que se acerquen al poder del que están alejados desde hace veintiocho años. Tal declaración sería aplaudida por el universo como lo fue aquella de Carlos X a propósito de este otro nido de piratas que se llamaba Argelia, o como lo fue la de Su Majestad a propósito de Turquía, que se trataba de proteger. El caso es idéntico: Francia, no quiere invadir; lo que quiere es impedir que se invada; y si Estados Unidos forzados a explicarse, reconocen que la invasión es para ellos una cuestión de vida o muerte, el Mundo tendrá que decidir si quiere morir para que ellos vivan.No hay que dudarlo un solo instante: la conducta de Estados Unidos, el lenguaje de sus presidentes, de sus agentes diplomáticos, de sus capitanes de navío, de todos aquellos ciudadanos suyos que por cualquier circunstancia se relacionan con el Mundo; tanto por sus actos como por su lenguaje, demuestran que se creen con derecho a la invasión allí donde ven ventajas a obtener. Como Cuba les sería útil, entonces tienen el derecho de poseer a Cuba; de la misma manera pronto se reconocerán los dueños legítimos de todas las colonias europeas del mismo mar. Ya no solamente España debe temer por su Antilla, Francia debe temer por las suyas; Gran Bretaña; y el resto del Mundo entero, en definitiva. Cuando Perú descubrió sus riquezas en Guano, ¿no vimos a Estados Unidos reivindicar la propiedad de las islas adyacentes? Si tiene tierras que cultivar, su abono les pertenece. Esto equivale a decir que un hombre que quiere saber la hora y no tiene reloj tiene el derecho si quiere de coger el reloj de su vecino.Me detengo, Sire. Me es imposible desarrollar en los límites de este folleto todos mis pensamientos. Su Majestad, acostumbrado a abarcar todas las consecuencias de forma sintética sabe, una vez leídas estas líneas, a qué documentos y pruebas tiene que recurrir a fin de adquirir la certidumbre de que tengo razón. Resumo mis deseos: alianza de las razas latinas bajo la mano del Emperador de los franceses que debido a todos los elementos providenciales está llamado a encabezar; intervención latina en los asuntos de México a favor de los principios latinos; declaración enérgica estableciendo que Europa nunca permitirá a Estados Unidos comprar o invadir Cuba; renovación de la orientación de las relaciones de Europa con el Nuevo Mundo, con el ejercicio de la influencia francesa en este continente; unión intima de los intereses latinos de Europa con los intereses latinos de América y, por consiguiente, estudio y empleo de todas las medidas orientadas a anudar entre estos intereses lazos indisolubles; en definitiva, supremacía francamente proclamada de la idea católica para la solución de todas las cuestiones latinas, a fin de poder devolver a la civilización esa unidad de acción y esa amplitud de horizontes de la que está privada desde que el pensamiento religioso se concibe como algo sumido a los acontecimientos y no como su director.Estos deseos que dirijo hacia Su Majestad no solamente en mi nombre sino en el nombre de las razas que tienen fe en ella, provocaran sin duda un profundo asombro entre las clases intermediarias de la sociedad occidental; desacostumbradas a grandes proyectos y a grandes cosas; pero estoy persuadido que encontrarán eco en el corazón del hombre que la Providencia predestinó tan claramente para su cumplimiento; estoy igualmente persuadido que no asombraran a las masas para quienes el nombre de Napoleón es sinónimo de grandeza y salvación.Mientras los hombres de Estado occidentales, absorbidos por no se qué cuestiones de segundo orden –cuya solución es indigna de ellos–, han descuidado instruirse sobre las ventajas que la civilización latina extraería del ejercicio de la influencia europea en Centroamérica y Sudamérica, los habitantes de nuestros puertos han descubierto en la práctica tales ventajas, y empiezan a alzar la voz hacia Su Majestad para que no las deje escapar. Las cámaras de comercio de Burdeos, Nantes y el Havre, sin concebir el conjunto de estas ventajas, las entrevén, y reconocen los peligros que conllevaría para Francia alargar su indiferencia hacia América. Estas cámaras de comercio han mandado correos a Su Majestad, que atestiguan tanto la oportunidad como la justicia de mis deseos.El carácter inminentemente católico de estos últimos corresponde a la necesidad que las masas sienten de no permanecer en las tinieblas de la duda, y de ver a la familia reconstituirse al mismo tiempo que el Estado. Todo lo encaminado a oponerse a estos deseos es un peligro tanto para la civilización como para la Francia imperial; ha llegado al fin el momento de distinguir a nuestros amigos de nuestros enemigos y dejar de nutrir a la serpiente que piensa devorarnos. La hora es propicia, y decisiva para un despertar de la catolicidad. Atacada por todas partes con rabia, la catolicidad puede alzarse por todos lados victoriosa, y con el triunfo garantizar a vuestra dinastía el Imperio que Su Majestad ha reconquistado tan noblemente a la anarquía, la irreligión y, sobre todo, la ignorancia, cuyas tinieblas cubrían ya el Mundo.Cuando la justicia, la verdad y el orden reinan en el universo; cuando las naciones débiles no tiene nada que temer de las naciones fuertes; cuando la religión prosigue su obra regeneradora; cuando los adversarios de la civilización se arrastran, aplastados bajo la mano enérgica del derecho; cuando Francia y su soberano son respetados, y su influencia legitima se ejerce en toda su plenitud; cuando los conspiradores no se atreven a manifestarse a la luz del día y se confiesan impotentes, por su inacción; Su Majestad dijo: el Imperio es la paz. Pero cuando la justicia, la verdad y el orden son desconocidos, ultrajados, desafiados; cuando se amenaza la independencia de las naciones hermanas; cuando se expulsa a la religión, públicamente insultada, de los congresos que tendría que presidir; cuando se discute, combate y viola el derecho por los adversarios de la civilización; cuando se aparta a Francia y su soberano de las cuestiones importantes, se la hiere su influencia, y se la ataca en los principios que representa y profesa; cuando los conspiradores se exhiben, y se osa escribir el mensaje que acaba de arrojarse a la cara de Europa; el Imperio es el vengador del orden, de la verdad y de la justicia; el Imperio es el defensor de la naciones amenazadas; el Imperio es el brazo que sostiene la espada de San Pedro y reivindica la herencia de Carlomagno; el Imperio es el campeón del derecho violado; el gran dispensador de la influencia pacificadora; el Imperio es la forma del gobierno que resuelve los desafíos y condena a aquellos que los motivaron; y si para ejercer esta misión múltiple hace falta que el Imperio sea otra cosa que paz: ¡que sea guerra!París, 25 de diciembre de 1858.
Un hombre de raza latina.

Del ateísmo científico a la mística ortodoxa, el giro espiritual del cine ruso

28 Jul

 

Se dice que en Kuibyshev (hoy Samara) en el invierno de 1955-1956, una chica llamada Zoya Karnaukhova, durante un baile con el icono del santo Nicholas el Taumaturgo quedó petrificada durante 128 días. Los clérigos de la Iglesia Ortodoxa Rusa, incluidos Sergio, Metropolitano de Syzran y Samara, consideraron aquel incidente como un milagro Tal fue el revuelo que se armó Kuibyshev y sus alrededores, a causa de la propagación de rumores sobre la “petrificación” de la niña en la casa número 84 en la calle Chkalov, que las autoridades soviéticas se vieron obligadas a usar las fuerzas de la policía para poner orden en los disturbios. Hoy los herederos de aquel poder autoritario aseguran que no se conservan registros de lo acontecido con la chica de marras.

La historia de un bailarín sacrílego, petrificado en castigo por la profanación de santuarios  es conocida en  Rusia desde al menos el siglo XIX. Parece ser un relato folclórico recurrente. Pero no es una leyenda de la época zarista, sino el caso que tuvo lugar en los tiempos del deshielo soviético, el que fue llevado al cine bajo el título de Milagro en el año 2009, bajo la dirección de Alexander Proshkin. La película participó en el 31 ° Festival Internacional de Cine de Moscú, llevado a cabo del 19 al 28 de junio de 2009, donde su director recibió el premio “Jorge de plata”.

El filme, estrenado el 12 de noviembre de 2009, se ambienta claramente en tiempos del XX congreso del Partido Comunista de la URSS, que es donde se denuncian los crímenes de Stalin, y el culto a la personlidad. Paradógicamente fue aquel ex seminarista devenido en lider conunista, quien reactivó la iglesia ortodoxa rusa como una fuerza moral más, el objetivo: ganar la llamada gran guerra patria.

La cámara comienza mostrando la humilde casita de la ciudad de Grechansk donde viven una madre y su hija Tatyana.  Es un verdadero recuento de la austeridad material con la que se vivía la población soviética. Las dos mujeres son ateas, pero conservan en un estante varios íconos que fueron heredados de la abuela. La hija tiene un carácter masculino y grosero, y su madre en cambio es más tranquila y cayada. Tatyana hace que su madre saque los íconos de la casa, lo cual la señora acepta humildemente, regalándoselos al sacerdote ortodoxo local.

Solo quedará  en casa el icono de San Nicolás, que es el nombre de un antiguo novio de la muchacha 

Cuando Tatiana tiene su cumpleaños se organiza una pequeña velada en su casa, los jóvenes acuden y bailan en pareja, en medio de la diversión Tatiana toma el ícono de San Nicolás y comienza a bailar con él en sus manos. De repente, algo sucede en y los invitados asustados salen corriendo de la casa gritando. Resulta que durante el baile  Tatyana han quedado petrificada, ni siquiera el carpintero, que parece tener cuentas pendientes con el poder soviético puede salvarla, sus herramientas se extropean cuando intenta romper el piso donde la chica está paralizada.

Por su parte, la madre en pleno ataque histérico se culpa de todo y recupera los íconos que había regalado, sin embargo ya es demasiado tarde y de vuelta a casa es atropellada por un tren.

Esta película la he encontrado íntegra en el canal de YouTube del actor que interpreta a Trotsky en la serie del mismo nombre, Konstantin Khabensky.

Este destacado artista aquí hace del periodista Nikolái (Nicolás) Artemieven quien viene dispuesto de la capital a escribir un artículo honesto sobre lo que ha pasado, tratando de explicar el estado de la chica desde un punto de vista materialista, utilizando términos de la enciclopedia médica. Pero el periodista de percata de dos cosas, que la muchacha es un antiguo amor -su nombre fue el que salvó al ícono- y que en realidad el milagro ha sucedido.

Un personaje interesantes de la película es Nikita Khrushchev  (Alexander Potapov ) a quien se le hace llegae a Grechansk, dispuesto a combatir a los oscurantistas, pero al ver la estatua viva, la pasión atea se le apaga. No es lo que ocurre con el caracter del Comisionado de Asuntos Religiosos, Kondrashov  (Sergei Makovetsky ), una suerte de inquisidor ateo ,   cuya tarea fundamental es ocultar a la población que ha tenido lugar el “Milagro”, lo hace por ejemplo presionando al sacerdote ortodoxo para que en la misa le diga a sus feligreses que tal evento no

La chica recupera la movilidad tras la intervención del hijo del sacerdote y termina siendo internada en un manicomio además de ser tratada como parte de un complot desestabilizador  norteamericano.

Es importante tomar en cuenta que, en aquellos días, estaba prohibido hablar de cualquier milagro, todo tenía que explicarse desde un punto de vista materialista. Pero además vemos aquí un préstamo de la célebre obra Maestro y Margarita donde las andanzas del diablo en el Moscú estaliniano de los treinta también son explicadas por la presa en los términos propios del materialismo.

Resulta interesante el giro que ha dado el cine ruso, no solo en comparación con el que se hacía en el país en tiempos de su pertenencia a la Unión Soviética, sino en relación con el cine occidental donde si bien abunda el cine fantástico, el cual ha terminado absorbiendo, por no decir degradando el género de la ciencia ficción, apenas aborda el asunto milagrero en sentido cristiano es raro. Así resulta rearo ver en las salas, no hablemos en los festivales películas que aborden milagros, ya desde una perspectiva católica ya de una protestante y aun cuando se hace, rara vez es premiado. En cambio, el asunto se me hace recurrente en el cine postsoviético

Sin duda alguna Rusia se ha convertido en lo mismo que pretendió ser el franquismo, solo que ahora la reserva espiritual de occidente se encuentra al oriente, precisamente en aquella parte de Europa cuyas creencias religiosas fueron machacada pro el estado, no con la forma sutil y efectiva del estado secular postmoderno, sino con la cruel, abierta y despiadada del ateísmo comunista que al final deja sin proponérselo mas hambre de Dios que nunca, el nuevo cine ruso es el mejor ejemplo.

PS: Alguien me escribe quejandose de que la película no está traducida. Pero hay una solción para quien no domine el ruso, ella está  en las aplicaciones de youtube para colocar el traductor automático, no es perfecto pero  se entenderá bastante bien la película y mas con lo que aquí ya comentamos, a continuación un tutorial; 

Sabiduría Divina se libera de sus cadenas en Estambul

17 Jul

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Gran escándalo internacional despertó el anuncio de la semana pasada de que la icónica Hagia Sofia, convertida en museo durante 86 años, sería nuevamente una mezquita. Uno de los afligidos fue el papa Francisco quien lamentó el domingo de 12 julio de2020,  la reconversión de la antigua basílica de Santa Sofía de Estambul en mezquita por decisión del presidente turco, al término de la oración del Ángelus.  

Es una pena que no le haya apenado igual las ordenes impartidas por el Estado italiano y luego lo que le siguieron para que suprimiera ceremonias en sus iglesias, con el cuento de la pandemia, vaciándose así hasta las plazas del Vaticano, como buena señal a los católicos del mundo de que había que obedecer al estado secularizado.

 Hagia Sofia (en nuestra lengua Sabiduría Divina) fue la iglesia más grande construida por el Imperio Romano Lo hizo en la parte este de Constantinopla, nombre original de Estambul, primero se le llamó.  Megale Ekklesia (La Gran Iglesia), pero a partir siglo V en adelante, se la conoció como Hagia Sofia. Allí se coronaban los emperadores, y debió ser reconstruida varias veces.

El primer edificio lo levantó en 360 por el emperador Constantino I (337-361). La segunda iglesia, una basílica cubierta con un techo de madera, será reconstruida por el emperador Teodosio I en 415. Esta iglesia fue destruida durante el reinado del emperador Justiniano I (527-565), el 13 de enero de 532, durante un levantamiento popular.

La impresionante estructura que hoy conocemos se la debemos a dos genios de la arquitectura de su tiempo; Isidoro de Mileto y Anthemius de Tralles, quienes recibieron la orden de Justiniano I de reparar los destrozos, se cree que puso a la disposición de los arquitectos 10.000 constructores. La obra se terminó en el tiempo record seis años. Reabriéndose el culto el 27 de diciembre de 537.

Hay que decir que cuando los católicos italianos denominados latinos por los bizantinos, invadiero Constantinopla en el siglo XXI, saquearon Hagia Sofia junto con el resto de la ciudad, no he escuchado a ningún Papa pedir perdón por esta acción de una de las tantas cruzadas que el papado apoyó.

Cuando el sultán Mehmed II tomo Constantinopla, una de las primeras cosas que hizo fue visitar la iglesia, subió a la cima del edificio y observó desde allí la ciudad admiración por el tamaño del edificio lo convirtió en mezquita, esto ocurrió en 1453. El edificio se encontraba en mal estado y Mehmed II donó una parte importante de su tesorería para la fundación. Todos los sultanes otomanos posteriores también contribuyeron con edificios adicionales, renovaciones y nuevas decoraciones.

 

Esto que tan mal se ve en occidente, en Turquía no es otra cosa que un acto de respeto a la voluntad popular, pues desde que el país entró en democracia multipartidista, más de un gobierno prometió reabrir Hagia Sofia para el culto sin conseguirlo.

 

Para revertir la situación del edificio, ha sido necesario demostrar primero la condición de ilegalidad en que se encontraba patrimonio cultural desde que en 1935 Mustafá Kemal Atatürk, se la ofreció a la “a la humanidad”, como si para ello fuera imprescindible que el tesoro arquitectónico cambiara de función, algo que no ha ocurrido por ejemplo con La Catedral de La Habana.

 

 De hecho, una solicitud similar al Consejo de Estado en 2016 fue rechazada. Esta solicitud se basó en la invalidez de la firma del presidente que condujo a la decisión de 1936. Los exámenes del documento mostraron que la firma no coincidía con el original, el documento no se publicó en el Boletín Oficial y no siguió el debido procedimiento.  Durante el período del gobierno de un solo partido, el Kemalista, el hecho de que nada podría suceder sin el conocimiento del presidente y el uso continuado de la edificación como museo muestra que la práctica estaba permitida. El caso que una nueva apelación fue presentada contra la ilegalidad de esta decisión, en este caso los tribunales de administración terminaron cediendo a la petición.

Y la nueva decisión se hizo permanente a través del respaldo del Consejo de Estado. De hecho, después de cancelar el decreto de 1934, el Consejo de Estado allanó el camino para abrir Hagia Sofia como mezquita. En la tarde siguiente de la decisión, el presidente Recep Tayyip Erdogan anunció que Hagia Sofia reabriría para el culto el 24 de julio y que asistirían entre 1,000 y 1,500 personas a los primeros viernes de oración.

 

Para entender lo valiente de este paso hay que entender que el culto en Turquía, por Mustafá Kemal Atatürk, muerto por cirrosis hepática el 10 de noviembre de 1938 es similar a la que se sigue sintiendo en China por la de Mao. Cuestionar una decisión tomada por aquel Padre de la Patria, significa una transgresión a la que pocos se pueden atrever. Refiriéndose a la reversión del edificio el actual mandatario tuco la califica de “liberación de Hagia Sofia de las cadenas”. Por su parte el ministro de Defensa, Hulusi Akar subrayó que la soberanía de Hagia Sophia pertenece a Turquía y que ningún otro país tiene algo que decir sobre su reconversión en mezquita.

 Hay quien protesta por lo que hizo Erdogan, más revertir la orden dada por el dictador masón y secularista, devolviendo Sofía a su condición de mezquita la acerca más al objetivo original para la que fue creada, un sitio de adoración a Dios. En este sentido deberían mostrar un poco más de solidaridad ecuménica, tanto el Papa como otros religiosos que en el resto de mundo lamentan la decisión tomada por el tribunal administrativo turco. Son los mismos a los que jamás se les ocurriría pedir que se transformen nuevamente en mezquitas aquellas que fueron convertidas en Iglesias tras la reconquista de España, y del mismo modo que a ellos les asiste cierta razón, también ocurre lo mismo con el presidente turco que hace por la cultura y fe de su pueblo, lo que no se atreve a hacer por el suyo ningún gobernante y mucho mejor los representantes espirituales de los pueblos occidentales.

Un día como hoy: intentona golpista en Turquía

15 Jul

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Turquía está celebrando el cuarto aniversario de la derrota popular infringida a un intento de golpe de estado. Aquel tuvo lugar  el 15 de julio de 2016. Como parte del recordatorio han tenido lugar una serie de eventos conmemorativos, con la presencia del actual presidente tuco,  en honor a los que perdieron la vida luchando contra los golpistas.

Aquel día del 2016,  por la noche,  una pequeña junta militar, intentó derrocar al gobierno electo utilizando armamento pesado, incluidos aviones de combate, helicópteros y tanques. Los sediciosos cerraron el Puente del Bósforo de Estambul alrededor de las 10 de la noche, mientras bombardeaban el parlamento. A su vez, con el fin de ejecutarlo se daban al presiden Erdogan, quien en ese momento en la provincia egea de Marmaris.

Mientras duraba la operación, aviones de guerra manejados por pilotos golpistas (uno de ellos ex agregado militar en Israel) intentaban asustar a la población sobrevolando las ciudades de Estambul y Ankara, así mismo los complotados se apoderaban de la emisora estatal TRT.

Desde su escondite el presidente pudo comunicarse con su pueblo y mantener vivo el espíritu de la resistencia democrática, usando un teléfono celular cuya pantalla era reproducida desde un canal televisivo no controlado por los militares.

Se cree que los golpistas estaban vinculados al clérigo Fethullah Gülen, exiliado en Pensilvania, Estados Unidos, desde 1999.

El movimiento de Fethullah Gülen ya había sido catalogado un año antes de la intentona putchista como terrorista por el gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo, bajo el nombre Organización de Terror Gulenista (Fetullahçı Terör Örgütü, FETÖ).

Lo cierto es que cuando se intentó derrocar a ese gobierno democráticamente constituido, con el fallido golpe fallido de 2016, el pueblo no respaldó la acción presuntamente realizada por los conspiradores de FETÖ. Miles de ciudadanos de todo el país salieron a las calles desarmados a detener el golpe. Aquella noche más de 250 personas murieron, mientras que más de 2,000 resultaron heridas defendiendo la democracia. Es por ello por lo que la fecha del “15 de julio, con toda justicia se ha convertido en el” Día de la Democracia y la Unidad Nacional” en Turquía.

Esta ha sido sin duda la gesta democrática más grande en lo que va de siglo. El protagonista ha sido pueblo musulmán, demostrando la falsedad de los prejuicios que existen contra este tipo de comunidad humana en el mundo occidental secularizado.

Hay que quitarse el sobrero frente al pueblo turco, aunque los medios lo difamen permanentemente, endilgándole a su presidente los pecados que corresponderían en realidad a su dictador favorito, el egipcio Al Sisi, bajo cuyo régimen se violan los derechos y a los humanos, literalmente hablando, del pueblo de Egipto.

Al final debemos reconocer que solo merece la libertad un pueblo dispuesto a morir por ella. Lo de menos es que lo haga sacando coraje del “Dios es grande”. Los turcos son el mejor ejemplo.

¿Por qué ciertos países tienen menos muertes por coronavirus?

8 Jul

No seamos conspiranoicos: La existencia del Covid-19, podría ser considerada un hecho, así como las miles de muertes relacionadas con él.

Otra cosa es si esta relación obedecer a motivos puramente biológicos o esta mediatizada por los protocolos que siguen los médicos a la hora de tratar a los pacientes.

Mientras tanto llama la atención que sea países muy pobres y por tanto con una infraestructura médica poco desarrollada, aquellos en los que se observan menos fallecimientos por habitantes, cuando la lógica debería dictar todo lo contrario.

El sitio digital https://coronavirus.jhu.edu/data/mortality es donde la universidad Johns Hopkins informa de del modo en que difiere la mortalidad entre países diferentes.

En el mismo sitio se reconoce que este un modo importante de medir el peso del COVID-19. Como se observa no existe un solo patrón en lo que se refiere a la cantidad de muertes dividida por la cantidad de casos confirmados.

Según los editores de la página universitaria estas diferencias podrían estar causadas por:

• Diferencias en el número de personas evaluadas: con más pruebas, se identifican más personas con casos más leves. Esto reduce la relación de casos y letalidad.
• Datos demográficos: por ejemplo, la mortalidad tiende a ser mayor en las poblaciones de mayor edad.
• Características del sistema de salud: por ejemplo, la mortalidad puede aumentar a medida que los hospitales se abruman y tienen menos recursos.
• Otros factores, muchos de los cuales permanecen desconocidos.

En mi opinión es en la iatrogenia donde radican los factores fundamentales que no se reconocen, es decir en los daños causados al paciente por su tratamiento médico.

Se trata de un fenómeno muy común en naciones desarrolladas, donde poco a poco se va perdiendo  de vista el adagio de que de que no existen enfermedades, sino enfermos y donde los seguros, privados y públicos, movidos por motivaciones económicas, más que de salud, son quienes dicen la última palabra en cuanto a los tiempos de atención al paciente.

No es de extrañar que según “Iatrogenia: análisis, control y prevención”, informe de 2018, emitido por La Organización Médica Colegial (OMC) y la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS)  En España, el 9,3% de los pacientes sufren algún tipo de efecto adverso relacionado con la iatrogenia. Cifras que empeoran  en la Atención Primaria, donde el porcentaje se eleva al 11,8%.

Imaginemos como seran los números si al lamentable estado de cosas sumamos los efectos del pánico fomentado por la prensa, sus bulos,  y los decretos de dudoso fundamento científico con los que el gobierno español a combatido la la pandemia, por no hablar de a los enfermos y hasta los sanos reducidos al papel de “vectores”.

Veamos ahora cuales son los países con menor grado de mortalidad por covid-19, en el mundo según la página mencionada, después de ser actualizada el miércoles 8 de julio de 2020. Los estados con menos muertos de Covid-19 por cada 100000 habitantes serían:

Ruanda 0,02
Taiwán 0,03
Mozambique 0,03
Tanzania 0,04
Sri Lanka 0,05
Zimbabue 0,06
Angola 0,07
Tailandia 0,08
Etiopía 0,09
Malawi 0,10
Jordania 0,10
Nepal 0,12
Uzbekistán 0,12


Salvo Taiwan, se trata en general de países poco desarrollados. Posiblemente los médicos taiwaneses sean de los últimos fieles al juramento hipocrático, ya que teniendo enfrente la amenaza constante de la China continental, no es cosa que se puedan dedicar a reducir los brazos que salvarían la isla de una invasión enemiga.

Nótese que el país del mundo que menos indice de mortalidad tiene en el mundo es Ruanda, el mismo que sufrió un genocidio terrible en la década final del pasado siglo, tema del que ya escribimos en este sitio. Ella no necesita otra reducción poblacional con la historia del Coronavirus, el mismo que ha servido para que nuestra generación, maltusianismo mediante, vivencie su propia guerra mundial, sin disparar un solo tiro.

¿Cuán marxista puede ser el marxismo cultural?

1 Jul

“La idea central que inspira todo el Manifiesto, a saber: que el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia de la sociedad -una vez disuelto el primitivo régimen de comunidad del suelo- es una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del proceso social, hasta llegar a la fase presente, en que la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y las luchas de clases; esta idea cardinal fue fruto personal y exclusivo de Marx.”
Prólogo de Federico Engels a la edición alemana del Manifiesto Comunista, firmado en Londres, 28 junio 1883.

¿Entendemos lo mismo cuando hablamos de Marxismo?

EcuRed define al Marxismo como “Doctrina revolucionaria de Marx y Engels; constituye un sistema íntegro y armónico de concepciones filosóficas, económicas y político-sociales”. La enciclopedia oficialista cubana, califica así mismo al Marxismo como: “superación del modo de producción capitalista, es Revolución, es cambio, y no sólo de crítica del capitalismo real. El Marxismo, en sentido práctico, es también encarar el reto de superar la propiedad privada y la cultura mercantil capitalista que ésta genera”.

Por lo visto el marxismo es teoría y a su vez su antítesis; práctica social. La confusión está servida en esta definición polisémica, y plagada de errores formales que, de su propia doctrina, nos dan los marxistas cubanos, sin embargo, ella nos indica una de las peculiaridades del marxismo en general; la de haber degradado de su condición original de doctrina trasformadora, a discurso legitimador de una acción política, cuyos propósitos y sobre todo resultados, poco o nada tiene que ver con lo que predica; así, cualquiera puede calificarse de marxista.

Hablar pues de marxismo, y para colmo apellidarlo “cultural” es adentrase en un pantano o si lo prefieren en un campo minado en el terreno de las palabras. Intentemos atarnos a algo concreto para entender de qué estamos hablando, cuando se enuncia al Marxismo. ¿Acaso puede servirnos de asidero, una parte de la biografía ideo política del propio creador? Aquella parte en la se establecen los cánones de esa concepción, tal y como la entendemos hoy. Carlos Marx, nació el 5 de mayo de 1818, en Tréveris, Alemania, se formó en las Universidades de Bonn y Berlín, donde se incorporó al llamado grupo de “jóvenes hegelianos”, muchos de los cuales habían asistido a las lecciones de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, en la Universidad de Berlín. Veamos a continuación lo que aprendieron allí.

Para Hegel, la naturaleza e historia se unifican en la realidad, cuyo devenir dialéctico es reflejado por el pensamiento, pero si la naturaleza es como es y la función del espíritu respecto a ella es conocerla, cuando se habla de historia, donde negatividad e innovación son esenciales tenemos un cambio, donde el espíritu solo existe en tanto se conoce, es decir donde la conciencia se convierte necesariamente en objeto de sí misma para poder actualizarse en la realidad. Este autoconocimiento se obtiene gracias al trabajo humano. Para Hegel la historia es, además el sitio donde se expresa lo que él llama “el absoluto”; interpretación de Dios que lo hace inmanente al mundo y no trascendente respecto al mismo, en el que razón, espíritu e idea se convierten en sinónimos; de aquí que todo lo real sea racional, que el deber ser y el ser coinciden, siendo pues tarea de la filosofía hacer las paces con la realidad, no diciendo como tiene que ser, sino comprendiéndola.

Es así como la filosofía juega un papel privilegiado en el proceso de autorreconocimiento y objetivación del espíritu humano. En esta lógica, el Estado aparece como resultado de una oposición conflictiva entre la ley de la familia y la ley de la comunidad, un proceso de oposiciones en continua superación.

En consecuencia, Hegel no busca un nuevo “deber ser” en lo que a política se refiere, sino comprender lazos humanos que van desde la familia, pasando por sociedad civil, para llegar al Estado, el cual es comprendido en su devenir contradictorio, como el poder abstracto que nace de la racionalización de la sociedad.

Es aquí, en el Estado como máxima expresión del espíritu, donde alcanzan su realidad efectiva y su contenido concreto, los conceptos de persona y propiedad.

Influidos por su maestro, pocos de aquellos hegelianos llegarán a los extremos de Marx y Engels; que desechaban la mayor parte de la teoría sobre el Estado hegeliana para involucrarse en los movimientos revolucionarios de naturaleza fundamentalmente liberal que entre la década del 1830 y la de 1840, azotaron el continente, apoyados desde Inglaterra.

Y si, la máxima de Hegel era aquella de “lo real es lo racional y lo racional es lo real”, la lectura de sus discípulos más radicales, entre ellos Marx, fue la de que el presente se había vuelto irracional y por tanto debería transformarse paras conseguir una nueva realidad que a su vez fuese racional; desde entonces esa ha sido la visión de los marxistas en la oposición, una visión que se invierte radicalmente una vez que alcanzan el poder.

Marx egresa de la universidad con una tesis sobre el materialismo griego: “La diferencia entre la filosofía de la naturaleza en Demócrito y Epicuro”. Como buen hegeliano, lo observa desde la perspectiva idealista que todavía le acompaña, aunque de izquierda.

A fines de 1842, se traslada a Colonia, donde se convierte en redactor jefe del diario La Gaceta Renana, beneficiándose de la relajación de la censura; pero ya en el mismo año se inician las presiones sobre la prensa liberal por parte de un estado prusiano cada día más conservador y cristiano; en paralelo, el joven Marx se va radicalizando; como otros jóvenes hegelianos, influenciados por la visión idílica de lo que fue La Revolución Francesa, cuestiona aquel movimiento como negación de un régimen constitucional que muchos de aquellos habían favorecido, y que les hace repensar las doctrinas sociales hegelianas de las que partían.

En el caso de Marx, pasará en filosofía del idealismo al materialismo, y en política de la fe en el proyecto liberal de democracia a la confianza de que la solución de los males de su época, radicaba en una revolución de corte comunista, inevitable por demás, en su condición de necesidad histórica predeterminada por causas materiales y no de la evolución de la razón universal, materializada en el sacrosanto estado Prusiano.

A principios de 1843, el gobierno cierra La Gaceta Renana. En consecuencia, Marx se traslada a París, donde, en compañía de Arnoldo Ruge publica el Deutsch-französische Jahrbücher (Los Anales Franco-Alemanes). Solo sacan un número, pero les fue suficiente para dar guerra, dentro y fuera de Alemania. Arnold Ruge (1802-1880), era otro hegeliano de izquierda cuya defensa de la república democrática burguesa ya comenzaban a chocar con las tendencias socialistas de Marx, pero al menos en esta etapa, pudieron colaborar.

Pese a la corta vida del proyecto, los materiales publicados en Los Anales, permiten comprender la radicalización escalonada del pensamiento del joven Marx y aunque todavía utiliza nociones hegelianas; no solo incorpora al proletariado como parte de la sociedad civil, sino que lo concibe como la clase revolucionaria que emanciparía a la humanidad.

Marx intenta superar la oposición hegeliana entre Estado y sociedad civil, quitándole al primero, el monopolio sobre la unidad y la racionalidad sobre la idea de que el Estado en realidad vive sometido a los intereses de uno de los grupos que conforman la sociedad civil; y si para Hegel la burocracia estatal era una clase cuyos intereses representan los de la sociedad como un todo, para Marx, esa condición de clase universal la ocupará el proletariado; es también el espacio para atacar crudamente a la religión, como opio del pueblo y cuya crítica debería pasar de la teología a la política.

Otro tema, vinculado a la religión, pero en su condición de señal de identidad, lo tenemos en el trabajo “Sobre la cuestión judía”, escrito por Marx en respuesta a las ideas del líder de los Hegelianos de izquierda, el teólogo y filósofo Bruno Bauer.

Se estaba debatiendo en ese momento, la cuestión de si un estado cristiano como lo era Prusia debía eliminar las restricciones a la participación judía en las instituciones civiles. Mientras que los liberales abogaban por la llamada emancipación, los conservadores defendían la exigencia de lealtad confesional exclusiva dentro del estado; para Bauer de lo que se trataba por parte de los cristianos, era de defender privilegios, usando la religión como criterio, también criticaba a los judíos y sus partidarios por reclamar la libertad sobre la base de una identidad religiosa particular, algo que recuerda mucho lo que se ha incentivado hoy día por el llamado marxismo cultural, cuando enarbola el tema de los derechos particulares de determinados colectivos, étnicos o sexuales.

Según Marx, el error de Bauer reside en que somete a crítica solamente al “Estado cristiano” y no al “Estado en general”, en que no investiga la relación entre la emancipación política y la emancipación humana.

En esta nueva etapa, Bruno Bauer seguía siendo el motor inspirador de Marx, pero es en

Paris, donde Marx conoce a alguien fundamental en la conversión de sus ideas en auténtica doctrina de masas, al empresario, ex militar y teórico Friedrich Engels, hijo de familia adinerada, propietaria de una industria textil. En este capitalista socialista Marx encontrará, un amigo, un colaborador, su mecenas más conocido, y hasta su encubridor cuando seduce  y embaraza a la sirvienta. En 1844,  en compañía de su nuevo amigo Engels, Marx escribe un libro contra Bauer que será publicado a fines de febrero de 1845 en Frankfurt am Main. El título por el que le conocemos es el de “La Sagrada Familia”, añadido por sugerencia del editor, un tal Lowenthal, en referencia a los hermanos Bruno y Edgar Bauer, así como a sus seguidores. El objetivo de la obra era arremeter contra la crítica baueriana al cristianismo, de ahí que hace parecer al texto, ya de por sí complicado con su carga de ironías, un verdadero galimatías. Aun así, los epígonos de Marx le reconocen gran mérito a este trabajo, en cuanto critica al materialismo mecanicista; abordando la importancia de las relaciones de producción, aunque sin arribar todavía al tema de la llegada ineluctable del comunismo.

Tras el fracaso de los Anales, Marx intenta sacar un periódico dirigido a los trabajadores que se titulaba “Vorwärts” (“Adelante”), pero al salir sin previa autorización oficial, dio el motivo que necesitaba el ministro de interior para decretar su expulsión de Francia; por ese motivo, en febrero de 1845, Marx tiene que dejar París para instalarse en Bruselas, donde él y su familia sobrevivieron y salieron  a flote, gracias a las ayudas de Engels, sus amigos y seguidores en Alemania.

En Bruselas, Marx preparó con Engels dos obras importantes que sólo vieron la luz póstumamente: “La ideología alemana” y la “Tesis sobre Feuerbach”, donde desarrollaron la concepción materialista de la historia como reflejo de sus relaciones económicas y materiales, relaciones que al cambiar, generan transformaciones que son lideradas por una clase dominante, así dejaban formulado en términos filosóficos, para el público que tardaría en leerles, y para ellos mismos, la teoría de un comunismo que consideraban científico.

Al mismo tiempo, y a despecho de la visión, un tanto mecánica del desarrollo de la historia que se desprendía de esa perspectiva, se asignaron, a sí mismos, una nueva tarea; la que habían enunciado en la célebre “Tesis sobre Feuerbach”, que rezaba: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”.

En consecuencia, con esta misión, es que en junio de 1845, Marx viaja a Manchester y Londres para establecer contactos entre exiliados alemanes y militantes ingleses del movimiento cartista, creando luego un Comité de Correspondencia Comunista que tejería una red internacional con ramificaciones en Francia, Inglaterra y Alemania, de la que nacerá la Liga de los Comunistas en junio de 1847, el mismo año en que aparece en Bruselas su obra “Miseria de la Filosofía” dirigida contra el libro del anarquista y socialista Proudhon, “Filosofía de la Miseria”.

A Marx el único socialismo que le gustaba, era el que saliera de su cabeza; pese a tal arrogancia, el emigrado jugará un papel preponderante en el segundo congreso de la “Liga de los comunistas”, donde se le encarga a él y a Engels, la redacción, del famoso “Manifiesto del Partido Comunista”, como programa de la liga; con este documento, publicado en febrero de 1848, ya tenemos un referente claro y didáctico de lo que es el marxismo, todo lo que se aparte de lo que se escribe y postula en este catecismo de materialismo histórico, deja de ser marxista, no importa cómo se defina a sí mismo o como le definan sus enemigos.

Sin ánimo de elevar el pensamiento de Marx a los altares de la verdad absoluta, podríamos asegurar que la inmensa mayoría de los partidos, activistas, publicaciones e incluso Estados que hoy se declaran marxistas, poco o nada tienen que ver con lo predicado por el alemán y Engels en los textos clásicos que hemos citado, en otras palabras, que no existen marxistas de verdad. Y sin marxistas ¿Podrá existir acaso el “marxismo cultural”?

¿Cuán marxista es el primer marxismo cultural?

Podría pensarse que los marxistas contemporáneos, olvidados como están, de casi todo lo que se decía en el Manifiesto, no son marxistas. No se trata ni mucho menos de exculpar al marxismo consecuente por sus pecados, tanto en el proceso del conocimiento, como en los hechos, fallos que no son el objeto de este trabajo.

Marx y Engels, y todos los que siguieron al pie de la letra se equivocaron en mucho; bastantes errores tuvieron con los suyos para que les endilguemos los que cometen sus herederos, por ejemplo, las viejas estructuras de profesionales del socialismo, a si sean socialdemócratas, comunistas o trotskistas, hoy están convencidos de que lo mejor es ajustarse a las agendas de un poder universal, que lo mismo saca delincuentes a la calle disfrazados de luchadores sociales, que encierra a todo el mundo en su hogar bajo medidas sanitarias cuya justificación científica no está del todo clara.

Volviendo al marxismo originario, que es el único que merece ese nombre; la desnaturalización sufrida a manos de los que hoy se proclama marxistas, incluso de los que lo hacían en tiempos del llamado socialismo real, es evidente que el fenómeno no es nuevo, no es algo que sólo se reconoce desde adentro, sino también de los que se percatan, incluso sus enemigos, por ejemplo, los colaboradores del periódico digital del instituto Mises, enemigo del intervencionismo estatal y promotor del liberalismo económico.

En el artículo ¿Qué es el marxismo cultural?, publicado en el sitio del Mises, el 21 de junio de 2018, por Chris Calton, hace referencia a la popularización de la expresión “marxismo cultural”. Esta sería usada de manera peyorativa contra los jóvenes ideólogos de izquierda y los llamados guerreros de la Justicia Social; aun reconociendo los peligros de abuso del término, Calton considera que “marxismo cultural” es una expresión con significado real, derivada de la evolución de la teoría marxista, en la medida que historiadores marxistas se hacían menos ortodoxos, lo que podríamos traducir sin faltar a la verdad, como que se hacen menos marxistas.

Sintetizando la teoría marxista, el redactor de Mises, trae a colación un factor de suma importancia, en particular para el marxismo cultural y que no habíamos mencionado antes; “la conciencia de clases”, que recordemos, opera como elemento subjetivo en las transformaciones de la historia, la misma cuyo determinismo ya no es reconocido por los historiadores marxistas.

No está mal, podríamos decir, lo extraño es que se le siga llamando marxista; tal vez sea porque, si bien, estén renunciando a las etapas de la historia como herramienta analítica, no hagan otro tanto con el análisis de clase de Marx; es aquí donde según Chris Calton, encontramos la definición del “marxismo cultural”, para empezar, cita el pensamiento de E P, Thompson, marxista poco ortodoxo que reconoció que la conciencia proletaria no solo está dictada por fuerzas económicas, como planteaba Marx, sino también por factores culturales y religiosos heredados.

Para Thompson, la conciencia de clase sería la manera en la que gestiona sus experiencias en términos culturales encarnados en tradiciones, sistemas de valores, ideas y formas institucionales, lo que se convertiría en marxista cultural o acaso reinventor del marxismo.

Y no era para menos, el viejo militante del partido comunista británico se había traumatizado con las denuncias contra el estalinismo, realizadas en el XX Congreso del Partido Comunista de la URSS, en febrero de 1956 y con la intervención soviética en Hungría, en noviembre del mismo año.

Al parecer, aquello despertó falsas expectativas en el treinta añero comunista inglés; existen indicios de que el historiador intentó una especie de deshielo interno denunciando entre sus compañeros a los jefes del comunismo británico. Hace pocos años registros desclasificados del MI5, revelaron que E.P. Thompson había escrito en el mismo año 1956, una carta a un funcionario de la organización en Yorkshire. En ella denunciaba al liderazgo de los comunistas británicos, a quienes acusaba de ser despóticos e indignos de confianza; los acusaba de que eran conscientes de los crímenes de Stalin mientras engañaban durante década a los miembros de la base, difundiéndoles propaganda acrítica e inexacta, así mismo, comparaba al Comité Ejecutivo del partido como sumos sacerdotes con la tarea de interpretar y justificar la Sagrada Escritura emanada de Stalin, en lugar de ser marxistas creativos y capaces de un análisis independiente. Al final, daba gracias a Dios que el Comité no tuviera posibilidades de lograr el poder en Gran Bretaña, pues destruiría en un mes toda libertad de pensamiento, conciencia y expresión que al pueblo británico le había llevado 300 años conseguir.

La resistencia a la ortodoxia soviética dentro del Partido Comunista Británico terminó siendo liderada por E.P. Thompson, en Halifax y por el también historiador y académico John Saville, en Hull; como parte de su lucha sacan a la luz una publicación periódica no autorizada titulada “The Reasoner”.

Tras ser llamados a capítulo por la dirigencia partidista y negarse a retractarse, los dos disidentes lanzaron en 1957 “The New Reasoner”. El impreso que atrajo de inmediato, no solo a los desilusionados con el comunismo británico sino también a personas políticamente pasivas que estaban desilusionadas tanto con el capitalismo como con el comunismo soviético.

Las páginas de “The New Reasoner” irían de la crítica al estalinismo, a la del leninismo, sin saltarse al trotskismo, pero la cosa no queda en demoler los fundamentos del sistema soviético, sino que va más allá, desarmando el determinismo mecanicista de los propios Marx y Engels; del mismo modo, Thompson se pronunciará por un “Humanismo socialista”, como se tituló un artículo en el primer número. Allí desborda la crítica de la represión y el control soviético sobre los partidos comunistas, cuestionó al estalinismo como toda una ideología a la que debería contraponerse un nuevo tipo de humanismo, que superase el auto alienación propia de las ideologías del capitalismo y el estalinismo.

Con respecto al capitalismo, el humanismo socialista debería liberar a los hombres  como seres creativos de la esclavitud a las cosas, de la búsqueda de ganancias y de la servidumbre a la “necesidad económica”. Por su parte el estalinismo también había reducido al ser humano a cosas, a mercancías, a apéndices de las máquinas, cuando el deber de los hombres no era ir tras las cosas, sino tras la razón y la conciencia, al conocimiento de sí mismo como parte indivisa de la humanidad.

En la revista no solo hubo comentarios filosóficos o políticos, en gran parte debido a la influencia de Thompson, sus páginas siempre estuvieron llenas de contribuciones sobre arte, poetas de la década de 1930, nuevos novelistas como Doris Lessing y Mervyn Jones, artículos ilustrados sobre artistas; desde el poeta, pintor y grabador británico William Blake hasta el pintor mexicano Diego Rivera; mientras que las portadas que elaboraba para la revista Paul Hogarth, se destacaban por su modernidad. Thompson escribía también sobre temas culturales, lo hacía a veces con pseudónimos, con el objetivo de evitar inundar con su nombre la revista, señal para quienes hemos sido “revisteros” de que no eran precisamente colaboradores, lo que le sobraba a la publicación.

En 1960, la Universities and Left Review (Consejo de Universidades y Revista de Izquierda) se fusiona con “The New Reasoner” para dar nacimiento a “New Left Review”. El punto que unía a las dos publicaciones eran sus respectivos rechazos de la ortodoxia “revisionista” del marxismo dominante dentro del Partido Laborista y del legado del estalinismo en el Partido Comunista de Gran Bretaña.

La publicación se veía a sí misma como el órgano de una amplia organización de la “Nueva Izquierda”. Su énfasis estaba en acciones populares sobre cuestiones inmediatas de la política contemporánea; para lo que era necesario estructurar un movimiento que trascendiera los círculos cultos sobre la base del debate abierto, las relaciones no jerárquicas y las iniciativas sociales desde abajo, en forma de comités vecinales, actividades culturales y auto educativas, etc.

La revista alcanzará connotaciones transatlánticas al convertirse en referente para las llamadas nuevas izquierdas de Estados Unidos; con el tiempo volverá al redil de lo teórico, lo cual no la librará de grandes conflictos internos e incluso de renuncias por  parte de sus redactores. El mismo Edward P. Thompson, terminó rompiendo con la publicación en los setenta, a causa de la entrada en la misma de redactores cercanos al trotskismo. El historiador se había vinculado desde los sesenta a la lucha contra una posible guerra nuclear entre los bloques de la guerra fría, pero en los ochenta su consagración al movimiento por la paz fue tal que se apartó de la investigación, incluso se quedó sin carnet de biblioteca; al mismo tiempo que se fue desinteresando por el marxismo como un sistema teórico.

Durante una charla en tiempos de la Thatcher, Thompson aseguró que si todavía se le relacionaba con la tradición marxista, eso se debía a que en la Gran Bretaña de entonces la prensa popular calificaba de «marxista» a cualquier forma de radicalismo. Aun así, reconocía que nunca dejó de sentirse cómodo con el término «materialismo histórico»; y también con la noción de que las ideas y los valores, están situados en un contexto material y a su vez que las necesidades materiales están situadas en un contexto de normas y expectativas; igualmente consideraba que categorías provisionales del marxismo como clase o ideología, y modo de producción, aunque complejas todavía eran conceptos creativos. En particular seguía atribuyendo gran importancia a la dialéctica entre el ser social y la conciencia social, interrelación que a veces preferiría invertir.

No obstante, Thompson también criticó en aquella ocasión la tradición mencionada, recordando las presiones que priorizaban la «economía» por encima de la «cultura»; y la confusión radical introducida por la azarosa metáfora de «base y superestructura»;incluso descubría en el marxismo una definición capitalista, aunque fuera trastrocada de manera revolucionaria; tal definición de la necesidad, consideraba el teórico británico, en términos materiales económicos, impone una jerarquía de causación que da una prioridad insuficiente a otras necesidades como la de identidad de género, la de respeto y posición social entre la gente trabajadora. Y subrayaba que algo que se denominaba a sí mismo «marxismo» había tenido pocas cosas útiles que decir acerca de grandes problemas del siglo XX.

La Nueva Izquierda

Con el concepto “Nueva Izquierda” englobamos una serie de movimientos sociales y contraculturales surgidos a fines de los años cincuenta y principios de los sesenta en Europa y Estados Unidos. Entre los teóricos que la fundamentaron tenemos, además de E. P. Thompson, a C. Wright Mills, Erich Frommy, Herbert Marcuse; en quienes nos detendremos más adelante. Los dos últimos mencionados habían sido miembros del famoso Instituto de Investigación Social de la Universidad de Frankfurt, escuela que intentó sintetizar el psicoanálisis y los postulados de Marx en lo que se denominó freudomarxismo.

Lo típico de estos grupos era el intento de trascender la focalización tradicional de la izquierda en lucha de clases para reconocer otras formas de opresión, como podrían ser la de raza, y, o la de género; así mismo rechazaban estructuras burocráticas y las formas tradicionales de organización, contraponiéndoles formas de acción directa y de democracia participativa. En términos teóricos, la nueva izquierda implicaba una revisión del marxismo; al mismo tiempo que se presentaba como luchadora contra la posibilidad de una guerra nuclear y anticapitalista.

Con el ejemplo de Thompson, en Europa occidental, estos movimientos se inician con la recepción del discurso secreto hecho por Nikita Khrushchev al Congreso del PCUS en febrero de 1956, revelando los crímenes políticos de Joseph Stalin. Es en ese momento que los disidentes franceses y británicos del comunismo adoptan la etiqueta Nueva Izquierda para denotar su búsqueda de una “tercera vía” al marxismo ortodoxo y a la socialdemocracia.

Se comienza a prestar una mayor atención a la lucha anticolonialista en el Tercer Mundo, lo que se acentúa con la imagen idealizada de la Revolución en Cuba. Será bajo la influencia de esta que un sector de este movimiento apele a la lucha armada en los setenta, como harían en Norteamérica los Panteras Negras y El Ejercito simbiótico de liberación, en Europa, ETA, Brigadas Rojas, La Fracción del Ejército Rojo o el Ejército Irlandés de Liberación Nacional.

En Estados Unidos la “Nueva Izquierda” nacerá del cruce entre el activismo estudiantil y el movimiento por los derechos civiles afroamericanos. Es en este marco de revisión, son redescubiertos los primeros escritos de Marx, relacionados con el concepto de alienación; de ellos se sirve esta izquierda, como ya hemos visto con el paradigmático Thompson, para una reorientación del marxismo europeo en sentido humanista.

Al otro lado del océano, el mismo concepto de alienación era reelaborado por el pensador Herbert Marcuse, en su libro de 1964: “El Hombre unidimensional”; aquí se describen los mecanismos totalitarios con los que la sociedad moderna impide su cambio, las tendencias totalitarias de la sociedad moderna, unidimensional, como Marcuse la llama, hacen ineficaces las formas y los medios de protesta tradicionales, incluso los vuelven peligrosos, en tanto preservan la ilusión de soberanía popular; así, «el pueblo» deja de ser fermento del cambio para convertirse en el fermento de la cohesión social, supongo que fuera esta, una conclusión extraída de esa experiencia populista que fue el nazismo en Alemania.

La esperanza la encuentra entonces, el filósofo, debajo de la base popular conservadora, el sustrato que en buena medida, Marx habría despreciado como parte del lumpen proletariado, es decir el de; “los proscritos y los «extraños», los explotados y los perseguidos de otras razas y de otros colores, los parados y los que no pueden ser empleados”. Se trata de las personas que tienen la necesidad más inmediata de poner fin a instituciones y condiciones intolerables. Su oposición es revolucionaria, incluso aunque no lo fuese su conciencia; al golpear al sistema desde el exterior, no podría ser derrotada por el sistema; se trata solo de una posibilidad, no de un pronóstico.

El filósofo reconoce que la filosofía crítica no puede prever el futuro y que las sociedades modernas son capaces, lo mismo de hacer ajustes y concesiones a los parias -que es lo que vemos hoy con los sistemas de asistencia social de los países capitalistas desarrollados- que colocarlos en su sitio con unas fuerzas armadas suficientemente entrenadas y equipadas para ocuparse de las situaciones de emergencia, algo de lo que debería saber muy bien el antiguo asesor de la CIA., agencia para la que Marcuse trabajó desde su fundación hasta 1952. Aquí, tenemos la evidencia que los padres de aquella nueva izquierda podían colaborar con el sistema al que se oponían.

Décadas después, ya bien entrado el siglo XX, los términos de marxismo cultural y nueva izquierda, por más viejos que estos sean, vuelven a estar de moda; lo que asusta es que la gente que dice reclamar justicia social, a menudo sin una definición coherente de la misma, están marcados por un alto grado de intolerancia, cuando no de violencia contra todo el que se les oponga, es como si aquellos “proscritos” sobre los que escribía Marcuse, se hubieran liberado de sus cadenas sociales y con fuerza descomunal a prueba de gendarmes, estuviesen en condiciones de voltear la sociedad.

La respuesta fácil que suele darse es que las izquierdas, una vez fracasado los socialismos reales y enfrentados al mejoramiento del nivel de vida de la clase obrera, bajo las condiciones de un capitalismo amaestrado por el estado de bienestar, se quedaron sin sujeto para llevar a cabo la revolución. Es verdad que son las viejas estructuras, partidos, sindicatos y organizaciones no gubernamentales las que articulan a los nuevos actores revolucionarios, pero también, estos al cambiar los ejes de opuestos de Trabajo vs Capital, por los de hombre versus mujer o blanco versus negro, introducen el conflicto interno en la misma clase, que según el marxismo canónico debería emancipar al resto del proletariado.

Un fuerte crítico de este accionar, pero desde una perspectiva opuesta a la marxista tradicional, es Agustín Laje Arrigoni, politólogo, periodista y escritor argentino, coautor junto con Nicolás Márquez de “El Libro Negro de la Nueva Izquierda”: Ideología de género o subversión cultural. Se trata de una obra emblemática en la crítica de las vanguardias actuales de esta nueva izquierda, como son los movimientos homosexualitas y feministas que se guían por las ideologías de género.

Por cierto, la misma Revolución cubana que tanto inspiró a la Nueva Izquierda, le ha servido como martillo de herejes, es decir del izquierdista nuevo tipo a los autores; de él se recuerda que hay un personaje excepcionalísimo que participa de la vieja y nueva izquierda al unísono: Fidel Castro. Se trata del mismo personaje que en el 2010, durante una entrevista con Carmen Lira Saade,  reconoció su responsabilidad en la marginación de los homosexuales en Cuba y el envío de muchos a campos de trabajo, acusándolos de contrarrevolucionarios. Aquí, podríamos preguntarnos qué poderes – acaso los mismos a los que sirven la nueva izquierda- doblegaron a Fidel Castro, haciendo que un homofóbico todopoderoso como él, se vea obligado a retractarse de este y no de tantos otros pecados políticos cometidos durante su largo reinado en Cuba.

De cualquier modo, vale destacar en el libro varios puntos; el más importante, es el excelente recorrido que hace desde el nacimiento del marxismo hasta los movimientos como el feminismo, devenido en vanguardia del progresismo; resulta interesante la manera en que los autores se valen del caso cubano para exponer el desinterés que existe sobre los derechos individuales de todo un pueblo, por los mismos que claman en favor de la normalización homosexual, bandera que gustan enarbolar los militantes de la nueva izquierda en cualquier parte del mundo. Esta contradicción se manifiesta claramente cuando se organizan en la isla, Jornadas contra la homofobia, liderada por una figura comprometida con el comunismo cubano como es Mariela Castro, sobrina del difunto dictador e hija de su sustituto inmediato, aparte de su cargo de directora del Centro Nacional de Educación Sexual, devenido en una suerte de organismo con el que el estado orienta la reprogramación sexual de los cubanos, en términos muy similares, a los que busca la nueva izquierda en el contexto de las sociedades “abiertas”.

Volviendo al libro de Laje y su colega Márquez; trabajo que sirvió como motivo para una entrevista, publicada el 8 de enero de 2020, por El Correo de España, bajo el título de La batalla cultural contra la nueva izquierda. Allí, Laje aclara su visión de lo que denominamos normalmente Marxismo cultural. Lo primero que se explica y me parece muy atinado, es que, los autores del “Libro Negro” prefieren hablar de “Nueva Izquierda”, en lugar de Marxismo cultural, destacando, que el marxismo nunca ha sido culturalista, sino materialista.

En lo que se refiere a esa “Nueva Izquierda”, con la que jamás se identificarían los marxistas de antaño. Ella se distingue precisamente de la vieja, por abandonar parcialmente el terreno económico y los sujetos políticos que en él se determinan para saltar al terreno cultural y construir allí la lógica opresor/oprimido, sobre identidades no-económicas como son las de hombre/mujer, heterosexual/homosexual, blanco/negro, humano/animal, indígena/colonizador europeo, etc., intentando hegemonizar los dispositivos culturales de la sociedad.

Lage está reafirmando la inconsistencia del término marxismo cultural cuando se utiliza para definir el accionar de la nueva izquierda, no importa que se note en ellas el espectro de un marxista como Gramsci, el que proponía combatir la hegemonía cultural de la clase dominante, construyendo una cultura alternativa como paso indispensable para la liberación del proletariado.

Ni siquiera puede calificarse marxista a esta nueva izquierda, desde la perspectiva del original feudo marxista de Herbert Marcuse, considerado padre de la misma, quien valoraba que la clase obrera estaba siendo desplazada como sujeto revolucionario (en mi opinión nunca pudo ni lo dejaron serlo) por otros grupos humanos, movimientos por los derechos civiles, estudiantiles, tercermundistas.

Es algo que le aparta radicalmente de la visión marxista del desarrollo social; No importa que en los años sesenta la idea pareciera tener cierto asidero real, o que la historia hubiese demostrado las falsas expectativas de Marx en la clase obrera como ente revolucionario.

La prueba más emblemática de la tragedia teórica del marxismo post Marx, la dan, todos los que han intentado disfrazar de obrera, la famosa revolución de octubre en la Rusia de 1917. Es allí, donde se supone triunfa por primera vez la clase trabajadora, y en realidad tenemos un golpe de estado; perpetrado por marinos de guerra (pagados por el estado) y revolucionarios profesionales, asalariados con fondos de dudoso origen, ¿acaso de las potencias centrales que combatían al país en la primera guerra mundial? Muy pronto los revolucionarios ajustaran cuentas entre ellos, siendo el asedio y toma de la fortaleza de Kronstadt en 1921, tumba del sueño libertario y símbolo de la traición del régimen bolchevique a los mismos marineros que le habían encumbrado.

Un régimen que para sobrevivir, solo podrá hacerlo rescatando a la vieja burocracia rusa, incluida la encargada de la Ojrana, del ruso Охранное отделение, Ojrannoyie Otdelenyie, Departamento de Seguridad del régimen zarista, y hasta de las viejas fuerzas armadas, para recrear el estado despótico ruso de toda la vida y que ahora devolvía al trabajador en particular y al ciudadano en general, a los tiempos aparentemente superados de la servidumbre.

Aquel estado tan despreciado por Marx, demostró que no hay sector de la sociedad civil, ni clase universal que le pueda doblegar y que con revolución o sin ella, termina imponiendo sus reglas a la población que se le subleva. Esto lo consigue con mil caras, por ejemplo, decretando cuarentenas universales, a la que no hay izquierda radical que le ponga la menor pega, la misma que se desaparece por arte de magia cuando el estado a través de sus autoridades sanitarias se lo ordena; nos referimos al mismo Estado que en apariencia, aquella no respeta, o que resulta “impotente” para frenar sus desmanes callejeros, lo mismo en el sur que en el norte de América.

Una izquierda que se ha cansado de talleres culturales y teatros para estructurar ataques estratégicos a propiedades públicas o privadas, a personas, monumentos o templos, nunca a unidades represivas o bancos, con la seguridad de que el policía que ayer ejecutaba a un ciudadano, hoy se deja someter, o simplemente desaparecerá mientras que la ciudad es vandalizada impunemente, lo mismo en nombre de los derechos reproductivos que de las igualdades raciales, de la emancipación de pueblos originarios o de lo que sea.

El paradigma lo tenemos en lo ocurrido a partir del 28 de junio de 1969 en Stonewall Inn, bar clandestino, manejado por la mafia en el barrio Greenwich Village de Nueva York. Aquel día, la policía hizo una de sus acostumbradas redadas en el local de mala muerte, cuando de pronto se vio agredida por la clientela lésbica y gay, ante la cual puso pies en polvorosa. Envalentonados con su inesperada victoria los homosexuales montaron grandes desordenes en la zona; ante aquello, los guardianes neoyorquinos del orden fogueados durante décadas en la represión de fornidos obreros, anarquistas de armas tomar y gángsteres de todo tipo, se mostraron ineptos para frenar los disturbios de varios días; nada importó que los gendarmes, además de contar con la fuerza de la porra, tuvieran de su lado la ley contra la sodomía; esta que se había mantenido vigente desde tiempos coloniales, aunque atenuando gradualmente el castigo, hasta que desapareció de las leyes del Estado, en fecha tan tardía como 1980. Lo curioso es que las revueltas del barrio Greenwich Village, en teoría no fueron premeditadas, ni tenían organización política detrás; sus panegiristas se refieren a ella como el inicio de una revolución espontánea contra las injusticias del hetero – patriarcado.

Ciertamente, vistas las sociedades occidentales desde entonces, debe reconocerse que la percepción social de la homosexualidad ha cambiado radicalmente, sobre todo en Estados Unidos; también podríamos preguntarnos, si, en lugar de una libertad para todas las orientaciones sexuales, a lo más que llegaron, aquellas izquierdas comprometidas con los derechos de determinado colectivo sexual, seria a la sustitución de la vieja heteronormatividad que asfixiaba a los asistentes del antro de marras, por una sutil homonormatividad, no menos favorable al sistema y auspiciada por este, como ya podemos palpar en campos de la industria cultural, el lenguaje, en particular el llamado políticamente correcto, la educación y hasta en las ciencias médicas.

En cuanto a cómo se le escapó aquella situación de las manos a la policía, nunca se nos da una explicación convincente; del mismo modo que tal aclaración sobre la impotencia policial desaparece cuando de pronto, las ciudades vaciadas con el pretexto del Covid-19, son literalmente tomada por las pandillas de extrema, más que de nueva izquierda, justificando su accionar de protesta, con lo que ya es pan nuestro de casa día; la ejecución por la policía de un ciudadano que delinquía, en este caso de George Floyd. De pronto, los encargados de mantener la tranquilidad en todo el país no son capaces ni de garantizar la seguridad de su presidente en Washington. Donald Trump tiene que ser evacuado al búnker de la Casa Blanca, y los guardias se parapetan apuntando sus ametralladoras en dirección a las manifestaciones, prestos a repeler una especie “de toma de Palacio de Invierno” a la norteamericana; como si el país se encontrara bajo una invasión, o alguien hubiera apagado las fuentes del botón de la avanzada tecnología que dispone Estados Unidos para controlar su población, o simplemente que la utopía de Marcuse se estuviera realizando.

Terminaré con las respuestas que les podrían haber dado los jóvenes hegelianos de izquierda a esta Nueva (envejecida) Izquierda, la que no contenta con lo logrado en más de medio siglo, sigue reclamando derechos específicos para colectivos determinados, ya sea por rasgos étnicos, biotípicos o de géneros de diferentes grupos humanos, derechos que ciertamente, una vez que se plasman en leyes, funcionan como privilegios con respecto al resto de la población no colectivizada, creando tirantez y conflictos en una sociedad civil cada vez más atomizada.

A esos guerreros sociales y culturales se le podría repetir lo que decía Bruno Bauer a los judíos que se querían emancipar, es decir que pedían derechos colectivos especiales en la Alemania de su tiempo: “no te puedo dar la libertad que no tengo”. Y para rematar, parodiando las palabras de Marx en su debate con un teólogo y compatriota alemán, que nadie se emancipa hasta que se emancipen todos, es decir la humanidad.

Fuentes

Marxismo. Entrada en EcuRed https://www.ecured.cu/Marxismo
Tom, Rockmore Hegel, Marx y el marxismo Traducción: Leandro Sánchez Negativo ediciones, Medellín, 2018.

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Luis Armando González, Aproximación a la filosofía de Hegel, Sitio de La Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”
http://www.uca.edu.sv/facultad/chn/c1170/aproximacionahegel.html

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http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-57952010000300001

Carlos Marx; Sobre La cuestión judía. Escrito en otoño de 1843, y publicado en febrero de 1844 en el Deutsch-Französische Jahrbüche
http://archivo.juventudes.org/textos/Karl%20Marx/Sobre%20La%20cuestion%20judia.pdf

Carlos Marx y Federico Engels, La Sagrada Familia y otros escritos filosóficos de la primera época, Editorial Grijalbo, S. A. Mé x ic o, D. F., 1967 https://historiaycritica.files.wordpress.com/2016/12/carlos-marx-federico-engels-la-sagrada-familia.pdf

  1. Marx & F. Engels, La Ideología Alemana; Crítica de la novísima filosofía alemana en las personas de sus representantes Feuerbach, B. Bauer y Stirner, y del socialismo alemán en las de sus diferentes profetashttps://www.marxists.org/espanol/m-e/1846/ideoalemana/index.htm
  1. Marx, Tesis sobre Feuerbach, Escrito en alemán por Karl Marx en la primavera de 1845. Fue publicado por primera vez por Friedrich Engels en 1888 como apéndice a la edición aparte de su Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/45-feuer.htm
  2. Marx & F. Engels, Manifiesto del Partido Comunistahttps://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm
    (1848)

Enciclopedia de la filosofía de Stanford, entrada Bruno
Bauer
https://plato.stanford.edu/entries/bauer/#BauWri182

Vladimir López Alcañiz, Karl Marx: de rebelde a revolucionario, publicado en National Geographic, el 04 de mayo de 2018