Archivo | diciembre, 2016

“Cuentos y relatos redondos y cuadrados” de Rolando Lorié

19 Dic

 lorie  

Recibo en la víspera de su envío a la editorial una misión casi imposible, la de valorar en toda su dimensión la obra de Rolando Lorié “Cuentos y relatos redondos y cuadrados”: selección de las mejores narraciones de este laborioso escritor, donde una vez más nos topamos con ese entrañable Llellè, paradigma de todo abuelo. Bastaría su presencia para hacer de esta obra el espejo mágico donde se refleja el rostro de uno de nuestros seres más queridos, pero ese es sólo el comienzo de un libro que puede ser leído de una vez y sin parar como se apura un licor bueno.   

Es por eso que me honra la solicitud de presentar a este autor, cuyos poemas y relatos vengo leyendo y publicando desde hace años. Lo asumo sin esfuerzo y con el deleite de una prosa en la que se entremezcla el habla del pueblo llano con el discurso del profesional; la alegría, la tristeza y sobretodo la sabiduría en alquimia perfecta. Y es que a Lorié le sobra oficio de escritor, e incluso temeridad muy bien empleada en el juego de las palabras, sabe arriesgarse con ellas y salir endeble de la batalla, que nos anuncia sin ambages desde las primeras páginas.  

“Cuentos y relatos redondos y cuadrados”, en medio de su aparente sencillez  presenta retos; exige del lector inteligencia para poder gozar de sus textos en varios estadios; hay un saber profundo que salva la memoria histórica acumulada por generaciones, hay un nivel intermedio  cubierto de poesía donde lo narrado se viste de imágenes y alegorías que nos llevan inevitablemente a un mar de sugerencia y ensoñaciones, finalmente hay un rango superior que se descubre cuando se leen los textos en voz alta, dónde emerge una musicalidad que hace de esta escritura  materia prima perfecta para el drama teatral, radial o cinematográfico.  
 

Como el Demiurgo que sabe lo que hace; encontramos en los personajes de Loriè la lógica perfecta en sus respectivas naturalezas, y con ello una variedad de voces perfectas en la diferencia de géneros y clases sociales que representan, donde se diluye, volviéndose irreconocible, el autor que las crea. Ese es el otro mérito del buen escritor que comparte este autor: la capacidad de crear personajes libres en sí mismos, con sus propias reglas. Sin embargo, atando cabos aquí y allá podemos reconocer en este hacedor, al cubano de pura cepa, con esa forma tan peculiarmente aguda que tiene de contar.   

Vale la pena preguntarnos, para qué nos servirían estos relatos, además del disfrute en sí de la lectura. ¿Acaso para remontarnos a un tiempo y a una tierra que dejamos detrás? ¿O será que nos ayudan a penetrar el alma criolla donde quiera que se halle? Por supuesto que sí, sirve para eso y para algo más, para aprender cuanto partido se le puede sacar a la lengua hispana cuando se maneja con destreza. Por ello, me gustaría recomendar esta obra de Rolando Lorié, como lectura con fines educativos, no sólo por los valores éticos que de ella se desprenden, sino también y sobre todo por los lingüísticos y culturales que encierra.  Este libro debería estar en el anaquel de la biblioteca pública y en el centro educativo interesando en dar a conocer lo bueno y auténtico que dentro de las bellas letras está aportando la diáspora cubana. 

Es esta selección de cuentos breves, en resumen, una herramienta de aprendizaje que no debería faltar en el currículum de quienes sueñan hacer del estudio de la literatura y la práctica de la escritura  un medio de vida, por ello se merece un puesto en el estante de los consagrados, es lo menos que se puede decir de este libro modesto en su tamaño físico pero grande en la hechura de los textos que el talento literario de Rolando Lorié ha generado. 

Carlos Manuel Estefanía Aulet. 

Estocolmo 

20 de noviembre de 2016 

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¿Está mal demonizar a Fidel Castro?*

17 Dic


El castrismo sueco-latinoamericano está de luto y santifica al difunto, así lo recoge para la historia según video en el Jan “mierdal”, perdón; Myrdal antiguo defensor del régimen polpotiano lee un panegírico dedicado al dictador cubano.

Göran Greider nació en Suecia en 1959, año en que Fidel Castro tomó el poder en Cuba y creciendo bajo la imagen de admiración a la revolución cubana, promovida por el socialdemócrata Olof Palme y su heredero ideológico Pierre Schori en la nación escandinava. Hoy, es un afamado escritor, poeta, comentarista y periodista, que desde 1999 dirige el periódico socialdemócrata independiente Dala-demócrata y participa permanentemente en el debate público de su país, entre otras cosas sobre temas internacionales. Evidentemente, Göran no ha podido substraerse de la tentación de aportar su grano de arena a la playa de comentarios, generalmente condescendientes, sobre la vida y obra de Fidel Castro, desatados tras la muerte de “El Comandante” en la noche del pasado 25 de noviembre. Lo ha hecho con un artículo aparecido al otro día, en su periódico, bajo el título de “Castro – hjälten som blev diktator” (Castro- el héroe que devino dictador) y luego con otro escrito de contenido muy similar, publicado el 29 de noviembre, en el periódico Metro, de Estocolmo, rubricado como “Castro ska varken demoniseras eller romantiseras”, lo que significa es español “Castro no debe demonizarse o ‘romantizarse’ (ser idealizado)”.

Por los argumentos que recogen ambos artículos, estos se convierten en símbolos por antonomasia del modo en que numerosos medios europeos y americanos han abordado la vida de Fidel Castro, tras su fallecimiento.

Hemos de reconocer que Göran Greider nos ha dado una gran lección de sabiduría, al afirmar lo que sirvió de título a su última columna en Metro. Evidentemente, el periodista ha encontrado el dorado camino del medio. El problema está en que, si seguimos por ahí, tampoco debería demonizarse a Hitler, pensando en que puso fin a la terrible crisis económica que sufrían los alemanes cuando llegó al poder, y tampoco satanizaríamos Stalin, por haber salvado a Media Europa de su antiguo aliado en la invasión y fragmentación de Polonia.

Es verdad que con la revolución cubana cayó un gobierno corrupto, pero también que, con ella, como en la Francia Jacobina, se estableció un nuevo régimen todavía más despótico que el anterior, cuyo aparente apoyo popular hoy sólo se sostiene con el miedo y la manipulación informativa.

Ciertamente los métodos de Castro inspiraron luchas en otras partes del mundo, aunque no fueron solo de corte anticolonialista, como afirma el periodista sueco (tampoco lo era la revolución cubana). Tenemos por ejemplo las acciones terroristas que desestabilizaron las endebles democracias latinoamericanas en los años sesentas, trayendo como resultado sangrientas dictaduras, cuyos muertos de manera indirecta también caen sobre la conciencia del exdictador recién fallecido. Esto por no hablar de los grupos terroristas que ensangrentaron a Europa occidental entre los años setenta y ochenta, inspirados como sus colegas latinoamericanos, en los mitos de la “Revolución cubana”.

Nelson Mandela podrá admirar todo lo que quiera a Castro, en definitiva, la herencia de ambos líderes tan afamados no es solo la del fin del apartheid, sino también la de países africanos que si necesidad de colonos blancos se han hundido por sí mismos en la miseria y la corrupción. Esto por no hablar, para el caso de Fidel, de que los soldados cubanos no solo fueron a matar bóeres, sino también angolanos, eritreos y somalíes, en guerras internas de aquel continente en la que la “bloqueada Cuba” no tenía por qué meterse.

Greider, como tantos “opinadores” internacionales, sostiene la teoría justificadora del comunismo cubano, según la cual, fue Estados Unidos quien empujó a Castro a los brazos de la Unión Soviética. Esto podría ser verdad, pero también lo sería que para un hombre como Fidel, que se demostró enamorado del poder, no existía mejor opción de gobierno que la copiada de los soviéticos.

Puestos a especular también podríamos aceptar como verosímil la hipótesis, sostenida por algunos exiliados, de que todo estaba planeado desde el principio, algo que afirman conscientes de como el propio Gobierno estadounidense comenzó a controlar y luego neutralizar sus actividades anticomunistas, después de haber permitido a Fidel Castro recoger dinero en ese país para compartir por las armas a Batista, el amigo dejado en la estacada, al embargársele la provisión de armas estadounidenses, mientras que el ejército republicano, formado y asesorado por expertos norteamericanos, se rendía a las minúsculas partidas de bisoños comandadas por el comandante improvisado de Fidel Castro.

A todo esto, habría que agregar lo que significó en castrismo para la URSS. Primero formando jaleo dentro de sus partidos acólitos en América Latina, de donde fueron reclutados muchos de los guerrilleros rurales y urbanos necesarios para desatar la revolución inmediata “a la cubana”, en oposición a la eterna y legal “concientización de las masas”, practicada en la zona por los comunistas.

Lo peor no fue esto, sino el costo de la manutención del comunismo isleño. Lo que funcionó como bomba de extracción que desangraba al socialismo real a base de subsidios. Hablamos de los recursos millonarios que Castro no supo emplear en el desarrollo de su nación, de fondos que a lo sumo se gastaron en crear una imagen de bienestar y seguridad social que se vino abajo, con el “desmerengamiento”, despectiva expresión con la que Fidel se refirió al fin del imperio soviético.

En realidad, si alguien tiene algo que agradecer a Fidel Castro, es Estados Unidos. No nos extraña pues, después de recorrer temerariamente medio mundo, incluida esa Norteamérica, donde ni los presidentes nativos están seguros, su destino fuera, morirse de vejez en una cama, tras tanto atentado “fallido”, de una CIA que supo cargarse a la primera, y dentro de Santo Domingo a su colega Rafael Trujillo.

Los que sí no deben agradecer a Fidel son los cubanos, partiendo de la falta de interés y previsión por su pueblo que tuvo el “líder” hasta el fin de sus días. El ejemplo más palpable y actual de este defecto lo tenemos en el estado actual de los servicios de salud, en hospitales a los que no van los extranjeros y que, por falta, se carece hasta de médicos. Esos mismos galenos que en ejercicio de propaganda, solía despachar Fidel (y ahora sus herederos) a otros lados, aunque su pueblo necesitara de estos médicos, callando así la boca de no pocos críticos extranjeros del régimen de La Habana.

Hablamos de doctores que participan en estas misiones, no solo por la contradictoria ética inculcada en las escuelas de medicina cubana, en la que se abrogan algunos postulados del juramento hipocrático, sino como pago por la educación “gratuita y universal”, un precio que incluye el trabajar por un salario miserable, en el lugar y en las condiciones que el Estado demande. Se trata para el graduado de estar al servicio donde sea, para lo que sea u cuando sea de mega empresa gestionada la familia Castro, sin necesidad de títulos de propiedad, con derecho de alquilar a sus trabajadores mientras retienen buena parte del salario que pertenece. Eso sí, a la hora de amortiguar los efectos del embargo rompe en llanto, en lograr de conseguir por otra vía la medicina que le faltó a las “víctimas del bloqueo norteamericanos”. Ciertamente, el embargo norteamericano (o lo que va quedando de él) todavía afecta la economía cubana, pero no es suficiente para explicar la destrucción de la misma, ni lo mal que lo pasa hoy su isla sus ciudadanos, controlados por ese Estado omnipresente más preocupado en vigilarle que protegerle. Las dudas sobre las sanciones como fuentes de todo el sufrimiento de los cubanos se fortalecen cuando se toman en cuenta los experimentos y despilfarros cometidos por el régimen (particularmente en su larga etapa fidelista), y se oponen a las sanciones los resultados del comercio creciente que ha sostenido Cuba durante décadas con Rusia, China, los países de Europa Occidental, Canadá, Japón, el resto de América Latina y otras naciones de las que además ha recibido millones de dólares por concepto de ayuda para el desarrollo, de los que nadie sabe ahora a dónde fueron a parar.

Lo peor que les ha hecho Fidel Castro a los cubanos no es lo que hasta el comedido Greider reconoce como malo. Es decir, el haber creado un Estado de partido único, sin sindicatos independientes, que no permite la libertad de prensa ni las elecciones “democráticas”. En sentido “liberal”, tampoco lo es que Castro se mantuviese en el poder como autócrata hasta enfermar, diez años atrás y ser sucedido en un ejercicio del más puro nepotismo por su hermano.

Lo más grave no ha sido esta larga estancia en el trono, que supera la de cualquier caudillo en Iberia o en América. El cubano de a pie le habría perdonado su atornillamiento en el poder, como hacen los muy democráticos y desarrollados súbditos de las actuales monarquías constitucionales de Europa, si a cambio de ello se hubiera levantado la economía que garantizara, sin necesidad de limosnas extranjeras, una vida material relativamente decorosa y un Estado que respetara los más elementales derechos humanos. Y eso sería lo máximo. Incluso peor situación podría sobrellevarse, si nos guiamos por los chinos que contentos viajan por el mundo; aunque no digan ni esta boca es mía cuando les pregunta si tienen alguna crítica sobre su Gobierno.

Por supuesto que siempre existirán disidencias, lo mismo en Cuba que en Conchinchina. Lamentablemente, cuando se trata de ideales tan abstractos como los de participación ciudadana en la soberanía de la nación, es solo una minoría por cultura propia, o por financiamiento desde el exterior, la que se preocupa por su ausencia. Al resto de la población, como a la de la antigua Roma, le basta con pan y circo. Cuba no es la excepción, pero si bien ha estado sobrada de espectáculos en forma de juicios y fusilamiento público, conga y hasta pachanga gay, en lo que a comida se refiere Fidel Castro falló. Parece que no le dio tiempo para solucionar de una vez y por todo el problema de la “jama”* a pesar de haber vivido 90 años, y casi la mitad de aquellos en el poder

Y si esto no se puede aceptar, menos lo es que todavía exista aunque sea en papeles la pena capital, que desde sus tiempos de guerrillero Fidel Castro comenzara a fusilar , en nombre del restablecimiento de una constitución, la del 1940 que abolió la pena de muerte en su Artículo 25, con excepción en tiempo de beligerancia con una nación extranjera. Lo cual no era el caso de la guerrita interna entre castristas y batistianos, una mala costumbre que en lo que se refiere a delitos políticos fue mantenida, por lo menos hasta el año 2003, en que fueron fusilado tres jóvenes implicados en el secuestro de una lancha de pasajeros con el fin de marcharse a Estados Unidos.

Para muchos cubanos de los que se quedaron en su patria creyendo por décadas en la revolución, lo peor quizás no sean unas ejecuciones cuyas justificaciones machaca la prensa oficial. Para ellos, posiblemente, lo más desastroso, a fin de cuentas, sean las promesas fallidas que Castro les hizo cuando admitió ser socialista en 1961, y declarar que su revolución era de los humildes y para los humildes —muchos de los cuales han desaparecido en el mar intentando escapar en balsas—, especialmente las relacionadas con un desarrollo que brilla por su ausencia en el momento que Fidel los deja. Los peores pecados de ese Castro no son los que generalmente se critican desde el liberalismo o conservadurismo, sino aquellos que conocen y silencian vergonzosamente sus admiradores de izquierda. Lo peor en resumen no es que “el héroe de los días anticoloniales fuera sustituido por el dictador”, sino la manera sistemática en que aquel ha destruido vidas y haciendas que en teoría florecerían en la sociedad socialista.

Pero, quizás Greider pueda que necesite algo más para comprender esto. Usemos pues su fantasía, creando en su mente un escenario en su propio país, donde Suecia cayera en poder de un líder autoritario con apoyo extranjero; nada difícil de creer ahora que Trump quiere quitarle a Estados Unidos el papel de gendarme internacional, lo que significa dejar a Europa en la estacada frente a esa Rusia que tanto le aterra. Supongamos que la política de este nuevo Gustavo Vasa convierte la economía sueca, de una de las más florecientes de su región (como lo era la cubana hasta que llegó Fidel) en una de las más miserables, digamos como la moldava o la albanesa, y que por causa de ello (no hablemos ya de la supresión de las libertades) millones de suecos tienen que abandonar su patria y marcharse a otro país donde se convertirán en eso que tantos deprecian: “inmigrantes”. Dudo mucho que, en tales circunstancias, nuestro salomónico Greier tuviera con este jefe imaginario, pero no imposible en su país, los miramientos que tienen con Castro, o que se negara a demonizarlo, que es lo que debe hacerse con todos los tiranos, vivos o muertos.

* jama
De jamar.
1. f. coloq. Cuba y Nic. alimento.
Real Academia Española

  • Artículo publicado íntegramente en el periódico digital Cuba Encuentro y en versión reducida, en sueco, en la sección de Cartas al Director del  periódico Dala demokraten que dirige Göran Greider.

¿Está mal demonizar a Fidel Castro?

7 Dic

 https://www.youtube.com/watch?v=DUpMspjc-ZY

 

Göran Greider, nació en Suecia en el 1959, año en que Fidel Castro tomó el poder en Cuba y ha crecido bajo la imagen de admiración a la revolución cubana, promovida por el socialdemócrata Olof Palme y su heredero ideológico Pierre Schori en la nación escandinava.  Hoy, es un afamado escritor, poeta, comentarista y periodista, que desde 1999, dirige el periódico socialdemócrata independiente Dala-demócrata, y participa permanentemente en el debate público de su país, entre otras cosas, sobre temas internacionales. Evidentemente, Göran no ha podido substraerse de la tentación de aportar su grano de arena a la playa de comentarios, generalmente condescendientes, sobre  la vida y obra de Fidel Castro, desatados tras la muerte de “El Comandante” en la noche del pasado 25 de noviembre, lo ha hecho con un artículo aparecido al otro día, en su periódico, bajo el título de  “Castro – hjälten som blev diktator  (Castro- el héroe que devino dictador)  y luego con otro escrito de contenido muy similar, publicado el 29 de noviembre, en el periódico Metro, de Estocolmo, rubricado como “Castro ska varken demoniseras eller romantiseras”,   lo que significa es español “Castro no debe demonizarse o “romantizarse” (ser idealizado). 

Por los argumentos que recogen ambos artículos, estos se convierten en símbolos por antonomasia del modo en que numerosos medios europeos y americanos han abordado la vida de Fidel Castro, tras su fallecimiento el pasado 25 de noviembre. 

Hemos de reconocer que Göran Greider, nos ha dado una gran lección de sabiduría, al afirmar lo que sirvió detítulo a suúltimacolumna en Metro. Evidentemente, el periodista ha encontradoel doradocamino del medio. El problema está en que si seguimos por ahí, tampoco debería demonizarse a Hitler, pensando en que puso fin a la terrible crisis económica quesufríanlos alemanes cuando llegó al poder, tampoco satanizaríamos Stalin, por haber salvado a Media Europa de su antiguo aliado en la invasión y fragmentación de Polonia. 

Es verdad que con la revolución cubana cayó un gobierno corrupto, pero también que, con ella, como en la Francia Jacobina, se estableció un nuevo régimen todavía más despótico que el anterior, cuyo aparente apoyo popular hoysólose sostiene con el miedo y lamanipulacióninformativa.  

 

Ciertamente los métodos deCastrosinspiraron luchas en otras partes del mundo, aunque no fueron solo de corte anticolonialista, como afirma el periodista sueco (tampoco lo era la revolución cubana), tenemos por ejemplo las acciones terroristas que desestabilizaron las endebles democracias latinoamericanas en los años sesentas, trayendo como resultado sangrientas dictaduras, cuyos muertos de manera indirecta también caen sobre la conciencia del ex dictadorreciénfallecido. Esto por no hablar de los grupos terroristas que ensangrentaron a Europa occidental entre los años setenta y ochenta, inspirados como sus colegas latinoamericanos, en los mitos de la “Revolución cubana” 

 

Nelson Mandela podrá admirar todo lo que quiera a Castro, en definitiva la herencia de ambos líderes tan afamados,  no es sólo la del fin del Apartheid, sinotambiénla de países africanos, que si necesidad de colonos blancos se han hundido por si mismos en la miseria y la corrupción; esto por no hablar, para el caso de Fidel, de que los soldados cubanos no sólo fueron a matar bóeres, sino también angolanos, eritreos y somalíes;en guerras internas de aquel continente en la que la “bloqueada Cuba” no tenía por qué meterse.




Greider, como tantos “opinadores” internacionales, sostiene lateoríajustificadora del comunismo cubano, según la cual, fueron losEstados Unidos quienesempujarona Castro a los brazos de la Unión Soviética.  Esto podría ser verdad perotambién, lo sería para un hombre como Fidel que se demostró enamorado del poder; noexistíamejor opción de gobierno que la copiada de los soviéticos.

Puestos a especular también podríamos aceptar como verosímil la hipótesis, sostenida por algunos exiliados deque todo estaba planeado desde el principio, algo que afirman conscientes de cómo el propio gobierno norteamericano comenzó a controlar y luego neutralizar sus actividadesanticomunistas, después de haber permitido a Fidel Castro recoger dinero en ese país para compartir por las armas a Batista, el amigo dejado en la estacada, al embargársele la provisión de armas estadounidenses, mientras que el ejército republicano, formado y asesorado por expertos norteamericanos, se rendía a las minúsculas partidas de bisoños comandadas por el comandante improvisado de Fidel Castro.  

A todo esto, habría que agregar lo que significó en castrismo para la URSS, primero, formando jaleo dentro de sus partidos acólitos en América Latina, de donde fueron reclutados muchos de los guerrilleros rurales y urbanos necesarios para desatar la revolución inmediata “a la cubana”, en oposición a la eterna y legal “concientización de las masas”, practicada en la zona por los comunistas.  

Lo peor, no fue esto, sino el costo de la manutención del comunismo isleño, lo funcionó como bomba de extracción quedesangrabaal socialismo real a base de subsidios. Hablamos de los recursos millonarios que Castro no supo emplear en el desarrollo de sunación, de fondos que a lo sumo se gastaron en crear una imagen de bienestar y seguridad social que sevinoabajo,conel “desmerengamiento”, despectiva expresión con la que Fidel se refirió al fin del imperio soviético.   

En realidad, si alguien tiene algo que agradecer a Fidel Castro, es Estados Unidos; no nos extraña, pues después de recorrer temerariamente medio mundo, incluida esa Norteamérica, donde ni los presidentes nativos están seguros, su destino fuera, morirse de vejez en una cama, tras tanto atentado “fallido”, de una Cía. que supo cargarse a la primera, y dentro de Santo Domingo a su colega Rafael Trujillo. 

Los que si no deben agradecer a Fidel son los cubanos, partiendo de la falta de interés y previsión por su pueblo que tuvo el “líder” hasta fin de sus días. El ejemplo más palpable y actual de este defecto lo tenemos en el estado actual de los servicios de salud, en hospitales a los que no van los extranjeros y queporfalta, se carece hastade médicos, esos mismos galenos que en ejercicio de propaganda, solía despachar Fidel (y ahora sus herederos) a otros lados, aunque su pueblo necesitara de estos médicos, callando así la boca de no pocos críticos extranjeros del régimen de La Habana. 

Hablamos de doctores que participan en estas misiones, no sólo por la contradictoria ética inculcada en las escuelas de medicina cubana, en la que se abrogan algunos postulados del juramento hipocrático, sino como pago por laeducación“gratuita y universal”, un precio que incluye el trabajar por un salario miserable,enel lugar y en las condiciones que elEstado demande. Se trata para el graduado de estar al servicio donde sea, para lo que sea u cuando sea de mega empresa gestionada la familia Castro, sin necesidad de títulos de propiedad, con derecho de alquilar a sus trabajadores mientras retienen buena parte del salario que pertenece.  Eso sí, a la hora de amortiguar los efectos del embargo rompe en llanto, en lograr de conseguir por otra vía la medicina que le faltó a las “víctimas del bloqueo norteamericano”. Ciertamente, el embargo norteamericano (o lo que va quedando de él) todavía afecta la economía cubana, pero no es suficiente para explicar la destrucción de la misma, ni lo mal que lo pasa hoy su unaisla, su ciudadano, controlados por ese estado omnipresente más preocupado en vigilarle que protegerle. Las dudas sobre las sanciones como fuentes de todo el sufrimiento de los cubanos se fortalecen cuando se toman en cuenta los experimentos y despilfarros cometidos por el régimen (particularmente en su larga etapa fidelista ) cuando se oponen a las sanciones los resultados del comercio creciente que ha sostenido Cuba, durante décadas con Rusia, China, lospaísesde Europa Occidental,Canadá,Japón, el resto deAméricaLatina y otras naciones de las que además ha recibido millones dedólarespor concepto de ayuda para el desarrollo,  de las que nadie sabe ahora a donde fueron a parar. 

Lo peor que les ha hecho Fidel Castro a los cubanos, no es lo que hasta el comedido Greider reconoce como malo, es decir, el haber creado un Estado de partido único, sin sindicatos independientes, que no permite la libertad de prensa ni las elecciones “democráticas” (en sentido “liberal”, tampoco lo es que Castrose mantuviese en el poder como autócrata hasta enfermar, diez años atrás y ser sucedido, en un ejercicio del más puro nepotismo por su hermano. 

Lo más grave no ha sido esta larga estancia en el trono, que supera la de cualquier caudillo en Iberia o en América. El cubano de a pie, le habría perdonado su atornillamiento en el poder, como hacen los muy democráticos y desarrollados súbditos de las actuales monarquías constitucionales de Europa, si, a cambio de ello, les se hubiera levantado la economía que garantizara, sin necesidad de limosnas extranjeras, una vida material relativamente decorosa y un estado que respetara los más elementales de los derechos humanos. Y eso sería lo máximo, Incluso peor situación podría sobrellevar, si nos guiamos por los chinos que contentos  viajan por el mundo; aunque no digan ni estabocaesmía,cuando les pregunta si tienen alguna crítica sobre su gobierno. Por supuesto que siempre existirá disidencias, lo mismo en Cuba que Conchinchina. Lamentablemente cuando se trata de ideales tan abstractos comolos de participación ciudadana en lasoberanía de la nación, es sólo una minoría por cultura propia o por financiamiento desde el exterior, la que se preocupa por su ausencia, al resto de la población, como a la de la antigua Roma, le basta con pan y circo. Cuba no es la excepción, pero si bien ha estado sobrada de espectáculos en forma de juicios y fusilamiento público, conga y hasta pachanga gay, en lo que a comida se refiere Fidel Castro falló, parece que no le dio tiempo para solucionar de una vez y por todo el problema de la “jama” * a pesar de haber vivido 90 años, y casi la mitad de aquellos en el poder 

Y si esto no se puede aceptar, menos lo es que todavía exista aunque sea en papeles la pena capital, que desde sus tiempos de guerrillero Fidel Castro comenzara a fusilar , en nombre del restablecimiento de  unaconstitución, la del 1940 que abolió la pena de muerte en su Artículo 25, con excepción en tiempo de beligerancia con una nación extranjera, lo cual no era el caso de la guerrita interna entre castristas y batistiano, una mala costumbre, que en lo que se refiere a delitos políticos, fue mantenida, por lo menos hasta el año 2003, en que fueron fusilado tres jóvenes implicados en el secuestro de una lancha de pasajeros con el fin de marcharse a Estados Unidos. 

Para muchos cubanos de los que se quedaron en su patria creyendo por décadas en la revolución, lo peor quizás no sean unas ejecuciones cuyas justificaciones machaca la media oficial, para ellos, posiblemente,  lo más desastroso, a fin de cuentas, sean las promesas fallidas que Castro les hizo cuando admitió a ser socialista en 1961, y declarar que su revolución era de los humildes y para los humildes -muchos de los cuales ha desaparecido en el mar intentando escapar en balsas- especialmente las relacionadas con un desarrollo que brilla por su ausencia en el momento que Fidel los deja. Los peores pecados de ese Castro, no son los que generalmente se critican desde el liberalismo o conservadurismo, sino aquellos que conocen y silencian vergonzosamente sus admiradores de izquierda, lo peor en resumen no es que “el héroe de los días anticoloniales fura sustituido por el dictador”, sino la manera sistemática en que aquel ha destruido vidas y haciendas que en teoría, florecerían en la sociedad socialista. 

Pero, quizás Greider pueda que necesite algo más para comprender esto, usemos pues sufantasía, creando en su mente un escenario en su propiopaís, donde cae en poder de un líder autoritario, con apoyo Extranjero;nadadifícilde creer ahora que Trump quiere quitarle a Estados Unidos el papel de gendarme internacional, lo que significa dejar a Europa en la estacada frente a esa Rusia que tanto le aterra. Supongamos que la política de este nuevo Gustavo Vasa convierte la economíasueca, de una de las más florecientes de su región (como lo era la cubana hasta que llegó Fidel) en una de las más miserables, digamos como la moldava o la albanesa y que por causa de ello (no hablemos ya de lasupresiónde las libertades) millones desuecostienen que abandonar su patria y marcharse a otro país donde se convertirán en eso que tantos deprecian: “inmigrantes”. Dudo mucho que en tales circunstancias, nuestro salomónico Greier, tuviera con este jefe imaginario, pero no imposible de supaís los miramientos que tienen con Castro,oque se negara ademonizarlo,que es lo que debe hacerse, vivos o muertos, con todos los tiranos. 

 

* jama 

Dejamar. 

1.f. coloq.CubayNic.alimento. 

Real Academia Española 

 

El día que supe de la muerte de Fidel

4 Dic

Es sábado 26 de noviembre del año 2016, me despierto sin haber dormido bien, nada extraño entre los adultos residentes en Suecia. Algo aturdido por el poco descansar enciendo la televisión y lo primero que veo es un documental sobre la Revolución Cubana, “uno más me” digo, pero lo sigo, aunque no me está diciendo nada nuevo, lo hago por la costumbre de captar todo lo que tenga que ver con mi país y como se enfoca en la media para un cubano extranjera. De pronto; la gran sorpresa, cuando dice el locutor: “el hombre que hizo todo esto ha muerto”.

Es la primera vez que me cuesta creer la muerte de un anciano de 90 años. No se trata de cualquiera, sino de Fidel Castro, él mismo de las veces que salió airoso de muertes planeadas, anunciadas o soñadas, es que desde que nací ha estado colgado sobre mi cabeza, formando parte de mi paisaje, como lo es la Luna vista desde la Tierra, y que me perdone por la comparación el satélite de nuestro planeta. Esto por no hablar de la incertidumbre que lo que ocurre con el referente real de ese símbolo llamado Fidel Castro, cuando los que lo enarbolan disponen de la tecnología necesaria, lo mismo para matarlo que para mantenerlo “vivo” iconológicamente mientras les sea necesario, me refiero a la capacidad editar de imágenes, publicar apócrifos con su nombre y hasta de usar actores que confundirían estadista más despierto al entrevistarse con personaje muerto desde hace tiempo, como ocurre con esas estrellas apagadas cuyos destellos seguimos viendo en el firmamento, y que se me perdone otra vez por tan luciferina equiparación

Agrega el locutor del canal sueco que habrá información actualizada sobre el fallecimiento, ocurrido en la noche aterior, en la página del canal, SVT, enciendo la computadora y apenas doy con el sitio digital, entra por mi teléfono una llamada, es un periodista de la agencia sueca informativa TT, qué quieres saber mi opinión sobre lo que acaba de acontecer en Cuba. Le pregunto cómo ha salido de mi persona y me responde que “gogleando”, bendita se la red. Intento organizar mis ideas medio del mareo que me ha dejado la suma de la mala noche pasada y el “tanganazo” de la muerte de Castro acontecido durante mis horas de sueño.

Le digo al reportero, mientras que le escucho teclear (yo hubiera gravado en su lugar) que no creo que vaya pasar nada especial en Cuba, que el sistema se viene estabilizando y preparando para la noticia desde que una década atrás, cuando “El Comandante”, se retiró por enfermedad, que los cubanos están amaestrados y saben que tras una revolución puede venir una dictadura peor, además de que en el exterior a nadie le interesa la caída un castrismo que venden barato en el mercado internacional, que permiten que sus obreros pueden ser explotados y por último han cumplido con la receta maltusiana promovida por esos que el propio Trump llama “mundialistas”, reduciendo y envejeciendo la población al nivel de lo que pasa en Suecia pero con la de con la desventaja de ser Cuba un país subdesarrollado. De todos modos no le resto espacio a la sospecha que despierta el que se nos diga que murió Fidel, y agrego que me llama la atención precisamente ahora cuando este nuevo presiente llega al poder, sería una cosa una forma de soltar las manos al “raulismo” para una mejor maniobra frente a un adversario tan impredecible, pero aclaro, es sólo una especulación.

Me pregunta el periodista qué voy a hacer en este día y sospechando la respuesta esperada de alguien que practica la disidencia lamento anticiparle que no voy festejar, pues no es lo que se deber hacer cuando alguien muere, aunque nos consideremos su oponente, que voy a recopilar información para escribir sobre el tema. Ahí terminó nuestra conversación.