Archivo | noviembre, 2020

Artistas cubanos “asedian” a su Ministerio. Lo que puede haber detrás

29 Nov

Era de esperar en condiciones de corono tiranía universal. No fueron, razones de estado, sino sanitaras las que invocaron las autoridades cubanas, para poner fin, a la huelga de hambre del Movimiento San Isidro; un grupo definido así mismo como “iniciativa compuesta por artistas, activistas, periodistas, intelectuales y todo aquel que se sienta parte del fenómeno de lo independiente, unidos para promover, proteger y defender la plena libertad de expresión, asociación, creación y difusión del arte y la cultura en Cuba”

En el caso concreto de este ayuno con motivos políticos se traba de protestar entre otras cosas, contra el encarcelamiento de uno de sus miembros, el músico Denis Solís, en Cuba. El artista, a quien el gobierno ha intentado asociar con presuntos terroristas o tal vez provocadores de la propia seguridad del estado, había sido condenado a ocho meses de prisión por «desacato» a un policía cubano que intentaba entrar en su hogar.

La suspensión forzada de la huelga tuvo lugar este 26 de noviembre en la sede de la organización disidente, ubicado en calle Damas No.955, en el capitalino municipio de La Habana Vieja. Un barrio del que la prensa oficialista no ha vacilado en recordar que alguna vez fue una “zona de tolerancia”, como si quisiera llamar hijos de putas a sus vecinos.
Como consecuencia de lo ocurrido el artista cubano Luis Manuel Otero Alcántara y la curadora y especialista en arte Anamely Ramos González quedaron encarcelados tras el allanamiento, el resto de los detenidos eran llevados a sus casas donde se mantenían en una suerte de arresto domiciliario. Anamely sería liberada más tarde.

Con la intervención policial se ponía punto final a una actividad que había logrado un inusitado eco mediático internacional, en momento en los que la oposición cubana parece más abandonada que nunca. Es como si este tipo de opositor, joven, irreverente, con los símbolos patrios, de piel oscura, origen humilde y proclive al ideario lgbt encajaran en el perfil que interesa a mis medios destacar cuando se hace referencia a la oposición cubana.
Amnistía Internacional tomó cartas en el asunto haciendo un llamado de solidaridad con el Movimiento de San Isidro, al que avala de haber estado ha estado luchando por proteger la libertad de expresión artística en Cuba desde por lo menos 2018, cuando se promulgó el Decreto 349, que puede amparada en la moralidad, la visión de género y el culto a los emblemas nacionales permite censurar a los artistas.

En la nota oficial de Granma, dando cuente del operativo, publicada el 27 de noviembre de 2020, y tomando como fuente el sitio Razones de Cuba, se usaba como pretexto la supuesta violación del protocolo sanitario ejecutada por el ciudadano cubano con residencia mexicana, Carlos Manuel Álvarez Rodríguez, quien, según el parte oficialista, luego de declarar otra dirección donde se iba a alojar, decidió por su propia voluntad y sin valorar las consecuencias de sus actos, trasladarse a esa vivienda.

El caso es que Carlos Manuel Álvarez Rodríguez, quien es periodista, sirvió de pretexto para que se presentaran, en la sede del Movimiento San Isidro supuestos médicos que venían a por él con el argumento de que había dado alterado el examen PCR que le hicieron al llegar a la capital cubana, que le realizaron al arribar a La Habana, el martes último.

Según la versión oficial; ante la negativa de cumplir con lo estipulado en las medidas decretadas por Cuba para evitar la transmisión de la COVID-19 y que se aplican a las personas que provienen del extranjero, se radicó una denuncia en la Estación de la PNR de la localidad, por el delito de Propagación de Epidemias, lo que obligó a una actuación inmediata para la extracción de las personas que se encontraban en el lugar.

Hasta aquí todo era de esperar, lo que ha sorprendido ha sido la reacción de artistas en intelectuales no necariamente disidentes, por ejemplo la de los editores de La Joven Cuba, portadores de una concepcción socialista cada vez más critica frente a la realidad cubana. El día 27 se publicaba en el portal de la revista digital una declaración colectiva titulada “En articulación plebeya”, la firmaban numerosos artistas e intelectuales cubanos, radicados dentro y fuera de la isla. En el documento se abogaba por: la realización plena de la República democrática, la legalidad, el Estado de Derecho y los derechos humanos para todos y todas, por el respeto al pluralismo político, por la reconciliación con el medio ambiente y con la vida, por la paz y el bienestar humanos rechazándose cualquier acción violenta y represiva, en evidente alusión a lo que acababa de ocurrir en la sede de San Isidro.

Paralelamente de un grupo variopinto de artistas cubanos, entre los que se encontraba lo mismo La Diosa, rescatando como mérito propio sus llanto y gritos en redes, que personalidades de gran reconocimiento nacional e internacional como Tania Bruguera, Julio Cesar Llópiz, Fernando Pérez, Jorge Perugorría, Carlos Lechuga, Mario Guerra, René de la Cruz y Ulises Padrón., por citar alguno de los nombres que recoge La Joven Cuba en su crónica del día 29 de noviembre titulada El aleteo de un cardumen.

Lo que si parecía compartir la mayoría de los concentrados fren a la institución, era el haberse cuidado mucho de participar, tanto en los actos físicos de apoyo, como de repudio contra sus colegas de San Isidro.
El cardumen, convenientemente para seguir usando la terminología jovencubana, comenzó a reunirse frente a la entrada de la gran ballena ministerial a partir de las 11 de la mañana. Lo que se dijo en un primer momento sobre ellos era que estaban exigiendo hablar con las autoridades expresando su solidaridad con los hasta la noche anterior huelguistas de hambre.

Entre las declaraciones de los artistas que se reproducían en redes estaban las de Tania Bruguera, apelando a no abandonar el sitio bajo peligro de ser disuelto el grupo, así como las de el director de cine Fernando Pérez y el actor Jorge Perugorria, repitiendo, como se tratara de un problema generacional, la vieja letanía de que “los jóvenes deben ser escuchado”, eslogan sin contenido claro que se viene repitiéndose, como reclamo de la intelectualidad orgánica del régimen cubano desde las últimas décadas del siglo pasado.

La idea era la de que los congregados fueran recibidos por el ministro Alpidio Alonso, pero al final quien les atendió fue el viceministro Fernando Rojas, un viejo cuadro de la UJC, formado a medias en la antigua URSS, especialista en José Martí, pero no necesariamente en el coqueteo con la disidencia. Esto no fue óbice para que a su llegada el burócrata fuera ovacionado por los asistentes como si se tratara del representante de Apolo, Dios de las artes, en la Tierra Fue él quien dialogó en los locales del Ministerio con una delegación de 30 personas en representación de los casi 300 artistas que participaban de la toma de la entrada del Cuartel General de la Cultura Cubana.

Terminadas las conversaciones, la poetisa Katherine Bisquet dio a conocer a la improvisada asamblea los principales acuerdos del encuentro con Rojas, Estas fueron sus promesas:
Creación de un canal de diálogo entre los artistas y las instituciones culturales.
El Mincult se interesará por la situación de Denis Solís y Luis Manuel Otero Alcántara.
Se va a organizar una agenda de trabajo múltiple con agendas de temas por ambas partes.
Revisión de la reciente declaración de la Asociación Hermanos Saíz.

El último punto aludía al comunicado de la Asociación de jóvenes músicos, artistas y compositores de Cuba, emitido el 24 de noviembre. Aquí se decía que la contrarrevolución, mediante el Movimiento San Isidro, había estado haciendo exigencias al gobierno cubano y que lo que aparentemente comenzó como un gesto de solidaridad con un presunto rapero, sancionado por desacato y agresión a un policía, mutó hacia posiciones de fuerza que exigen al Estado la eliminación de una de las medidas económicas implementadas como consecuencia de la compleja situación económica que vive el país.

La dirección de la brigada estaba haciendo alusión a la demanda hecha por los huelguistas del cierre las tiendas en Moneda Libre Convertible, a las que no tiene acceso buena parte de la población cubana.

La simple promesa del Ministro de Cultura de revisar el contenido desde documento en cuestión es suficiente para demostrar el nivel de sometimiento que tienen las asociaciones de artistas oficiales ante el poder. Eso explica que no fuera ante la UNEAC o la misma Brigada HS, donde se reunieran los artistas, sino ante el Ministerio de Cultura, aun cuando tampoco fuese el responsable directo de las detenciones, al menos es el encargado de darle la zanahoria a los artistas.

Los palos como ya vemos se los dan los compañeros el Ministerio del Interior, el verdadero responsable de acoso y arresto de los miembros del San Isidro, ante el que nadie fue a protestar ni exigir reuniones con el ministro, por cierto. Y es que los artistas pueden estar llenos de fantasías, pero locos no están, aunque puedan parecerlo.

Pero si sorprendente ha sido este evento, no menos lo ha sido la reacción de Edmundo Edmundo García, desde la versión youtubera de su programa La Tarde se mueve. Desde allí le ha declarado la guerra a Perugorría, al cantante Leoni Torres y a Fernando Pérez, recordando que es el director de Clandestinos, película que exalta a los revolucionarios urbanos contra Batista, por pedir diálogo con los jóvenes artista.

Así mismo García denuncia ante sus seguidores -como él, fidelistas ortodoxos venidos a menos en su mayoría- que algo raro está pasando desde que Murió Fidel, particularmente en lo que se refiere a hacer concesiones por parte de las autoridades y se pregunta si la demostración y las declaraciones de artistas famosos frente al Ministerio de Cultura no tendrá más implicados, en clara alusión a sectores del poder.
Lo más gracioso es cuando declara desde ese Miami al que volvió por voluntad propia, para vivir de la caridad pública y la medicina imperialista, que prefiere estar con los viejos de las milicias territoriales que con los artistas cubanos.

Lo que dice el antiguo conductor de La Gran Escena, suena un poco conspiranoico, pero va y Edmundo, en medio de su atropello verbal, tiene razón. ¿Y si resulta que lo que está captando es cierto?

Bien pudiera ser todo este teatro la expresión en la superficie de cambios en la cúpula, por no hablar de guerras internas como aquellas a las que se refiere en su programa Juan Juan Almeida, quien daba a conocer la ocupación de los locales de la policía política en Villa Marista por la Inteligencia Militar.¨

De ser esto cierto estaríamos ante un proceso similar, pero con sentido histórico inverso, a aquel que tuvo lugar en 1989, cuando el Ministerio del Interior cubano fue intervenido por las Fuerzas Armadas, para evitar una suerte de perestroika a la cubana. ¿Estaremos en vísperas de nueva revolución, como suelen serlo todas, desde arriba? Ojalá y que sea de terciopelo, como la de esos checos a los que tan bien les ha ido; bastantes muertos ya hemos tenido por nuestra libertad; Virgen de la Caridad: ¡ni uno más!

Pero no cantemos victoria antes de tiempo, va y quien tiene razón no es Edmundo García, en sus paranoias inmovilistas, sino una de las activistas comprometida con el movimiento de San Isidro, Omara Ruiz Urquiola, quien en un video, hecho desde la prisión en que se ha convertido su casa y difundido por las redes sociales, arremete con nombres y apellidos contra los artistas que se prestaron para el dialogo con el Ministerio de Cultura, pidiendo a los viejos que se aparten, en clara alusión a Perrugoría y compañía, negándoles a los artistas congregados ante la casona del Vedado, el derecho a hablar en nombre del Movimiento San Isidro; en Resumen, tildándolos de cobardes y de actuar en beneficio propio.

De ser ciertas tales acusaciones, ante lo que estaríamos en presencia, sería de un ejercicio catarsis colectiva, por parte del gremio artístico, particularmente afectado por las medidas de encierro. Y peor aún, ante el colaboracionismo a sabiendas con una bien organizada operación de limpieza de imagen. La adaptación, pero con final feliz de la misma película, decir una nueva versión que desemboca en el diálogo y entendimiento entre artistas y funcionarios. Esto borraría la mala imagen de la solución final dada por el gobierno al conflicto con el Movimiento San Isidro, imagen cuyas vergüenzas no se tapan no siquiera con la coartada sanitaria.

En tal caso estarían, pero con la experiencia de que no conviene dejar que se les muera un opositor estarían usando una fórmula similar a la empleada tras la muerte del del disidente cubano Orlando Zapata Tamayo luego de pasar 85 días en huelga de hambre.

Lo que se hizo entonces fue representar nuevamente la pieza, pero en un escenario favorable al gobierno, el de un confortable hospital. El protagonista sería el Coco Fariñas, no digo que con su colaboración consciente, pero si con la evidente intención de los médicos que le cuidaban durante su huelga de hambre, de hacerle creer al mundo que el gobiernan de la isla se preocupa por cuidar la vida de todos los cubanos, incluso la de aquellos que se les enfrentan arriesgando sus vidas, como los muchachos de San Isidro, esos a los que aparentemente vinieron a salvar, no se si del coronavirus o la inanición, como diligentes sanitarios, los caballos de Troya de la seguridad del estado.

Y como colofón de todo este tenemos en Cuba la campaña mediática lanzada para no solo para acabar de ejecutar moralmente al MSI, sino también pare recodificar la importante de “La Toma” del Ministerio de Cultura.

En Miami, concretamente la calle 8, durante la demostración de apoyo al movimiento cultural disidente en Cuba el vergonzoso espectáculo dado por la policía local. Por un lado, protegía la integridad integridad de Edmundo García, cuya solo estampa, le basta para provocar a los exiliados cubanos, cual, si se les aparecieran, andando, los despojos del propio Fidel Castro en persona, un espantajo al que gritar los oprobios que en el corazón de las victimas sesenta años de dictadura y que García traduce para sus seguidores como muestra de intolerancia, las misma que nunca criticó en quienes le manejan desde La Habana.

Por otra parte, tenemos a esa mismas y profesional gendarmería arrestando cinco demostrantes, uno de ellos el conocido activista Ramón Saul Saanchez, a los que se llevaron del lugar para ser interrogados y luego dejarles ir. Lo que no hicieron con García.

Entre los apresados se encontraba taambién Alex Otaola, quien al regresar declaro que todo había sido un malentendido.

Mientras sus abogadas parecían más interesadas en comprender el “errores humanos” de los policías, que, en denunciar una arbitrariedad, que sólo se explica con el largo brazo del castrato,una extremidad que lo mismó se cuela en la cede del Movimiento Sam Isidro que en corazón de Miami, la capital de nuestro exilio.

Comentario a los comentaristas de la Ley Celaa en Radio Ya

22 Nov

El Congreso español aprobó la nueva ley educativa, la Lomloe (Ley Orgánica de Modificación de la LOE), conocida como ley Celaá, apellido de la actual ministra de educación. La nueva norma educativa se impuso el jueves pasado a pesar de contar con la oposición de partidos de derecha o centros como PP, Ciudadanos y Vox.

Como siempre el modelo de democracia “representativa”, importado a nuestros entornos culturales de países anglosajones, se las ingenia para permitir la destrucción del estado nación de habla hispana. Ya es hora de que busquemos una forma distinta de ejercer, el poder de la ciudadanía, el respeto de las minorías y en general la soberanía popular, que no devenga ni en estado de partidos, como es el caso, ni tampoco en la tiranía unipartidista del comunismo.

En este caso concreto de funcionamiento de la democracia liberal, tenemos el ejemplo vivo de cómo se aprueba un caso de una ley inconstitucional. Para comenzar tenemos que la propuesta de la Ministra de Educación trastoca el artículo número 3 de la Constitución Española, según el cual, el castellano es la lengua oficial del Estado. Así mismo la nueva ley arremete contra La educación especial.

Todo esto da pie para que la ley se haga trizas el programa En La Boca Del Lobo, el programa que conduce Javier García Isaac en Radio Ya, emitido el viernes 20/11/2020, bajo el título de “Una ley para crear vagos y maleantes. Celaá quiere robarnos a nuestros hijos”. La conclusión a la que arriban los tertulianos José Antonio Ruiz de la Hermosa y Luis Alberto Pérez Calderón podría resumirse en que pocas palabras: la nueva ley española no solo va contra la lengua nacional y a favor del adoctrinamiento de los educandos, sino que de cierta manera alimenta, el aborto y la transexualización de menores y hasta la eutanasia. Así llegan al consenso de que el enemigo de España es el gobierno de España. Bien podrían haber un dado un paso más e incluir en la traición a un parlamento que termina legitimando cualquier desafuero del ejecutivo.

Desde mi punto de vista la nueva reforma educativa a la que se enfrentan nuestros primos ibéricos es una victoria de lo que suelo denominare capitalismo monopolista supranacional en su estadio maltusiano, que viene siendo más o menos eso a lo que bajo el termino de globalismo se le abre fuego desde los micrófonos de Radio Ya, con bastante tino. Es por ello por lo que recomiendo escuchar sus análisis a mi lector, no solo por los asuntos ya mencionados que debaten con un enfoque conservador alternativo, fuera del guion impuesto a la media establecida, sino por la denuncia que se hace de otros temas de suma actualidad, como por ejemplo el mal tratamiento de los contagiados de Covid 19 en La Madre Patria. Aun así, he considerado conveniente ajustar algunos de sus criterios emitidos en Radio Ya, así que le he dejado el siguiente comentario en el tablón de YouTube donde se reproduce la emisión, comenzando por el tema del impacto de la inmigración en la población:

Qué se vuelvan mestizos es lo de menos, la pujante hispanidad Novo mundana es mestiza, nacida bajo los Austrias, es la esperanza de la salvación de nuestra cultura. El problema es otro, la imposibilidad de hispanizar a los recién llegados, como hacen los norteamericanos con sus inmigrantes -en el sentido de norteamericanizarlos en pocas generaciones-, algo imposible con los nacionalismos fomentados con la restauración del liberal borbonismo. Desde entonces los ingleses conquistaron a España que hoy es una neocolonia británica más, aunque no goce de los privilegios consagrados al resto que participa en la mancomunidad.
Ustedes son el laboratorio del resto de la hispanidad. Con esa nueva ley española que impone el aborto y la eutanasia, toda una victoria del capitalismo maltusiano, lo que nos espera al resto de los hispanohablantes es de espanto.

El imperio invisible contra Donald Trump. Explicación de una derrota anunciada

7 Nov

He leído con sumo interés el artículo “La segunda guerra de independencia americana”, publicado por Armando de Armas en el periódico, ZoePost. Me parece un trabajo interesante y que me impulsa a compartir con el lector vengo cocinando hace algún tiempo y que ganan actualidad con el tema que se aborda en este periódico.
En mi opinión varias han sido las guerras por la independencia de Norteamérica. Primero la que todos conocemos, la de 1775-83, victoriosa gracias al respaldo logístico y militar de las Casas borbónicas de Francia y España.
Luego vienen aquellas cuya verdadera naturaleza oculta la historia oficial: la guerra anglo-norteamericana de 1812 -15. Donde los colonos americanos, ya independientes, pasaron de frenar el secuestro y conscripción forzada de sus marineros por la armada británica, al intento de liberar los territorios que aún poseían sus antiguos gobernantes trasatlánticos dentro de la parte septentrionales de nuestro continente. Todo iba a pedir de boca cuando los norteamericanos pierden a su mayor aliado. Napoleón Bonaparte. Por cierto, el hermano del emperador, José, ex Rey de España, no encontraría mejor lugar para exiliarse entre 1814 y 1841 que los Estados Unidos, dedicándose a proteger allí a los exiliados bonapartistas.
Por último, la mal llamada guerra civil de 1861-1865, ésta fue el último acto de independentista real, enmascarado con el cuento abolicionista, lamentablemente fallido. Fue el último acto de rebeldía frente al paulatino proceso de reconquista de la Unión, en clave neocolonial por parte del imperio británico. El que lo dude que saque la cuantas de las veces que desde entonces los ciudadanos norteamericanos han servido de carne de cañón para Inglaterra, en esas guerras sangrientas algunas de cuyas causas inmediatas y consecuencias, menciona de Armas. Y en las que demos incluir los mismo conflagraciones de carácter mundial que miniintervenciones, como la ocurrida en Granada en 1983, cuando un grupo marxista intenta radicalizar el proceso, destituyendo a Maurice Bishop, y lo que es peor colocado bajo arresto domiciliario a al intocable, Paul Scoon, antiguo Director Adjunto de la Fundación Commonwealth, nombrado en 1978 Gobernador General de Granada por la reina Isabel II, la cual nunca dejó de avasallar aquel puntito antillano con revolución o sin ella. Hasta ahí llegó la paciencia del León Británico, pero no le bastó la armada que organizó con sus colonias caribeñas, tenía que estar, además, en la operación y llamando la atención del mundo, sus súbditos no reconocidos de Norteamérica (que no eran precisamente los canadienses) dando la cara ante el mundo como aprovechados de un conflicto entre revolucionarios para invadir una islita indefensa.
Estados Unidos ha servido al imperio, no solo haciendo buena parte de su trabajo sucio, sino sobre todo ganándose para ese odio que menciona de Armas. Ese país ha funcionado como el escudo y para rayos de los intereses británicos. Así lo vemos convertido, sobre todo a partir del siglo XXI, en el objetivo por excelencia de cuanto terrorista anda suelto por el mundo.
Es verdad que se pueden dar en este siglo casos de atentados en Gran Bretaña, como el del 7 de julio de 2005 cuando Al Qaeda detonó tres bombas en las redes de transporte de Londres, dejando 56 muertes y más de 90 heridos. Pero aquí el daño resulta incomparablemente inferior si se compara con el sufrido por Nueva York con el ataque a las Torres Gemelas, del 11 de septiembre de 2001. Entonces el número de muertes fue de 2976, por no hablar de 6000 heridos.
Al parecer los terroristas, en ambos casos de origen musulmán olvidan que no fueron los estadounidenses, sino los ingleses los que se apoderaron de sus territorios tras el quiebre del imperio otomano; que no fue en Norteamérica, sino en las islas británicas donde se gestó un colonialismo meramente explotador, no civilizador como lo fue en su rol integrador, el imperio de los Austrias en Las Américas, creador de más catedrales, universidades, colegios, hospitales y en general bienes culturales en el Nuevo Mundo que cualquier otra potencia europea de su tiempo.
Olvidan estos revolucionarios de bombas poner, que es en el corazón del imperio británico donde nace un capitalismo desalmado, que en reacción generó tantas utopías, comenzando por la del mártir católico Tomas Moro. Un modelo productivo cuya crítica desde posiciones conservadora es de la que se valdrá Federico Engels para escribir, entre 1842 y 1844, en plena Revolución Industrial, su célebre obra: La situación de la clase obrera en Inglaterra, un clásico en el relato de las penurias sufrida por los obreros industriales en la época victoriana, y que anticipa el modo en que podrán ser tratados los pueblos colonizados de “raza inferior”.
Pero hoy cuando se habla de imperialismo y capitalismo, lo mismo en el primer mundo que en el tercero, si es que todavía existe, solo se piensa en Estados Unidos, quedando los ingleses como los buenos de la películas, nunca mejor dicho dado la contribución que a tan buena imagen, da el cine y no solo el que se hace en Inglaterra, de modo que se pone en evidencia para quien trabajan en realidad las industrias culturales de occidente incluida la más poderosa, la norteamericana.
Por último, tenemos el intento casi intuitivo de 2016 para reconquistar la soberanía económica y política de Estados Unidos, por la vía electoral. Una batalla que retóricamente se presenta como anti globalista y por tanto en contra de un enemigo abstracto, pero que intentan resolver los problemas de un sector poblacional muy concreto, el de la clase media baja, anglosajona y protestante, cada vez mas asustada por la desaparición de empleo y el aumento de inmigrantes, de los cuales los mas peligrosos para ella, son los en realidad los disciplinados y calificados asiáticos, y nos los latinoamericanos, sobre los que se centra el debate.
En realidad, para resolver estos y otros problemas Trump habría tenido que bajarse de la nube en que viven sus compatriotas creyéndose ciudadanos libres de una superpotencia que hace y deshace en el mundo cuanto le viene en gana y según sus conveniencias. Tendría que reconocer la imperceptible condición neocolonial en que han vivido los Estados Unidos desde la derrota de los tradicionalistas sureños a manos del norte industrial en 1865, hasta los tiempos actuales de reducción de la población nativa y exportación su industria a China.
Los medios no permitían avizorar quien las elecciones presidenciales número 58 en la historia Estados Unidos. Contra todas las predicciones resultó se Donald Trump.
Desde entonces con su estilo muy personal, acertado unas veces equivocado otras Trump ha dado sus batallas. Lo ha hecho deshaciéndose de colaboradores y echando aliados, pero manteniendo, sin querer al enemigo en casa. El más notorio es el siniestro Dr. Anthony Fauci, con su rimbombante título de director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID). No importa las críticas que el personaje que ha recibido de parte de la disidencia científica, por ejemplo, la del psiquiatra Peter R Breggin*, quien responsabiliza a Fauchi de haber creado las condiciones que permitieron al Partido Comunista Chino crear coronavirus letales lo que precedió la liberación del SARS-CoV-2 por Instituto de Wuhan de Virología. Anthony Fauci también es acusado de encubrir a los chinos negando el origen del SARSCoV-2 y frustrando así los intentos mundiales de lidiar racionalmente con la pandemia.
El caso es que en muchos casos dando palos a ciegas, con más o menos éxito en lo interior (crecimiento económico) y en lo exterior -donde sin premios noveles de paz resultó mucho más pacificador que su antecesor Obama-Trump campeo el temporal durante buena parte de su mandado. Lamentablemente, como si estuviera concebida para poner fin a su administración llegó la Pandemia y mandó a parar. Poco después se iniciará una guerra social de naturaleza racial, azuzada muy probablemente por los medios en contubernios con eso que se denomina, estado profundo y que en principio es la anónima burocracia estatal de toda la vida, la cual, incluso entre sus capas más superficiales y expuestas solo vela por sus intereses, favoreciendo o destronando presidentes como antaño hacía con los reyes.
Se trata de la quinta columna que Trump nunca pudo derrotar, gracias a la acción mancomunada de enemigos y falsos amigos que le rodean, entre otros los “aceptacionistas” del “coronovirismos científico”, tan creíble y respetable como un día lo fue en casi medio mundo el comunismo del mismo apellido. Estos no solo le impusieron el bocalete (brazalete usado en la boca como símbolo del totalitarismo pseudo sanitario) sino que incluso le indujeron a hacerse la prueba sin que se sintiera mal, en el momento más inconveniente de la contienda electoral. Una prueba de coronavirus que casualmente dio positivo y que para lo único que sirvió fue para demostrar que portar el virus no implica necesariamente consecuencias letales para el “vector” humano. Sin negar la cantidad de personas muertas con coronavirus (no siempre por coronavirus) visto está que un representante de los llamados grupos de alto riesgo como el presidente norteamericano se las puede arreglar sin grandes inconvenientes.
Los que si tuvieron inconvenientes fueron las personas ejecutadas en los hospitales en auténticos actores de yatrogenia, una vez que los médicos se sometían a los protocolos de la OMS. Los otros grandes afectados fueron aquellos empresarios medios obligados a cerrar sus negocios o sus empleados mandados a casa bajo la mirada de una de la policía que no fue capaz de detener el vandalismo antifa-BLM de estos días. Así bajo el gobierno de un empresario por excelencia se dio una guerra despiadada a la pequeña empresa, empujando a la gente a la conspiración como en tiempos de la independencia. Me refiero al caso de Los “vigilantes de Wolverine”, la milicia de escépticos del coronavirus que quiso secuestrar a la gobernadora demócrata de Michigan, Gretchen Whitmer, y juzgarla por “por traición” a causa de su imposición a la población de estrictas medidas de bloqueo y confinamiento que ya habían sido anuladas por un juez. inmediatamente intervino el FBI, pero no para obligar a la gobernadora a obedecer la ley sino para a buen recaudo a los conspiradores que intentaba aplicarla por su propia cuenta. Una vez más quedaba demostrada la inutilidad de las proclamas de la Asociación Nacional del Rifle, justificando con la famosa segunda enmienda, el derecho a la tenencia de armas en manos de la ciudadanía. Ahora queda demostrado que cuando del estado se trata ni un tanque en casa garantiza tu libertad.Pero todo se habría podido evitar Trump, en lugar de llamar verbalmente a que los gobernadores demócratas liberan a tal o más cual estado hubiera mandado la guardia nacional a liberarlos, del mismo modo que la envió para lo contrario, para encerrar a los neoyorquinos cuando se inicia el pánico virus. Que más que el bicho es lo que está hundiendo a los pequeños negocios. Una tragedia económica que el ejecutivo, pudiéndola evitar, intentó solo paliar, sin encontrar otra solución menos cercana a al socialismo que la de mandar un cheque al afectado, es decir la de un pago sin contrapeso en trabajo. En cierta manera el virus lo mismo en Europa que en Estados Unidos, jugado en mismo papel que los sindicatos que a base de huelgas arruinaban al pequeño burgués que terminaba endeudado, esclavizado por los bancos, o entregando su mercado a los grandes consorcios que al final (o quizás desde el principio) campeaban al sindicato. Un proceso proletarizador previsto por Marx, que se continúa con el establecimiento de regímenes socialistas, pero que también se está dando sin tapujos con la corono viralización de los estados “democráticos”.
El caso es que la misma falta de liderazgo o de supremo poder del estado rebelado contra su gobierno fue la incapacidad de Trump para ponerle coto al vandalismo y la delincuencia política disfrazada de conflicto social.
Son las mismas fuerzas que desestabilizaron la nación las que ahora parecen dispuestas a recuperar su control. Lo hacen, no solo con ayuda de los demócratas en masa, sino también con el respaldo del sector anti Trump dentro del partido republicano, y como era de esperar con el aplauso de los voceros mediáticos latinos del liberalismo clásico una creación ideológica del siglo XIX, siempre al servicio de intereses del Reino Unido, como lo será en comunismo en el XX con respecto a la URSS, Esto explica el posicionamiento, junto a la izquierda contra la que tanto había hablado y escrito, lo mismo por parte del cubano Carlos Alberto Montaner como el peruano Jaime Bayly, ambos unidos en la confesión liberal tal y como en Europa se entiende tal militancia. Es esto que explica la insuficiencia del enfoque dicotómico izquierda/ derecha a la hora de entender lo que se está viviendo en Estados Unidos y por ende en el resto del mundo.
En los momentos en los que doy el toque final a este artículo, el New York Times ya está anunciando, no sé si con razón o precipitadamente cono asegura Trump, que Joseph Robinette Biden Jr. fue electo como el 46° presidente de Estados Unidos este sábado 7 de noviembre de 2020, con la promesa de “restaurar la normalidad política y un espíritu de unidad nacional para confrontar las devastadoras crisis económicas y de salud”. Demasiado viejo tamaña tarea Biden cuenta al menos con la asistencia de su vicepresidenta, Kamala Harris, una enérgica y radical hija de madre india y padre jamaicano, que deviene en la mujer que ha llegado más alto en el liderazgo del país. Si no ocurre un milagro Donald J. Trump pasará la historia como presidente de un solo mandato luego de cuatro años de revuelo en la Casa Blanca.


Ha sido precisamente la falta de conciencia sobre la naturaleza real de esta guerra, hasta cierto punto desarmada, aunque no exenta de violencia, la que explica la presunta derrota de Trump, más allá del fraude de sus enemigos la animadversión de los medios y la manipulación de minorías por la oposición, la causa fundamental del fracaso sufridas por el gobierno en Estados Unidos. Está en que no supo ver donde estaba su enemigo, que no era ese humilde inmigrante hispanohablante, católico en su mayoría y a su manera conservador, al que tanta guerra le dio, cual molinos convertidos en gigantes, sino una élite poderosa y descreída que habla su propio idioma a la que nunca calculó y mucho menos enfrentó, que domina su nación con mecanismo financieros y organizativos que solo se descubren en los frutos, que lo mismo inventa una pandemia, que arruina la economía con una cuarentena, que desata la delincuencia que inmoviliza a la policía. En resumen, que nadie, ni sus consejeros más allegados, alertó a Trump de que el enemigo más peligroso no era ese “otro” que tenía delante, sino aquel que nunca pudo ver, máximo responsable de su pérdida del poder.

*Peter R Breggin, Peter R Breggin, Dr. Fauci’s COVID-19 Treachery a New Breggin Report

Cesar Vidal ¿Del todo creíble para el conservadurismo?

7 Nov

 

Un buen amigo me envía junto otros receptores los últimos comentarios de César Vidal sobre la actualidad norteamericano. Y nos pide un comentario. Estos es lo que me llega de lo que afirma Vidal:

Acompaño esta entrada de mi comentario sobre el comentarista, mas que a lo que acaba de afirmar. Podría catalogarse de un “ataque al hombre”, y lo es,  pues siempre es bueno tener en cuenta las intenciones de una fuente para saber, más que lo que dice en un momento concreto – otro tema de análisis-,  lo que se infiere de lo que ha dicho. Esto nos permite adivinar  lo que a sabiendas oculta y sobre todo lo que hace, amén de “informar” con sus actuales palabras:

Leo y escucho mucho a Vidal, reconozco que es un hombre erudito que suele atinar en su crítica a la izquierda, y a la ideología de género. Pero cuidado, no todo lo que relumbra es oro, le pierden su odio visceral al catolicismo, como buen fundamentalista protestante, su inexplicable hispanofobia, siendo el mismo nacido en La Madre Patria,  y por si fuera poco la defensa  obstinada y demagógica que hace al régimen Chino (supongo, por no pensar cosas peores,  que por el modo en que persigue a los católicos mientras da rienda suelta al proselitismo evangélico para debilitar a los primeros) y en particular su red de influencia en occidente que es el instituto Confucio.

Todo esto hace que deba tomarse con pinzas lo que dice para detectar los venenillos que entre col y col suele colar, por ejemplo cuando asegura en uno de sus análisis más recientes para la radio española asegura que Biden es el candidato de los católicos norteamericanos,  los consumidores de drogas y las feministas.

Está metiendo así en un mismo saco, con objetivos meramente propagandísticos, a grupos afines a la izquierda useña que nada tienen que ver con los católicos, que  por lo general son conservadores, a fin de desprestigiar a estos.

“Cuba”: Un borrón de Sean Connery

1 Nov

La Parca esta de malas con la cinematografía mundial. No le ha bastado con llevarse consigo en estos días Enrique Colina, en mi opinión el mejor crítico de cine que ha tenido la televisión cubana. Ahora ha venido por más, para reunir en el Walhalla de los cineastas a Colina con el mejor intérprete de James Bond, un personaje que nunca le vi criticar: Thomas Sean Connery (Edimburgo, Escocia; 25 de agosto de 1930-Nasáu, Bahamas; 31 de octubre de 2020)

Al menos el actor escocés llegó a la edad respetable de 90 años. Dejó tras de sí una estela caracterizaciones en filmes que gracias a su participación se hicieron inolvidables. Destaco entre ellos algunos de mis favoritos; Dr. No, de 1962, The Molly Maguires, de 1970, y El Nombre de la Rosa, de 1986. 

A fuer de ser sincero, he de reconocer que no siempre Connery dio en el blanco al elegir un personaje. Dejándose involucrar, aunque no a menudo, en alguna que otra película infumable. Entre ellas una que para nuestra desgracia lleva en nombre de nuestra patria. Me refiero a la película Cuba, realizada en 1979, por el director norteamericano Richard Lester, producida por la hebrea norteamericana Arlene Sellers, y con guion del Británico Charles Wood.

Aquí se nos narra la historia de un mercenario británico, con experiencia en la lucha contra los insurgentes de Malasia, que llega Cuba para asesorar al ejército del general Batista en su lucha contra las guerrillas de Castro.  En este contexto el asesor antisubversivo se toma con una examante que ahora está casada con rico y joven propietario, cuya empresa embotelladora ella administra, mientras el la engaña con sus empleadas, la justificación perfecta para cometer el adulterio con el apuesto militar británico, encarnado naturalmente por Connery

Por una cuestión de elemental piedad debería estar vedado presentar esta película a un cubano, sobre todo ya tenía conciencia antes de la Revolución. La relación referencial del filme con la Cuba que pretende describir es similar a la que, tenían los animales reales aquellos bestiarios de medievales, en los que se dibujaban leones de oídas, irreconocibles para quien hubiese visto a la fiera carne y hueso.

Y si la ambientación de la obra es desastrosa, la asesoría debió ser peor. Aunque podría entenderse. El guión, según los cánones de la historiografía revolucionaria cubana, resulta insuficientemente maniqueo a la hora de presentar a los oficiales batistianos. Al mismo tiempo el alzamiento armado contra el gobierno es justificado con el respaldo popular.

En tales condiciones no creo que los realizadores estuvieran en condiciones de pedirle asesoramiento a quienes mejor conocen en Estados Unidos a la Cuba de los cincuenta los exiliados anticastristas. Tampoco podrían recabar el apoyo de la industria cinematográfica isleña, ni de sus academias, controladas como estaban por el gobierno. Algo que casi cuarenta años después, en 2008 si estuvo en condiciones de hacer, tocando un tema parecido Steven Soderbergh.

Es natural su Che nos ofrece a un Guevara, hecho de una pieza y desbordando culto a Fidel Castro por cada poro, servía de propaganda directa al régimen, Cuba del 79 también lo hacía, pero de una forma peligrosamente ambigua, sobre todo para aquel momento en que el régimen cubano amparado por la URSS se sentía en su máximo esplendor.

El caso es que la película parece un simple ejercicio de conversión en thriller, de la comedia cinematográfica Bananas, realizada en 1971, Woody Allen. La diferencia es que hora contamos marcas mucho más que indican de se trata de un país concreto, por ejemplo, un vuelo al país en Cubana de Aviación, el ataque a un tren militar que recuerda el descarrilamiento del tren blindado durante los enfrentamientos armados Santa Clara, la presencia de un comandante guerrillero que parece sincretizar las figuras de Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, o la representación de  la campaña política de Andrés Rivero Agüero.

Se trata de quien será último presidente cubano salido de la concurrencia de varios partidos el suyo, Coalición Progresista Nacional, los tres de sus contrincantes: el de Carlos Márquez Sterling, Partido del Pueblo Libre, el Partido Auténtico de Ramón Grau y el de Alberto Salas Amaro Partido Unión Cubana, Se trata de líderes a los que no se mencionan por ningún lado de esta película tan “realista”. Del que sí se habla repetidamente es de Fidel Castro. Incluso al final se muestra imágenes reales del triunfante jefe guerrillero envuelto en un apoteósico recibimiento popular.

Esto contrasta con el Batista anodino y rollizo que aparece en la película, cuyos rasgos mestizos desaparecen o son disimulados con los del actor que le interpreta, Wolfe Morris, un británico cuyos antepasados hebreos ucranianos no le ayudan demasiado en su caracterización del “Indio” como llamaban sus seguidores al dictador cubano de entonces.  Acaso la idea fuera con esa selección actoral la de mantener el eje étnico clasista que se nos dibuja en la película; de un lado una elite gobiérnate blanca y batistiana, del otro un pueblo multirracial humilde y fidelista. La imagen se fortalece con los paseos que dan los protagonistas en medios de su romance por sitios deprimentes y miserables en escenas que no se explican, mas que con el objetivo de satanizar la Cuba de Batista.

Por cierto, en la única escena de terrorismo fidelista, los masacrado solo pertenecen a la clase dominante, no a la población humilde que si se ve siendo asesinada por los soldados gubernamentales. Una de las pifias de esta escena, que parece un acto de terrorismo armado es que los atacantes llevan el típico uniforme de campaña verde olivo de la guerrilla. El otro olvido es que, en lugar del emblema del 26 de julio, lo que portan pegado al uniforme es una bandera cubana, como si aquella fuera una guerra de liberación nacional contra un ocupante extranjero y no una guerra civil en la que en definitiva se enfrentaban dos facciones de cubanos, unos en el gobierno y otro en sector armado de la oposición.

Menos mal que al meterse en esta desventura cinematográfico Sean Connery todavía contaba con la inercia de sus encarnaciones de James Bon, la fuerza que sin dudas le sacaría de aquel bache. Incluso el director intente explotar el espectro del espía británico adaptando para la ocasión una de sus réplicas las conocidas, cuando el asesor se identifica de la siguiente manera:” Mi nombre es Robert, Robert Dapes”, que es como se llama el militar británico.

. En otras de sus réplicas Dapes reconoce que todo hace por dinero, pero añade una especificación, “siempre al servicio de gobiernos legítimos”. El caso es que el asesor, de modo poco convincente para, cambia inesperadamente de bando, haciéndose del control de un tanque con la ayuda de un torpe empresario norteamericano, y disparando contra los militares a los que había venido ayudar, todo n medio de una esperpéntica batalla, que como todos los encuentros armados que vemos con la guerrilla más parece un trabajo de cine de unos alumnos de cine de primer año que la obra de un director veterano como ya era para ese momento Richard Lester.

Al parecer este director estaba más interesando en que le veamos como un personaje más, el juego de la ex novia de Dapes, que, por cuidar las continuas incongruencias de fechas y textos incorrectos, autos y ropas, sobre todo masculinas, de diseño anacrónico etc.

Evidentemente el espectador implícito en la obra es un anglosajón que no tiene la menor idea de lo que era Cuba, ni siquiera del idioma español, que, salvo raras excepciones, se masculla como si fuera una segunda lengua mal aprendida, no importa que el personaje que lo usa sea un cubano. De la atmosfera sonoro cultural ni se diga. Las cabareteras dan ganas de llorar, por no hablar de la música brasilera, incluso con breves pasaje cantados en portugués, con que se acompaña la llegada de Robert Dapes a la isla. 

Afortunadamente del mismo modo que en Cie, nada puede ser absolutamente bueno, tampoco nada puede ser absolutamente malo y esta película no es la excepción. Creo que el director no contó con el talento del actor de origen ruso hebreo Martin Henry Balsam, quien en su, el General Bello, muestra el carisma que se le ha perdido a Connery. Así resulta que, en esa película esencialmente antibatistiano, en personaje que mejor queda interpretado y por tanto se vuelve más interesante, es el del oficial de mayor graduación en el ejército de Batista que allí vemos. Misterios del arte.

Pero la observación de este objeto debe ir más allá de la crítica a la mala ambientación o lo poco convincente historia de amor entre el mercenario británico y una antigua amante. Es necesario ver lo que puede haber tras la vocación de entretenimiento y por supuesto de hacer dinero de esta pieza, a pesar de todo cultural. Hay que además el rol propagandístico en cuanto a la reconversión de un enemigo. En los momentos en que la Casa Blanca tiene un presidente como Jimmy Carter, el primero que año después y mucho antes que Obama visite a Cuba; un político dispuesto a hacer las paces con el gobierno de Cuba, incluso a dejar sus discípulos en Nicaragua tomen el poder como ocurre en ese mismo 1979.  Y si alguien se cree, que cine americano y gobierno no tienen nada que ver, pues que busque en los archivos el cine estalinista que se hizo en Estados Unidos durante la segunda guerra mundial, cuando su gobierno y el soviético se coaligaron para vencer a Alemania y a sus aliados.

Hay que reconocer aquí una pieza más paradigmática, y esto le infiere al filme la importancia que le falta desde el punto de vista artístico. Se trata de un elemento insoslayable de corpus que denominare como “Cuba Vuestra”. Es decir, la Cuba que sale de una mirada extranjera sobre nuestra patria. Una visión que se plasma el libros o pantallas, sutil o abiertamente interesada en legitimar a las nuevas clases sobre la base del escarnio de las pasadas.

Este tipo de arte, sobre todo el cinematográfico, no es ni mucho menos el primer usa a Cuba como telón de fondo para contarnos una historia. Sí es el que se inicia a partir de 1959, pero tomando como materia la Cuba batistiana. El disparo de salida lo dio Nuestro Hombre en La Habana, rodadas aquel mismo año 59 en la propia capital que nombre, bajo la Dirección Carol Reed.  Está basada en una novela de 1958 de Graham Greene, quien trabajó para la inteligencia de su país también se encarga del guión.  Llama a atención la afinidad que tienen los británicos por el Castrismo, a veces me pregunto si no habrán tenido su imperio que ver con el ascenso y mantenimiento del mismo.

Luego vendrán otras obras con el mismo espíritu, entre ellas Soy Cuba, rodada también in situ por el director soviético Mijaíl Kalatózov, Habana de1990, dirigida por Sydney Pollack y protagonizada por Robert Redford, El Padrino II, hecha en 1974 por Francis Ford Coppola o la española Una Rosa de Francia de 2006 dirigida por Manuel Gutiérrez Aragón.

Por cierto, ya que hablamos al propio de mejor 007, traigamos a colación el protagonismo que tiene en Una rosa, la que más tarde será la primera cubana que interpreta la chica Bond: Ana de Armas.

Se trata de una actriz que tendría una carrera impecable de no haberse prestado para hacer de “chica avispa”. Me refiero a su participación en la película de 2019 La red avispa, escrita y dirigida por el cineasta francés Olivier Assayas, como adaptación del libro de Fernando Morais Los últimos soldados de la Guerra Fría. Aquí se narra desde una perspectiva afín a los intereses del gobierno cubano, la vida de cinco agentes suyos infiltrados en Estados Unidos y atrapados con las manos en la masa. Ellos son: Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, Antonio Guerrero y René González.

Un actor debe saber elegir y más cuando sabemos que con el cine se hace muchos más que entretener, se intenta convencer y lo peor, mentir. Es precisamente por eso que Ana Margarita Martínez, convertida en el personaje encarnado por de Armas está demandando a los realizadores de esta película, por las falsedades que dice sobre ellas. Evidentemente, La Red ha sido un traspié en la carrera artística de la cubana, esperemos que aprendan la lección. A fin de cuenta cosas así le pasan a cualquiera, incluso a personalidades como la que acaba de abandonarnos que fuera de milagro o porque “solo se vive dos veces”, resucito su carrera sacándola de la tumba que fue, en 1979, aquella “Cuba” bananera.