Acoso sexual y propaganda de estado: retomando el caso de Evangelina Cossío

22 Oct

Pero el uso del abuso sexual (inventado o real) con fines políticos no es nada nuevo bajo el sol, durante la guerra de independencia cubana terminada con la intervención norteamericana se dieron buenos ejemplo de ello; ya he abordado en mi blog uno de los más sonado, el caso de Evangelina Cossío, la protegida de William Randolph Hearst el magnate indiscutible de lo que ha sido dado en llamar Prensa amarilla, es decir la prensa sensacionalista que para algunos historiadores, fundamentalmente españoles fue la que preparó la intervención norteamericana en una guerra ajena como la de Cuba, que tenía todos los visos de ser una guerra civil hasta que la alineamiento total del mambisa do con el nuevo invasor demostró en realidad para quienes trabajaban, consientes o inconscientemente aquello aquellos “nacionalistas” .

W. R. Hearst, competidor de Joseph Pulitzer en la conquista del lector norteamericano encontró en la guerra cubana un manantial de historias que venderían muy bien, pero quiso ir más allá creando y haciendo cosas con unos relatos que de hecho le convertirían en eso que los politólogos llaman halcón de la guerra, llegándose a atribuir como mérito propio la participación de Estados Unidos en el conflicto. El caso de Juana Evangelina de las Mercedes Cossío y Cisneros resulta modélico en esta actividad propagandística más que periodística. Sin embargo, su historia no era exactamente la que habían transmitido a su público los imaginativos redactores de The San Francisco Examiner y del The New York Journal los medios que por entonces controlaba W. R. Hearst, y que serán los primeros dentro de un inmenso imperio mediáticos.

Volviendo a la historia que ya he narrado, pero detallándola un poco más hemos de reconocer que en realidad Evangelina había sido usada, para una peligrosa operación con el consenti-miento de su padre, Agustín, un independentista relegado a Isla de Pinos. Se trataba de ten-derle una trampa coronel José Bérriz, comandante Nueva Gerona. La idea estaba planeada para la noche del 26 de julio de 1896. La chica tenía que convenir un supuesto encuentro amoroso con el oficial, quien sería neutralizado por los independentistas quienes atacarían inmediatamente el cuartel de caballería de la plaza.

Pero la cosa no salió a pedir de boca, a los gritos del militar, vinieron los suyos y así se frustró la acción de los conspiradores. Por el momento el señuelo sexual pudo escapar, pero la muchacha pronto será delatada y conducida a la Real Casa de San Juan Nepomuceno de Recogidas, en La Habana, devenida cárcel de mujeres de la Isla.

Sometida a consejo de guerra la joven conspiradora resultó condenada a 20 años de privación de libertad en Ceuta, destino de muchos de los separatistas cubanos.

Según escribe Domingo del Pino Gutiérrez en su artículo El caso de Evangelina Cossio y Cossio, la cubanita no es “descubierta” por la prensa norteamericana hasta agosto de 1897, cuando ya llevaba nueve meses de encarcelamiento en La Habana. Los responsables fueron los periodistas Thomas G. Alvord Jr., Clarke Musgrave y Eugene Bryson quienes la vieron por casualidad cuando visitaban la prisión por otro motivo. La belleza y la juventud de la muchacha les llamó la atención e informaron a Randolph Hearst de la mina de oro periodística que acababan de descubrir.

Acto seguido se organizó una campaña de prensa en Estados Unidos, en particular en los periódicos de Hearst, donde se insistía no sin cierto morbo sexual que a la joven se mantenían medio desnuda en su prisión, entre otras atrocidades y tratos poco éticos. A pesar de que formalmente eso fuera negado oportunamente por Fitzhugh Lee, el Cónsul Estadounidense en La Habana, quien también insistía, sin que los medios de su país le hicieran mucho casado en que la joven había reconocido su participación en el intento de levantamiento de Isla de Pinos. Como veremos de más adelante se trataba de un acto de cara a la galería, quizás para bajar la guardia de las autoridades españolas. El señor Lee también estaba implicado en la jugada.

El caso es que la joven nunca llegaría a las costas africanas. En la media noche del 6 de octubre cuando su traslado era eminente se organizó la fuga y llegada a Estados Unidos de la Joven lo constituyó que sirvió parta seguir echando basura sobre el machismo de las autoridades españolas. Siempre se ha dicho que se trató de una operación organizada y financiada exclusivamente por W. R. Hearst, sin embargo, la cosa no fe exactamente así, otros actores debieron implicarse para que el plan pudiera llegar felizmente a su fin.

Hablamos de una campaña mediática que no culminó con la entrega de la isla a Estados Unidos. Tal nos lo muestra el relato del hecho que publica George Clarke Musgrav. en su libro Under Three Flags en Cuba; Boston: Little, Brown y Company, páginas 92-108., publicado en 1899, en plena ocupación de Cuba por los Estados Unidos. Según l idílica versión de este autor el padre de Evangelina había sido condenado a muerte por conspirador y ella buscando su indulto y tras ciertos avatares había lograd entrevistarse con el general Martínez Campos en busca de un indulto: “El viejo soldado se conmovió por su devoción filial y conmutó la sentencia por destierro de por vida”. Me llama la atención lo bien parado que sale Martínez Campos en esta historia, el que sin bien había recibido órdenes de perseguir la masonería organizadora por excelencia del independentismo, se cuidó mucho de hacerlo durante su nueva y última etapa en la isla.

Padre e hija se trasladan a Isla de Pinos y allí continua la historia según la versión del norte-americano. Convertida la Isla convertida en colonia penal, ella se había convertido en el des-tino del coronel Berriz, sobrino del general Azearraga, ministro de la Guerra de Madrid, quien, a pesar de estar casado, había estado involucrado en un notorio escándalo en La Haba-na. De acuerdo con Clarke Musgrave, Berriz, sin muchas opciones amorosas echaba de menos a la alegre vida capitalina, este es el momento en que le hecha el ojo a la llamativa belleza de Evangelina y como él era gobernador y ella la hija de un rebelde; vio a “la niña inocente como una presa fácil”. Sin embargo, se sorprendió enormemente al encontrar que sus atenciones no hallaban respuesta. Su vanidad estaba herida, e inmediatamente intentó el acercamiento por otros medios. Sin previo aviso, el padre había sido capturado y encerrado. Adivinando la razón del encierro, Evangelina habría suplicado la liberación de su padre al gobernador, quien ga-lantemente aseguraría que no podía negarle nada, ordenando la liberación del independen-tista: “Temblorosa de alegría, la frágil chica derramó efusivas gracias, pero su corazón se hun-dió cuando el militar continuó: ” Las Gracias son fáciles de dar, pero más tarde juzgaré tu gra-titud” haciéndole una violenta demanda de amor. Desde ese día, Evangelina permaneció muy cerca y su padre, quien, dándose cuenta del peligro, rara vez la dejaba sola.

El 24 de julio, nuevamente será arrestado el padre y la hija, al darse cuenta de acoso que ello que implicaría no se no se aventuró a presenciarse ante el” brutal oficia”. Dos noches después llamaron a la puerta. Con esperanzas por su padre y miedo por su torturador, Evangelina se puso una bata y se abrió la puerta. Entonces entró Berriz de completo uniforme completo. Temblorosa de miedo, le pidió a su visitante que se sentara, y él le preguntó por qué lo recha-zaba cuando sabía que el destino de su padre estaba en sus manos.

En esta versión de la historia, Cossío suplica lastimosamente al militar que dejara de molestarla, y le rogó que liberara a su padre; pero él le jura que era devoto de ella, amenaza-do y engatusándola alternativamente. El militar se volvió tan persistente en sus atenciones que ella tuvo que correr hacia la puerta. El coronel la agarró por los hombros y, sofocando sus gritos, la obligó a regresar a la habitación interior. Pero sus clamores de ayuda habrían sido escuchados. En el hotel, cerca, se juntaron algunos hombres y corrieron al rescate. Entre ellos se encontraba un joven cubano llamado Betencourt, que era un ferviente admirador de Evangelina; y con él estaban Vargas, un empleado y un joven comerciante francés llamado Superville. Sin muchas ceremonias se precipitaron a la casa, tomaron Berriz y lo arrojaron al suelo. Betencourt, como es lógico, lo golpeó con fuerza, y luego lo ataron con una cuerda para llevarlo al juez civil. Al principio, “el cobarde pidió misericordia”; pero luego, al ver a los soldados indecisos entre la multitud les, gritó que los cubanos le querían asesinar. Desde el Cuartel se envió una tropa, que dispersó a la gente que, tras disparar, matar o herir a varios de los presentes, liberó a Berriz y se apoderó de Evangelina y sus tres rescatistas.

El gobernador pensó que lo más político era silenciar el asunto, pero como desafortunada-mente, varios ciudadanos prominentes habían recibido disparos, y una investigación del he-cho se inminente. Que fue encontrado en la habitación de una dama Biarriz no lo pudo negar, pero se excusó diciendo que Evangelina lo había inducido a entrar, y los hombres, escondidos en su interior, estaban listos para matarlo, con el objetivo de liberar a los prisioneros y tomar la isla. George Clarke Musgrav se trataba de una historia ridícula de las que siempre ha perfumando la rebelión en Cuba, el problema es que los historiadores cubanos posteriores, a pesar de un antiespañolismo rampante nunca han negado su veracidad, algo de verdad tiene que haber en ella. De cualquier modo, este relato parece servir de paradigma a lo que estamos viendo en estos momentos, con la campaña Metoo, ya no solo en los medios “profesionales” de todo el mundo, ya no dirigidos contra los hombres de una nacionalidad particular, sino contra el género masculino en general.

¿Operación de prensa o de Estado?

Ya pare terminar con Evangelina v hasta qué punto se involucraron las autoridades norteamericanas en su fuga. Para ello nos valdremos del artículo; Not a hoax: New evidence in the New York Journal’s rescue of Evangelina Cisneros ( No es un engaño: Nueva evidencia en el rescate del Evangelio Cisneros de New York Journal ), publicado en American Journalism, 19, (4) Otoño de 2002 y reproducido por el profesor de la American University W. Joseph Campbell, autor del libro “The Spanish-American War: American Wars and the Media in Primary Documents”(2005) Donde se aborda el caso las actividades extra periodísticas de realizadas por los corresponsales norteamericanos en los meses previos y a lo largo de la Guerra Hispano-Estadounidense, entre ellos la organización por New York Journal propiedad de Hearst, de la exitosa fuga exitosa de la prisionera política de diecinueve años, Evangelina Cossío y Cisneros como punto inicial de una larga lista de travesuras, actor irresponsables y hazañas que van desde inflar historias, disparar contra las fuerzas españolas y participar en la toma de ciudades hasta la realización de misiones de inteligencia para el ejército de los EE. UU.

En al referirse a toda la operación que precedió al Palo periodístico dado por Journal con la llegada de Evangelina Cosío, y su llegada a Estados Unidos y su instauración definitiva en emblema del presunto maltrato rutinario que infligían los españoles a las Cubanas, Joseph Cambel ofrece una serie de detalles significativos que nos llevan a considerar la implicación directa del Estado norteamericano a través de sus funcionarios en Cuba en una operación a todas luces propagandística, algo se que trasluce por en el particular interés que estos mostraran por Evangelina Cossío, pasando por alto los miles de separatistas que agonizaban en las ergástulas del régimen español dentro y fuera de Cuba. Para esta tarea resulta de gran utilidad el estudio realizado por W. Joseph Campbell sobre la base de la revisión detallada de la correspondencia del personal diplomático estadounidense asignado a Cuba en 1897. Sus cartas e informes se conservan en los Archivos Nacionales de los EE. UU. También estudia la recopilación de correspondencia, informes y manuscritos de Fitzhugh Lee en la Universidad de Virginia cuyo acceso de los investigadores había estado restringido hasta hacía poco por un acuerdo con el donante. Además, acudió a demás a varias colecciones de manuscritos en la Biblioteca del Congreso e informes del caso Cisneros publicados por el Journal de Hearst y por periódicos rivales en la ciudad de Nueva York. Los artículos y editoriales que aparecen en los periódicos en Washington, DC y Richmond, Virginia, también arrojaron importantes ideas. Todo este material revelará, según el investigador, entre otras conclusiones las que translite-ramos a continuación:

    • Un joven miembro del personal del consulado estadounidense en La Habana, Donnell Rockwell, proporcionó la pequeña herramienta con la que Cisneros aserró subrepticiamente los barrotes de su celda. Rockwell será detenido e interrogado por las autoridades españolas que investigaban la fuga de la cárcel, pero pronto fue liberado. Inmediatamente después de su liberación, Rockwell solicitó, y le fue concedido por su superior, una licencia de treinta días para viajar a los Estados Unidos, supuestamente debido a su mala salud.
    • El oficial consular de los EE. UU. en Sagua la Grande, en el centro de Cuba, Walter B. Barker, estaba a bordo del Seneca, el vapor de la línea Ward Line con destino a Nueva York en el que contrabandearon a la joven para completar su huida de La Habana. The New York World citó al capitán del Séneca diciendo que Cisneros pasó gran parte del viaje en compañía de Barker y el sobrecargo del barco. A pesar de que Barker iba a Nueva York con una licencia solicitada de manera inusualmente apresurada,  no marchó a la ciudad en el primer barco de pasajeros disponible.
    • Uno de los principales conspiradores, Carlos Carbonell, era un banquero cubanoamericano con estrechos vínculos con Lee. Carbonell se casará con Evangelina en junio de 1898, menos de un mes después de proponerle matrimonio en la casa de Lee en Virginia. Además, Carbonell fue nombrado teniente del personal militar de Lee poco des-pués de que Estados Unidos entrara en guerra con España. Mientras estaba en el equipo de Lee, Lee le ordenó a Carbonell que “hiciera una investigación silenciosa” sobre un posible negocio inmobiliario en Cuba que Lee pensó que valdría una fortuna. No está claro si Lee persiguió o invirtió en la aventura, pero la investigación de Carbonell representa evidencia adicional del alcance de sus vínculos con Lee.
    • Aunque Lee estuvo asociado con Rockwell, Barker y Carbonell, el registro disponible no lo vincula inequívocamente con el plan del Journal para liberar a Cisneros. Tampoco hay evidencia que sugiera que los funcionarios del Departamento de Estado en Washington -incluido John Sherman, el secretario de Estado o William R. Day, el primer secretario de estado auxiliar- alentaron, aprobaron o incluso supieron sobre la conspiración.
    • Aún así, es inconcebible que Lee no conociera la trama, dado su gran interés en Cisneros. Era, además, el vínculo común entre Rockwell, Barker y Carbonell. Y el propio relato de Lee sobre el caso Cisneros -un manuscrito en borrador no publicado escrito en 1898 y destinado a ser un libro capítulo – ofrece detalles considerables sobre la fuga. En particular, Lee aclara el papel de Carbonell, describiéndolo como esencial para la salida de la muchacha desde La Habana.

 

  • Además, la correspondencia de Lee con funcionarios del Departamento de Estado muestra claramente que el afable cónsul general -un ex comandante de la caballería confederado y la fuente favorita de corresponsales estadounidenses que cubrían la insurrección cubana realizó maquinaciones, intrigas y actividades de inteligencia. “Soy el encargado”, escribió Lee durante su misión en La Habana, “de delicadas e importantes funciones secretas [además de mis deberes consulares regulares”. Con la aprobación del Departamento de Estado, Lee en 1896 estableció un fondo de $ 1,200 para pagar lo que llamó a un “servicio secreto” o “un sistema de detective secreto”, una red encubierta que le permitía estar “exactamente informado de todo lo que sucede en la ciudad [de La Habana] y en otras partes de la Isla”. El “servicio secreto” tenía la intención, dijo Lee, de proporcionar una alerta temprana sobre las crisis emergentes y el deterioro de las condiciones en Cuba. Su correspondencia con el Departamento de Estado indica que Lee no buscó la dirección de Washington para llevar a cabo su operación de recopilación de inteligencia en La Habana. Aunque su correspondencia oficial no identificaba a los informantes que reclutó, Lee a menudo informaba al Departamento de Estado sobre los informes de fuentes a las que llamó “exploradores” en Cuba.
  • Significativamente, Lee se interesó profundamente en el encarcelamiento de Cisneros y una vez se prometió que: “Si esa joven es liberada, haré cualquier cosa en el mundo para protegerla de los tiburones que la esperarán incluso en la puerta de la prisión”. Su esposa y su hija visitaron a Cossío en prisión a principios de 1897, y al hacerlo, trataron de “aliviar el tedio y la angustia de su encarcelamiento”
  • El manuscrito inédito de Lee también deja en claro que fue más allá de los deberes de un diplomático estadounidense e instó a las autoridades españolas a aliviar las duras condiciones de la detención de Cisneros en la Casa de Recogidas. “Las palabras me fallan”, escribió, “al describir los horrores de este lugar y la apariencia de la banda de mujeres disueltas confina-das en él” . Lee dijo que había notado a Cisneros mientras visitaba a varias mujeres estadounidenses que fueron encarceladas brevemente allí. “Logré que finalmente se liberara a los estadounidenses”, escribió en el manuscrito, “pero la imagen de esta jovencita abandonada continuó persiguiéndome”. Él retomó su caso con las autoridades españolas de alto rango y pronto con alojamiento menos castigador fueron construidos para lo que Lee llamó “la mejor clase de prisioneros” -Cisneros entre ellos. Sesenta y cinco
  • A mediados de agosto de 1897, Lee escribió una carta personal al gobernador general español en Cuba, invocando a su esposa e hija para pedir la liberación de Cisneros. El gobernador general, Valeriano Weyler y Nicolau, rechazó la obertura de Lee, refiriéndose indirectamente a la campaña del Journal para presionar a España por la liberación de Cisneros. “No puedo ocultar que la propaganda que está sucediendo en los Estados Unidos [haría que] mi acción fuera bastante difícil”, escribió a Weyler, “pero confío en que esto desaparecerá y que cuando llegue el momento podría ver si puede encontrar la forma de acceder a la petición de la Sra. y la señorita Lee “. La carta de Weyler  fue escrita el 28 de agosto de 1897, el día en que, coincidentemente, Decker llegó a La Habana para comenzar a planear la fuga. Una semana más tarde, Lee salió de Cuba con su permiso de hogar. Mientras estaba en La Habana, Decker actuó como corresponsal de la Revista en Cuba y trabajó en la oficina del periódico en Casa Nueva, un edificio en el corazón de La Habana que también albergaba el consulado estadounidense y oficinas de Hidalgo & Co., agentes de la Habana Línea de barco de vapor, que operaba el Seneca.
  • Musgrave, corresponsal del diario en Cuba, mencionó en su libro, Under Three Flags in Cuba, que Rockwell, el empleado consular, había obtenido un pase que permitía a Musgrave y Decker visitar a Cisneros en la cárcel. Decker, al reclutar conspiradores en La Habana, había “obtenido la ayuda de Lee”, quien puso a d su disposición los servicios de Rockwell.
  • El investigador opina que la razón obvia para que el personal diplomático de los EE. UU. y sus asociados hayan ocultado o desviado la atención de sus roles, era el el elemento de anarquía inherente a la fuga de la cárcel. Del mismo modo,  considera, había muchas razones para que Hearst y Decker minimizaran o ignorasen las contribuciones de otros. El Diario -cada vez inclinado a la autopromoción -dijeron la fuga como debe casi enteramente a la astucia y la habilidad de su corresponsal, Decker. Que tuviera cómplices era, para el Journal , un detalle menor y subordinado.


Hasta aquí la parte del trabajo de W. Joseph Campbel que nos interesa. Para nosotros y a diferencia de The Journal, si resulta de suma importancia el papel cómplice de los funcionarios norteamericanos en la fuga de la joven cubana, ello revela para el caso norteamericano de entonces y sin seguramente de ahora con la campaña Metoo, el modo en que la prensa y el poder se imbrican, algo que teníamos muy claro en el caso de los países socialistas, pero que como vemos con el caso de Evangelina Cosío ya se ejecutaba desde los tiempos del más crudo capitalismo.

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