Archivo | julio, 2013

Longford. Entre la discriminación del hombre y la apología de una asesina

29 Jul

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‘…although by the end I had become as corrupt as Ian was, there is a distinction…I did not instigate…but I knew the difference between right and wrong…I didn’t have a compulsion to kill…I wasn’t in charge…but in some ways I was more culpable because I knew better.’
Myra Hindley

Longford, serie televisiva de 2006 dirigida por Tom Hooper, pudo haber sido una excelente obra audiovisual, como lo fuera su The King’s Speech.

A primera vista el drama resulta impecable en todos los sentidos, pero sin nos fijamos bien la mata las dosis de sexismo contra el hombre que nos va prodigando durante sus 93 minutos de duración, casi sin que se note, este drama inglés.

Dicho lo anterior he de quitarme el sombrero ante su protagonista, Jim Broadbent y la manera excelente, reconozcámoslo, en que encarna la figura de un político europeo inusual en los tiempos que vivimos, me refiero  al séptimo conde de Longford,  ya desaparecido, Francis Aungier Pakenham. Creo que Broadbent con su interpretación ha reinvidincado a su personaje incluso mas allá de las pretenciones del director por no hablar de la institución que de seguro financió la producción de una obra que, como la mayoría de las de factura inglesa que llegan a mis ojos transmiten una ideología de estado, no menos ferrea y coherente en si misma que la que podría inducirnos el Viejo cine soviético.

El verdadero Francis Aungier Pakenham (5 Diciembre de 1905 – 3 Agosto de 2001). Foto wikimedia.org

Es en medio de esta envoltura que se nos presenta a un individuo con quien; al margen de su férrea convicción religiosa que no comparto (me aterran las Iglesias como referentes de la actividad pública) me identifico plenamente, más cuando en la película nos lo muestran como un hombre vencido por su buena fe en la gente.

Lo que asombra, cuando se indaga mas allá del video, no es la derrota, sino la larga vida política que pudo tener çeste, por lo que sé, honorable Lord, nacido, en una familia aristocrática Anglo-Irlandésa, el 05 de diciembre 1905 y fallecido a los 95 años el 3 de agosto de 2001, al parecer la conciencia tranquila no solo nos permite dormir bien, sino además vivir mucho como le ocurrió a este par de Irlanda.

Se educó en el Eton College y New College, Oxford, donde se graduó con honores en Filosofía, Política y Economía.  En aquella ciudad Oxford conoció a su futura esposa, Elizabeth Harman, estudiante de licenciatura en el Lady Margaret Hall. En la película nos muestran al personaje como alguien de suma influencia en el político aunque no siempre de acuerdo con su marido, fue ella quien los convirtió al socialismo y el hizo de ella, no sin encontrar resistencia una católica.  Se casaron el 3 de noviembre 1931 y, finalmente, tuvieron ocho hijos, algunos de los cuales aparecerán en la película sufriendo las consecuencias de las excentricidades del padre, como la hija que ver convertida la presentación de un libro de su autoria en tribuna frente a la prensa de la campaña sobre la que gira la película; el fracasado intento de libera a uno de los infanticidas implicados en el célebre caso de Los asesinatos de los páramos (Moors Murders) me refiero a Myra Hindley, que intepreta, sin mucho que destacar, ni tampoco criticar, Samantha Morton.

Autorretraro de Myra Hindley

Resulta que esta mujer, Hindley junto a su amante Ian Brady, encarnado por Andy Serkis como si diera vida a un “Anibal el Canibal” de baja intensidad, violaron y asesinaron a cinco niños con edades comprendidas entre los 10 y los 17, durante un período que va desde el año 1963 al 1968, el hecho ocurrió en la zona hoy conocida como Gran Manchester, Inglaterra.

Es la relación entre el Barón y la coautora lo que sirve de eje al material y también ella la que permite avizorar, si nos libramos del embrujo emotivo que nos lanza el realizador el trato discriminatorio que se intenta dar los dos inculpados en una cadena de asesinatos injustificables.

El relato también se apoya en los diálogos del político y Ian Brady,  cuya caracterización como personaje más bien parece responder al estereotipo de un psicópata que campea por sus respetos en una cárcel que a la presumible situación de sobre castigo en la que se encuentra los pedófilos cuando can en prisión. No es eso lo que ocurre cuando nos presentan a Hindley, quien, a diferencia de Brady se nos presenta  en la pantalla, transferida a una prisión de alto rigor (tras un intento de fuga) acosada por las otras presas y drogada por sus carceleras, algo solo invoca nuestra conmiseración, una piedad que nunca se intenta despertar, usando recursos emotivos similares, con respecto al marido. Por el contrario se coloca en boca Margaret Hall un parlamento de dudosa cientificidad aduciendo que el escándalo frente a la asesina tiene lugar porque siempre son los hombres los que matan o seducen niños.

En lo personal creo que es al revés, que la prensa prefiere hacerse eco de crímenes cometidos por autores masculinos y no femeninos, que existe un velo mediático que encubre el fenómeno de la criminalidad femenina sin otro objetivo que el de satanizar al hombre,  con todo lo que se diga de la sociedad patriarcal. Y es que el poder al final siente que en la testosterona se haya la energía que le puede derrocar, es ella pues la que se tiene que disciplinar, incluso para evitar que los dominados de reproduzcan más allá de lo que es posible controlar. Por eso el pánico social es dirigido contra los asesinos, no contra las asesinas, por ello, al ver a una mujer los niños subían sin reparo al auto de los asesinos de los páramos. No se trata de un caso aislado, se indaga en la misma red se verán la gran cantidad de “criminalas” de las que nadie habla.

Tampoco convence la tesis que sostiene la esposa del político, una vez que se deja embaucar por Hindley, de que siendo el padre de la segunda un abusador, la hija estuviera condenada a ser dominada por su marido, ese malo de la película, presentado como un sicópata arrogante, que parece campear por su respetos ante sus guardianes y al que, en medio de la aversión que nos despierta nos costará creer que creer cuando alerta a Longford del modo en que le manipula la mujer, alguien que, si no le arrestró a la perversión, al menos,  por su pasado, bien estaría predestinada a ser tan abusadora como su pareja, es decir en el mejor de los casos una “tal para cual” en relación al repulsivo asesino que estamos viendo.

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Carol Ann Lee (derecha), autora de  “One of Your Own: The Life and Death of Myra Hindley”, una biografía sobre la asesina Myra Hindley, muerta en noviembre del 2002. Foto: Robert Burdock

Es una pena que el feminismo haya lastrado una película,  que pudo haber sido tan interesante, tratándose como se trata del hombre que en 1947, fuera nombrado secretario de Relaciones Exteriores adjunto, fuera del gabinete, encargado de la zona británica en la Alemania ocupada y a cuyo trato humano con los derrotados en la segunda guerra mundial se hace una leve referencia, un gesto que llevó al primer Canciller Federal de Alemania, Konrad Adenauer calificar a Pakenham, con ser uno de los padres fundadores del nuevo estado alemán.

Poro todo esto pierde importancia en una película que hace poco honor a su nombre, el que sólo usa como anzuelo para hacernos tragar una historia, de relativa relevancia en la vida aquel antiguo líder de la Cámara de los Lores y Secretario de Estado que fue Francis Aungier Pakenham.

Es como si lo más importante dentro de sus esfuerzos para rehabilitar a los delincuentes fuese el caso de Myra Hindley y todo el revuelo sensacionalista armando en torno por la prensa. Buena forma de castigar para la posteridad y ante una masa que cada día lee menos y ve más cine a este papista converso en tierra de herejes.

Yo prefiero no quedarme ni con ese, ni con el que en su (para mi ingenuidad) creyó en la promoción del cristianismo como medio para la recuperación moral de la nación, yo prefiero quedarme con el Longford del que solo se habla de pasada en la película que lleva su nombre, aquel que desde sus tiempos de concejal de la ciudad de Oxford, allá por los años 30  y casi hasta su muerte en pleno siglo XXI visitaba presos, y que en 1956, fundó una organización con el objetivo ayudarles en su reintegración social, el hombre que presidió la comisión cuyo informe condujo a la creación del sistema de libertad condicional en 1965 en Inglaterra, a la figura prominente en el Festival Nacional de la Luz de 1971, el hombre que se enfrentó a la explotación comercial del sexo y  cuya campaña contra la pornografía le valió el mote de ” Señor Porn” burla de la que se hace eco la película sin marcar mucha,  distancia a nivel visual.

En ella vemos de una manera un tanto ridiculizada la gira realizada  por Pakenham, a principios de la década de los 1970, por los establecimientos de la industria del sexo, incluidos los clubes de strip-tease de Copenhague, con el fin de elaborar un estudio que sirviera de base a su campaña antipornográficas lanzada por basada en un estudio princio que le llevó a recorrer  los clubes de sexo en Dinamarca en 1971.  Se trata de un tema que adquiera soberana actualidad en estos días, cuando El primer ministro británico David Cameron anuncia la activación de filtros de contenidos adultos en la red para proteger la población infantils, del acceso fácil a la pornografía por la vía del Internet, una prohibición que al parecer va más allá de la protección del menor y que pretende regular algunos contenidos, del imaginario erótico como son por ejemplo la simulación de violaciones. Pero no era esto lo que preocupaba al séptimo conde de Longford, sino algo que nos llama la atención desde nuestra llegada a Suecia, que una revista pornográfica este al alcance de la mano de un escolar (así nos lo muestra una escena de la película) como si no hubiese el menor “pecado” en ello.

Menos se habla de un hecho que convierte a la figura en un ser políticamente incorrecta en estos momentos, de su oposición al movimiento gay después de haber sido uno de los paladines de la despenalización de la homosexualidad, en la desarticulación de un legislación que tan duro hizo pagar a Oscar Wilde por su orientación. Pero esto no importó para que la inquisición de la ideología Quer, quien hizo de Longford blanco de sus sátiras lo mismo en espectáculos teatrales y apariciones en televisión, teniendo como verdugo principal al comediante Julián Clary.

En resumen que de toda la obra política, por no hablar de sus estudios sobrte la  historia de Irlanda, de Francis Aungier Pakenham, lo que ha importado a los realizadores de esta serie británica es el timo ético emocional del que fue objeto Frank Longford, no para desenmascarar Hindley, sino para manipulando su historia convencernos de la maldad innata del hombre, para hacer de la masculinidad una agravante, tanto como es la feminidad una atenuante en el sistema de ” justicia” occidental. No se trata de que Ian Brady no fuese un monstruo, sino de que, si va a existir piedad con su mujer, la mas odiada de toda Inglaterra, también tienes que haberla él, sobretodo cuando del par era el único que no podía diferenciar entre el bien o el mal, es lo ella misma reconocería  en prisión, de acuerdo a lo revelado públicamente por Mail Online, el 3 de enero de 2013.

Ian Brady nacido el 2 enero de 1938

Si el propio Longford con toda su inteligencia, y compasión no fue capaz de darse cuenta de ello  ¿de dónde saldrá la figura en la política europea que luche por la redención del género masculino, más cuando el arte toma partido a favor de nuestra discriminación? No creo que salga de ningún sitio; estamos jodidos “man”.

El Solista: en defensa del enfermo mental

19 Jul

 

 

The Soloist (El Solista) es una buena película de 2009 que no había tenido oportunidad de ver hasta ayer. Gracias a Dios, como decía mi abuela nunca es tarde si la dicha es buena, m¡as cuando desde el arte se denuncian males de tremenda actualidad; como es el caso de la desidia de la sociedad ante una enfermedad como la esquizofrenia cuyos afectados aumentan en todo el mundo.

El mal se caracteriza por delirios y alucinaciones de un enfermo que se cree poseído por voces. No se conocen claramente sus causas se cree que puede tratarse de una combinación de razones hereditarias y mutaciones de genes y en la que ocasiones el consumo de drogas como la mariguana u otras mas fuertes se convierte en factor detonador.

La película nos cuenta un caso real, se trata de la vida del cellista Nathaniel Ayers, devenido en músico callejero que es descubierto en el 2005, por Steve López, periodista de Los Ángeles Times. El columnista encuentra algo más que una buena historia, un motivo para comprender la necesidad de un genio abandonado a su suerte por la familia y la sociedad, al que no se puede medicamentar por ese respeto mal entendido de la individualidad que de hecho funciona como una especie de complicidad con el suicidio.

Narrándonos una historia “norteamericana”, se nota desde el inicio, por lo culto y lo crítico con la paja en el ojo ajeno el origen europeo de quien la dirige. Se trata del londinense Joe Wright, un niño nacido en 1972, cuya dislexia y sobrepeso le convirtió en el hazmerreír de sus compañeros, para evadir el acoso se metió en teatro; la combinación de todo aquello se ha revertido en auténtico talento.

Susannah Grant escribió el magnifico guión de la película, basándose en la novela The Soloist, escrita por quien sirve de fundamento al personaje central, Steve López, cuya encarnación real nos dirige unas palabras el principio del filme, luego nos lo interpretará Robert Downey, Jr., muy bueno en el rol del periodista; sin embargo quien se lleva la palma de actuación es Jamie Foxx quien da vida a ese Nathaniel Ayers, que hoy por hoy lo mismo encontramos en Los Ángeles que en Estocolmo, solo, sin un amigo que le tienda la mano, el amigo que López supo ser para el músico callejero, sin un sistema de salud dispuesto a resolver sus problemas como debe ser, por el contrario complementando para su mal el daño causado por la modernidad a todo aquello que podría haber neutralizado los efectos funestos de la locura, desde el núcleo familiar hasta la un sentimiento generalizado de piedad.

Se trata pues de una rara película en tiempo de postmodernidad, no es ambigua ni sirve para evadirse, distraerse o gozar, sino para reflexionar y si me apuras, como impulso para actuar, en este caso en defendiendo de sí mismo y del sistema al enfermo mental.

Lo que se cuece “entre los muros” de la escuela. Recomendando una buena película francesa

11 Jul

Foto: Rose of Academe

He encontrado en la biblioteca principal de Hialeah una buena película francesa. “Entre les murs”, titulada para los norteamericanos como The class (“La clase”, como se le conoce en español), una obra realizada en Francia, en el año 2008 bajo la dirección de Laurent Cantet, sobre un guión de Carole Scotta y Caroline Benjo. La obra le valió a su director Palma de Oro del Festival de Cannes de aquel año, el premio por el mejor guión adaptado entre los Premios César del 2009.

theclass

 

La película se basa en una novela homónima escrita por François Bégaudeau. en la que el autor narra sus experiencias como profesor de literatura y lengua francesa en una escuela secundaria multiétnica en un suburbio parisino. Lo curioso es que es el mismo Bégaudeau quien hace el papel de personaje principal, el profesor y el efecto de realismo es genial.

No se que pensará el espectador común, en mi caso la película no ha sido otra cosa que una puesta en escena de mi propia experiencia pedagógica en Suecia, no solo en escuelas similares a la que se nos dibuja en la película, es decir la típica del suburbio abarrotado de extranjeros, sino incluso aquella de las otras afueras donde la mayoría de los alumnos son nativos.

Y siendo realista, no ha podido menos que ser una obra de denuncia en primer lugar de la indefensión moral y legal a la que se encuentra sometido el profesor, en segundo lugar de las consecuencias funestas que trae este estado a la hora de dar una clase, boicoteada permanentemente por la desidia o la impertinencia de algunos alumnos, quienes logran afectar el proceso de aprendizaje del resto, incluido los alumnos más ambiciosos, cuyos padres no dejan de molestarse, con toda la razón del mundo.

Se manifiesta también aquí, aunque no precisamente con un enfoque autocrítico. esa ideología propia de la institución escolar europea frente a los métodos de castigo “anticuados” que sobreviven en las familias de inmigrantes de puertas adentros, es algo que en muchos casos los maestros hacen la vista gorda, conscientes de que es su último recurso,  y que a pesar de lo que dicten los manuales escritos por sapientes teóricos, la sociedad no ha creado frente a esas medidas  “traumáticas”, auténticas alternativas disciplinarias. Es como si en el fondo de lo que se tratase fuera precisamente de eso, de crear un individuo falto de respeto a los demás, y sobretodo de exigencias hacia si mismo y por tanto incapaz de exigir nada del poder, responsable en última instancia de la situación escolar.

Ese es el asunto que debería centrarse la discusión de profesional de la enseñanza en lugar de desgastarlo en debates bizantinos sobre la máquina de hacer café tal o en un exabrupto lanzando por el maestro contra dos alumnas malcriadas en insolentes que no cumplen con su deber de atender y representar a sus compañeros ante un consejo escolar como se nos muestra en el filme.

En resumen, si quiere usted conocer cuáles son los peligrosos derroteros que sigue la escuela “occidental”, lo mismo pública que privada, lo mismo para el nativo que para el inmigrado, lo mismo en Suecia que en Francia ( y al parecer en Estados Unidos también), vea esta película; no se arrepentirá; la alarma está garantizada.

Desclasificando parafilias en camino al “Mundo Feliz”

10 Jul

masoquismo

Entre los temas de la sexualidad humana que más llaman la atención, se encuentra sin duda alguna las parafilias. Ya hemos hablado de una de sus expresiones, la zoofilia y de su tratamiento legal en Suecia, pero la lista es mucho más amplia, como nos lo muestra la lista publicada en la nota PARAFILIA, que aparece en el sitio de PsicoActiva.

Se trata de una página que sirve a una iniciativa surgida en 1998, con el fin, según se declara en el mismo sitio, de adaptar la psicología a las nuevas tecnologías y ofrecer servicios profesionales, además de apartados informativos, de autoayuda, entretenimiento, mejora cognitiva y divulgación general sobre temas relacionados con la psicología etc etc etc. Todo suena muy bien, sin embargo me gustaría hacer algunos comentarios a este tipo de popularización científica. El primer párrafo de la entrada antes mencionada dice:

“Una parafilia (del griego pará: “al margen de”, y filía:”amor”) es un patrón de comportamiento sexual en el que la fuente predominante de placer no se encuentra en la cópula, sino en alguna otra cosa o actividad que lo acompaña. Suelen, aunque no necesariamente, suceder principalmente porque la persona que las practica ya ha tenido una cantidad muy elevada de placer sexual, que llega un momento en que lo poco no la satisface y quiere más y más de aquella actividad para sentir el orgasmo o excitarse. En ocasiones se habla de perversión cuando se trata de conductas depravadas o corruptas.”

Es interesante ver que se trata del mismo inicio, pero con textos más extenso, no así la lista, de un trabajo que aparece en la revista digital”Cañasanta”, bajo el título de “Algunas de las parafilias más comunes”. Aquí se agrega que:

En 1987 la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (American Psychiatric Association) eliminó el término “perversión” del DSM y de la terminología psiquiátrica mundial. De ahora en más se trata de “parafilias”.
Las consideraciones acerca del comportamiento considerado parafílico dependen de las convenciones sociales imperantes en un momento y lugar determinados. Ciertas prácticas sexuales, como el sexo oral o la masturbación, fueron consideradas parafilias hasta mediados del siglo XX, aunque hoy en día se consideran prácticas no parafílicas (siempre que la actividad del sujeto no se limite únicamente a ellas). Por ello resulta imposible elaborar un catálogo definitivo de las parafilias.

Para los que no conozcan al significado las iniciales, DSM, diré que estas se refieren al Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales , de cuya segunda edición, de 1973, en la sección sección dedicada a las “desviaciones sexuales” (término menos eufemístico para referirnos a las parafilias) la Asociación Norteamericana de Psiquiatría (APA) votó por retirar la homosexualidad como trastorno. Algo que no habría ocurrido sin la presión política de la comunidad gay de los Estados Unidos. Todo ello a pesar oposición de numerosos psiquiatras quienes circularon una circularon una petición para evitar que se eliminase la homosexualidad del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM).

Posteriormente, surgió un nuevo diagnóstico, la homosexualidad ego-distónica, creado para la tercera edición del DSM en 1980; se definía por la falta persistente de la excitación heterosexual, y una excitación homosexual no deseada. Pero la nueva categoría de diagnóstico siguió bajo el fogueo de las fuerzas homosexualistas, acusada de ser un compromiso político para apaciguar a los psiquiatras y psicoanalistas que aún consideran la homosexualidad una patología, así mismo se decía que disforia de un individuo relacionada con su homosexualidad podrían ser tratados así por otras categorías que no perpetuaran el estigma antigay.

Así las cosa, en 1986, el diagnóstico fue retirado por completo del DSM. Lo cual no excluye el hecho de que algunos psicólogos y psiquiatras, se comporten de manera políticamente incorrecta al mantener actitudes personales negativas hacia la homosexualidad. Es cierto que siguen apareciendo estudios que relacionan la homosexualidad con formas psicopatología. Pero la lectura oficial es que estas enfermedades se deben a las tensiones creadas por el estigma generados por una sociedad heternormativa.

Volviendo a la nota que nos ocupa, al final he arribado a la Wikipedia, que parece ser el origen fuente original del artículo que nos ocupa, aquí se nos dice que:


Las consideraciones acerca del comportamiento considerado parafílico dependen de las convenciones sociales imperantes en un momento y lugar determinados. Ciertas prácticas sexuales, como el sexo oral o la masturbación, fueron consideradas parafilias hasta mediados del siglo XX, aunque hoy en día se consideran prácticas no parafílicas (siempre que la actividad del sujeto no se limite únicamente a ellas). Por ello resulta imposible elaborar un catálogo definitivo de las parafilias.

Las definiciones más usuales recogen comportamientos como el sadismo, el masoquismo, el exhibicionismo, el voyeurismo, la zoofilia, la coprofilia, la necrofilia, el fetichismo y el frotismo.

Me preocupa este tipo de divulgación científica donde se obvia los principios más elementales de la lógica, donde se elude lo específico que hace de un grupo de fenómenos una clase.

Entremos a definir: si parafilia significa al margen del “amor”, tendremos que determinar cual es nuestro concepto de referencia, o por lo menos encontrar que es lo que tiene la “filia” que le diferencia de sus “para”. No cabe la menor duda, cuando hablamos de amor y no precisamente en su sentido platónico, tan utilizado por los homosexuales de todos los tiempos, la esencia la encontramos en su potencialidad reproductiva, y hablo pues de la relación heterosexual entre dos individuos fértiles, es decir con posibilidades de engendrar a un tercero.

Y creo que va mal la definición cuando se excluye, la cópula fuente predominante de placer, la cual en casos como la zoofilia o la gerontofilia, resulta al menos tan importante como el objeto del deseo.

Me parece bien, en búsqueda de una terminología más científica que se eluda el concepto de perversión del DSM, dada la carga un tanto moralizante que encierra ese concepto, no así la exclusión de actividades como el sexo oral, la masturbación, o la misma homosexualidad de las conductas parafílicas, compartiendo como comparte con el resto de las que se mantienen en la lista la condición de absoluta esterilidad.

No es que yo crea que se trata de una lista finita o no reducible, por le contrario, considero la posibilidad de que aparezcan nuevas formas de este fenómeno o la exclusión o reorganización de los que ya se recogen, en virtud de un cambio de paradigma científico, que hasta el momento no ha tenido lugar.

Sin duda alguna de lo que se trata de una injerencia de la política, más que del resultado del estudio empírico o el avance de las ciencias, de la apertura de una puerta por la que en el futuro se escaparan otras parafilias – entre ellas, quizás,  ese bestialismo que ha vuelto a caer en desgracias en Suecia-,  enriqueciéndose así el menú de las practicas eróticas que no encierran peligro de generar los “indeseambles” bebitos y así hasta llegar aquel Mundo feliz del que no habló Aldous Leonard Huxley en su distopía del mismo nombre, donde la sexualidad, en su variante más promiscua, donde todos pertenecen a todos y nadie a nadie, tenga sólo una función evasiva, en ningún sentido reproductiva, donde la creación de seres humanos se convierta en una tarea de  los laboratorios de un supra estado regido por los principio más implacables de la eugenesia y el pensamiento malthusiano.