Archivo | febrero, 2019

Personajes de la serie Viking que sí existieron

24 Feb

He disfrutado la serie Viking como un niño pequeño, ya que me ha dado por la vena del gusto de la acción, la religión y en general la antropología de la era vikinga, todo lo que sabía sobre el tema lo he visto reflejado en la fascinante serie. Eso si reorganizado y sintetizado con las licencias que se perdonan en el arte. El caso es que muchos de los personajes de este material, existieron en la realidad, si bien no exactamente en el momento que nos presentan los diferentes capítulos. Es decir abundan los anacronismos, que yo personalmente se los perdono.

Echaré mano al último boletín de la revista sueca “Historia del mundo” ( https://varldenshistoria.se/) donde se les dedica un artículo a los 10 vikingos más poderosos de la historia. Entre ellos tendíamos a:

Björn Järnsida, en la serie nos lo presentan como el hijo de Ragnar Lodbrok, en realidad fue uno de los vikingos aparecidos en el año 859 y fue uno de los primeros en aventurarse en el Mediterráneo. Tenía el plan saquear la poderosa Roma, pero en cambio se apoderó de la ciudad de Luna en Italia.

 

Ragnar Lodbrok, si bien sabemos de él por historias poco confiable, se le atribuye haber navegado hacia París en 845 con 5,000 hombres y obligando allí a los a los francos a pagar 7,000 libras de plata.

En cuando a Rollo, el personaje que hacen hermano de Ragnar en la serie, tiene un alter ego en la vida real con el que tiene mucho en común. El Rollo histórico que vivió entre los años 846–932, devastó salvajemente en el reino franco hasta que sus enemigos le entregaron Normandía. Esto lo recuerdo de mis libros escolare. El Rollo real como el de la serie se vio obligado en pago a jurar lealtad a los francos y ser bautizado, es decir convertirse al cristianismo, como hace el Rollo de ficción.


Espero haberles alegrado el alma a los fans de la serie con estas notas de historia que de alguna manera se reflejas en la saga televisiva.

Espías y realidades

23 Feb

Comentado el comentario de un comentario

Entre los libros presentados en La Contraportada (49), el podcast que hace le historiador y periodista, Fernando Díaz Villanueva, como recomendaciones o críticas de sus oyentes, se ha incluido, “Diecisiete instantes de una primavera” de Yulián Semiónov(Moscú, URSS, 8 de octubre de 1931 — Moscú, Rusia, 15 de septiembre de 1993), se trata de los escritores soviético más leídos de los años setenta. La popularidad de sus libros podría ser comparada con la de las canciones del  Vladímir Vysotsky,  sólo que el cantautor estaba prohibido,  mientras que a Semiónov se podía leer dentro y fuera de Rusia, sin problemas. El escritor amaba y servía al poder soviético, del que fue  un agente de influencia internacional, lo que le permitía dedicarse sin grandes preocupaciones a sus pasiones, la escritura, la bebida y las mujeres.

Pese a estas características de autor hay que reconocer que aquella serie fascina. La pude ver durante su estreno en la televisión soviética, siendo casi niño, muy a principios de los años setenta y luego, ya un poco más mayor, durante su transmisión en la televisión cubana.

Naturalmente, también leí la edición cubana de la novela, publicada por la Editorial Arte y Literatura, La Habana, en 1975. Recuerdo con particularidad el bombo y platillo que se le dio a la visita de su autor a la isla, en la segunda mitad de los años ochenta en su condición de flamante Presidente de la Asociación Internacional de Novela de Detectives y Política (en ruso: МАДПР ), cuyas ediciones realizadas en conjunto con la Agencia de Prensa “Novosti” y ayudaron a popularizar popularización del género de detectives en la URSS y otros países comunistas durante los últimos años de sus respectivas existencias. A la organización se sumarán escritores de fama internacional como Georges Joseph Christian Simenon y John le Carre.

Con cierto conocimiento de causa, me atrevo a comentar lo que comenta Díaz del comentario que se le envía (valga la cacofonía) sobre la novela y a su versión televisiva soviética, en este, su archivo sonoro.

Bond versus Stirlitz

Resulta forzada la asociación, que establece Díaz Villanueva entre la figura petrimética de James Bond y el personaje de Max Otto von Stirlitz, elaborado por Yulián Semiónov como héroe de su novela. Mientras que el Stirlitz de Semiónov, sobre todo en la imagen que vemos en la serie, es tan creíble como admirable, el agente con número de código, 007, más allá de evocar una malsana identificación por parte del público menos ambicioso, resulta completamente inverosímil (al menos en la pantalla), y eso que fue creado también por un periodista (de esos que creíamos dedicados en la ética de contar verdades hasta que descubrimos que los periódicos están plagados de noticias falsas) y que estuvo el mismo metido en el cotarro del espionaje como colaborador de la inteligencia británica inglesa y norteamericana; Ian Lancaster Fleming.

Fleming trabajó en la creación británica de la inteligencia norteamericana como redactor del anteproyecto para la Oficina que a la larga se convertiría en la CIA. Así mismo estuvo a cargo de comandos británicos surgidos como respuesta a las unidades enemigas del temerario Otto Skorzeny, aunque a diferencia de aquel, dirigiendo las operaciones desde la retaguardia. El escritor ha revelado que su James Bond, oficial del Servicio de MI6 del ornitólogo estadounidense James Bond pero que está inspirado en individuos real que conoció en los tiempos de su trabajo dentro de la Inteligencia Naval, así como en su adorado hermano Peter, quien si operó en el campo de batalla tras las líneas enemigas en Noruega y Grecia.

De todos modos, esta base “real” es subvertida por el escritor en sus novelas, si bien comparadas con las películas el héroe que en ellas se enseñoreaba parecía más humano. Por supuesto una verdad transpuesta la ficción siempre estará está sometida a los cánones de la literatura y de la ideología. Lo mismo ocurre con Stirlitz, lo reconozco, pero hay grados y graos. Para mi la serie “17 instantes” no llega a los extremos de inverosimilitud (sobre todo cuando se dibuja al malo) que el que se observan en las películas de Bond, en su mayoría rodadas tras la muerte de Fleming fallecido a los 56 años 12 de agosto de 1964), así que convivió sin muchos reparos con filmatización de su héroe en tres ocasiones, interpretado entonces por Sean Connery (para mí el mejor Bond dado el género, aunque lejos de lo mejor de Connery), a saber:

Agente 007 contra el Dr. No, película británica, dirigida por Terence Young y protagonizada por Sean Connery. Se trata de una adaptación novela homónima escrita por Ian Fleming. Aquí James Bond es enviado a Jamaica para investigar la desaparición de otro agente británico. El rastro lo lleva a la base subterránea del Dr. Julius No, miembro destacado de SPECTRE, se trata de las siglas en inglés del llamado Ejecutivo Especial para Contrainteligencia, Terrorismo, Venganza y Extorsión, comandada por el genio del mal Ernst Stavro Blofeld, aunque integrada además de por criminales por miembros de la Gestapo. SPECTRE, no tiene un claro signo ideológico y permite desplazar al imperio soviético como enemigo principal, es de alguna manera lo que hace Tijonov cuando convierte a su héroe ante todo en un enemigo de la Alemania que también combatían los anglos norteamericanos. En resumen, Bond logra infiltrarse en la base secreta de No provocando y destruirla por el estallido de su reactor nuclear. La película fue realizada en 1962, pero su estreno tuvo lugar en Estados Unidos: en mayo 1963, con tiempo suficiente como de haber introducido en ella cierta alusión a la crisis de los cohetes que tendría lugar en Cuba octubre del año de su filmación.

-Desde Rusia con Amor, estrenada en 1963, del mismo director y con el mismo interprete del La película también es dirigida por Terence Young, Fue estrenada el 11 de octubre de 1963, la historia se desarrolla en la mágica Estambul, a donde James Bond es enviado para ayudar a la deserción de la empleada del consulado soviético Tatiana, lo que en realidad es una trampa de la organización terrorista SPECTRE para vengar la muerte del Dr. No.

James Bond contra Goldfinger (1964). La fotografía principal de la película incluye entre otras regiones de Europa y Estados Unidos La Florida. Fue la primera película Bond en ganar un premio Óscar, lo cual no habla muy bien del galardón, además de que fue todo un éxito financiero.

Hace años descubrí en una biblioteca de alguna institución cubana, un interesante estudio de Umberto Eco sobre las estructuras de las novelas de Fleming, no de las películas basadas en ella. Por cierto conviene aclararle a Fernando que en los países comunistas, la literatura extranjera, no solo entraba de manera clandestina, sino que también se concentraba en centros de información y bibliotecas a los que se podía acudir, ciertamente algunos materiales requerían de un permiso especial, que no siempre era difícil conseguir, mientras que no te declararas abiertamente contra el sistema, como era el caso de en la URSS del consagrado Yulián Semiónov, o pudo ser el mío en Cuba, persuadido ante la posibilidad de quedarme sin trabajo o peor aún de ir a parar a una cárcel que no convenía difundir más allá de las personas allegadas y de confianza las nuevas interpretaciones que día a día como en un lento despertar, generaban la sociedad en la que vivía. El caso fue tal discreción la que me ayudo a llegar a Eco, y comprender gracias a él incluso antes de haber visto todas las películas y mucho menos las novelas las oposiciones, no necesariamente otológicas sobre las que se construyó James Bond y a sus enemigos, estos últimos por lo general caricaturizados villanos eslavos o procedentes de Europa Central y sur, generalmente asexuales u homosexuales, inventivos, organizados astutamente y ricos.

En este ensayo de 1966, titulado por Eco, como La estructura narrativa en Ian Fleming, el semiólogo italiano analiza el maniqueísmo ideológico presente en las obras de Fleming con la figura de James Bond, aun cuando el espía no es particularmente anticomunista, y mucho menos racista, sino más bien políticamente correcto en lo que a los pueblos de origen africano se refiere. Para Eco no se trataba del reflejo de las opiniones de Fleming, sino de las exigencias del púbico dentro del cual se intentaba popularizar estas obras. No se si será por este imperativo, pero el caso es que el Bond construido para el gran público jamás habría sobrevivido un días, en su labor de Espía, en cambio sabrá dios cuantos Max Otto von Stirlitz, reales, sin apartarse un milímetro de las características psíquicas y técnicas, y precisamente por ello, siguen operando en occidente, ahora que la vieja guerra fría capitalismo -comunismo ha sido sustituida por la del globalismo nacionalismo, opción segunda en la que la Rusia actual se ha convertido en paradigma, no tanto con el respaldo de los viejos partidos comunista, que por inercia o manipulación desde Moscú aún les sirven sino también del las nuevas derechas conformadas por los partidos identitarios de los diferentes países Europeos. En estas nuevas condiciones el Agente 007 de las películas y video juegos no tiene nada que hacer, si cambio cualquier agente que asuma como suyas las características de integridad y temperancia que le aportó su Stirlitz el actor que mejor lo ha encarnado el inolvidable Viacheslav Tíjonov.

Y ya que se habla de cine aquí y en la contraportada, debemos de reconocer s verdad que hubo influencias cinematográficos entre los países comunistas y capitalista, un fenómeno que ocurrió en ambas direcciones, no simplemente como reacción de un lado, el dominado por los soviéticos, a las superproducciones del otro, como podría sugerir el realizador del programa digital que comentamos, prestamos de ambos lados, los países occidentales bajo hegemonía norteamericana y los orientales bajo control ruso a la hora de hacer cine, particularmente en el campo de la ciencia ficción, que para el caso soviético todavía asombra por sus narrativas y ambientaciones a los especialistas y creadores norteamericanos, también se hicieron del otros lado oeste donde por lo general eran los indios los buenos y no los vaqueros blancos.¨

¿De dónde se sacar un espía de ficción?

En el caso concreto de la serie y novela de Semionov, los rusos no tenían nada que buscar fuera de sus propias experiencias en cuantos agentes infiltrados en el exterior, ahí tenemos por ejemplo el caso de Ramón Mercader y su ejecución Trotsky, que tantas películas, novelas y documentales ha inspirado precisamente por lo bien que se adapta al género del espionaje. Luego el caso más famoso de del enfrentamiento entre la URSS y la Alemania nazi, el de Richard Sorge, uno de los espías más célebres de la historia, cuya biografía también fue editada en Cuba y leí de niño.

Un agente que si bien operó mayormente desde Japón, el nombre en clave de Ramsay puedo haber cambiado la historia y salvado millones de vida cuando en cumplimiento perfecto de su misión logra avisar a Rusia de la inminente invasión de la que sería objeto en 1941, información vital que Stalin se negó a escuchar, más preocupado en purgar al ejercito rojo de disidencias que en prepararse para enfrentarse a la traición de su nuevo amigo Hitler, traición que con el tiempo el dictador alemán lamentará asegurando que su gran error fue aliarse con Italia en lugar de con la Unió Soviética, países al cual solo reconocía una superioridad con respecto a Alemania, la del espionaje, como se cita al inicio de un documento titulado “El espionaje soviético” publicado en un sitio español, del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Lo recomiendo.

Los soviéticos, desde el nacimiento de las Chekas siempre contaron con un buen servicio de espionaje externo y externo, cuyo aspecto de contra inteligencia dará un salto cualitativo con la creación, en plena segunda guerra mundial de una nueva sección de la NKVD y el Comisariado del Pueblo de la Armada Soviética. Comisariado del Pueblo de Defensa de la URSS: SMERSH (abreviación de la expresión rusa muertes a los espías, su objetivo era proteger al Ejército Rojo y, secundariamente, para arrestar a los traidores y espías. La organización fue creada el 19 de abril de 1943 y funcionará tomo tal hasta mayo de 1946. Sim embargo el escritor Fleming, le alarga la vida en sus novelas, de los años cincuenta como ocurre en Casino Royale, Live and Let Die, en From Russia, with Love. y en Goldfinger. Luego la organización como antro del mal es sustituid en las obras por la ya comentado SPECTRE, algo que se ve desde el principio e las versiones cinematográficas de las novelas, hechas durante los años sesenta y setenta. Epoca en la que si bien continuaba la guerra fría también existía una política de coexistencia pacífica, lo cual no impidió que los dos bloques siguiesen espiándose mutuamente. Siendo así no creo los escritores y realizadores soviéticos estuvieran necesitados de buscar afuera lo que les sobraba dentro, historias de espionajes en los que la realidad superaba cualquier fantasía y en las que siguen siendo expertos hasta nuestros días.

Stirlitz versus Putin

En cuanto a la conexión que traza Fernando Villanueva entre Putin y Stirlitz, más allá de la autodisplina e inteligencia que denotan ambos personajes, uno fictivo, el otro de carne y hueso, considero que la comparación es arriesgada. Si el primero es un coronel ruso disfrazado de alemán Vsévolod Vladímirovich Vladímirov que finge ser alemán para combatir desde adentro al estado alemán al servicio de la Rusia de Stalin, el segundo es un ruso, nacido un año antes de la muerte de Stalin y por tanto crecido e influido de alguna manera por los procesos vividos por la URSS desde entonces, deshielo Krushoviano, inmovilismo brezniano, perestroika gorvachobiana y desguace de la Unión Yeltsiniano. Todo ello visto con las luces que podría otorgarle su condición de
graduado, con honores, en la carrera de Derecho en la Universidad Estatal de Leningrado, si bien en los estados comunistas, todavía más nítidamente que en los estados liberales, el derecho y los servicios de seguridad del régimen se entremezclan. Putín si bien ingresó en el servicio de espionaje del KGB, como agente, siendo estacionado en Dresde allí no actuaba como un infiltrado sino como parte del aparato soviético de ocupación y control de Alemania Oriental. Esto no quiere decir supongo que no supervisara, desde la oficina (como había hecho Fleming), o vigilara in situ del lado oriental, los trabajos de espionaje que hicieron de Alemania un sitio tan especial durante las cuatro últimas décadas del siglo XX.

Quiero terminar este artículo recomendando dos películas alemanas, relativamente resientes, que podrían ayudarnos a comprender el medio en que se desarrolló en joven Putin y que tan poco tienen en común con el que se nos presenta “Diecisiete instantes de una primavera”, cuyo tema musical, ciertamente resulta inolvidable. En estos últimos materiales audiovisuales me dan la impresión de que se combinan los valores dramatúrgicos y estéticos de la vieja escuela del socialismo real con un extrañamiento ideológico que nos acerca mucho a la verdad. me refiero a las series alamanas: Deutschland 83 (Alemania 83) y Der Gleiche Himmel (El mismo cielo).


En la primera se nos remonta al año es 1983, cuando la guerra fría alcanza su punto de ebullición. Es la historia del joven Martin Rauch, de 24 años, quien vive en la RDA como joven comunista ejemplar y es enviado a Occidente como agente secreto de Stasis descubriendo allí una realidad inesperada.

Por su parte El mismo cielo aborda una historia de 1974 con de los asuntos más retorcidos de los aplicados por el espionaje oriental, el de la seducción del uso de la atracción sexual como fuente de información (algo que se caricaturiza en las series de Bond) Aquí nuestro “Romeo” es el joven Lars, al que veremos preparase técnicamente en las escuelas del Ministerium für Staatssicherheit, MfS, comúnmente conocido como Stasi y luego partir a occidente con la misión primero para seducir y luego espiar a las mujeres occidentales que trabajaron en instituciones gubernamentales o de defensa.

Si menospreciar el valor de entretenimiento que puedan tener algunas (no todas) las películas de Bond, creo que ellas exigen un antídoto contra el modo en que nos alejan de la realidad del espionaje, en este sentido lo mismo la novela-serie de Tíjonov, como las dos series alemanas contemporáneas (por tanto, no comprometidas con la ideología oficial de la antigua alemana Oriental) pueden ser el remedio perfecto, incluso para un historiador como Villanueva.

Reinvindicando lo “latino”. El “demoevangelismo” de Bolsonaro

17 Feb

Comentando el tratamiento dado a los temas de “Latinoamérica o Hispanoamérica” y la ideología de Jair Bolsonaro por Fernándo Diaz Villanueva, en su La ContraRéplica 106, publicada el 16 de febebrero 2019

Fernando, no le tengas miedo al término “latino”, que en mi condición identitaria de “imperio hispano” reivindico tanto como la de Iberoamérica -dada la influencia de las lenguas originarias en la península ibérica, como ocurrió antes con los pueblos europeos influidos por la lengua latina- o Hispanoamérica.

Por cierto del mismo modo que para identificarse como hispano no hace falta haber nacido en Hispania, ni siquiera descender de los nacidos allí, como tú mismos sugieres, entonces por la misma regla, para identificarse como latino tampoco es imprescindible haber nacido en Latium;como llamaban los romanos a su región.

No hay que asustarse como hacen muchos españoles por el origen pragmático del término Latinoamérica, nacida como estrategia anti anglosajona en tiempos de napoleón III y la intervención franco-hispana contra el régimen masónico por Yanque de Benito Juárez.

En la práctica “Latino” ha terminado apuntando a un asunto real y conflictivo que a los europeos se les ha obligado a callar, y es la profunda oposición que existe entre las culturas germánicas y latinas.

Por cierto, nadie incluye a las naciones angloparlantes en América en la lista de naciones Latinoamericanas, salvo que se sea un ignorante. Por otra parte debes borrar de tu mente que latinoamericano es algo negativo, es sólo un término despectivo para los anglo parlantes, no te guíes por la representación del latino que hace el cine norteamericano ni te hagas eco del desprecio histórico que sienten el anglosajón por el “latino” que identifica con el “hispanic” venga de donde venga, incluida la madre patria, en cambio acaba de sumarte al orgullo de ser latino, que deberían compartir con los latinos del nuevo mundo los del viejo, entiéndanse; portugueses, españoles italianos, rumanos y en buena medida franceses, belgas y algún cantón suizo.

Así que únete a nuestra conga latinoamericana y reivindica de paso el término latino Europa ,para los pueblos marcados culturalmente por los antiguos romanos y luego por los católicos que buena falta hace dada su condición periférica y de sometimiento en relación a la germano y protestante de Europa.

No es que Bolsonaro sea un democristiano brasilero, el problema es que es un demo-evangélico” es decir está presionado por su clientela mayoritaria que es el radicalismo protestante y que nada tiene que ver con el catolicismo que el mismo proclama para sí, buen comentario de todos modos, lo comparto en https://www.facebook.com/CubanuestralaprimeradeEscandinavia/

Por esto gusta el cine de horror

10 Feb

Ayer me preguntaba de dónde nos vendrá el placer por las películas de horror, hoy adosadas con unos picadillos de carnes que sólo se veían en mi juventud en películas de otro género, las de samuráis, valiente préstamo. Pues bien, hoy me ha llegado la respuesta, mire usted qué casualidad, en artículo: “Las personas abiertas y curiosas son las más felices con las películas de miedo”, artículo publicado por el periodista Asbjørn Mølgaard Sørensen, este 10 de febrero de 2019 y que aparece en el último boletín llegado a mi buzón de Videnskab, medio digital danés orientado a la popularización de las ciencias.Aquí se reconoce el estigma de que las películas de terror eran para gente estúpida, pero ahora resulta que una investigación realizada en Dinamarca muestra lo contrario.

Aquí se cita al investigador Mathias Clasen, cuando afirma; “Tenemos curiosidad por encontrar y desafiar nuestras propias fronteras. Esta es una forma en la que podemos permitirnos jugar con escenarios de miedo y amenaza en una situación segura sin mayores riesgos y costos”, Clasen es profesor asociado en el Departamento de Comunicación y Cultura de la Universidad de Aarhus, donde investiga el género de la emoción. También es el primer autor de “Horror, personalidad y simulación de amenazas: una encuesta sobre la psicología de los medios de sustos“, estudio que se publicó recientemente en la revista científica Evolutionary Behavioral Sciences.

Para llegar a sus resultados, los investigadores han consultado a 1,070 personas norteamericanas mayores de 18 años. Las respuestas se han utilizado para evaluar cuál de las cinco características generales es la más decisiva para la búsqueda de la emoción. Resultó que la “apertura” era la característica más significativa en comparación con ver películas de terror. La “apertura” se puede traducir en una curiosidad general acerca de probar sus límites y buscar nuevas experiencias y experiencias.

Con el tiempo, ha habido varios intentos de explicar nuestro deseo aparentemente irracional de asustarnos a nosotros mismos. Mathias Clasen, explica varias hipótesis.

La primera se remonta al famoso filósofo Aristóteles, quien pensó que buscamos la tragedia porque ella nos libera de nuestra propia ansiedad. Un proceso que llamó ‘maphasis’. Pero según el historiador esta teoría no se confirma con el estudio, según el cual, muy pocas personas responden a lo planteado por Aristóteles. Más de la mitad de los entrevistados (52.2 por ciento) afirmó que se sentían más intimidados después de experimentar horror que antes. El 42.2 por ciento respondió que no se sentía más o menos asustado, mientras que solo el 5.6 por ciento respondió que se sentía menos asustado de las películas o juegos de terror.

La siguiente explicación en la lista proviene del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, según el cual, el horror es una de las formas en que podemos vivir nuestras emociones reprimidas. Sin embargo, aparentemente, no hay evidencia de que nos liberemos por esta vía de las emociones confinadas en nuestra mente, cree Mathias Clasen y repite lo comprobado de que según los encuestados ellos tienen más miedo después de haber visto o usado el horror, lo que no indica exactamente que nos libremos de las posibles emociones, dice.
El caso es que los investigadores detrás del nuevo estudio apoyan una tercera hipótesis: la teoría de amenazas simuladas, según la cual de lo que se trata es de estar preparado para la experiencia de emociones negativas de cualquier amenaza real cuando nos vemos realmente en situaciones terribles”.

Mathias Clasen se explica: “No se debe entender que seremos mejores luchando contra zombies cuando veamos horror”. Pero estamos preparados emocionalmente para actuar cuando la vida no siempre sigua nuestro camino y continua “estamos evolutivamente predispuestos a recordarnos y prepararnos para las amenazas” y termina refiriéndose a la Edad de Piedra, cuando de verdad nos enfrentábamos a “monstruos peligrosos”, escondidos en la oscuridad.

El periodista le pregunta a Rikke Schubart, profesora asociada de Estudios de Medios en el Departamento de Estudios Culturales de la Universidad del Sur de Dinamarca, ella está totalmente de acuerdo en que el enfrentamiento al miedo (en filmes o juegos) es una forma de probar nuestros límites.

“Jugamos con lo espeluznante porque es divertido”, le dice a Videnskab.dk.
Ella compara, entre otras cosas, la emoción con la forma en que las personas y los animales juegan.

“Un juego solo es divertido si sentimos que podemos controlarlo. Pero también es aburrido si no tiene un elemento de peligro. Por lo tanto, el juego emocionante está en algún lugar entre lo seguro y lo peligroso, pero antes que lo dañino “, dice ella.

Pero la frontera puede moverse, y las películas de terror son una forma de mover sus límites. “Las personas que ven muchas películas de terror suelen tener un umbral más alto que las personas que no lo ven, y, por lo tanto, se debe hacer más antes de experimentar el terror como algo que da miedo”, dice Rikke Schubart.

Las personalidades de los participantes se evaluaron en el estudio según cinco parámetros generales:
1. Neuroticismo (preocupado / nervioso o tranquilo / confiado)
2. Transparencia (inventiva / curiosa o convencional / cauta)
3. Conciencia (leal / organizada o no confiable / espontánea)
4. Versión extra (extrovertida y enérgica o introvertida y reservada).
5. Amabilidad (amigable y compasiva o desafiante y cortada)

El rasgo que se asoció más obviamente con el consumo de miedo fue la “apertura”.
Normalmente se trata de personas que tienen interés en el arte, la aventura y las ideas inusuales. Es gente con curiosidad por la variación y nuevas impresiones. Las personas que tienen un alta ‘apertura’ buscan experiencias intensas y eufóricas.

Esto parece tener una dimensión general en la personalidad. Mathias Clasen está de acuerdo en que el hombre en general es curioso, pero también en que existen algunos humanos que probablemente busque más cosas nuevas que otros, y son precisamente esas personas la más propensas a ver películas de terror
Rikke Schubart por su parte explica lo que determina si es una es buena o no es tu sentido de control y en este sentido en que más gana es quien está acostumbrado a ampliar sus límites, dice ella.

Durante el estudio se preguntó a los participantes en qué medida disfrutaban de las películas de terror, en una escala de 1 a 5, donde 5 es el más alto.
Más de la mitad (54.5 por ciento) correspondió a 5 o 4, mientras que 17 por ciento respondió a 3. Al mismo tiempo, más del 80 por ciento respondió que veían películas de terror varias veces al año.

Tanto a los hombres como a las mujeres les gustaba sufrir y lo hacían en gran medida, aunque con un ligero sobrepeso en los hombres. Al mismo tiempo, las mujeres también respondieron que estaban un poco más asustadas. Sin embargo, el nuevo estudio no muestra si esto se debe a que “los hombres no admitirán que tienen miedo, como sugiere una investigación previa”, dice Mathias Clasen.

El estudio también encuentra un pequeño pero significativo contraste entre el nivel escolar y el horror. “No es una conexión muy clara, pero probablemente se trata del hecho de que los niños generalmente no disfrutan de mucho reconocimiento como arte y, además, juegan con sentimientos más básicos. Sin embargo, está cambiando a medida que el miedo se ha vuelto más aceptados como un género”, dice Mathias Clasen.

Sin embargo, Rikke Schubart no cree que el fenómeno sea algo nuevo: “Las historias asombrosas y sobrenaturales siempre han sido parte de nuestra cultura. Las historias de adivinos, magos y brujas se remontan, al igual que los vampiros y los hombres lobo. Entonces de esa manera ciertamente no es nuevo “, dice ella. Sin embargo, está de acuerdo en que los servicios de transmisión pen serie hacen más fácil experimentar con el género del thriller. “En el pasado, una compañía de producción tenía que estar convencida de que la gente vería la película, pero un servicio de transmisión en línea responderá de inmediato y se volverá global. Incluso si tienen una audiencia de nicho en varios países, obtienen muchos espectadores en todo el mundo, y las series son menos costosas para trabajar que las películas “, dice en el artículo.

En conclusiones, gracias a lo que se nos cuentan en el boletín danés ya tenemos una explicación a la existencia de esta enorme demanda de terror en la pantalla, es decir al hecho paradójico de que la gente, sobre todo joven busque (y se les dé, siguiendo las leyes de mercado) una estimulación emocional, que en principio nos parece negativa, como modo de entretenimiento. Resulta que se trata de una forma de simulación adaptativa, para personas desean una estimulación emocional e intelectual. Me alegro por ellas.

Por mi parte, he de aceptar si sonrojo, que hace tiempo que perdí el interés por “asustarme” con este tipo de cine, televisión o servicio audiovisual online, seguramente que como le pasará al resto de mis congéneres llegas a una etapa de la vida en la que los mas importante es preservar tus fronteras de aguante como antes había sido el reto de sobrepasarlas.

Revisitando a Trotsky: a propósito de la serie rusa del mismo nombre emitida en Netflix I

2 Feb

 

 

Trotskiy (2017)

No siempre es fácil encontrar buenos materiales audiovisuales, ya sea desde el punto de vista artístico o informativo en Netflix, donde la buena calidad de la oferta se pierde como aguja en el pajar. Menos mal que he dado con la serie rusa de 2017, Trotsky,  la cual tenía todas las de ganar (en lo que a mi atención se refiere) con respecto a cientos de obras infumables que te encuentras dentro de ese servicio en línea. Y no se trata solo de la calidad artística o su excelente ambientación histórica, sino que ya de por sí su personaje principal se convierte en un verdadero imán para el espectador, siendo como fue una de las figuras más apasionantes del siglo pasado, la cual por fortuna ha contado con una interpretación a su altura.

En mi caso Trotsky ha sido el objeto de un búsqueda personal, desde el momento en que comprendí y esto fue bastante temprano, que algo no encajaba en la doctrina marxista leninista inmovilista, en su lectura castrista en la que fui adoctrinado desde niño y que luego se convertiría en materia de estudio a nivel universitario, una doctrina que al anatemizar el trotskismo hacía ante mis ojos de esa orientación algo apetecible, quizás la solución de todos los males del socialismo del siglo XX, así consumí en lo que pude toda la información que caía en mis manos sobre los trotskistas, por lo general hecha desde la mayor enemistad, intentando desentrañar las verdades que ocultaba los críticos oficialistas, soviéticos o cubanos sobre el movimiento.

No fue hasta mi llegada a Suecia en 1993 que pude conocer trotskistas de carne y hueso, agrupados en el llamado “Partido Socialista“, así a secas,  además de leer artículos sobre el trotskismo escritos por trotskistas o especialistas más o menos neutros. Estas lecturas me llevaron al interés por el trotskismo cubano sobre el cual escribí varios artículos para la revista cuba nuestra y que todavía pueden verse, a veces con mi nombre borrado, en páginas digitales, y no pierdo la esperanza de encontrar algún día el tiempo para para poder escribir un libro sobre el tema.
Pero mi idilio con el trotskismo estaba condenado a terminar, primero por la práctica de los propios trotskistas suecos, quienes pareció más interesados en defender una visión dogmática de lo que fue la revolución soviética,  de coquetear con la cubana y de reivindicar al estalinista frustrado del Che Guevara que en aplicar consecuentemente los principios que parecían desprenderse de los escritos de su maestro.

En segundo lugar, porque investigando no tardé en descubrir el papel represivo ejecutado por Trotsky contra otras fuerzas de izquierda, por ejemplo, el caso de aquellos que un día fueron sus protectores y aliados, los rebeldes marinos de Kronstadt algo que, sumado al cultor a su propia personalidad – temas muy bien tratado en la serie-, le convirtió en el modelo inspirador para su enemigo Stalin.

El caso es que debo agradecerles a los directores, Aleksander Konstantinovich Kott y Konstantin Statsky una obra fílmica en 8 episodios, que no solo se puede ver uno tras otro, si el tiempo y la energía te lo permite, sino que además pueden repetirse de inmediato sin peligro de aburrimiento, así es el alto grado de información que nos transmiten.

Kott nació el 22 de febrero de 1973 en Moscú, Statssky, por su parte, el 29 de mayo de 1978 en Leningrado, es decir ambos tuvieron tiempo para conocer la Rusia soviética y aunque sin duda alguna se alimentan de las peculiaridades estéticas del cine que allí se hacía, no dejan de dar la visión fuertemente crítica que acompaño al cine de la etapa de la perestroika y los primeros del desmembramiento de la URSS, una crítica que se ha ido perdiendo con el tiempo y que con Trotsky y su brutal deconstrucción del bolchevismo, resurgen con la fuerza de un filme tan paradigmático en este ajuste de cuentas, con el pasado soviético, como es “Chekista” de 1992.

Aquí se nos cuenta el lado oscuro de la revolución bolchevique, y para ello el director, Alexander Rogozhkin se vale de la evolución moral e intelectual del personaje de Andréi Pavlovich Srubov, jefe de provincial la CHEKA, la policía flamante secreta creada por Lenin, una vez tomado el poder por los bolcheviques para combatir a sus enemigos, valiéndose del terror. Dicha agencia se encarga de arrestar, interrogar y hacer desaparecer a intelectuales opositores, aristócratas, clérigos y a sus familias. La gran mayoría de estos son ejecutados en el sótano de un edificio, y sus cuerpos anónimos sacados en vagones, de manera casi industrial, como reses de un matadero. Srubov, frio y esclavo de la rutina, intenta razonar sobre la naturaleza de la revolución y el propósito de la CHEKA termina por enloquecer.

Es lo que le pasó al mismo aparato represivo con nombres cambiados, nacido en los tiempos en que Trotsky era después de Lenin, la segunda figura del gobierno, y que terminará con el volviéndose contra él y su familia, proceso que de manera sintética nos Aleksander Konstantinovich Kott y Konstantin Statsky nos muestran, aunque humanizando en demasía al agente Ramón Mercader, por cierto, de Madre cubana; Caridad Mercader.

Habrá que perdonarles la licencia poética, mirando en el mismo servicio otro material que si bien resulta todavía complaciente, en mi opinión se ajusta más a la personalidad real del asesino, me refiero a “El elegido” película española escrita y dirigida por Antonio Chavarrías, con el actor Alfonso Herrera, en el papel de un Ramón Mercader, como Dios Manda y no como ese enclenque, histérico, estalinista demasiado evidente, incluso cuando se infiltra en los círculos cercanos a Trotsky con la falsa identidad de Jacques Mornard.

Es en la relación Trotsky-Mercader donde se ven más claramente el talón de Aquiles de esta serie, eso no la hace menos recomendable, pues como ya sabemos no hay obra humana perfecta y arte al abordar el pasado tiene sus propias reglas, que no son las mismas a las que debe someterse el historiador profesional.

En sentido general “Trotsky” se hace eco de ciertos lugares comunes sobre la vida y muerte del revolucionario hebreo ruso que han sido criticados por el historiador Eduard Puigventós, en su una biografía de Mercader, publicada por la editorial «Now Books» bajo el título «Ramón Mercader, el hombre del piolet» en la que analiza las mentiras que existen en torno a este personaje.

Según Las grandes mentiras del asesinato de Trotsky a manos de un comunista español, artículo dedicado por el periódico ABC a este libro con motivo del 75 aniversario del asesinato del revolucionario, se trata en realidad de una tesis doctoral reconvertida en obra literaria, donde Puigventós desmiente o corrobora una serie de afirmaciones, mundialmente conocidas sobre Mercader. Por ejemplo siempre se ha creído que Ramón Mercader fue reclutado en 1937 para asesinar a Trotsky, pero Eduard Puigventós sostiene que reclutado durante la Guerra Civil, pero para trabajar para la U.R.S.S y que no habría ofreció para tratar de matar a Trotsky hasta 1940, cuando falló el atentado en su casa y es tras el escandaloso fracaso que los servicios secretos soviéticos se plantean que lo mejor era que se acercara hasta el político una persona sola y así no poner en peligro su red de informantes, explicó Puigventós al ABC.

En la serie, y tal como se asegura en buena parte de la literatura sobre el tema, Mercader- Monard habría comenzado la relación con Silvia Ageloff, porque hacía de secretaria del político. Puigventós no es de la misma opinión, asegurando que cuando Mercader se acercó a ella, esta sólo tenía contactos con algunos círculos trotskistas, pero no conocía a Trotsky porque no era su secretaria. Lo que sí es cierto que su hermana Ruth había trabajado para Trotsky, pero ella no. Ageloff estaba afiliada y era un enlace del partido americano de los trabajadores, que era de ideología trotskista, pero nada más», completa el experto. A su vez, el autor sostiene que Trotsky no era, esa especie de amigo de Mercader, que nos presenta la película al tiempo que usa sus constante cuestionamientos para adentrarse en la memoria y las justificaciones del líder político. Puigventós ha podido contabilizar los minutos que ambos pasaron juntos antes del asesinato y afirma que son sumamente escasos, y siempre por iniciativa del agente estalinista.

En lo que si parecen estar de acuerdo el guionista de Trotsky y el escritor español es que Mercader, para ejecutar su plan, se valió de la vanidad del revolucionario, a quien le encantaba teorizar y pasar horas explicándose. Por ello, un día que estaba tomando el té con él le dijo que iba a escribir un polémico sobre la naturaleza imperialista del Estadio Soviético y Trotsky que si bien criticaba el bonapartismo estalinista seguía creyendo en la naturaleza obrera, del estado por él fundado sobre las cenizas del imperio mordió el anzuelo decidió recibir al “periodista” para comentar y corregir juntos el texto. Así fue como, el 20 de agosto de 1940, Mercader se presentó en casa de Trotsky y cuando este se gira para aprovechar la luz de la ventana, le propinó un golpe mortal con un piolet en la cabeza.

En la película lo que vemos es una suerte de acoso verbal del revolucionario a su asesino el cual reacciona clavándole el maldito instrumento de picar hielo, caso como un acto de defensa psicológica, esta escena, junto a las de amor de Frida Kahlo (Victoria Poltorak), alternando entre Trotsky y Mercader, resultan ser las menos verosímiles de la películas, más adecuadas al romanticismo poliamoroso de nuestros tiempo que a lo que de verdad debió haber ocurrido con la pintora, aun cuando su insistente promiscuidad fuera cosa comprobada.

La serie rusa que nos ocupa fuer realizada por la productora “Sreda”, la cual echa manos a los magníficos recursos de los estudios “Lenfilm” de San Petersburgo, el segundo más grande de Rusia después de Mosfilm. Nótese, no ha cambiado el nombre recibido en 1934, con clara alusión a Lenin, el mismo Lenin que sale tan mal parado como bien dibujado en Trotsky, le interpreta el actor Yevgeny Stychkin, imprimiendo la condición de viejo zorro y manipulador que debió haber tenido el verdadero Vladimir Ilich Lenin, no el santo que nos presentaba el cine soviético lo mismo durante el estalinismo duro que tras el deshielo que a lo largo de todo el periodo del inmovilismo.

Sin duda alguna quien se lleva la palma en esta obra, además de sus directores, es Konstantin Yurevich Khabenskiy, bien conocido en Rusia o no tanto fuera de sus fronteras como lo que es, uno de los mejores actores de nuestro tiempo. Y no es que no se le haya visto en occidente, gracias sus trabajos en las películas en películas de terror Guardianes de la noche (2004) y Guardianes del día (2006). También coprotagoniza junto a Angelina Jolie en Wanted (Se busca) de 2008.

Khabenskiy, nació el 11 de enero de 1972 en la entonces llamada Leningrado, URSS (hoy San Petersburgo, Rusia). Sus padres eran ingenieros hidrológicos y el mismo siguió el camino de la tecnología estudiando electrónica en la Escuela Técnica de Electrónica y Automática de Aviación de Leningrado, que dejó a los de tres años de estudios cuando comprendió que eso no era lo suyo, convirtiéndose en músico callejero. Pero fue el trabajo técnico quien le llevó al arte dramático; trabajará como técnico de escenario en el Teatro-estudio “Subbota”.

De 1990 a 1995 estudió actuación en el Instituto de Teatro, Música y Cinematografía de St. Petersburg. En 1995 se gradúa como actor. Tuvo un período de cinco meses en el Teatro Raikin de la Sátira en Moscú, pero luego regresa a San Petersburgo.

Hará su debut en cine con la película de 1994 Na kogo Bog poschlet(1994), logrando la fama en su país después de coprotagonizar la serie criminal Uboynaya Sila (2000), Hay que decir que la presencia de este actor en la escena es muchísimo más amplia.

Yo lo descubrí hace unos años en la película El Almirante (2008), del director, Andrey Kravchuk, aquí el actor interpreta con cierto halo romántico a una de las figuras más denostadas por la historiografía soviética, el almirante Aleksander Kolchak, uno de los oficiales zaristas que se mantuvo fiel a su juramento al emperador ruso y que luchó contra el gobierno bolchevique después de la Revolución de octubre de 1917.

Por cierto, en la serie Trotsky vemos el fenómeno opuesto el de la integración de una parte de la vieja oficialidad rusa al ejército rojo, unos por patriotismo otros por carrerismo y con los que Trotsky tendrá que lidiar en su condición de constructor de las nuevas fuerzas armadas soviéticas.

Volví a reconocer a Khabensky, del mismo lado de la trinchera en “Guardia Blanca” (en ruso : Белая гвардия , lo que se translitera como Belaya Gvardiya); una serie de 2012 transmitida por el canal cultural más exigente de la Televisión sueca, el que emite la revista cultural AXESS, es un trabajo de la televisión rusa basada en la novela del mismo nombre escrita por Bulgákov, y que recuerdo estaba en mi casa de niño, como recuerdo del cierto grado de tolerancia vivido por las editoriales cubana a principios de los años sesenta, donde se atrevían a publicar obras un tanto contrarias a la ortodoxia soviética, como es el caso de esta novela que la que la guerra civil entre rojos y blancos es tratada con ciertos grises, no de la manera maniquea exigida grises, por canon del mal llamado realismo socialista.

Aquí le toca a Khabensky interpretar a Alexey Turbin es un médico militar que ha visto y experimentado mucho durante los tres años de la guerra mundial. Es uno de esos oficiales rusos que después de la revolución se encontraron en una situación de total incertidumbre en la vida política y privada. La retratando el destino de la familia Turbin invierno de 1918-1919 en Kiev. El trasfondo histórico de la película es la caída del poder ucraniano de Hetman Skoropadsky, y su régimen moderado bajo el protectorado alemán, el cual era considerado por los oficiales zaristas como un mal menor con relación al terror rojo que se estaba aplicando en Kiev por parte de los bolcheviques.

Y así llegué a un Konstantin Khabensky, bajo la piel de León Trotsky y en la Ciudad de México de 1940 al que los directores relacionan de manera temeraria con el periodista estalinista canadiense Frank Jackson en realidad Ramón Mercader (Max Matveev), novio de Silvia Ageloff.

Al principio de la serie, Jackson suscita el rechazo en Trotsky, quien poco a poco va asumiendo una suerte de gurú ideológico que, valiéndose de la dialéctica, va a contarle a Jackson los momentos clave de su vida, de modo que pueda contrarrestar la visión difundida por sus enemigos, es así como bajo la necesidad de transmitir los eventos exactamente como lo percibió Trotsky, se convierte a su futuro asesino en un invitado de confianza y bienvenido en la casa.

Entre viajes al pasado y al presente la película nos muestra el atentado de mayo de 1940, cuando un destacamento de comunistas mexicanos vestidos como policías atacan la casa del ex líder de la revolución rusa. El hecho real es que la esposa de ese momento de León Trotsky Natalia Sedova (interpretada por Olga Sutulova) le cubrió con su cuerpo, gesto que prefieren atribuir al fantasma de la primera mujer interpretada por la actriz Aleksandra Mareeva, en un ejercicio de misticismo propio del cine ruso actual. Se trataba en la vida real de Aleksandra Lvovna Sokolovskaya (1872 – c. 1938) una revolucionaria marxista hebreo rusa y la primera esposa de León Trotsky, fallecida durante las Grandes Purgas de 1938. Estuvo casada con Trotsky entre 1899 y 1902, acompañándolo en la prisión y en el exilio siberiano juntos. El revolucionario escapó de Siberia en el verano de 1902, apoyado por Sokolovskaya Luego conocerá a la refinada Natalia Sedova, en París a fines de 1902, y esta será la causa de la desintegración del matrimonio, sin embargo, los tres mantuvieron una relación amistosa, como se ve en la serie.

Trotsky tuvo dos hijas con Alexandra quienes terminaron siendo criadas por sus abuelos paterno David y Anna Bronstein, los padres adinerados de Trotsky, en Yanovka, Ucrania, ellas eran Zinaida Volkova (1901-1933) y Nina Nevelson (1902-1928) y será una escena de su infancia la que servirá a los autores para exponer el antisemitismo rampante de los ucranianos. Según la serie la relación de las chicas con sus dos medios hermanos, concebidos con la Sedova, fueron buenas, la tragedia es que los 4 hijos morirán, por enfermedad, suicidio, fusilamiento y envenenamiento antes que el Padre, otra de las tragedias existenciales de Trotsky que aquí veremos. La realidad es que fue increíble que tanto Trotsky sobreviviesen al primer atentado en México, pero ahí parece agotado su buena estrella.

Lo más demoledor ideológicamente hablando de la película son las dos tesis que maneja sobre lo que fue La Revolución de Octubre, la primera es que el financiamiento que desde sus inicios por parte poderosos intereses enemigos de Rusia, como el que representa el potentado y socialista Alexander Parvus (Mikhail Porechenkov) se trata en realidad de Izráil Lázarevich Helphand más conocido por su seudónimo Alexander Parvus, fue un socialista revolucionario y hombre de negocios nacido en 1867 en Bielorrusia. En la serie nos lo presentan sobre todo como el hombre adinerado y vinculado a los intereses los alemanes, que fabricó a Trotsky.

La segunda tesis es la de que el verdadero líder de la revolución había este hebreo y no Lenin, pero como Rusia no estaba preparada para ser liderada por un judío, Trotsky, bolchevique de último momento, decidió compartir la gloria al fundador de la secta socialista, quien ciertamente, si bien no en el mismo grado que Trotsky, tampoco estaba exento de sangre judía, algo que no se menciona en la serie, pero sobre lo que volveremos más adelante.