Entre El Veraz y Jennische: La doble imagen de Oswaldo Alfonso Valdés

22 Jun

Portada y contra portada del libro de Erik Jennische “Hay que sacar al policía de la cabeza” Portada y contra portada del libro de Erik Jennische “Hay que sacar al policía de la cabeza”

Cuando apareció en Erik Jennische, con su magnífico uso de un español argentinizado contratado por el Centro Internacional Liberal Sueco (SILC, según sus uniciales en Iglés) para colaborar con temas cubanos, ya llevábamos más un año de haber comprometido la institución con la causa del movimiento democrático en la isla, no como como esta lo había hecho, en los años setenta, compitiendo con la muy castrista Asociación Sueco Cubana en la administración de fondos para el desarrollo que sólo servían para apuntalar al régimen comunista.

Para el año 1998 ya teníamos persuadida a Madeleine Sjöstedt, la por entonces directora de la Institución, que si querían disponer de los fondos de la Agencia Sueca para el desarrollo, SIDA, y usarlos en algún proyecto con Cuba, lo mejor sería justificar su uso respaldando al emergente movimiento democrático cubano y de paso ayudándonos en la impresión de la revista Cuba Nuestra con la cual intentábamos no sólo romper el monopolio informativo del gobierno, sino darle una tribuna al periodismo independiente que acababa de nacer en la isla.

No me cabe la menor duda de que si Erik Jennischet pudo implicarse práctica y profesionalmente en el tema de la oposición cubana, fue gracias a aquella puerta que abrió el equipo de la revista Cuba Nuestra, por entonces identificado con la delegación de la Unión Liberal Cubana en Estocolmo, de otro modo el Centro Internacional Liberal jamás le habría llamado para nada.

Sin embargo, en su reportaje sobre Cuba titulado: “Måste få Polisen ur Huvudet”, en español “Hay que sacar al policía de la cabeza”, publicado por la editorial SILC en el 2013, Erick Jennischet, no le dedica una sola palabra al proyecto que marcó el giro que hizo pasar a SILC del colaboracionismo con el gobierno cubano a la solidaridad con los que disentían de este, algo que de paso facilitó la carrera como funcionario político del propio Jennische, colocando en sus manos importantes recursos que no sólo sirvieron para respaldar a los disidentes cubanos, sino que le permitieron en lo personal, en primer lugar ganarse el pan, luego viajar, entre otros países a Cuba donde fue arrestado y deportado, así como establecer contactos y ganar experiencias de un valor inestimable para quien ha elegido el funcionariado y la política como modo de vida.

En cambio prefiere agregar datos irrelevantes, por ejemplo una tabla sobre la mortalidad infantil en Cuba y otras sobre la ayuda financiera de Estados Unidos a la oposición, casualmente dos elementos que encajan en los proyectos de propaganda oficial cubana. Y no es que este mal que se toque ese punto, pero una vez caído en el tema habría en demostrar la parte oscura con la que se logra esa baja mortalidad, es decir con la aplicación de prácticas abortiva donde no sólo se cargan los niños que podrían morir tras el parto, sino muchos que bien habrían podido sobrevivir, deteniendo con ello la tragedia de reducción de la natalidad y en consecuencia el envejecimiento de la población.

Del mismo modo, podría el antiguo funcionario del SILC esclarecernos, si son ciertas o no las acusaciones realizadas desde la organizaciones castristas suecas acerca de que las asociaciones suecas que trabajan por la democratización de Cuba reciben fondos de la USAID, y de ser cierto explicar quienes han sido los responsables de un hecho tan injustificado como útil a los designios de quienes desean dar la imagen de los críticos del gobierno, que sólo existen gracias al financiamiento del “imperialismo yanqui”.

Nada de esto nos cuenta Erick, como tampoco nos dice de donde vino la orden de disolver el Comité Pro Permio Nobel a Oswaldo Payá que creamos con respaldo del propio SILC, prefiere explayarse -más que en otros disidentes cubanos que menciona, Gorki Ávila, la gente de Estado de Sats o el grupo “Los Aldeanos”- hablando con una especia de adminación más o menos contenida, de dos personajes controversiales que conoció en Cuba. El primero es el doble agente, al que reconoce como tal, Manuel David Orrios, el cual casí se convierte en el personaje protagónico del libro cuando este es presentado por el escritor en el programa “Un libro, un autor” de la Televisión Pública sueca.

El segundo es su amigo y protegido –como nos demostró intentando censurar a Cuba Nuestra durante una polémica con esta persona- Oswaldo Alfonso Valdés, hombre de confianza de Carlos Alberto Montaner en La Habana, a pesar de  la asiduidad con la que la policía política incautaba las esquelas que le enviaba desde Madrid el líder de La Unión Liberal Cubana.

Jennsichet describe a  Oswaldo Alfonso Valdés como una de las estrellas del movimiento democrático en Cuba, quien junto a Claudia Márquez Linares era una fuente permanente del movimiento democrático. Así mismo nos cuenta como aconteció el arresto y reclusión sufridos durante la llamada “Primavera negra”, así como las técnicas usadas por los policía para ablandarlo entre otra; colocándolo entre criminales comunes o amenazándole con mandar a sus niños a un internado para “hijos de la patria”.

En la página 71 el autor vierte al sueco las comprometedoras declaraciones realizadas por Alfonso, donde reconoce que pudo haber sido utilizado por funcionarios de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana. Algo que no sé hasta que punto favorecer la credibilidad de Alfonso frente al público sueco.

En otra parte del libro Jennische nos cuenta de la nueva etapa de Oswaldo Alfonso Valdés en Suecia, país donde recibió la residencia en el año 2005, junto a la promesa de un apartamento Sollfteå y donde a diferencia de muchos exiliados –lo cual no se nos explica-no parece haberle faltado jamás la posibilidad de dedicarse a tiempo completo al tema de la política hacía Cuba, una política que ha dejado de sonar lo mismo en la calle que en la media, sobretodo sin se le compara con los que hacíamos con mucha ilusión y sin ganar una moneda, allá por los años noventa, los exiliados en Suecia.

Jennische recuerda que cuando en agosto de 2012 se encontró con Oswaldo Alfonso tras varios años de no haberse visto, este se hallaba contento y saludable, al final se había hecho de una buena vida en Suecia y dando de paso la noticia de que se había casado con un hombre de Ecuador, dato sin importancia en una Suecia donde Derechas e izquierda comparte una misma ideología de género que la izquierda. En la misma página, esta vez la 64, Jennischet nos cuenta que desde hacía algún tiempo Oswaldo Alfonso se había convertido en el redactor jefe de la Revista Misceláneas de Cuba, la cual Erick Jennische describe con una de las publicaciones más importantes de la prensa independiente y el movimiento democrático cubano. Tal vez, eso sea verdad como también podría serlo la sospecha de que Misceláneas nació en Suecia con el fin de debilitar, opacar y competir deslealmente con la primera publicación independiente de los cubanos en Europa, Cuba Nuestra.

Misceláneas se presenta a la luz en sus inicios como un proyecto de Prislingua, empresa particular de la persona que Cuba Nuestra había designado como su representante ante el Centro Internacional Liberal, con la misión, además de asesorar a los suecos el tema Cubano; Alexis Gaiza, a quien Jennische no olvida agradecer en su libro.

Muy pronto la nueva revista pasa a convertirse en un proyecto financiado por el SILC. Fue ya en esta etapa cuando Gainza, no se sabe si por iniciativa propia, o por instrucción, se desempeño como el máximo promotor de la figura de Oswaldo Alfonso como ejemplo de las de los represaliados durante la Primavera Negra y a pesar de las críticas lanzadas en su contra por sus compañeros de causa que aún se mantenían en las cárceles cubana, una tarea en la que no paró el creador de Misceláneas de Cuba hasta colocar en sus manos a la criatura y luego desaparecer del escenario del exilio cubano en Suecia a raíz de su defensa de Ana Ardin la acusadora de Julián Assange, a la que la media cubana intentó vincular con Montaner usando como conexión al propio Gainza.

Sin embargo, la relación de Oswaldo Alfonso con Misceláneas de Cuba parece haber cambiado; cuando se revisa la lista de sus redactores, se ha esfumado su nombre, como también ocurre con el de Gainza y el resto de vieja guardia.

A falta de otra explicación habrá que echar mano a lo que aparece publicado este 21 de junio de 2014, bajo el título de: Osvaldo Alfonso Valdés:¿el Judas de la disidencia cubana?, en El Veraz; periódico de Puerto Rico, donde por cierto también colabora la ex esposa de Alfonso Valdés, Claudia Márques.

Según la nota redactada por Luis A. Rodríguez y basándose en una presunta fuente anónima, vinculada a exiliados cubanos en Estocolmo y al SILC Osvaldo Alfonso Valdés, hasta hace poco, se vio obligado a abandonar su cargo Director General y analista político de Misceláneas de Cuba, tras descubrirse un hecho de corrupción en que lo responsabilizan por la malversación de fondos destinados a la revista y la disidencia interna. Según la misma fuente, el problema estaría siendo manejado con discreción para evitar un escándalo.

En el mismo artículo se buscan antecedentes, el comportamiento de Alfonso durante la represión del año 2003 y se considera que no fue arbitraria la decisión de Washington de retirarle la visa de Refugiado Político, como tampoco injusta su expulsión del Partido Liberal Democrático Cubano, justificándose el hecho de que Claudia Márquez Linares, entonces periodista independiente de la agencia “DECORO”, avergonzada por la actitud de su esposo decidiera abandonarlo.

Foto de Oswaldo Alfonso Valdés con la que El Véraz ilustra el artículo que le dedica.

Por mi parte, no he podido confirmar lo que se afirma en periódico borinqueño, y menos verificar si se trata de acontecimiento aislado, o de algo más grave el final de un operativo de la Seguridad del Estado de Cuba para dar el tiro de gracia y poner fin definitivamente a una larga saga iniciada en aquel tiempo, en que sin un centavo pero con mucho empeño convertimos al SILC en el punto de apoyo con que movimos un mundo que se comportaba hasta el momento como si en Cuba no pasara nada.

Lo que sí creo, es que una vez que esta versión del presumible conflicto entre Oswaldo Alfonso y sus amigos, le ha dado la vuelta al mundo, escapando a la discreción de del Centro Internacional Liberal Sueco y de Misceláneas de Cuba, lo menos que pueden hacer ambas entidades es emitir sendas declaraciones admitiendo o refutando los hechos, esclareciendo así un asunto que nos atañe, en primer lugar a los cubanos, y en segundo al resto de los contribuidores en Suecia.

Otro tanto, debería hacer desde su cómodo apartamento brasileño Erik Jennische, sin cuyo apoyo dudo mucho que su amigo Oswaldo hubiera podido recalar en tierras escandinavas, el antiguo responsable de proyectos para Cuba dentro del Centro Internacional liberal, está en el deber académico, político y moral de explicarnos que hay de cierto o falso en lo que ha publicado el Veraz en relación a su viejo conocido, actualizando así un libro que de otro modo pasará al olvido, o peor aún, quedará en la memoria como el mal ejemplo de la omisión intencionada y el autoengaño a la hora de contarnos una historia.

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Una respuesta to “Entre El Veraz y Jennische: La doble imagen de Oswaldo Alfonso Valdés”

Trackbacks/Pingbacks

  1. Hay que quitarse a Manuel David Orrio de la Cabeza | El Hombre de Cuba Nuestra - 1 agosto 2015

    […] Ya apareció en español el libro de Erik Jennische “Hay que quitarse la policía de la cabeza“. Se trata de una obra cuya versión sueca, no hace mucho, reseñé para mi blog “El hombre de Cuba Nuestra”. Ya entonces tomaba nota de la especie de admiración que parece despertar el agente Manuel David Orrio en el autor; usted puede verificarlo leyendo la entrada titulada: “Entre El Veraz y Jennische: La doble imagen de Oswaldo Alfonso Valdés”. […]

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