Ajo Blanco y Monarquía; para que el pueblo español digiera su falta de soberanía

21 Jun

Según la Wikipedia, el ajo blanco es una sopa fría de la cocina andaluza y extremeña, que se hace de pan, almendras molidas, ajo, agua, aceite de oliva, sal y a veces vinagre y que se suele acompañar de uvas o trocitos de melón.

Por su parte la monarquía es definida como una forma de gobierno de un Estado en contraposición a la república en la que la jefatura del Estado o cargo supremo es: Personal, y estrictamente unipersonal, vitalicia y designada según un orden hereditario (monarquía hereditaria), aunque en algunos casos se elige, bien por cooptación del propio monarca, bien por un grupo selecto (monarquía electiva).

Vamos a tratar aquí de lo que pasa cuando el Ajo blanco se convierte en una revista “libertaria” que ha sido contemporánea del establecimiento en del régimen monárquico que, por decreto y sin grandes contratiempos, con el pleno respaldo de socialistas y comunistas, sustituyó al Franquismo en España.

La Cadena de la  “Sociedad Española de Radiodifusión”( SER ) controlada accionarialmente por el Grupo PRISA -dime quien es tu dueño y te diré que pretendes- ha colgado en la red una entrevista realizada el 20 de junio de 2014 con José Ribas, el creador de Ajo Blanco, revista que tuvo dos etapas, la primera entre 1974-1980 y la segunda 1987-1999. Se le vinculó al movimiento obrero y estudiantil contra el franquismo tardío, así como el hipismo y la contracultura.

 

Ribas, estudiante de derecho con ideología libertaria pese a su origen burgués, logró aglutinar entorno a su revista a pensadores y creadores artísticos que marcaron la contracultura barcelonesa de los años 1970.

Para conocer los detalles del nacimiento de la revista vale la pena visitar la página http://www.ajoblanco.org/main/index.php y escuchar allí la entrevista con Pepe Ribas donde cuenta los detalles del nacimiento de esta publicación.

En este último aspecto llama la atención el reconocimiento que hace Ribas en la entrevista de SER sobre la influencia que tuvieron actores anglosajones en el grupo fundador de Ajo Blanco, entre ellos nada más y nada menos que los marines norteamericanos radicados en España, según él se trataban de hijos de familias ricas, y a su vez opositores a la guerra de Vietnam, el mismo grupo social que habría creado la contracultura en Estados Unidos.

El problema radica en que se entiende por la contra cultura, y sobretodo que nuevo sentido adquiere el papel de Ajo Blanco en la transición española cuando descubrimos la relación entre Contracultura y ese mismo capitalismo, ahora en su etapa maltusiana, que el fundador de Ajo Blanco creía combatir sin ir mas allá de la critica a la partidocracia.

, un capitalismo cuyos procesos culturales bien podría ayudarnos a analizar a la luz de lo que plantea el pensador venezolano Ludovico Silva:

el capitalismo, como tal, por ser un sistema fundado enteramente en los valores de cambio, no tiene propiamente una cultura, sino una contracultura, que es algo muy distinto. Cultura propiamente tal había en la Grecia clásica, entre los sumerios y babilonios, en el antiguo mundo judaico o en las civilizaciones inca y azteca; pero en el capitalismo sólo hay contracultura, y lo único que se puede llamar “cultura capitalista” no es otra cosa que ideología.*

 

Y es precisamente la carencia del análisis de la contra cultura como ideología lo que impide ver el servicio que has prestado todos los tiempos los agentes de este “movimiento” al sistema capitalista, visto en su dimensión global y no en sus contradictoria adaptación nacional una ideología que se nos intenta escabulle del mismo tiempo como se nos escabulle la del flamante Rey Felipe VI cuando en su discurso ante el Congreso de los Diputados; declara:

“La independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad de nuestro sistema político, facilitar el equilibrio con los demás órganos constitucionales y territoriales, favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce para la cohesión entre los españoles.”

Tal parecería que el monarca estuviese más allá de las ideologías, cuando está argumentando precisamente en favor de la suya, la monárquica, por la que ha trabajado todo el aparato del estado.

Algo similar ocurre con el movimiento contracultural, defensor de unos valores que más allá de lo subversivo que pueda tener frente a determinadas concepciones artísticas filosóficas o culturales, solo ha contribuido a la conformación de un ser atomizado, des generado confundido y alienado de la sociedad postmoderna.

Así pues, para el caso de España, Monarquía y contracultura, dentro de ella la encarnada en la página de Ajo Blanco. Fueron partes de una misma moneda, la que sirvió para comprar la conciencia de los españoles mientras se les conducía como ovejas, con la participación de todas las fuerzas políticas del momento, del redil franquista al borbónico, este último mucho más adaptado como matadero -en forma de droga, aborto, delincuencia y desmantelamiento de servicio sociales- a la tarea de reducir la población de los que en América Latina calificamos genéricamente como “gallegos”.

Si sumamos esto a la forma no auto gestionada, es decir financiada por un misterioso capitalista además de créditos bancarios podemos sospechar que aquella lucha contra cualquier autoridad, la lucha por la libertad sexual y la destrucción de la familia tradicional, respondía a una expresión atentica de libertarismo español, a la agenda que desde entonces y quizás mucho antes el Nuevo Orden Mundial tenía planificada para España, una agenda que pasaba por socavar económicamente el régimen franquista, corrompiendo su política económica del mismo modo que ya había sabido corromper sus política internacional comprando a los militares que sugirieron a Franco dejar a sus aliados en la Estacada, es decir le fascismo italiano y el nazismo alemán. El último paso de esta política fue crear un ” movimiento cultural” que no solo se encargó de echar por tierra los valores tradicionales de los españoles sino también de abrirle las puertas a vicios como la droga y la promiscuidad sexual, disfrazados de “trasgresión y fiesta popular”, pero que en ningún caso contribuyó a la realización de una verdadera revolución social, por no hablar del establecimiento de una democracia que sigue brillando por su ausencia, tras la negativa del aparato estatal a aceptar un referéndum que le permita a los españoles decidir si quieren un modelo republicano, o seguir bajo el régimen borbonista, ahora renovado en la figura de Felipe VI.

 

*Luis José Silva Michelena (verdadero nombre de Ludovico Silva), “Contracultura y humanismo ” libro editado por Monte Ávila Editores, C.A., Caracas / Venezuela,  página 82

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