Borbones, la monarquía que vendió su imperio

29 Jul

Me despierta El correo de España con un articulo que detalla lo que ya sabía; lo escribe julio Merino, bajo el título de Memoria Histórica: 1808 ASÍ VENDIERON ESPAÑA A NAPOLEÓN LOS BORBONES.

El artículo comienza con una referencia al sueño irrealizado de Benito Pérez Galdós, de escribir una obra de teatro sobre los Borbones, en la que pudiera sintetizar lo que fue la “Familia Borbón española”, cuyo mundo consideraba ¡Un rotundo esperpento!”. Gran verdad cuya expresión en este medio tradicionalista alcanza un doble valor en los tiempos en los que la derecha española parece mas interesada en sostener los puntales de su tambaleante monarquía, que en poner coto a un régimen que, justificándose con la pandemia y las nuevas anormalidades la oprime a ella como al resto de la ciudadanía, incluido en este nuevo despotismo ese comunismo a domicilio que son las cuarentenas, el cierre de empresa y conculcación del derecho al trabajo en nombre del sacrosanto covid-19.

Volviendo a la historia, el autor nos remite a los acontecimientos que tuvieron lugar en tornos a la sublevación del “2 de mayo”, otro motivo de realización literaria que Galdós y completó. Estos serían los siguientes:

Entre el 19 y 23 de marzo de 1808 se produjo el “Motín de Aranjuez” con lo que se consigue el derrocamiento de Godoy, el Primer Ministro y presunto amante de la reina María Luisa, cuya consecuencia más importante será la abdicación del rey Carlos IV en su hijo Fernando VII.

Había diferentes motivos tras este levantamiento popular. En primer lugar, la impaciencia de Fernando VII por reinar, así mismo estaban las consecuencias a largo plazo del desastre de Trafalgar, acontecido el 21 de octubre de 1805, cuando el almirante Nelson, al frente de 27 navíos de línea y 6 fragatas, derroto una flota franco-española compuesta por 33 navíos de línea y 7 fragatas.

Estaba como condicionamiento la gran crisis económica sufrida sobre todo por las clases populares y con ella el temor del clero de que el gobierno desamortizara sus propiedades. Una práctica iniciada en 1798, y consistente en poner en el mercado, mediante subasta pública, las tierras y bienes que estaban amortizados, es decir, que no se podían comprar ni vender muchas de las cuales pertenecían a la Iglesia católica y sus Órdenes religiosas, algo que solo beneficiaba a los grandes terratenientes y a burguesía urbana absentista.

El promotor de esta medida fue Manuel Godoy y Álvarez de Faria, un aliado con el que llegaran a contar Francia en España, tras el golpe bonapartista. De Godoy se dice que era el amante de la reina y favorito del rey Carlos IV, así como su primer ministro de entre 1792 y 1798, y hombre fuerte del país en su condición de Generalísimo de 1800 a 1808.

Si bien fue España aliada de Inglaterra en la contención de la revolución francesa, la expedición conjunta de los dos países para asediar el puerto de Tolón, convenció a Godoy de que Gran Bretaña enemiga tradicional de España en el Atlántico, no era de fiar y dando giro firmó la paz con el país vecino 1795 lo que le valió a Godoy el título de Príncipe de la Paz, y al año siguiente de un paso más con la firma del Tratado de San Ildefonso, una alianza ofensivo-defensiva que tenía como prioridad la cooperación militar de los dos países frente a Inglaterra.

La alianza hispanofrancesa, se daba en un nuevo estadio de la Revolución, la cual había sido aplacada por el golpe de Termidor, Francia necesitaba la armada de España, y ésta un ejército como el francés. Sin embargo, el aporte español se reduce en 1805, tras la derrota de y la práctica desaparición de la armada.

Pero el detonante fue la decisión de este mismo Godoy de autorizar la entrada tropas francesas en España supuestamente para apoyar la conquista de Portugal en virtud del tratado de Fontainebleau. Hasta el mimo Godoy sospechó que la llegada al país de 65.000 soldados franceses era en realidad una invasión por lo que envía a la familia real viajara hasta Aranjuez como tránsito de un hacia América, imitando al monarca portugués.

En realidad, no estaba mala la idea, viendo la integridad que pudo conservar la América portuguesa hasta nuestros días, el caso es que la muchedumbre, agitada por aristócratas al servicio de Fernando, se entera de la movida y ataca, para nuestra desgracia, la de los hispanoamericanos, el Palacio Real de la ciudad. En Madrid, otra masa de gente ataca el palacio de Godoy, el cual tuvo que esconderse de la turba, siendo salvado por Fernando quien tras conseguir la renuncie de su padre comienza a reinar como Fernando VII.

Pero las fiesta le dura poco al flamante Rey, el día 23, hace su entrada en Madrid el Mariscal Murat invalidando la abdicación de Carlos IV en nombre de Napoleón, concediendo a Carlos IV de que retire su abdicación, cosa a al que accede el viejo Rey, presionado por la Reina María Luisa, quien además pide al Mariscal francés que ponga en libertad al Godoy y luego que consiga de Napoleón la concesión a su esposo, a ella misma y al defenestrado ministro de lo necesario para poder vivir los tres juntos en un lugar conveniente para su salud, sin autoridad y sin intrigas.

Amparándose por el Tratado de Erfurt con el Emperador Alejandro I de Rusia, que le cede España y por el Tratado de Fontainebleau que unen los destinos de Francia y España, Napoleón toma cartas en la disputa sucesoria reuniéndose con los dos borbones en pugna. El encuentro tendrá lugar en el castillo de Marracq, en Bayona. El encuentro, del que también participa Godoy, alias príncipe de la paz, es descrito con ribetes tragicómicos en el artículo, Y es aquí donde tenemos la escena en la cual mientras Napoleón daba sus argumentos para apoderarse de la Corona de España el rey solo pensaba en comer. Mientras, ese mismo día 2 de mayo de 1808, tenía lugar la sublevación popular de Madrid contra los franceses y sus secuaces, para impedir el traslado a Francia del infante Francisco de Paula, el último miembro de la familia real que permanecía todavía en Madrid.

El 5 de mayo, es decir, cuando las noticias de la masacre y los fusilamientos de Madrid llegaron a Bayona, Emperador vuelve a reunirse con los Reyes de España y el Príncipe Fernando a quien acusó de fomentar con la aprobación de la Madre y el Padre de fomentar el motín. Napoleón aprovecha el momento para obligar al Príncipe de Asturias a reconocer a su padre como Rey legítimo a lo que Fernando acede hincándose de rodillas llorando y pidiéndole perdón, a Carlos IV como hijo y como súbdito. Pero la cosa naturalmente no quedó ahí. Trans enviar al príncipe al castillo de Valençay. Carlos IV abdica a favor de Napoleón quien coloca como Rey de los españoles a su hermano José.

Por cierto es contra este Rey ilegitimo, contra el que se subleva Hispanoamérica en un principio, algo que maestros e historiadores, suelen pasar por alto en su contribución a la leyenda negra, confundiendo a los alumnos y lectores sobre el sentido originario de aquellas guerras de independencia, que no eran contra España, sino para salvar la hispanidad de una España afrancesada, lo que no sabían los sublevados, cuando evocaban el nombre de los borbones aparentemente secuestrados en Francia, era la manera miserable en que se habían comportado.



Julio Merino, nos da la cifra recibida por aquellos reyes y el inseparable Godoy como pago por entregarnos a Francia 6 millones de francos anuales y los castillos de Compiègne y Chambord, más la servidumbre necesaria, y de por vida.

Por supuesto que ese no era el principio de la desgracia, ella había comenzado mucho antes, con la entrada del borbonato gracias a los afrancesados de la primera hora, incluido el muy cacareado Blas de Lezo, significó la conversión de España en una neocolonia francesa y el comienzo del quiebre del imperio en el Nuevo Mundo.



Ahí tenemos las crisis que desencadenan desde el primer momento revueltas en Hispanoamérica que eran más anti borbónicas que antiespañolas, desde las rebelión de los vegueros en Cuba, los comuneros de Nueva Granada o las de los indígenas de Yucatán bajo el primero de la dinastía en España, el rey Felipe V de España, llamado «el Animoso» , hasta la más conocida de todas la que se da bajo el nefasto persecutor de Jesuitas Carlos III, la de Tupac Amaru en Perú.

Lo peor fue como la familia borbona se dejó arrebatar en beneficio de los Británicos Nueva Francia, y media Cuba, la cual en lugar de recuperarla como bien podía haber hecho, siendo el Caribe un Mare Nostrum español, lo que significaba una ventaja estratégica frente a Inglaterra, no se le ocurre mejores ideas que cambiarla por la Florida, evidentemente la masonería que controlaba a sus ministros estaba operando a las mil maravillas. Por supuesto la tapa al pomo la ponen Carlos IV de España, llamado «el Cazador», con su abyecta sumisión ante Napoleón compartida por su hijo Fernando VII, el indeseable, más que deseado, al cual habrá que sumar la manera en que por carambola se convirtió en un pelele de los británicos a través de los espadones liberales, gracias a los cuales los conservadores hispanoamericanos se ven obligados a rendir sus armas al independentismo.

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