Imperio imponente o republiqueta deprimente: usted elige su herencia

27 Jun

Sostengo hace días un duro debate en cierta lista sobre el tema de historia americana. Intento transmitir lo que aprendí, usando mi formación como licenciado en Materialismo Histórico, las lecturas acumulada durante los años en los que fui profesor de ciencias sociales y de semiótica después en el Instituto Superior de Arte de La Habana, y luego durante mi reciclaje profesionalmente como maestro de ciencias sociales y de español, en un medio luterano, aunque secularizado y anticatólico por principio como es el sueco, pero con un mayor acceso a la información y sobre todo con una rica relación con hispanos, americanos o ibéricos lo que me hizo comprender el modo en el marxismo, en liberalismo y en general las potencias protestantes conspiraron para hacer de la Patria grande el conglomerado de republiquitas corruptas y empobrecidas que es hoy. Yo he agrandado mi concepto de patria grande, de la que me siento parte, por conocer su historia, escamoteada en los libritos de la escuela, Ella va desde los Pirineos a Filipinas, pasando naturalmente por Florida, Luisiana, Texas y California y de norte a sur de extiende desde, la ensenada de Nutka, casi llegando a Alaska, hasta la Patagonia. A eso me refiero cuando hablo de Patrias Grande, no a los mapas que nos han impuestos los anglosajones, para que ni se nos ocurra recuperar lo nuestro y mucho menos ser lo que fuimos cuando los matábamos de envidia y miedo.

A partir de aquí debo aclarar las confusiones generadas por los memes difundidos en las escuelas de las republiquetas chauvinistas levantadas sobre esa gran patria, usando el manido recurso de simplificar la historia.

Comencemos con la oposición dogmática entre criollo y peninsular, que, al exagerar la típica contradicción entre centro y periferia, la misma que existe en cualquiera de las republiquitas, hace a la gente común creer que solo gobernaban en el imperio gente nacida en España o de pureza “blanca”. Pero no fue exactamente así.

Una cosa que nos ocultan sistemáticamente en la escuela es que hubo virreyes y funcionarios importantes nacidos en América, algunos de sangre indígena, que ocuparon puestos de importancia en todo el imperio, incluso la zona europea, esa misma donde cayó, el escritor, historiador y militar cuzqueño Gómez Suarez de Figueroa, conocido por su apodo el Inca Garcilaso de la Vega después de destacarse en nuestras letras y luchando contra rebeldes moriscos de la zona de Córdoba, Andalucía, al servicio de la corona. Aquel por cierto era hijo de una princesa inca y eso no le impidió hacer carrera.

Y para no alejarnos del Perú hablemos del alcalde de la importante plaza de Lima y uno de los responsables del santo oficio en la ciudad que era chileno, un criollo que previamente había sido encargado, en la península que no en América, de un asunto tan vital como el Correo de Indias, me refiero a Fermín Francisco de Carvajal-Vargas y Alarcón-Cortés Monroy, duque de San Carlos y con un título que no se le daba a cualquiera, el de Grande de España.

Y para no marcharnos de la tierra peruana, digamos que allí nació Juan Vázquez de Acuña y Bejarano, uno de los Virreyes que más tiempo gobernó el enorme Virreinato de Nueva España (lo que va desde la frontera norte de Panamá al sur de Estados Unidos incluyendo por supuesto México y el Caribe hispano.

Hablando del Caribe, otro que tuvo el mismo puesto de Virrey novohispano fue el cubano Juan Vicente de Güemes Pacheco, le digo cubano porque había nacido en la Capitanía de Cuba la misma que administró Luisiana y La Florida en distintos tiempos.

Y que me decir del habanero Gabriel Antonio Beltrán, Conde de Jaruco, abogado de los Reales Consejos del de mi detestado tocayo Carlos III (la verdad como es), y Fiscal de la Real Hacienda de Cuba, vénganme después con el cuento de que la corona nunca confió en sus súbditos nacidos al otro lado del Atlántico.

Otro caso relacionado con la misma isla, pero que demuestra la sobrevivencia de la meritocracia, por encima del lugar de nacimiento, tras la pérdida de la parte continental del imperio es el de José Gutiérrez de la Concha Irigoyen (nos sonará el último apellido por el de un presidente argentino) un Capitán General de Cuba que había nacido en Córdoba, Tucumán, antiguo Virreinato de la Plata y que llegó a ser presidente del Consejo de Ministros de España. Conocido como Marquez del Duero, al tucumano, todavía se le sigue venerando en España.

Otro buen ejemplo del tránsito de sangres dentro de la administración imperio es el del fundador de la famosa Benemérita, es decir la guardia civil española, descendiente directo del emperador Moctezuma, el famoso Duque de Ahumada.

Es importante citar los anteriores ejemplos para demostrar que los hechos históricos no son cosas simples, rompiendo el maniqueísmo simplón con el que nos educaron con ese blanco y negro de por un lado los malos, hispanos realistas, déspotas y extranjeros apoyados por traidores a unas patrias que no existían, los malos y por otro los buenos; próceres incólumes seguidos de honorables patriotas latinoamericanos. Eso si basta que rompas con esas simplezas para que se forme la de San Quintín, en cualquier foro de latinoamericanos, programados para rechazar las verdades históricas, aunque se las expongas de la manera más clara y diferenciada, posible.

De todos modos, creo que es importante usar cualquier tribuna para romper con los relatos localistas que nos taran, y comprendemos la historia real de nuestro imperio, si idealizarlo tampoco, no pasarnos al otro bando, el de los hispanos céntricos. Para ello es fundamental explicar las consecuencias del cambio de dinastía y la importación del absolutismo francés, avalado por la ideología de las luces, que de luces tenía poco o nada.

Es en ese momento crítico que se crean nuevas relaciones de subordinación, que funcionará como auténtica bomba reloj en nuestro destino, con un peninsular sometido a los intereses de Francia, y el hispanoamericano, a la élite los de los afrancesados de la primera oleada, luego vendrá los de la segunda, la de los bonapartistas. En medio de esto la iglesia que tanto había hecho por el imperio en tiempos de los Austrias y que poco a poco comienza a ser machacada, recibiendo como aviso la expulsión de los jesuitas, cuyas misiones representaban una amenaza para el nuevo plan absolutistas.

Nada de esto nos lo explican en la escuela, da lo mismo si comunistas que “democrática”, todo lo simplifican con la historia de curas patriotas, machacándonos los dogmas, desde la infancia, así se siembran las convicciones por las que damos la vida, sin pensar lo erradas que puedan estar. Y así como a católico convencen de los milagros de María, a nosotros, los latinoamericanos, para incluir a nuestros primos de habla francesa y portuguesa, nos adoctrinan con los mitos fundacionales del microestado nacional.

Vivíamos mejor antes de la independencia

Es verdad, en la metrópolis, como en casi todo resto de Europa, destrozada por guerras interminables religiosas o políticas (teniendo por epicentro los míseros principados alemanes), había un hambre impensable en los pacíficos virreinatos de América, cuya paz interna era alterada solo en sus costas por los ataques de piratas protestantes y algún intento de otras potencias de ganar espacio territorial en el continente. Es por eso que fuimos imperio y no sistema colonial, pese a que con la derrota de los austrasistas en la guerra sucesión, los Borbones, luego de importar el despotismo “ilustrado” de Francia, reformaban el imperio, imitando a la autocracia de sus primos franceses, para convertirnos en colonias, cosa que nunca consumaron, gracias entre otras cosas a la resistencia de nuestro lado, a veces violenta como la de las sublevaciones lideradas por indígenas hispanizados, con respaldo de elites locales y no pocos curas en Perú o en Yucatán.

Pero todo eso se terminó con la catástrofe masónica, con sus falsos ideales de hermandad universal, una vez destrozado el imperio, sus antiguos súbditos se convierten en hermanos que no se reconocen entre sí, ibero hispano que se desprecian a sí mismos frente a sus enemigos de antaño franceses o ingleses y que desprecian a los hispanoamericanos que es visitan, los que a su vez se odian y desprecian según la republiqueta en las que le tocó nacer. Ahí tienes como el mexicano trata al centroamericano, estos al venezolano, que antes despreciaba al colombiano; ecuatorianos en guerra caliente, fría o de simple sospecha con los peruanos, estos otros tanto con bolivianos, que a su vez odian al chileno que les quitó el mar, más que nadie les negabas cuando eran parte imperial. Hablo de los mismos chilenos que son despreciados por unos argentinos, a los que el resto no soporta, por creerse más europeos que los demás y negar su indigenismo. Por supuesto no todos los hispanoamericanos son así, pero esa es la gran tendencia, la de no vernos en los otros. Es lo que se ha fomentado desde el gran desguace.

Antes no pocos iberoamericanos de sangre india alcanzaban títulos de nobleza que todos respetaban, incluso en nuestros territorios europeos como se demuestra con el ejemplo de Ahumada y, al contrario. Eso es lo que diferencia una mentalidad imperial del chovinismo de republiquita, o monarquía de marioneta, al servicio de Inglaterra como la que se entroniza en la madre patria desde el 1975, con el retorno de la peste borbónica fomentada por el franquismo tardío. Nada de esto nos habría pasado se continuar unido bajo imperio al que solo restaba democratizar.

Admiradores de nuestros enemigos externos

Pero la culpa no es solo nuestras, sino del quienes nos atacaron desde afuera sin la mayor justificación. No conozco, salvo el caso de la gran Armada, hundida por la tormenta, que España quisiera expropiar algo de Inglaterra, en cambió si estaba obligada a frenar su intervención en los conflictos internos de en Flandes (patria de Carlos V, por cierto) y el latrocinio del corsario Francis Drake en las costas europeas y americanas de nuestro imperio. Repito no conozco o un solo ejemplo de despojo de Inglaterra por nuestra parte y es natural. Nuestros antepasados, olvidemos sus etnias, ya eran parte de un tremendo imperio mientras que los de los actuales e insolentes ingleses estaban a punto de comerse unos a otros en su isla miserable, no por gusto allí nace la locura maltusiana. Ellos llegan tarde a la globalización generada por la navegación española, la mejor de su tiempo, gracias a ella, teníamos territorios en Europa, América, África y Asia.

El enemigo interno

Pero no fuero solo corsarios y piratas de lo que se valió Inglaterra para acabar con nosotros. Usó algo peor, la masonería, cofradías secretas que bajo la promulgación de valores de hermandas universal fueron socavando la unidad de sus enemigos principales, Francia y el imperio español.

Eso sí aclaro, por estimarlos en su justa medida es que me niego a tomar a los masones como demiurgos de la historia, solo han sido parte de ella, y más que nada como herramienta de la corona británica, bajo cuyas faldas nacieron para luego propagarse como el coronavirus (nunca mejor dicho lo de corona) por el mundo y combatir desde allí contra sus enemigos los de Inglaterra.

La excepción hubo: con el intento de Napoleón primero y luego su sobrino Tercero, de rescatar la masonería francesa -la misma que poco antes había desencadenado una sangrienta revolución- para su patria.

Pero antes hay otro caso curioso, la historia nunca es lineal, fue en tiempos de la revolución americana, en la cual muchos “patriotas” eran además de puritanos masones, pero las aguas volvieron pronto a su cauce después de la derrota de USA (que se había aliado a Napoleón) en la guerra anglo-estadounidense de 1812, desde entonces USA se cuidó mucho de afectar a Inglaterra, para terminar sacándoles las castañas del fuego cada vez que esta la vieja metrópolis lo quisiera, que se lo pregunten a los alemanes.

Eso sí ningún masón reconocerá su lealtad al imperio británico, como no reconocían los comunistas que trabajaban para los intereses soviéticos más que para sus países. Digo esto para poner un ejemplo similar, no para identificar masones y comunistas. Los que vivimos en la URSS y conocemos su historia, sabemos que el bolchevismo barrió con los masones, como no lo había conseguido el zarismo. Comunistas y masones suelen terminar en conflictos, el castrismo es, decir la variante cubana del comunismo, es la excepción.

De cualquier modo, pese a su presunto apoliticismo, los mismos masones se saben interventores en la historia moderna y hasta alardean. Así podemos leer MASONERÍA: SU PAPEL EN LA HISTORIA DE NUESTROS DÍAS, ponencia presentada por Jaime Muñoz Mantilla en el Primer Encuentro Masónico por la Fraternidad, organizado por la Logia Líbera Eugenio Espejo en Quito, Ecuador, el 25 de enero de 2014, lo siguiente:

Por supuesto que nuestra aspiración es llegar a conclusiones válidas que desemboquen en el quehacer masónico en la sociedad, desde la consideración, además, de que la institución ha mostrado su vigor, su vitalidad en los momentos históricos de cambios profundos, y cuyo rol ha sido, muchas de las veces, protagónico…

…La Historia de los últimos siglos nos muestra, pese a estas desviaciones, una masonería militante, activa y consecuente, participando y aun liderando los movimientos libertarios más importantes de los últimos tiempos: La Independencia Norteamericana, la Revolución Francesa, las guerras de Independencia de América Latina. En Ecuador, la Revolución Liberal Radical, presidida por nuestro querido hermano Eloy Alfaro y sus lugartenientes, la mayoría de ellos masones. Al igual que en Cuba, con la presencia del apóstol de la libertad cubana, el querido hermano José Martí. Y, aunque no sus logias y orientes en pleno, hermanos comprometidos y consecuentes con un principio masónico: la coherencia entre la teoría y la práctica, hacen de ellos verdaderos adelantados en la Historia. Mencionamos los nombres de los queridos hermanos Augusto César Sandino, conductor del “pequeño ejército loco” que puso en jaque y derrotó momentáneamente al invasor imperial en Nicaragua; y al héroe y mártir de la transformación social y la democracia en Chile, el querido hermano Salvador Allende, inmolado en 1973…

…Y claro, se alude a los grandes masones en todos los campos de las ciencias, de las artes, de la política. Pero, se calla (porque los hermanos del grado 33, por ejemplo, son intocables), las tinieblas, algunas barbaridades, como aquélla cometida por el I:. y P:. H:. Harry Truman, quien ordenó el genocidio del pueblo japonés en Hiroshima y Nagasaki. Como se calla la alienación de masones que, virtualmente traicionando a su hermano y al pueblo chileno, aceptaron y se sometieron a la dictadura sangrienta que martirizó al heroico país hermano. O en estos días, el premio Nobel de la Paz, masón grado 32 del escocecismo, el presidente Obama, embarcado en guerras de agresión y hoy mismo, planificando otro baño de sangre en Siria…

Nuestra Constitución señala que “Las concepciones francmasónicas primigenias en que se inspira el accionar de la LOGIA LIBERA EUGENIO ESPEJO son aquellas que, orgullosas del origen popular del antiguo gremio masónico y sin pretensiones aristocratizantes, se manifestaron en especial en Francia durante el siglo XVIII bajo la influencia de la ilustración y llegaron a Latinoamérica a fines de ese siglo y comienzos del siglo XIX a través de las Logias Lautarinas que difundieron el pensamiento masónico y contribuyeron a los procesos independentistas, el triunfo de la verdad y el progreso del género humano…

Como se ve no es conspiranoia, los mismos masones reconocen su rol en la historia, Por supuesto, gracias a Dios, no son los culpables de todo lo que pasa en la historia, son solo y exclusivamente responsables, por supuesto junto a sus aliados protestantes, de los que desde su nacimiento ha beneficiado al imperio vencedor de todos los demás, por el momento, el británico. En cuanto a su rol en el desguace de las Américas, y es establecimiento de esos que llamamos democracia -que solo encubra a las presidencias a gente mediocre servidora de esta u otra oligarquía, es cosa que ellos mismos reconocen, con bellas palabras como se ve arriba, luego queda por sus frutos conocerlos, y ahí tienes el chovinismo típico de todas las naciones estados que sobre sus “ideales” y su brazo político el liberalismo se han fundado. Son hechos, no opiniones.

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