De un Delgado colgado en Maisinicú al Gordo llorando en Facebook. Involución del agente cubano

17 Jun

 

Foto que circula en las redes con Carlos el Gordo presuntamente hospitalizado.

La alta dirección del Ministerio del Interior de Cuba, es puesta en crisis por un youtuber gay y su red de  antiguos amantes en la isla. Alex Otaola envía a uno de sus efebos al hospital donde “alegadamente” se encuentra “Juan Carlos Hernández, alias ” el Gordo”,  alias Alex Guerrero Cubano. Esperemos que el chico no termine siendo acusado de intento de asesinato del supuesto paciente.  Ver el video a partir del minuto 27.

El hombre niega de su rica tierra,
es su propio enemigo en esta nueva guerra:
el hombre vio su rostro sucumbir.
Que se abra bien la casa de la historia,
que se revise el trono de la gloria
porque un hombre sin rostro va a morir.
El hombre de Maisinicú, canción de Silvio Rodríguez

Las ideas que expongo a continuación han nacido del intercambio dialéctico desarrollado estos días entre mi buen amigo Germán Diaz Guerra y quien escribe. El objetivo de nuestras reflexiones fue el desarrollo que ha tenido la revelación en redes de que, tras el temible Alex Guerrero Cubano, presunto guapo callejero y defensor de la revolución, se oculta un cómico, obeso y enfermo, un hombre que no puede con su alma. Menudo chasco para esta maniobra de propaganda en la que nunca se debió enredar la Seguridad cubana, mas cuando se sobra cuadros de partido, del cine, la radio, la televisión, que podrían haberlo hecho mucho mejor.

No es este el único fracaso, en temas de engaño, que, tras un éxito inicial, ha cosechado la revolución. Vayamos al cine para comprobarlo. Como tantas veces se ha dicho la historia se repite, una vez como tragedia otra como farsa. En este caso, más que de un hecho real de espionaje parecerías que asistiéramos a la adaptación virtual, en tono tragicómico de la película “El hombre de Maisinicú”, aquel largometraje de 1973 dirigido por Manuel Pérez y en donde, el protagonista era encarnado por Sergio Corrieri.

Desde el punto de vista técnico no era mala película, pero estaba tan ideologizada, que donde único pudo se premiada fue en el 8vo Festival Internacional de Cine de Moscú donde se le dio el premio al mejor actor. La figura que le mereció este premio a Corrieri había tenido existencia real, se trataba de Alberto Delgado y Delgado, un infiltrado entre las guerrillas anticastristas del Escambray, que tras ser descubierto agente de la Seguridad cubana termina colgado en un árbol.

Cuandro de la pélícula  “El hombre de Maisinicú”

En la nueva historia de identidades falsas y operaciones de la seguridad del estado, la oposición de los héroes es tal que, si el primero era “delgado”, de apellido y de físico el de ahora es gordo, de físico y nombre artístico y jugando con ello, si al primero le nombraban “el nombre de Maisinicú” nosotros denominaremos al segundo el gordo del Facebook, red donde Juan Carlos ha representado lo que aparece ser la escena más conmovedora y auténtica de su vida.

Son opuestos en la apariencia, pero también hay cosas en común, los dos sirvieron con devoción al gobierno cubano, y ambos fueron descubierto infraganti, cuando menos se lo esperaban.

Si en la primera historia el héroe se jugaba la vida, en la seguida también ocurre otro tanto, lo único que no queda claro es quien será el que se la arranque. Anoche, en una alusión rocambolesca al estado de su propio interprete, el protagonista de lo que de esta nueva película, el famoso Guerrero Cubano, denunciaba el crimen cometido contra el actor que le interpretaba, alguien con el que vine sosteniendo una suerte de diálogo esquizoide, como los sostenía Anthony Perkins con su madre muerta en la película Psicosis. El curiosos intercambio en redes, entre El Guerrero y se creador, índice de la buena salud de la imaginación del segundo, funciona de maravillas para confundir al público; se inició desde que se descubriera el triste papel que le ha tocado jugar Juan Carlos al servicio del estado cubano, Una vez expuesto en su misión, no ha encontrado mejor escudo que referirse a si mismo, tras la imagen del Guerrero con palabras alienadas como esta, donde habla de sí mismo en tercera persona:

“viendo las muchas amenazas de muerte y daños físicos contra la mamá y la niña de juan Carlos todas las ofensas que no cesan mandaba a diario por gente mala han llevado a este artista querido a una situación extrema y su corazón parece que también le quiere jugar una mala pasada esta mañana fue ingresado de urgencia en el Cardiovascular de La Habana por un fuerte dolor en el pecho, sus amigos cercanos estamos aquí, esperando el parte médico porque no, tiene nadie que lo acompañe en este, minuto porque su única familia su mamá, muy viejita y su hija de 11 años están, solas y desesperadas en la casa esto, tiene que parar ya acaben con esas, mentiras y este acoso cruel que están a punto de desgracias una familia.

Y luego seguía despotricando contra quienes “allegadamente”, habían llevado a su alter ego, el personaje del actor cómico Juan Karlos el Gordo a este estado.

Ya todo esto se anticipaba en el video de Facebook en el que El Gordo, interpretándose así mismo lloraba y aseguraba no ser el Guerrero Cubano, culpando de amenazas a él y a su familia, a los youtuberos: Juan Juan, Ultra, Roberto San Martín y Alexander Otaola que como influencers se han hecho eco de esta mentira.

De paso hacía un cuadro clínico de su estado de salud que no veíamos en redes desde los tiempos de los informes del Coco Fariñas sobre sus huelgas. Hay que reconocer que el llanto del hombre llama a la compasión, más cuando hemos le hemos visto en redes actuar con la su hijita. No nos extrañemos pues que en Juan Juan en uno de sus últimos videos evite acusarle de ser el Guerrero, centrándose en su condición de proveedor de drogas. El llanto da la impresión de ser auténtico, como la daba el del asistente del mismo Almeida, delatado por la seguridad del Estado después de usarlo.

Pero en uno y en otro caso los motivos pueden ser diferentes a lo que declaran los afectados, en el primero la traición del Minint, en el segundo la intuición de que una vez descubierto, y convertido en un traste innecesario, los mismos que le usaron puedan prescindir de él o hacerle algo peor. Por otro lado, ya se avizora el fin del relato oficialista, mientras el guerrero sigue dando Guerra, el actor está en el hospital, luego entonces no serían la misma persona. Pero ¿qué pasaría si la gente se convence de que son la misma persona? Desde el punto de vista del Minint lo mejor sería que desaparecieran los dos. Y como ni Otaola, Juan Juan, Ultra, Roberto San Martín y Alexander Otaola, aunque pudieran entrar en Cuba de manera clandestina, no estarían en condiciones, por lo que pesa, de ahorcar al Gordo.

Tendrán que darle “tafia” de otra manera, atacándolo tanto desde las redes hasta se muera como reacción a las ofensas. En este caso la revolución tendría otro mártir y la operación Alex Guerrero, si bien abortada, al menos tendría una salida gloriosa. Por supuesto, por muchos achaques que tenga Juan Carlos, por muchas fotos en los hospitales, se nota que tiene suficientes tablas como para dejarse afectar demasiado por el destape que le han realizado. Su muerte bien pudieras ser simulada y sacarlo de escena mandándole a vivir a una población remota, si es posible donde la gente no tenga cámaras ni internet. Pero si los que le usaron consideran que la alternativa es lago riesgosa o cara. Podrían cargárselo y entonces reconocer que el si era el Guerrero, pero asegurando que siempre había actuado en solitario, es decir si embarrar al MININT por sus golpes bajos contra la youtubería anticomunista.

Entonces sí que Juan Carlos estaría en peligro de dar su vida, como el Che Guevara, es decir más a causa de sus compañeros que de sus enemigos, y que sean aquellos los que se encarguen de que nunca mas pueda salir del a hospital donde enfermo o no han remitido al actor, una última operación de salvar la integridad de su personaje, el último ícono de la Revolución.

 

Dicen que, en el mundo cuántico, el observador influye en el fenómeno, espero que estas observaciones que hemos hecho mi amigo Guerra y Yo, cambien para bien este posible destino final del creador del Guerrero, y al avizorar su trágico destino, este se remita a un mundo paralelos al nuestro.

Es verdad que Juan Carlos ofendió, vejó y sirvió a sus enemigos, haciendo gala de su entrega a servil un régimen despótico, pero ni aún así provocó la muerte de nadie, lo que, si consiguió su antecesor, al menos en este aspectos los comunistas hijos de la revolución son menos despiadados que sus padres, hijos del capitalismo, de todos modos no podemos fiarnos del todo, mientras sigan tutelados por la llamada generación histórica, más dada a la “matadera” que a la tiradera que tanto se estila hoy en día en las redes sociales.

En resumen. El humorista ha usado su talento para el mal, y este le ha jugado una mala pasada cuando queriendo usar su viejo chiste contra el exiliado Eliecer, llamándolo insistentemente Bobo, Tonto y Sonso, “Botonso”, dio más evidencias sobre su relación con el personaje del Guerrero.

Aun así el comediante inspira lástima (lo que no podría permitirse un oficial de la seguridad cubana), todo lo hizo en su condición de siervo, formado por el sistema y preso de sus circunstancias, cadenas que solo hombres muy excepcionales logran romper, y si algo está claro que Juan Carlos no es, es un héroe, ni siquiera del tipo comunista como el hombre de Maisinicú, tengamos piedad, sino por él, por una niña que no tiene culpa de nada, ni de ser hija de quien es, ni de que su padre, pese a su actuación o quizás por ella, sea una víctima más de la gran tragedia cubana.

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