Dos censores y un motivo: apuntalar los dogmas de la pandemia

30 May


Cuando la tormenta pase
Y se amansen los caminos,
y seamos sobrevivientes
de un naufragio colectivo.
Con el corazón lloroso
y el destino bendecido
nos sentiremos dichosos
tan sólo por estar vivos.
Esperanza Poema del cubano Alexis Valdés, inexplicablemente atribuido a Mario Benedetti

Hace unos días detecté que me era imposible actualizar manualmente el sitio de Facebook que utilizo como una de las portadas principales de la revista digital Cuba Nuestra. Sin embargo, los artículos que publicaba en las diferentes secciones seguían apareciendo en el tablón, sin mi intervención directa ya que están conectadas directamente a la red social. Hoy me enterado de que se acabó la fiesta y que los censores “Facebook-kitas”, nunca mejor lo de “quitas”, habían dado otro giro a la tuerca. Fue cuando un colaborador me escribió lo siguiente:

“Gracias por publicar, pero ya son varias veces que Facebook no me permite reenviarlo. Mira lo que me dice:

cubabuestra7eu.wordpress.com

Your post couldn’t be shared, because this link goes against our Community Standards
If you think that this doesn’t go against our Community Standards, let us know.

Lamentándolo mucho le he respondido:

Gracias por decírmelo, no lo sabía, No sé por qué están codificando mis páginas de esa forma, puede ser que por que existe en ella una libertad de expresión mayor de la que soporta dicha comunidad, lo siento.

Afortunadamente aún me queda la opción de compartir videos desde Cuba Nuestra, en You Tube, y desde allí seguiremos dando la batalla de información y opinión, hasta que el implacable censor tapone este acceso a la “Comunidad”. De cualquier modo, quedará a nuestro seguidor una vía rápida para visitar nuestras diferentes secciones en este sitio cuya dirección resulta relativamente fácil de recordar: https://cubanuestrasecciones.wordpress.com/

He de reconocer que el fenómeno no me toma se sorpresa, en primer lugar, porque desde hace tiempo llegue a la conclusión la expresión no solo se censura dentro de los regímenes totalitario, sino fuera de ellos, incluso supere mi convicción de la absoluta libertad de expresión cuando me percaté del dolor e incluso daño material que podrían causar de manera injusta ciertas ideas o informaciones.

Naturalmente eso es una cosa, otra la de que se censure precisamente para facilitar el daño, que de otro modo la critica impediría. Es lo que en mi opinión está ocurriendo con Facebook, y no solo con esta red.

Hace no mucho me percaté de que el mismo fenómeno se había cebado en la revista digital, Cuba encuentro, un medio con el que he colaborado por años y al que no dejaré de agradecer el haber servido de tribuna directa a mis ideas, incluso cuando las enviarse en artículos escritos con rapidez y sin la necesaria revisión con las fallas formales que eso implica. Sin embargo, todo comenzó a cambiar poco a poco, primero prohibiendo algunos de mis comentarios en la sección del lector, luego incrementando la selectividad de mis artículos publicados, hasta llegar al cierre total de la revista hacia mis ideas que evidentemente contrastan con la línea nacionalista en lo cubano, y demócrata en temas norteamericanos sobre los que escriben varios colaboradores de la revista digital.

Y no es que habiendo estado en el lugar del redactor responsable no entienda el derecho que le asista de no publicar de las colaboraciones no solicitadas como las que había enviado, lo que si me extrañaba que el fenómeno ocurriera antaño, como si una mano negra hubiese tirado de la orejas de los encargados de la publicación, algo que me extraña aún más cuando pese al nombre se prefieran dar espacio a comentarios sobre arte internacional en lugar de colaboraciones donde se abordaba directamente temas cubanos. Lo que sí se entiende es que se me impidiera dar mi opinión, incluso sobre esos temas trascendentales, como la puede dar cualquier un navegante, en el espacio dedicado al comentario de los lectores.

Opiniones que por lo demás generaban una rica dialéctica que en muchas ocasiones servían de base y estímulos para artículo de este sitio. La cosa es que de pronto no solo dejaron de verse algunos comentarios, sino que comenzaron a bloquearse todos por principio.

El caso es que últimamente, cada vez que deseaba hacer un aporte a cualquier tema abordado por la publicación cubana, en particular los relacionados con el covid-19, usando mis viejas cuentas de mail o Facebook, como exige disqus, el programa del que se vale Cubaencuentro, para facilitar los comentarios, para poder opinar y sin importar el tipo de opinión o argumento que usara, estas resultan bloqueadas a los pocos días dejándome sin acceso al tablón de los lectores con este mensaje; ”Lo sentimos, no podemos publicar tu comentario porque has sido bloqueado por Cuba encuentro.”

De más está decir que la medida, al igual que ocurre con Facebook, aleja a esta plataforma de sus fines más publicitados.

En el caso de Facebook, como red de vínculos virtuales, cuyo principal objetivo es dar un soporte para compartir contenidos y ampliar las posibilidades de relación social en el de Cuba encuentro como medio para la “colaboración e interacción de la comunidad cubana”, a la cual dada la legislación vigente en mi país de origen sigo perteneciendo en tanto un cubano ni aun adquiriendo otra nacionalidad deja de ser ciudadano de la isla, cuyo estado se sigue considerando tu dueño, ni aunque te naturalices sueco. Lo injusto de la censura es que en este caso resulta doble, si tomo en cuenta mi condición de contribuyente en un país integrante de la Unión Europea como lo es Suecia. Esto significa que los fondos con los que se financia Cubaencuentro, a través de Iniciativa Europea para la Democracia y los Derechos Humanos de la Comunidad Europea, también salen de mi bolsillo.



Por todo lo anterior, es decir dada mi doble condición de ciudadano cubano y europeo, estaría en condiciones y deber de reclamar que se cumplan los objetivos para los que se destina este dinero con que se mantiene Cubaencuentro en la red. Pero no lo haré, pues esto sería personalizar demasiado este desencuentro que, en definitiva, no es nada “personal” en contra mía. Obedece a algo tracendental,  que que va más allá de los criterios editoriales de los responsables de  Cubaencuentro y de Facebook, convertidos en  marionetas de ese orden totalitario que se nos ha venido encima, conocido eufemísticamente como “nueva normalidad”.

El caso es que tanto una humilde publicación como Cubaencuentro, que pretende servir a las voces discordantes cubanas, como la poderosa empresa creada en sus años estudiantiles Mark Zuckerberg y desarrollada hasta convertirla en la social por excelencia en este mundo globalizado, ofreciendo casi todos los servicios que una red social podría ofrecer, están tan sometidas a este inesperado orden mundial que se ha establecido por la vía del pánico, que genera la manipulación estadística de los efectos del covid19.

Lo que es peor es la implementación de un protocolo universal de tratamiento cuestionado desde la ciencia y la ética médica, cuya única función parece ser potenciar la letalidad del celebre coronavirus, hablemos ya del abandono sufrido en sus residencias por los ancianos y otras personas en condiciones de alto riesgo lo mismo frente a la famosa pandemia que ante cualquier gripe pasajera, por no habla del insano bozal, y peor confinamiento, que como la practica demuestra, no ha servido para frenar el contagio, por no hablar del modo en que baja las defensas, biológicas, psicológicas y económicas de los presos domiciliarios.

A falta de cualquier explicación oficial Apuesto a que ha sido hablar de esto, o compartir los criterios que sobre los mismo tienen importantes pensadores, científico y médicos, que se apartan del dogma oficial con la que se justifica la dicta virus universal lo que ha traído sobre mí la mordaza de este par de medios.

Por ahora tienen la de ganar, pero veremos que ocurre si como sueñas Alexis Valdés en su poema, pasa la tormenta y quedamos vivos. Espero que no nos quedemos de brazos cruzados,  y que, ser tan compasivos como Valdés sugiere en una de sus versos,  vayamos verdad en mano en busca de los responsables de que tantos ya no estén vivo.

Qué, tras esta guerra desalmada,  contra gente desarmada, organicemos muevo juicio de Núremberg, en el que rindan cuenta, los políticos, funcionarios,  verdugos de bata blanca y por supuesto sus colaboracionistas;  los  editores y censores que desde los medios y redes sociales se empeñaron en desviar la atención de lo que pasaba, al tiempo que  acallaban a quienes denunciamos tanto las paranoias como el genocidio real encubierto por el  tratamiento “informativo” tendenciosa del famoso coronavirus.

PS: He descubieron un truco que me está permitiendo hacer llegar algunos enlaces al sitio, pese al congelamiento que mantienen los censores de mi acceso a su administración, veremos cuanto dura este juego del ratón y el gato.

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