Lo que de verdad molesta del enfrentamiento sueco al coronavirus

21 May

Supongo que sea a Eira, diosa Nórdica de la sanación, a quien debo agradecer el no haber tenido que pasar lo que buen amigo, radicado en Lombardía, quien de la noche a la mañana vio desaparecer toda trama de la libertad y respeto a los derechos humanos, de la que tanto alardea el mundo occidental, para establecer de la noche a la maña un régimen totalitario, que por momentos dejó corto al cubano.

No es que las tenga todas consigo con el modelo sueco, que nunca me ha segado, incluso cuando reconozco sus ventajas con respecto a otros países, en lo que se refiere a ingresos del ciudadano, acceso a la información, seguridad social etc. Por ejemplo, me aturden las alusiones permanentes a las medidas de distanciamiento que se da en los medios de transporte, que te hacen sentir en una suerte de distopía bajo adoctrinamiento permanente, algo que está generando una suerte de sociofobia cuyas consecuencias futuras me parece muy peligrosa, y que ya se observa incluso entre quienes como vendedores, dependientes y bibliotecarios trabajan con el público.

Peor aún es que pueda ser verdad el modo en que se está comportando el servicio médico, posponiendo por tiempo indefinido chequeos y consultas médicas ya acodadas con el paciente, no tanto por el abarrotamiento de un hospital dado, sino porque cierta autoridad lo haya declarado, lo cual significa cuando menos un duro golpe al tratamiento preventivo de las enfermedades, con todo lo que esto significa para la salud en general, esto por no dar crédito a lo que me han contado y no podido verificar de que los enfermos del coronavirus, en lugar de ser apartados, son distribuidos en todas las salas de los hospitales, de modo tal que se estos se conviertes en focos de infección tanto para el resto de los pacientes.

Como del personal médico. Esto por no tomar en serio la infidencia que me hizo un amigo, según el cual una vecina camillera le había confesado que había recibido instrucciones para recoger a los ancianos contagiados, algo que por otro lado explicaría el alto índice de muertos que se ha dado en los asilos del país.

En cualquier caso, todo esto y más ocurre, o podría estar ocurriendo en los países que obedecen las instrucciones dadas al mundo por la Organización Mundial de la Salud, comandada por el eritreano Tedros Adhanom.

Se trata de un biólogo eritreano, formado en la universidad Universidad de Asmara y cuya formación continuó en ese centro promotor de políticas maltusianas que es Inglaterra, concretamente en la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y en la Universidad de Nottingham donde hizo un doctorado sobre los efectos de las represas en la transmisión de Malaria en el norte de Etiopía.

Fue en 2016, que el gobierno etíope encabezado por Haile Mariam Desalegne, avalado por la Unión Africana lo propuso como candidato a liderar la Organización Mundial de la Salud, sin importar las acusaciones contra Adhanom de ocultar epidemias de cólera durante su mandato como ministro de Salud, así como su vieja membresía en el maoísta Frente de Liberación Popular de Tigray (Eritrea).

No me extraña pues que desde este poderoso órgano al servicio del nuevo orden mundial, se haya podido persuadir a las autoridades sanitarias de diferentes países para que establezcan modelo donde a la vez que los médicos se comporta como los robots de la novela Sol desnudo, capaces de matar sin quererlo no saberlo, que trata al ciudadano que infrinja el confinamiento con el mismo respeto con el que las guardias rojas trataban a los disidentes en la China de los sesenta.

Un mal que como sabemos, se extendió tanto como el virus al resto de los territorios de Europa y América, con las raras excepciones, de Nicaragua y Uruguay. El apoyo mediático a la implementación de método chino de combate al corona virus, solo tiene parangón en la prensa china respaldándolo para su territorio.

Un buen ejemplo de este alineamiento nos lo da ese supuesto espacio para la disidencia que cubana es la revista digital Cuba encuentro. Donde no aparece nada que se aparte de la línea establecida, si en cambio las posiciones ultramontanas de defensa de la represión viral. Un buen ejemplo lo tenemos en el artículo

Hacerse el sueco

, donde desde Miami Waldo Acebo Meireles, se pregunta retóricamente si es la sueca una opción adecuada para terminar tronando contra ella, augurando una catástrofe demográfica y humanitaria.

Es verdad que las estadísticas suecas sobre enfermos y fallecidos en relación con la población no son de las mejores. Actualicemos los datos suecos. Casos confirmados 31.523+ 238 Curados 4971, Fallecidos 3831+ 88. Ciertamente no es poco, pero si se tiene en cuenta que se trata de un país, de baja natalidad y con una población muy avejentada y por tanto con un altísimo sector poblacional en situación de alto riesgo, es también natural que haya una gran cantidad de fallecimiento en relación a los curados.

Lo cierto es que con un promedio de 6.25 muertes en covid-19 por millón de habitantes Suecia ocupa en primer puesto de muertos per cápita seguida del Reino con un promedio de 5,75 muertes por millón de habitantes por día durante el mismo período de siete días. Aunque existe un debate sobre el asunto, Por un lado, tenemos al epidemiólogo estatal Anders Tegnell señalando que las muertes por el virus de la corona que se miden de varias maneras alrededor de la tierra, lo significa que la situación en Suecia puede parecer peor de lo que es en realidad cuando se le compara con otros países. Por ejemplo, muchos estados solo reportan las muertes relacionadas con el covid19 en hospitales, no en hogares de ancianos, lo que Suecia si hace, demostrando que, si la meta era reducir la población sobrante, por el lado de los pensionados, la cosa se puede conseguir incluso dando datos fiables y con un mínimo de pánico social. En lo que si hay concierto es que, con su mínimo de restricciones, el país sirve ya como modelo de la “nueva normalidad” con el respaldo total de la OMS.

Lo que en realidad molesta a los que ha aceptado sin chistar el confinamiento, no es el desastre que espera a Suecia, sino que existiendo alternativas se les hay impuesto usando la policía restricciones que violan los derechos más elementales.

Podrán consolarse con los muertos que declara Suecia, mientras que otros países como la encerrada España, ocultan parte de los suyos. Pero tienen que callar frente al caso de Uruguay, uno de los tres países que mejor han enfrentado al virus, siguiendo la senda alternativa, de salvar la economía, que es también una manera de salvar vidas, el que lo dude que les pregunte a los cubanos que fallecieron por efecto del empeoramiento económico de su país durante el llamado Período Especial.

Uruguay demostró que no se necesita encarcelar a la población en casa para aplanar la curva de contagios está aplanada, hasta el pasado martes se habían declarado 738 casos con unos 20 fallecidos y 579 recuperados de covid-19 para un país de3,4 millones de habitantes hay que reconocer que allí la letalidad de la enfermedad es baja.

Este debería ser nuestro modelo. En realidad, no existe correlación entre confinamiento y disminución de los fallecimientos, ya que estos al final en tienen lugar en los hospitales en proporciones similares, lo mismo en países bajo confinamiento que sin este. Es allí, en el hospital donde radica desde el principio el problema, ya no solo por el mal empleo de los ventiladores, sino porque de hecho, los protocolos diseñados por la Organización Mundial de la Salud atan las manos de los médicos a la hora de frenar la extensión y efecto de la pandemia, primero al no prescribir antivirales, que son los que reducen la capacidad de contagio, segundo cuando no trata como es debido la inflamación generada por el virus que es la que a la larga mata, esto lo explica muy bien, la doctora salvadoreña María Barrientos, gloria de nuestra ciencia:

En su nota Acebo Meireles, ataca, como era de esperar en un zombie -así es como se le llama a los creyentes de la religión oficial del coronavirus- a los grupos ciudadano que proponen una solución similar a la sueca. En general son estos grupos, más que el modelo sueco en que podría respaldarse los que se han convertido, no solo en objetivo de las fuerzas de seguridad de sus propios países, sino también de los medos de Comunicación, salvo alguno que otro alternativo y secundario, lo cual no es caso de Encuentro.

La línea es una y hasta las redes sociales se suman a ella. Se usa como argumento una falsa lealtad a la ciencia cuando es precisamente la ciencia la primera que está siendo coaccionada, cuando se hace callar a un sector de esta, como los mismos recursos que los que se aplicaron a Galileo Galilei.

Algo que por otra parte no ha de tomarnos por sorpresa, sobretodo en ese campo del saber aplicado a la práctica que es la medicina, donde el humanismo que debe caracterizar al médico ha ido cediendo poco a poco hasta hacer prácticamente inviable el respeto del médico hacia el juramento hipocrático. Se trata de un código ético que por casi 2 mil años reguló la medicina pagana, cristiana y musulmana. Este juramento atribuido al médico griego Hipócrates adoptó su forma definitiva de la mano de Galeno, un compatriota y colega del anterior que ejercía su oficio en la Roma imperial en el siglo II.

A menudo nos enteraos, gracias a las redes sociales, más que a la prensa, lo que pasa en los hospitales del mundo, donde unos profesionales de la vida, que de pronto devienen en verdugos con absoluta impunidad, por eso mucho cuidado con aplaudir al personal de salud como ordenan los gobiernos, que puede que no lo estemos haciendo a un ángel, sino a un demonio. Guardemos los vítores solo para aquellos héroes de bata blanca que sin miedo a perder su empleo, objetan desde la conciencia cumplir con terapias que matan y nos dicen, valientemente, lo que está pasando.

Esto ocurre desde hace años, por ejemplo, con practica el aborto, en casos donde era innecesario para salvar la vida de la madre. Y que decir con la implementación de la eutanasia, con la complicidad, vario excepciones, de los galenos de nuestros días, es como si olvidaran aquello que un día juraron: “Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia. No accederé a pretensiones que busquen la administración de venenos, pesarios abortivos ni sugeriré a nadie cosa semejante.”

Al menos a los medico cubanos les confeccionaron un código ad hoc. Recordemos que si alguna vez ya existió, no existe hoy aquella relación médico paciente regulada por el juramento hipocrático, que hay mediadores terribles, por un lados las farmacéuticas con toda su capacidad seductora, por otro lado las aseguradoras, que sean publicas privadas, parecen más motivadas por ahorrar el capital que un día confiadamente colocamos en sus manos, que en velar por la salud, y por si fuera poco los políticos que aunque se suponga están comprometidos con nosotros en realidad obedecen a políticas de Estado, un organismo vivo tiene sus propios intereses, que no son necesariamente los mismos que este pequeño virus benigno que es el ciudadano.

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