De cuando los ingleses vendían a sus esposas

26 Abr

Vendiendo una esposa (1812–14), por Thomas Rowlandson.

El arte de vender tu mujer

Se habla de la modernidad y avanzado de mundo protestante, pero no de que en Inglaterra por ejemplo usted podía deshacerse de una esposa incómoda vendiéndola al mejor postor hasta mediados del siglo XX. De ello me entero gracias al artículo “Los hombres vendieron a sus esposas como ganado” , que me llega por vida digital dentro del boletín de la revista sueca Historia Popular. La cosa es que por lo que cuenta la publicación, el divorcio era tan costoso para la gente común en la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX que los hombres eligieron una solución diferente: ponerle una soga alrededor del cuello de su esposa y llevarla como una chiva al mercado.

Mi pregunta sería quien estaba dispuesto a comprar aquel producto humano que siendo ya de segunda mane había mostrado su inutilidad en el primer hogar donde había estado.

No es que las ventas de esposas fuera cosa de todos los días, pero sí que, hasta mediados del siglo XIX, los cónyuges eligieran esta opción cuando querían separarse.

Las reglas eran simples: El hombre ponía una cuerda alrededor del cuello de su esposa y la llevaba a un mercado o al pub local. Allí anunció que quería vender a su esposa, asegurando que ella accedió a ello, supongo que para que el comprador no se llevase una mujer enamorada del marido que la vendió.

Aquí se nos habla del ejemplo del anuncio dado un día de 1832, en el mercado local de la ciudad de Carlisle, informando que al mediodía el granjero Joseph Thompson vendería a su esposa Mary Ann Thompson de 22 años, por la edad no estaba mal la verdad.

Ocurría que después de tres años de matrimonio, los cónyuges aún no habían tenido hijos, y por lo visto no es que fueran muy aficionados el uno al otro.

Al mediodía, un gran grupo de hombres se reunieron alrededor de la joven, subida a una silla con una soga alrededor del cuello, en una escena que recuerda mucho la venta de esclavos, que casualidad en la patria del abolicionismo. Y tenemos que entonces el granjero comenzó su discurso diciendo lo siguiente: Señores, aquí tienen a mi esposa, Mary Ann Thompson, nacida Williamson, a quien quiero vender al mejor postor, agregando entre otras linduras que la había tomado por su propio bien, pero se había convertido en su torturadora, que pasaba de la risa al llanto en lo que uno se bebía un vaso de cerveza. Aunque no todo era malo, la esposa en venta era capaz de hacer mantequilla y regañar a la criada y agregaba: Es tanto de ella como mío, el deseo que nos separamos para siempre. Qué forma más “delicada” de deshacerse de la mujer.

Por lo visto no es que el granjero Joseph Thompson, fuese un gran vendedor, más parece, por lo que decía de su producto, que intentaba un acto de caridad, es decir que le libraran de aquel tormento, que de hacer una transacción comercial. Al final lo consiguió, vendió a la esposa Mary Ann por sólo 20 chelines, es decir una libra esterlina, en el mercado en Carlisle.

Por lo visto esta no era la norma, cuando una mujer iba a ser vendida, el marido hacía hincapié en su belleza física o en su capacidad para trabajar duro, pero el afán de vender a veces hizo que el vendedor mejorara un poco la imagen, como las agencia publicitarias de hoy en días, que nos venden mercancías que tienen sus trapas, así le ocurrió a un comprador de esposas inglés que intentó deshacer el contrato, al descubrir que había comprado una esposa presuntamente embarazada, que en realidad no lo estaba. Sabrá Dios para que el hombre quisiese cargar con el hijo de otro, o si de lo que se trataba era de demostrar la capacidad reproductiva de la mujer comprada.

El caso es que la costumbre durará hasta 1857, cuando el Parlamento británico aprobó la nueva ley de divorcio. Hasta aquel momento era prácticamente imposible que los británicos ordinarios se divorciaran.

Casualmente fue aquel el mismo año en que al otro lado del canal de la mancha Gustave Flaubert, publica como libro Madame Bovary, auténtica critica al matrimonio tal como era concebido hasta mediados del siglo XIX en Europa y sobretodo legitimación del adulterio.

Se trata del folletín por entregas que desde el 1 de octubre de 1856 hasta el 15 de diciembre del mismo año; había estado publicando La Revue de Paris. Se trata de una novela en que se justifica el adulterio y que resultó escandalosa para su tiempo.

Ciertamente en la Francia revolucionaria de 1792 se estableció por decreto el divorcio por mutuo acuerdo y «por simple incompatibilidad de humor». Sin embargo, tras restauración de post napoleónica que rescata los valores católicos desaparecería el divorcio, hasta el año 1884, con «la ley Naquet»,

Volviendo a la Inglaterra de 1857, hasta aquel año el divorcio sólo podía tener lugar con la aprobación del parlamento, y el procedimiento costaba tanto que era prácticamente imposible para la mayoría de los residentes pagar lo por ello, es por ello, que las ventas de esposas fueran consideradas amen de la doble moral que ellas implicaban una alternativa al divorcio, se trataba en verdad una costumbre practicada por los británicos desde el siglo XI.

Por lo que describe Historia popular, aunque se trataba de una práctica común, no es que fuese tolerada del todo desde el punto de vista legal e incluso moral. Precisamente, del primer intento documentado, que tuvo lugar en 1532, tenemos constancia gracias a que el hombre fue declarado culpable de intentar vender a su esposa. Y si los historiadores conocieron de numerosos casos en los 350 años posteriores fue gracias a los registros judiciales y artículos periodísticos, que se complacían en destacar con tales prácticas la “escandalosa” vida de la clase baja.

De acuerdo con el artículo el periodo de máxima extensión del fenómeno sería entre 1780 y 1850, cuando, según la revista sueca, los historiadores encontraron evidencia de casi 300 ventas. Yo que soy aficionado a la historia, no asocio automáticamente la mayor cantidad de evidencias de un fenómeno con la extensión de este y me pregunto si no será por la injerencia más agudizada del estado en la sociedad, propia del modelo liberal expandido por Inglaterra al mundo, o quizás por cercanía de la época a nuestro tiempo que tales compraventas dejasen más huellas que en otros tiempos.

El negocio continuó

Por cierto, el negocio no desapareció del todo en el siglo XIX. De acuerdo con la entrada que le dedica la Wikipedia al asunto; la venta de esposas se mantuvo en Inglaterra hasta principios del siglo XX y cita los testimonios del jurista e historiador James Bryce, quien escribió en 1901, que las ventas de esposas todavía se realizaban de manera ocasionalmente. Uno de los últimos casos, según la enciclopedia digital, será el de una mujer que testificó en un tribunal de policía de Leeds en 1913 afirma que había sido vendida a uno de los compañeros de trabajo de su esposo por un libra O sea el mismo precio de la venta de la señora Mary Ann ochenta años antes.

Ya sabemos que a Wikipedia hay que tomarla con pinzas sobre todo en lo que se trata del mundo anglosajón para el que funciona como una autentica agencia de propaganda. ¿Podrían sus editores garantizarnos que desde entonces no se han dado nuevas ventas de esposas, aunque sean como menos aspavientos como el de llevarlas de una cuerda al mercado o por menos tiempo? ¿Acaso resulta inverosímil la historia que nos cuenta en la película La película Indecent proposal (Propuesta indecente)?

Se trata de una ambientada en Estados Unidos, pero que también podría tener lugar Inglaterra, por la que se armó gran revuelo social armó en su momento al plantear la cuestión de si ¿permitiría un marido que su mujer se acostara con otro a cambio de un millón de dólares?.

La pregunta parece tener fácil respuesta sobre todo cuando los personajes protagonistas son una pareja de yuppies – Demi Moore y Woody Harrelson – es decir adictos a la producción de dinero – tentados en plena ruina por un carismático multimillonario (Robert Redford) dispuesto a dar mucho más que una libra esterlina, un millón de dólares a cambio de una sola noche de amor con la esposa. Seguro que la historia no solo es irreal, sino más bien probable y eso Wikipedia debería saberlo.

Religión y matrimonio

Según el artículo El divorcio en Europa, una conquista de la democracia y del espíritu laico, publicado por Reyes Mate el 12 de febrero de 1981 en EL País, cuando aquél era un periódico respetable, la ley inglesa de 1857 que permitía divorciarse por escrito, sin necesidad de comparecer en juicio, siempre que hubiera acuerdo entre las partes.

En Inglaterra, la Iglesia anglicana tomó cartas en el asunto cuando, en 1969, se quiso revisar la ley de 1857, en un supuesto intento de defender la institución familiar, lo que no impidió que aceptara la fórmula de que para divorciarse bastaba el «rompimiento irreparable del matrimonio». Se exculpaba “la culpa” valga la redundancia, como causa de divorcio, y a lo que se dedicaba el juez era a valorar la situación material del cónyuge y de los hijos.

En el artículo del país se valoraba las distintas persecuciones que por aquel entonces tenían las diferentes variantes del cristianismo sobre el Matrimonio y su disolución.
Así se recordaban que los protestantes, por ejemplo, no consideran al matrimonio como sacramento, sino un «asunto de la ordenación civil y del estadio cultural en que se produce dicha ordenación» y que, si bien esto aceptan que el matrimonio es tendencialmente indisoluble, lo cuestionaban cuando el amor ha sido sustituido por la aversión y la comunión por la división.

Igualmente se traía a colación el caso de la Iglesia ortodoxa, la cual incluso desde antes del cisma con la Iglesia de Roma, había practicado el divorcio vincular, y no sólo por causa de repudio. En eso me recuerda mucho a los en eso me recuerdan un poco a los musulmanes, que si alguna influencia cristiana tuvo en sus orígenes esta resultaría del esta mima rama cristiana.

En referencia al catolicismo, El país hablaba ya de la postura compleja y zigzagueante de la Iglesia católica, algo se agudiza bajo el Papado de Francisco.

Aquí se señala que hasta el siglo VII no existía otro matrimonio que el civil y que hasta el siglo XII, aquel no gozó de la consideración oficial de sacramento.

Será en el concilio de Trento, cuando se le define como disciplina eclesiástica, la indisolubilidad intrínseca del matrimonio rato y consumado, es decir que un matrimonio-sacramento, con coito incluido, no puede ser disuelto por mera voluntad de los cónyuges (indisolubilidad intrínseca), aunque en lo que se refiere al poder de disolución del mismo por parte de la sociedad (disolubilidad extrínseca), la Iglesia establecieses excepciones: la separación, la anulación, la dispensa y los privilegios: en nombre del privilegio paulino, el Papa disuelve un matrimonio naturalmente válido si uno de los cónyuges decide convertirse a la religión católica y después pide la dispensa para volverse a casar.

Así mismo se habla de los intentos de Roma para reunificarse con los ortodoxos manteniendo su doctrina de indisolubilidad del matrimonio, algo que no se consiguió por ejemplo en el caso de los uniatas rumanos, cuya tradición divorcista permaneció por siglos.

Matrimonio y prostitución

Al margen de cualquier enfoque que religiosos sobre matrimonio y su disolución hemos de reconocer la aberración moral que significa la venta de esposa en aquella Inglaterra decimonónica . Y no es que el matrimonio sin venta no sirviera para encubrir otro tipo de prostitución, cosa que si bien no siempre,  ocurría y ocurre aún en nuestros días.

No hace falta comprar el paquete entero de marxismo para concederle cierta razón al financiero de Marx y usador (hoy llamarían le acosador) sexual de sus obreras Friedrich Engels, cuando afirmaba que el matrimonio es una prostitución de por vida y, encima, sin contraprestación económica, lo cual tiene sentido en determinados casos, de mujeres casadas contra su voluntad o contra el repudio al marido.

Ciertamente el matrimonio es una construcción social, ordenado por el estado o al comunidad, cuyo objetivo principal es reproducir al ser humano, en ciertos casos es perfectamente asimilable al funcionamiento lo mismo de una empresa privada que a un burdel, pero en otros bien pudiera ser el modelo de la aquella sociedad socialistas preconizada por los mismos marxistas, en la que a cada cual daba según su capacidad y a cada cual según su necesidad, aquel proveyendo lo necesario para la existencia, de todos, aquella concentrándose en la compleja actividad doméstica, incluida la educación de los hijos y estos contribuyendo en lo posible a las diversas tareas del hogar hasta suplantar a sus padres en la medida que la vida les retirara de ellas, todo bajo un principio de lealtad nacida del amor y el convencimiento, no de la coherción, la necesidad o el miedo.

Naturalmente, cuando esta relación no existe, al punto que se pueda arrendar o vender cuasi abiertamente a uno de los miembros se pone en evidencia el tenue hilo que separa, metalización mediante, cierta forma de matrimonio de la prostitución.

Y hay que reconocer que no es solo un pecado del mundo protestante, por ejemplo, en la España católica, descrita durante el llamado Siglo de Oro de sus letras por la novela picaresca, en la que había maridos que aceptaban una y más Propuestas indecentes, haciendo la vista gorda a cambio de jugosos y a veces no tantos dividendo. Asi lo vemos en La vida del Lazarillo de Tormes aquien no bastándole con ser hijo de una madre de sospechosa reputación compartirá alegremente su esposa con un arcipreste. Pero esto de dejarse cornamentar no siempre es un acto de picardía, a veces tienen el signo trágico del matrimonio actuale donde el hombre ha quedado invalido y dependiente de una mujer que a cambio de cuidarlo exige libertad sexual que el otro no puede negarle.

Otro caso es el que ocurre en el mundo musulmán chií, el caso del matrimonio temporal o sigheh, utilizado por los iraníes para dar validez legal a sus relaciones extramatrimoniales o con mujeres que de hecho funcionan como prostitutas. En todos los casos mencionados las mueres no se compartan ni mejor ni peor que aquella esposa, que de buena voluntad y pesar de lo peleona se dejó vender por su marido en el mercado un día de 1832, en Carlisle, Inglaterra.

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