Cuán sacrílegos fueron Los Clandestinos (I)

29 Feb

Ya casi nadie se acuerda de ellos, pero hace un mes apenas hablaban de otra cosa quienes en las redes lideran el anticastrismo. Incluso una publicación tan seria dentro de la diáspora cubana como o en Cuba encuentro le dedicó buenos espacios, veamos algunas muestras:

…Lo más grave de lo sucedido con los bustos de José Martí no es el acto en sí, sino lo simbólico del desatino: la mayoría de los jóvenes cubanos desconocen el Apóstol verdadero, y lo vinculan al desastre, a la falta de una vida feliz y con esperanzas. Ante la ausencia de bustos y estatuas del Difunto, el verdadero culpable, quien como sabia y premonitoriamente había dejado claro en su testamento que no los quería, los “Clandestinos” la emprendieron con el menos responsable, José Martí. Esa es quizás la lectura más alarmante y triste de todo este penoso episodio….. ¿Alguien puede creer que el Apóstol hubiera conducido a un grupo de jóvenes a esa carnicería sin que lo supieran hasta unos minutos antes? No fue el Difunto el primero en autotitularse heredero del legado martiano; en toda la ordalía republicana no hubo un solo presidente que no se considerara el más “martiano” y “revolucionario”. Pero ninguno tuvo un poder tan absoluto ni tiempo suficiente como para construir en la mente de sus conciudadanos el paralelismo entre él y el mártir de Dos Ríos. Esa ventaja solo la ha tenido quien sobrevivió lo suficiente para hacerlo pedestal…Es lógico que tras muchos años de adoctrinamiento y el fracaso rotundo del castrismo en todos los órdenes, las generaciones más jóvenes la “cojan” con Martí. Y no porque este sea impoluto de errores humanos y políticos. Como afirmaba un ensayista e historiador cubano —no orgánico, fertilizado con el mejor abono capitalista—, algún día tendremos que hacer una crítica objetiva, desapasionada de nuestro héroe nacional si queremos tener una república democrática, moderna, no una dictadura patriarcal. Los jóvenes cubanos en general no pueden saber que no hay ninguna semejanza entre el Difunto y José Martí, ni en sus historias personales, el físico, la ideología de ambos, sus espiritualidades….
Clandestinamente disgustados y equivocados, Francisco Almagro Domínguez, Miami | 13/01/2020

” La madrugada del primero de enero, dos comemierdas enrumbaron por un tramo vial de La Habana con más cámaras de seguridad que cámaras en el inventario del ICRT y del ICAIC juntos para embarrar con sangre de cerdo bustos de Martí y vallas del DOR o como se llame. El G-2 supo de antemano que detrás de estos hechos no estaba la CIA y a la postre cayeron en el jamo los embarradores Panter Rodríguez y Yoel Prieto, así como Guillermo Mendoza y Jorge Ernesto Pérez, implicados en tomar imágenes y transmitirlas.

Además del canto de los embarradores en chirona, el instructor policial Francisco Estrada aplicó la regla follow the money. Pidió informe a FINCIMEX, sociedad “privada” cubiche constituida en Panamá y administradora monopólica de las remesas a Cuba, para averiguar bien por dónde le entraba el agua al coco. Salieron a relucir los remitentes de plata a los detenidos y allegados suyos. Puesto que los primeros implicaron a Ana Olema Hernández, residente en Miami, como enlace y pagadora, cabe desmentirlos con certificación de Western Union de que ni ella ni nadie allegado a ella envió jamás dinero a esos comemierdas.”

Clandestinos y su asalto al poder simbólico, Arnaldo M. Fernández, Broward | 03/02/2020

Hace muchos años escuché entre asombrado y desconcertado a un buen amigo, declarando en público que ya debíamos desembarazarnos de Martí y dejarlo por fin dormir en paz el sueño de los justos. Con el tiempo he ido asimilando aquella idea, y hoy le reconozco que tenía toda la razón. Quizá la precoz audacia de la declaración me turbó, y a la larga ese movimiento telúrico interno provocó una sana reflexión ajustadora.

Pero probablemente algo de eso también estaba en la intención, consciente o no, de los iconoclastas “Clandestinos”…Insisto: “Martí”, como la célebre pipa de Magritte, que tanto ocupó por su paradoja al mismo Michel Foucault, NO es Martí: es sólo su imagen manipulada y nada más. Ceci n’est pas Martí, aunque la mirada, víctima de un trompe-l’oeil, de un hábil trampantojo, nos indique algo distinto, pero esto es un asunto no de la vista, sino de la memoria y la conciencia.

No hay que equivocarse ni andarse por las ramas: al manchar de rojo unos bustos espantosos, realmente horribles, sólo han hecho un acto de ajuste estético y político por encima del referente. El ataque que involucra es en realidad al que convirtió esos bustos en una vacía repetición infinita e inocua, a quien lo utilizó como señuelo para disfrazar su hambre de poder y de gloria, y a ese y sus herederos va dirigida la marejada roja.

Martí y Magritte, Alejandro González Acosta, Ciudad de México | 13/02/2020

De alguna manera vemos arriba tres visiones bien diferenciadas, la de quien se indigna por el sacrilegio, la del que lo hace por la torpeza y la del que le resta importancia interpretando el atentado como una simple transgresión usando como materia la simbología oficial a la que, por cierto, las artes nos tienen acostumbrados en Cuba desde hace unos cuarenta años.

Sin dejar de reconocer los grados de verdad que se encierran en cada texto. Tengo mi propia opinión sobre lo que significó Clandestinos, aquí las adelanto antes de que nos los borre de la memoria, el tiempo y sobre todo la inconveniencia de lo que hicieron.

Una serie española y una película cubana como inspiración gráfica

Nunca imaginé, por más lecturas que le hiciese a La Casa de Papel, tan enfocada en demoler un estado de corte liberal como el español,  que este material audiovisual, terminaría inspirando a lo que parece ser un fenómeno de reacción a un estado de corte comunista como es el cubano.

 

Por suerte no se trató de repetir la acción violenta fundacional del régimen actual. Los llamados Clandestinos, como ya sabemos, se limitaron a mancillar con sangre de cerdo los bustos de José Martí y hacer circular imágenes en la que se mezclaban la foto de un personaje disfrazado como los resistentes de La Casa de papel como el mono de faena rojo,  con una careta del Salvador Dalí -quien pesar de su vanguardia,e fue un pintor muy allegado al nacionalcatolicismo y por tanto a la dictadura Franquista- con la imagen la imagen de los protagonistas de una película mediocre cubana llamada Clandestinos.  Se trata de un filme que idealiza la lucha armada contra la dictadura de Batista.

De alguna manera el pastiche intentaba sincretizar héroes del presente, adorado por cuanto joven en el mundo tiene algún tipo de acceso a Netflix, con héroes del pasado creado por la propia revolución y que a duras penas conocen o reconocen los cubanos.

El arte de pelearse con los tres bandos

Esta resistencia criolla resulta interesante por lo ambigua. Elige como estrategia mancillar una figura que reivindican como suya, tanto para el exilio cubano en Estados Unidos como para el gobierno isleño al que el primero se opone.

Se ha creado la paradoja de que si uno de estos dos sectores, el anticastrismo o el castrismo, arremete contra el icono en cuestión, la opinión pública en general terminará rechazando al grupo que la atacó.

Es por ello por lo que no se hizo esperar la crítica casi coincidente, pero desde ambos lados de la trinchera, contra Clandestino, así sus miembros, se vieron zaheridos, lo mismo de la oposición que de la dictadura.

Es más si para algo sirvió clandestino es para escudar a un sector de la intelectualidad cubana cada vez más crítico de su sociedad que no acepta el cartel de contrarrevolucionario. Tal sería el caso por ejemplo,  del actor Luis Alberto García, cuyo rostro de su época juvenil, junto a la de su colega, Isabel Santos, los dos protagonistas de la película referida,  ha sido “expropiado” por el movimiento subversivo,  algo que el artista ha criticado severamente en las redes. Otro caso sería el de un realizador que suele colaborar con García, el irreverente  Eduardo del Llano,  los mas comendidos redactores de Joven Cuba, todos críticos de los sacrilegos Clandestinos.

Nada como señalar a un crítico extremo, para quitarse el cartelito de hipercrítico, que se le da en Cuba a quienes no se identifica en un 100 por ciento ni con el exilio, ni con el gobierno, así pues si algo bueno trajo Clandestino es haberle permitido a la neodisidencia mostrar su lealtad al sistema socialista, más que su gobierno.

Continuará…

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