Lo que dijo Mario Bunge La Habana. A propósito de su fallecimiento.

27 Feb

Me he enterado este miércoles 26 de febrero (casualmente día de mi cumpleaños) de 2020 que falleció el argentino Mario Bunge. Ha sido,dos días antes, el 24   en Montreal Canadá, país en el que radicó por décadas. Murió estando ya cerca de los 101 años, se había jubilado a la “temprana edad” de los noventa. Se trata una de las eminencias hispanoamericanas de la filosofía, la epistemología y las ciencias. Todos haríamos bien en leer al difunto profesor como antídoto contra los tiempos de falacias ideológica, pseudociencia y machacamiento político, administrativo y económico. del saber verdadero que nos ha tocado vivir.

El pensador “vivió en mi casa” durante décadas, a través de uno de sus libros, La investigación científica: su estrategia y su filosofía, editado en Cuba en 1972 en los estertores de la libertad regulada de impresión, sin respeto al derecho de autor (no se si su caso fuese la excepción), que se permitió la Editorial de Ciencias Sociales, del Instituto Cubano del Libro.

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Según el mismo Bunge ha afirmado para la Nación, en nota publicada en noviembre de 2019. Se marchó de Argentina porque nunca entendió al peronismo que atacaba a los universitarios y a las universidades, fenómen con el filósofo se enfrentó aquello, tuvo que haberle dolido en especial, cuando sabemos que en 1938, con 19 años,había fundado la Universidad Obrera Argentina, en la que trabajadores recibían formación técnica y sindical bajo el acoso policial permanente. Esta universidad duró hasta 1943 cando fue cerrada tras ser allanada por la policía.

Nuestro filósofo como el mismo de califica fue gorila, es decir partidario de un golpe militar algo que ha confesado con toda vergüenza. Así mismo ha reconocido que fue miembro de La Federación Juvenil Comunista de la Argentina la organización juvenil del Partido Comunista de ese país, sin embargo, pronto se dio cuenta de que los comunistas no son socialistas, pues el socialismo significa la socialización de todos los poderes: el económico, el político y el cultural. El socialismo implica la democracia y no la dictadura. Bunge proponía un socialismo cooperativista, diferenciado claramente del socialismo soviético. Pese a ello, Buje no tuvo reparos en visitar a Cuba, que se regía por un modelo de este tipo y ofrecer varias conferencias a sus colegas cubanos, algo que es de agradecer.

Y puedo decir que fue por estas disertaciones que me siento afortunado de haberle visto en persona, cuando quebrando las reglas de invitar solo a filósofos marxista, el instituto de filosofía de la academia de ciencias de Cuba, y la cátedra de filosofía de La Universidad de La Habana, le invitaron a dar una cripto conferencia en los locales de la primera institución, en la esquina que conforman las calles Calzada y Jota, en el reparto Habanero del Vedado, frente a la Escuela de Idiomas Extranjeros Abraham Lincoln.

Fue algún momento de la década de los ochenta, me cuesta precisar el año exacto, espero que algún lector, al tanto del acontecimiento, me lo pueda recordar.

Ante un grupo de invitados selectos entre los que si mucho mérito pude colarme Bunge disertó haciendo talco los principios del materialismo dialéctico, sin que ninguna de las eminencias allí presentes se atreviera a rechistar. Su ataque iba en general a todo el pensamiento soviético, diciendo que cuando revisaba las ponencias que le llegaban desde la URSS para los congresos de epistemología que él organizaba, estas eran tan malas las dejaba pasar en bloque ante la alternativa de tener desecharlas todas. Jamás había oído decir tales sacrilegios en una cátedra cubana, y hay del nativo que se atreviera a hacerlo, en mi caso, como joven curioso y en formación que entonces era, no dejé de sacarles provecho.

He de sumar a este recuerdo, la queja permanente del maestro sobre la falta de agua en el hotel de mala muerte donde se alojaba, y sobre todo su frase final: “ustedes han sabido hacer una revolución, pero no saben venderla” y es que, con toda su sapiencia, el filósofo argentino, no se daba cuenta de que ocurría todo lo contrario, habíamos sabido vender al mundo una revolución, que en esencia no se había hecho.

No voy a menoscabar la obra de este admirable pensador, por este error tan humano, solo indicar con ello que hasta el más sabio puede errar en la búsqueda de la verdad.

Es más siempre agradeceré la luz que me ofrecieron aquellas conferencias en medio del ambiente cerrado de la filosofía imperante en la Cuba de entonces, importados como dogmas de una Unión Soviética que en pocos años estallaría sin que ninguna de sus vacas sagradas del pensamiento nos lo advirtiera.

Descanse en paz, profesor

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