Una explicación cervantina del caso Edmundo García

26 Feb

Con la reaparición televisiva y en las redes sociales del talentosos Alexis Valdés, muchos pesaron que el programa de Otaola “moriría en el año de su nacimiento”, pero no fue así, el diablo cojuelo acudió en su ayuda trayéndole como saco de boxeo al resucitado, Edmundo García.

Y ha sido con supuestas infidencias sobre el afamado conductor televisivo, que Otaola ha podido recuperar su estrellato, rearmar un circo que es un verdadero espectáculo, que logra supera a payasos, malabaristas, acróbatas y los hoy prohibidos animales amaestrados juntos: con su sección conocida como “ inmundoleaks”, en la que dramatiza con mucha gracia una serie de “indiscreciones” unas veces aceptadas otras veces negada por la víctima, que resultan tan poco éticas y en algunos casos creíbles como divertidas.

Por su parte el viejo conductor de la gran escena, martillo radial del exilio histórico, no se ha quedado de brazos cruzados, ha concedido una entrevista a la periodista Camila Mendosa, de Ciber Cuba quien se apareció en el lugar donde vivía acompañada, de un camarógrafo despiadado, dueto que de neutral y objetivo lo asesinó ante su público sin dejar pistas.

Este es el mejor acto de justicia que se le podría hacer al hábil propagandista, pero para eso se requiere de auténticos periodistas, que no es lo que abunda en nuestra dispersa cubanía.

Eso explica, y no solo ahora que cuando se trata de entrevistas a Edmundo García muchos evadan la pelea. No importa que sea la oportunidad de enfrentar lo mejorcito, retóricamente hablando, con lo que todavía cuenta el régimen cubano, para argumentar en su defensa.

Y así sigue siendo, con el paso del tiempo y sobre todo el retiro de muchos de los poderosos que desde Cuba protegieron a un Edmundo que poco a poco fue cayendo en desgracia, al punto de que, una vez regresado a Cuba, no hubo una Gran Escena que le esperara.

Por lo visto el conductor ya no es santo de devoción de nomenclatura raulista, que echa mano al Fidelismo como medio de legitimación pero que no gusta de este cuando brotando del corazón como le ocurre a García. Esto podría explicar la sensación que muchos tienen de que Edmundo fue enviado a Miami, no para convertirse en el enterrador de Alex Otaola, como el asegura, sino para recibir el tiro de gracia moral por parte de quien el mismo pretende sepultar.

Aunque muchos no lo digan en el exilio, más por miedo que por convicción, vencer a Edmundo García en un estudio o en un dialogo directo, si se puede, no es ayudar a hacer propaganda al régimen, es derrota lo que él siempre ha defendido en buena ley, solo que no cualquier influencer (líderes de opinión en redes sociales) está capacitado para ello, y es que a veces no falta temer la razón, para ganar una justa verbal, hace falta una buena retórica y hasta cierto carisma que ha García no le faltan.

Es por ello por lo que, antes de enfrentarlo, es necesario estudiarlo y verlo como lo que es, con todas sus virtudes y defectos, incluso para reconocer lo que tiene de Don Quijote, entendida la obra de Cervantes el sentido que la interpreta el profesor y crítico literario español Jesús G Maestro; como una defensa del materialismo filosófico, el acercamiento objetivo a la realidad y condena del idealismo subjetivo, no como la exaltación del idealismo moral que muchos han creído ver en ella.

Así tenemos que, al igual que el protagonista de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, el Edmundo García de nuestros días se manifiesta como guerrero fuera de su tiempo, enloquecido, avejentado, que no atina a calibrar, ni sus propias fuerzas, ni las de sus enemigos. No se percata de que se enfrenta una nueva generación, de rivales dialécticos y que sus formas de lucha son otras, casualmente los que el comunismo (que la ha formado) usa contra sus enemigos. Pero esto no lo descubre, Edmundo, obnubilado por viejas glorias y fantasmas del pasado, por la costumbre de enfrentarse a gente nacidas antes de la revolución y salidas de Cuba antes de que el totalitarismo se consolidara, al estilo Armando Pérez Roura o Ninosca Pérez Castellón.

Aun así, no se debe subestimar a Edmundo García, solo hay que ver el número de personas que visualizan los videos de este desfacedor de entuertos, que no le faltan un Sancho Panza, también con seguidores propios que lo alabe y aúpe como el tontaina de “Roberto el invicto”, cuyas payasadas, atraen a tantos amigos o enemigos, o el astuto duende de Alex Guerrero Cubano, quien cuenta con una red de información que le permite calzar su propaganda permanente en pro del gobiernos cubano y contra los díscolos influencers que lo atacan en la red, quien pese a no tener rostro ni existencia real lo mismo es citado en la prensa oficial que recomendado por el mismísimo presidente Díaz Canel en su Twitter.

Captura del tuit de la Presidencia de Cuba / Twitter

Así, con la popularidad recuperada por vías escabrosas Edmundo ha vuelto a ser peligroso, paradójicamente gracias, entre otras cosas a la difusión hecha por Otaola de una mensajería electrónica supuestamente suya; uso que pretende ser exclusivo, mientras ordena al resto de sus compañeros de trinchera que no se les ocurra debatir con este Edmundo de tan triste figura; Un ser enfebrecido que de tantas lecturas ha terminado por convertir al Castrismo su Dulcinea del Toboso.

En lugar de indignarse ante tamaño desvarío, quienes hoy repudian a Edmundo deberían compadecerle, sintiéndose dichosos de no estar dormidos, de haber descubierto ya, a esa maloliente y lasciva Aldonza Lorenzo, que es la revolución cubana, “Emperatriz de la mancha”, por las que el paladín de García quiebra unas armas dignas de mejor causa.

Lo peor es que después de ser molido a palos, este Edmundo que algunos cree moribundo, ha sido abandonado por los galeotes que un día defendió. Sabrá dios si fue alguno, de sus viejos y poderosos amigos el responsable de hacer llegar a Otaola, las conversaciones “intimas” de Edmundo, que sin confirmar si eran ciertas o falsas difundió, algo que Juan Juan Almeida se negó a hacer, cuando recibió la infidencia, algo que le honra y más cuando Edmundo García se marchó para La Habana, dejando la estacada, la entrevista con él que Juan Juan anunciara, ahora tiene la oportunidad de reciprocar el gesto tomándole la palabra y viniendo al programa del hijo del Comandante, con el cual, por venir de donde viene y saber lo que sabe, el debate sí que sería de altos quilates. Esperemos que Edmundo no tenga otro ataque de cordura y de nuevo rehúya.

El caso es que, con hidalguía, Edmundo ha recogido el pañuelo, y anda retando hace días al brujo de Alex Otaola entra en desigual batalla verbal, y todavía ha ido más allá, dispuesto a irse a las manos y patadas, Eliecer Ávila, a quien llama “caballerito” acaso en reminiscencia del «El Caballero de la Blanca Luna» encarnado en el bachiller Carrasco. Eso sí, en un destello de cordura, como los del Quijote, ha especificado, en su crónica de una bronca anunciada, que esta solo tendría lugar en Cuba, ya que, en Miami, donde viven los contendientes la violencia física no les gusta a los norteamericanos.

Mientras tanto, al igual que el Alonzo Quijano literario, que estaba loco, pero no era bobo, Edmundo muestra rasgos de inteligencia cuando evidencia que se ha dejado asesorar, se afeita, se pone camisa nueva que ya no es solamente azul como la del “Cara al Sol”, cuidando la imagen personal y evitando la imagen de movimientos incontrolados de manos y piernas, que pasó por alto en sus primeras apariciones en redes. Igualmente va mejorado sobre la marcha el manejo de los recursos técnicos y el enfoque del espacio donde hace un “programa”.

Así ha nacido en Facebook y en YouTube una nueva La Tarde se mueve, que ya se emite rutinariamente, y con un ingenio que suple la economía de recursos. A pesar de las muchas enfermedades que enuncia y anuncia, su astucia sigue intacta lo que se trasluce, por ejemplo, en el modo en que emplaza a Otaola a debatir, haciéndose el muerto, a ver que entierro le hacen, o en el divide y vencerá, que intenta implementar destacando las diferencia entre el exilio histórico y los influyentes digitales que hoy los representan. Entre los segundos separa aquellos que actúan con ética, por ejemplo, Juan Juan Alméida u Omar Moynelo, incluso alaba las cualidades histriónicas de Roberto San Martín cuando le caracteriza satíricamente, y quienes, como Otaola, o Eliecer, les combaten con bajeza.

Olvida García que se trata de miserias muy similares a las que no les hacía mucho asco, años atrás, cuando desde los micrófonos de su programa radial en Miami, combatía sin piedad, lo mismo a políticos locales que a quienes en Cuba engrosaban las filas de la disidencia. Si algo podemos aprender de toda esta “Edmundicia”, es lo caro que cobra el diablo; usando contra ti las mismas herramientas que te había dado, superando tu inclemencia cuando hacías uso de ellas.

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