Para lo que valió Baler. A propósito del monumento a Los Últimos de Filipinas

18 Ene

El vapuleado nacionalismo español, que como cualquier otro nacionalismo ama más las leyendas que la historia, está de plácemes desde pasado 13 de enero. Ese día el ejército de España, ese mismo que, siguiendo la tradición, ve romperse el país por el lado de Cataluña sin hacer nada, inauguró en la Plaza del Conde del Valla Súchil, Madrid, un monumento dedicado a su gesta más mentada en los últimos años; naturalmente no fue contra el inglés o el francés, sino contra un pequeño pueblo ahijado, el de Filipinas.

Hablamos del socorrido, cinematográfica y literariamente “Sitio de Baler”. Es la historia de una iglesia en la isla de Luzón ocupada por un destacamento español que se negaba a entregar el lugar a los filipinos, después de que España cediera esos territorios a los Estados Unidos. Los insurrectos asediaron la iglesia durante 337. Fueron 54 soldados españoles, bajo el mando, el capitán Enrique de las Morenas y Fossi, quienes mantuvieron distraídos en su empecinamiento a 400 combatientes tagalos. Los defensores de la iglesia que sobrevivieron son conocidos y venerados en España como Los últimos de Filipinas.

Se intenta explicar el acto afirmando que el destacamento español, no estaba al tanto del fin de la guerra y que por ello mantenía su resistencia. Lo cierto es que “la gesta” encaja perfectamente en lo estipulado en aquél vergonzoso Tratado de París, firmado el 10 de diciembre de 1898, por Estados Unidos y España. Dicho documento daba por finalizada la guerra hispano-estadounidense. Como parte del tratado Filipinas sería entregada oficialmente a los Estados Unidos por veinte millones de dólares.

Naturalmente aquello provocó la sorpresa y congoja de los filipinos, que ahora se veían sometidos a una potencia colonial para colmo completamente ajena desde el punto de vista cultural. Es decir que, de hecho, los famosos “últimos” estaban custodiando una posición contra sus verdaderos dueños, sirviendo en aquel un territorio, como una suerte de mercenarios voluntarios al servicio de quien por el acto de rapiña descarado que acaba de cometer debería ser tratado como el enemigo común de españoles y filipinos: Estados Unidos.

El 23 de enero de 1899 es promulgada la Constitución de la República Filipina, el presidente será un destacado General de la guerra independentista, Emilio Aguinaldo.

El 4 de febrero de 1899, estalla la guerra entre el gobierno de Aguinaldo y los ocupantes norteamericanos. La superioridad de las fuerzas norteamericanas causó numerosas derrotas a los combatientes filipinos quienes se vieron obligados a replegarse hacia el norte de Luzón, y es allí donde se encontraban, atravesados en el poblado de Baler, a los testarudos soldados españoles presuntamente desconocedores de la nueva situación. Por lo menos esa esa es la imagen que se nos da en las representaciones artísticas de la gesta donde los norteamericanos siembren brillan por su ausencia, como si de los que se estuviera dilucidando a tiros entre los filipinos y los asediados fuere la soberanía española sobre la isla, y no que la misma España había cedido a los norteamericanos.

Aun así, la hidalguía de Emilio Aguinaldo superó con creces a la del enemigo. Tras la rendición de la plaza, sus defensores no solo no fueron hechos prisioneros de guerra, sino que les facilitó la salida de la isla.

Por si fuera poco, en su decreto del 30 de junio de 1899 destacó el valor, constancia y heroísmo, de los soldados españoles considerando su epopeya propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo.

Así de hispanizado era aquel Emilio Aguinaldo, que solo pone fin a la guerra tras ser capturado El 23 de marzo de 1901 en Palanan, provincia de Isabela, por un truco del general Frederick Funston, quien había simulado rendirse. Ante la alternativa de ser ejecutado o aceptar la soberanía estadounidense, Aguinaldo firmó la rendición el 1 de abril de 1901.  Sin embargo, Aguinaldo nunca dejó de luchar políticamente contra la ocupación norteamericana de su país, incluso llegó a topar partido como mejor alternativa por un gobierno pro japones. De más está decir que el viejo independentista se arrepintió públicamente de haberse levantado contra España, reconociendo bajo su imperio los filipinos siempre fueron súbditos, o ciudadanos, españoles, mientras que con bajo los Estados Unidos no fueron más que un mercado para e sus exportaciones, cuando no parias a los que nunca se les concedió la ciudadanía norteamericana.

Si alguien mereciera una estatua en Madrid ese sería Aguinaldo. En cambio, a Aquellos españoles a los que ahora se levantan monumentos, ya que no tuvieron el coraje de unirse a sus hermanos de habla y cultura, por lo menos deberían haberle entregado como gesto de apoyo en su dura guerra, as posiciones y las armas, eso sí justificaría una estatua, lamentablemente, en su lugar, prefirieron servir a las tropas usenses, mediante la distracción de los heroicos filipinos en medio de su guerra desigual contra el invasor norteamericano. Para lo único que sirvió la ocupación de la iglesia fue para joder a los buenos de la película.

Españoles luchando por Filipina Libre

Eso sí, hay que destacar en esta historia, la posición del algunos de los soldados peninsulares cercados en Baler que terminaron pasándose a los filipinos. Para comenzar tenemos el caso artillero José Alcaide Bayona, quien desertar el 8 de mayo de 1899, facilita a los independentistas información sobre la situación de los sitiados y sus puntos débiles. Incluso llegó a dibujar para los isleños un plano de la iglesia. Usando estos datos los filipinos lanzan un durante la noche del 7 de agosto de 1898 con el objetivo de incendiar la iglesia. Esta misma información sirvió para hacer fracasar al teniente coronel Cristóbal Aguilar, quien desde mayo de 1899 era el encargado de llegar a un acuerdo para liberar al destacamento. La información proporcionada por José Alcaide sirvió de fundamento al coronel Simón Tecsón, jefe de los sitiadores, para negar la salida de los soldados acorralados en Baler aduciendo que aquellos se rendirían.

Pero la acción de los desertores no se quedó ahí. Los hubo participando directamente en los ataques contra la iglesia, en su condición de artillero, como es el caso de Jaime Caldentey quien muere en el empeño o el ya mencionado José Alcaide, el cual al día siguiente de su huida hirió con sus disparos a dos de sus antiguos compañeros, Pedro Vila y Francisco Real. Participación que irá más allá del asedio. No extrañar que Alcaide falleciera un tiempo después de inanición durante la prisión preventiva que le llevaba a Barcelona.

La historia de estos hombres recuerda un tanto a la de aquel célebre naufrago con quien se encuentra Cortes a su llegada a México, Gonzalo Guerrero quien toma partido por los indígenas contra los invasores, la diferencia es que mientras Guerreo había sido culturizado por los nativos, son los nativos a los que se unen Alcaide y Caldentey los que llevaban siglos hispanizados, es decir europeizado a tal punto que no faltaran entre ellos quienes del catolicismo había pasado a la masonería. Ella era la vía con la que se adoctrinó a un sector de las élites filipinas, en particular sus hijos enviados a estudiar en la metrópolis, en el odio a todo lo español, como ocurre en las universidades catalanas de hoy.

Los Últimos de Filipinas. Regreso a Baler from Musas Producciones on Vimeo.d

En realidad, el gesto de aquellos desertores, más dignos de un monumento que todos los que les sobrevivieron, debió haber sido modelo de actuación para el resto de sus compañeros. Y si no querían unirse a un pueblo mal armado con el que los españoles ya tenían tanto en común, por lo menos bien podrían haberles entregado armas y posiciones, en solidaridad con su lucha con el gigante que acababa de engullir los restos de su imperio en Asia. Si desde el principio, aquel destacamento empantanado en Baler, hubiera hecho esto, España se habría ahorrado unos cuantos muertos dignos de mejor causa, incluidos los dos desertores fusilados por el capitán Enrique de las Morenas, quien, de regreso a su patria y procesado en ella, jamás pagará por aquellos, ni por la “insubordinación” que en teoría cometió cuando en más de una ocasión, según la historia oficial, se le ordenó rendir la plaza.

Eso por no hablar del triste servicio prestado por los últimos de Filipinas a norteamericanos bajo el pretexto de aplastar el levantamiento local, se cargaron a un millón y medio de civiles, buena parte de ellos hispanoparlantes, en unas masacres que duraron hasta 1913.

Así se inició la eliminación del idioma castellano en aquellos territorios quedando hispano como reducido al hable de algunos ancianos, o el chabacano que practican los descendientes de inmigrantes novohispanos. Nada de extrañar si tomamos en cuenta que las islas fueron conquistadas por la Corona con ayuda de los fieles guerreros de Tlaxcala, además del papel jugado por México como puto de arribo del famoso galeón de Manila, con el que nuestro antiguo imperio inicia la globalización del comercio, en el cual las Filipinas españolas jugaron un papel fundamental.

¿A quiénes se debería honrar?

Como los nacionalistas españoles quieren ejemplos de valor que justifiquen monumentos y no creo que les alcance el hígado para reconocer a hombres como de la talla de José Alcaide y Jaime Caldentey, aquí les dejo una lista de actos dignos de homenaje. Se trata de acciones de guerra que tuvieron lugar en 1898 contra un enemigo realmente superior, no un puñado de filipinos armados en su mayoría de machetes, flechas y lanzas, y que las armas españolas deberían recordar en lugar de homenajear a aquel puñado de fratricidas conocidos como los últimos de Filipinas.

o 4 de abril – B resistencia al bombardeo de Matanzas (Cuba) por la Marina estadounidense –
• mayo.
o 11 de mayo – Batalla de Cárdenas. Torpederas españolas derrotan a una flotilla de torpederas estadounidenses
o 11 de mayo – Batalla de Cienfuegos donde los estadounidenses tras dos ataques fallidos lo único que consiguen solo consigue es cortan el cable telegráfico de la ciudad.
o 12 de mayo – Puerto Rico resiste al bombardeo del almirante William T. Sampson, contra San Juan.
o 3 de junio – Intento fallido de los norteamericanos de bloquear el puerto de Santiago hundiendo en su entrada al USS Merrimac
o30 de junio – Primera batalla de Manzanillo: donde los unos cañoneros estadounidenses son repelidos por la flota española
1 de julio – Segunda batalla de Manzanillo: dos buques auxiliares estadounidenses son obligados a huir por una pequeña flota española.
25 de julio, el General Nelson A. Miles, desembarca con 3.300 soldados, en Guánica Puerto Rico encontrando poderosa resistencia en Guánica, Yauco, Guayama, Coamo, Asomante y Fajardo donde son derrotados el 28 de julio por las tropas españolas. La isla nunca pudo ser ocupada durante la guerra.
o 31 de julio – Ataque nocturno español a las líneas estadounidenses en los alrededores de Manila, Filipinas –

Conclusiones

El sitio de Baler se desarrolló entre el 1 de julio de 1898 y el 2 de junio de 1899. Si la resistencia al mismo había algún sentido, este desaparece automáticamente, cuando estalló la guerra del pueblo filipino contra los norteamericanos el 4 de febrero de 1899. Desde una visión hispánico universalista podrá condenarse el separatismo filipino, pero, aun así, los hispanohablantes del mundo deberíamos quitarnos el sombrero ante el coraje de ese mismo separatismo para batirse, quijotescamente, contra el coloso militar que antes había sido su aliado.

En cambio, avergüenza ver a levantarse un monumento a los españoles que inconsciente o conscientemente, sirvieron al mismo yanqui que ante les había derrotado. La nueva estatua de Chamberí no es menos denigrante para la hispanidad que la que le montaron a Bolívar en Cádiz.

Pero no, los últimos de Filipinas optaron prefirieron por joderse y joder, por más de 300, días a los buenos de esta historia. Esos son los militares que ahora se homenajean España, mientras que se olvidan los nombres de los que cayeron valientemente combatiendo al yanqui en Filipinas o en la isla Cuba, traicionadas en su desigual batalla por el gobierno peninsular. Es lógico que sus nombres estén censurados, se batieron por impedir la expansión del imperio que hoy os domina. Mal anda un pueblo que se inventa héroes que no lo son, por que no le dejan recordar a los verdaderos.

 

PS: Para una visión alternativa a lo que se planteó en este artículo, recomiendo visitar el sitio de Jesús Valbuena, bisnieto del cabo García Quijano, uno de los 33 supervivientes de aquel destacamento español, donde se van contando historias sobre el legado universal del sitio de Baler: http://www.baleria.co

3 comentarios to “Para lo que valió Baler. A propósito del monumento a Los Últimos de Filipinas”

  1. spoudaiosaner a 2:38 PM #

    Es imposible abrir las páginas de Cuba Nuestra y leer su texto. El ordenador sólo me ofrede vla oportunidad de escribir un comentario. Pwro me es imposible comentar lo que no he podido leer. Saludos JJosé L Ramírez

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