Tomando el pulso de Alberto Franceschi, del trotskismo al antimadurismo de derechas

5 Ene

Desde hace buen tiempo sigo las andanzas en las redes de Alberto Franceschi González (Miranda, estado Carabobo, 20 de mayo de 1947) antiguo líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria en la Universidad de Carabobo, fundador del trotskista Partido Socialista de los Trabajadores (PST), del cual fue secretario general en los años 80.y fundador junto a Nahuel Moreno de la Liga Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional (LIT-CI).

Opositor al chavismo, el antiguo dirigente de izquierda fue obligado a exiliarse en diciembre de 2013 en los Estados Unidos. Hoy combate al madurato utilizando las redes sociales, lo hace desde una ecléctica ideología que podría catalogarse de derecha.

Hagamos algunas observaciones sobre los pronunciamientos y propuestas de este personaje.

Alberto Franceschi es a mi entender un político honesto, además de inteligente y carismático, que ha sabido sacar partido a su experiencia como trotskista, lo que le permite entender tanto lo que oculta la retórica como el uso de técnicas entristas por parte de la izquierda, dentro de la cual el trotskismo fue un verdadero experto.

Interesante ha sido además su acercamiento al grupo, por no llamarlo secta, de Antonio García-Trevijano Forte. Lo hizo quizás por una buena causa, la de buscar en España de un respaldo a la causa de la democratización venezolana. Su asunción del trevijanismo le llevó punto que comenzó a denominarse “repúblico”, incorporando en su discurso la particular terminología elaborada por el político andaluz.

Lo productivo de este acercamiento es que le permitió realizar el análisis de la tragedia de su país, con un enfoque diferente, al incorporar algunos elementos de la crítica de García-Trevijano al estado de partido, lo más valioso de su doctrina, por otro lado, lastrada por el culto a los modelos políticos de origen británico. Evidentemente se ha empapado de la magnífica reivindicación de la hispanidad que llevan cada uno por su lado los seguidores del difunto Gustavo Bueno y por otra parte la historiadora Elvira Roca Barea. Son ellos los que han curado al político venezolano de cualquier vestigio de bolivarianismo y en general del culto por los próceres independentistas, tarea pendiente de las clases políticas latinoamericanas,s sean de derecha o izquierda, en este sentido Franceschi es un adelantado.

 

 

Lo que si es peligroso es que se compre el discurso nacionalista católico de VOX, lo de menos es que no haya echado manos a su formación materialista dialéctica a la hora de estudiar la ideología de VOX, sino que al parecer no haya estudiado a fondo, desde sus nuevos valores conservadores, las inconsecuencias de este partido una vez asimilado por el sistema.

En este sentido debería repasar las enseñanzas de grupo Antonio García-Trevijano, aplicándolas al caso español, con la misma habilidad que parece haber empleado a la hora de comprender el juego que le hace la oposición al régimen venezolano desde los tiempos de Capriles a los de Guaidó, algo que por lo demás se descubre a simple vista, aunque no todos se atreven a denunciar dentro del antichavismo. Alberto Franceschi lo hace y eso tiene mérito.

Sobre la reunión de los hispanos: no solo puede haberla, tiene que haberla y rescatar la parte de Nueva España tragada por Estados Unidos, lo que explica por qué cada vez que un fragmento de la América hispana y católica se hunde, el blanco anglosajón y protestante aplaude en su interior, sin importar por lo que sea. Nadie más interesado que USA y sus actuales reconquistadores británicos en la conversión de un estado fallido de cada republiquita en lo que antes fue un imperio imponente, el español. Ahora es el turno de Chile y Bolivia libró por los pelos.

Con VOX hay que tener cuidado, ya se demostró con su ambigüedad frente a los tribunales de género españoles que, pese a su discurso, en la práctica es disidencia controlada. Olvídate de España mientras esta no reconquiste su independencia, hoy está recolonizada por los mismos que nos fragmentaron en América, agentes del imperio británico, cuya tarea actual se continuar la obra disgregadora del siglo XIX, ahora con los separatismos ibéricos.

Volviendo a la alianza con Norteamérica, que no se trata de la dicotomía izquierda/derecha, no de Obamismo-clintonero versus anti-globalismo trumpista. Curiosamente las posiciones de Donald Trump son defendidas en términos similares a los del antiestalinista de Franceschi, por ese gran admirador de Fidel Castro, defensor del chavismo, orgullosamente marxista, analista formado por la KGB; Daniel Stulin.

El prolífico escritor soviético (como aún se considera) no ha tenido el menor reparo en hacer de apologeta del presidente estadounidense en el país donde el presidente norteamericano había sido más combatido propagandísticamente durante su campaña presidencial en México, al que intenta convencer de lo útil que puede resultar el actual jefe de estado norteamericano.

Debemos entender primero los motivos profundos que explicarían la colaboración del Departamento de Estado bajo gobierno republicano con las guerrillas Fidelistas en su camino al poder, así como la mano blanda de este mismo departamento, en tiempos Demócratas, lo mismo frente al comunismo cubano que el venezolano. Y al mismo tiempo por qué el FBI persiguió a los beligerantes del exilio cubano o porque no se facilita el asilo a los venezolanos que escapan del madurato como se está haciendo con los cubanos que huyen del comunismo y que una vez que entran por la frontera mexicana, están siendo encarcelados como delincuentes en auténticos campos de concentración, que nada tienen que envidiar a los que se construyeron en la base naval de Guantánamo para los terroristas de al-Qa’ida.’

No es problema de perversidad del angloamericano, es simplemente el choque de civilizaciones de toda la vida y del que tanto hablaba Samuel P. Huntington, en su libro del mismo nombre, y sobre todo en su ensayo dedicado al reto hispano ( FP: Foreign Policy Edición Española, ISSN 1697-1515, Nº. 2 (Abril-Mayo), 2004, págs. 20-3) un tanto olvidado, en el que se alerta al lector de que:

La continuidad de los elevados niveles de inmigración mexicana e hispana en general unida a las bajas tasas de asimilación de dichos inmigrantes a la sociedad y cultura americanas podrían acabar por transformar Estados Unidos en un país de dos lenguas, dos culturas y dos pueblos. Pero esto no sólo transformaría Estados Unidos. También acarrearía profundas consecuencias para los hispanos, que estarían en Estados Unidos pero no serían de Estados Unidos.

Alberto Franceschi debería revisar este trabajo, sobre todo a los que se refiere a quienes como él conforman la comunidad hispana de la Florida. Eso le ayudará a comprender, lo que no logra buena parte de exilio cubano que le rodea y sin duda alguna influye en su actual cosmovisión. No importa que este viejo exilio, como ya parece estarlo en venezolano esté maniatado mentalmente por la academia y los medios del país donde reside.

Es decir que: leyendo Huntington, Franceschi, podría mejorar sus enfoques, evitaría coincidencias con personajes como Stulin y sobretodo, entendería la forma de pensar profunda que hoy domina la proyección de Estados Unidos hacia la cultura hispanohablante que domina más de medio continente. En este caso lo que se ve claramente es miedo que despierta nuestra amenaza para el WASP (Blanco, anglosajón y protestante) más que la alegría por nuestro hundimiento, pero recuerde lector que una cosa siempre lleva a la otra, ojalá así lo entienda el viejo trotskista, hoy antimadurista de derechas Alberto Franceschi.

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