Borrell en la Habana; Barcelona en llamas

19 Oct

El diario El País ha publicado este 19 de octubre de 2019 una espeluznante colección de fotografías sobre los disturbios que lleva teniendo lugar desde hace cinco días en Barcelona. Por estos hechos hasta el momento hay 83 personas detenidas y 182 atendidas por los servicios sanitarios*. Las cifras me parecen demasiado escasas (sino manipuladas) en relación a los actos de vandalismo que hemos podido ver en todo el mundo, gracias a las redes sociales.

Todos comenzó con una una masiva demostración condenado, las sentencias, publicadas el pasado lunes contra un puñado de líderess del proceso independentista al que la prensa española prefiere llamas por su nombre en catalán procés.

Según el resumen del juicio publicado en el sitio de la televisión pública española RTVE; el Tribunal Supremo no cree demostrado el delito de la rebelión a pesar de los “indiscutibles episodios de violencia” observados en Cataluña durante el ‘procés’ . Por ello prefiere condena por sedición, lo cual implica reducir las penas en relación a lo que pedía la Fiscalía.

La condena más alta le tocó al exvicepresidente catalán Oriol Junqueras, condenado a 13 años de prisión y al exconseller de Presidencia Jordi Turull condenados a 12 años por sedición y a la expresidenta del Parlament Carme Forcadell, condenada a 11 años, todos por sedición y otros cargos.

Tras casi una semana de disturbios muy bien planeados el presidente de la Generalitat (gobierno autonómico de Cataluña), Quim Torra, ha hecho un llamamiento al diálogo para una “solución democrática”. Pero esta son las santas horas que no ha condenado la violencia.

Esta historia no debe sernos del todo desconocida a los cubanos, si un día nos pudiéramos liberar de tanta bibliografía falsificadora de nuestra historia y viajar en el tiempo descubriríamos que también tuvimos un “procés” no muy diferente al que sufren los catalanes en estos momentos.

De todos es sabido la inspiración cubana del independentismo catalán, a esto ya le he dedicado una extensa entrada.

Ya teníamos la creencia de los primeros catalanistas en base a su experiencia en la Cuba de principios de siglo XX de que con el separatismo se conseguiría un nivel de vida que, con una patria integrada en un espacio territorial mayor, no podía entender que habíamos perdido los dos, no solo Madrid a La Habana, sino los cubanos a esa porción de tierra ibérica que como súbditos de un mismo reino también era nuestra: España.

Es lo que perciben los buenos catalanes, acosados por los independentistas avizorando un futuro en que ya no puedan pasearse como por sus propias calles en Paseo de la Castellana, no hablemos ya de una ciudad milenaria y bella como Cádiz. Pero han sido abandonados a su suerte por la politiquería cobarde y corrupta de Madrid.

Ahora da la impresión de que quiere solucionarlo todo al más puro estilo Franquista, pero no con más represión, sino fortaleciendo las relaciones con el nido donde la serpiente puso el huevo. Es decir, con esa Cuba que un día sirvió de puente de plata para lo peor del terrorismo etarra.

Y poco importa que hubiese sido allí donde naciera esas teas incendiarias que hoy vemos por las calles catalanas, con la idea de que nada mejor para lograr la independencia que arruinar la economía del territorio que se intenta arrancar, como un miembro a un cuerpo enfermo, ni tampoco que en esa se inventara con iguales iniciales los llamados CDR, como mecanismo de control y movilización de la población, según la ideología dominante.

Mucho menos es un problema que Cuba se sirviera de laboratorio para ensayar los mecanismos de adoctrinamiento escolar que ha convertido a buena parte de la juventud catalanes e zombis políticos, capaces de cualquier barbaridad como esos mismos miles de estudiantes, por no decir gamberros, liberados de responsabilidad educativas (dicen las universidades que por presiones de “enmascarados” ) para que marcharon alegremente a la toma del aeropuerto de Prat, en nombre de la paz y para desgracia del cientos de pasajeros extranjeros.

Debo reconocer que la idea reactivar los contactos entre los gobiernos de Cuba y España, no es del todo mala para los implicados, incluso era de esperar, más cuanto la posición del Raulismo, no ha sido la de apoyar al catalanismo, sino más bien criticándolo.

Es lo que se ve en un artículo que por ser del aburrido Granma muchos deben haber pasado por alto, en particular los implicado en el independentismo catalán, se trata de El «procés» catalán: la trama apunta a una irresolución del conflicto,  donde se enfoca al independentismo como mucha mas dureza de lo que lo ha hecho la prensa europea, por lo visto mas interesada en que se rompa España que en que se mantenga íntegra. La columna fue publicada a principios de años, el 19 de marzo, por el periodista Mauricio Escuela.

Este trabajo, no por aparecer en uno órgano de propaganda como es el periódico oficial del Partido Comunista de Cuba, deja de decir unas cuantas verdades, por ejemplo, que fuego nacionalista catalán ha llegado al punto de prohibir la palabra España en algunos contextos académicos, e incluso la admiración por figuras castellanas de la valía de Miguel de Cervantes. Esto suena aberrante hasta para los muy nacionalistas cubanos.

Hablando de Cervantes, dicen las buenas lenguas que se ha visto al Quijote enfrentar a los galeotes en las calles de Barcelona, lo ha hecho encarnado en el buen anciano que palo en mano ha salido a frenar a la canalla que destrozaba los contenedores de su barrio.

También se informa al lector que, gracias al régimen de 1978, el crecimiento de Cataluña no ha tenido límites para su desarrollo incluso a un ritmo mayor que el resto de España y por encima de la media europea. Otro tanto pasa con la lengua y la cultura catalanas a pesar de que el castellano se mantenga como idioma hablado por más del 75 % de la población.

En cuanto a los poderes del autogobierno, Cataluña se sitúa por encima de otras comunidades de Europa, a partir del Estatuto de 2006, que les reconoce amplias prerrogativas a los órganos locales, así como un control de Hacienda, propio.

Según e redactor oficialista cubano, el nacionalismo catalán, que siempre ha existido, en las últimas décadas ha sido más una construcción a carga reforzada por parte del gobierno local, a partir de planes de estudio y de implementación de la cultura. En tal sentido, la propaganda televisiva ha tenido un especial impacto al insistir en la oposición español-catalán. Todo esto es una verdad como un templo hay que reconocerlo, y lo menos que podría hacer Pedro Sánchez, del Partido Socialista Obrero Español y presidente del gobierno sería enmarcar el artículo colgarlo en la puerta en su oficina y mandarle una condecoración al periodista cubano.

A falta de otras declaraciones, el trabajo periodístico nos permite conocer cual es la posición oficial del régimen cubano frente a lo que está pasando en Cataluña. Recordemos que todo lo que se publica en Granma se ajusta al milímetro a la línea oficial del partido gobernante en Cuba.

Así podemos concluir que para La Habana sería un espejismo el intentar convencer al pueblo catalán de que, con el fin del gobierno central, subiría el nivel de vida, e incluso se eliminarían todos los problemas económicos, que el pueblo en Cataluña, si bien inconforme con los problemas cotidianos no está totalmente en desacuerdo con el actual Estatuto Catalán, por no hablar de la naturaleza tendenciosa del «procés», que en su versión más extremista, pasa por alto mosaico cultural que tiene la región.

En este sentido el neo-nacionalismo de Cataluña estaría más centrado en la oposición al español y la desconfianza con el gobierno central, que en factores reales de índole cultural y de voluntad de voto genuina. Entonces Granma previa que la vía de la confrontación callejera solo avivaría más la polarización social, lejos de hallarle una salida negociada a los intereses del pueblo. Al final se resume con un típico análisis marxista que al final tampoco es equivocado: La crisis catalana va más allá de España, tiene que ver con la crisis de representatividad del viejo modelo burgués.

Los mismos que incendian la ciudad y golpean a los que piensan diferentes e incluso atacan a una policía local que no da abasto para defender a la ciudadanía neutral, por no hablar de la patriótica que intenta plantar cara a las turbas secesionistas.

Eso sí, en honor a la verdad hay que reconocer que el adoctrinamiento no solo se ha ejecutado desde adentro, sino también desde afuera, como antaño se hiciera con los cubanos.

Y hoy tenemos a Netflix allí donde un día tuvimos una prensa amarillista norteamericanos convenciendo al mundo de lo malo que significaba los hispanos cubanos, seguir siendo una extensión de España, a pesar de la trágica experiencia que teníamos frente a nuestro ojo, las de las independencias de la américa hispana, esa ceguera que hoy se observa entre tanto catalán adoctrinado.

Así nos encontramos en la oferta de cine online, lo mismo películas históricas que hablan de Cataluña como un reino (que nunca fue) que una serie como La Casa de Papel, cuyo mensaje de anarquía, está encaminado en realidad contra un solo estado, es español, exponiendo miserias reales, pero de las cuales no falta ejemplos en el mundo anglosajón.

Es curiosa la correlación que se da en la tercera etapa de la serie cuando las multitudes toman un papel activo en la sedición y el canto de la comunista canción bella Ciao, popularizada en la serie, por los asaltantes del aeropuerto catalán.

Y así tenemos que el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y la Cooperación del Reino de España, de origen catalán, por cierto, Josep Borrell Fontelles, en lugar de denunciar la injerencia extranjera, por la vía cultural, no encuentra mejor actividad que irse a Cuba, donde concluyó este jueves su visita oficial. Allí sería recibido por el “presidente” Miguel Díaz-Canel, así como por su colega Bruno Rodríguez Parrilla.

Todo en un dialogo fraterno, en el que por lo visto no se abogó mucho por las libertades civiles de los cubanos, pero su por el levantamiento de uno de los dos embargos que sufre ese pueblo, el llamado bloqueo de Estados Unidos contra la isla y la Ley norteamericana Helms-Burton, que afecta a quienes como España andan en tratos comerciales con quienes esclavizan a la población de la ínsula. No faltó por supuesto el tema de la cooperación económica y las relaciones bilaterales, así como el de los nexos “históricos, familiares y culturales” que unen a los dos países nacidos de lo que un día fue uno solo.

 

Quizás lo más destacado fue el anuncio del futuro viaje del nunca electo jefe de Estado español el rey Felipe VI y su esposa, la reina Leticia, al que se Borrell le hizo saber que se le decirles que se les espera en una Habana engalanada para recibirlos en ocasión de sus 500 años.

Todo ello pone en evidencia lo mucho en común que tienen las pseudodemocracias europeas con dictaduras evidentes como la cubana. Además, sirve para dar una señal señal a tanto a los catalanes como al resto de los españoles, que no importa lo que pase en estos tiempos infernales, al final los independizados termina lamiendo la mano del antiguo amo que les protegerá, con amor patriarcal no importa lo mal que se estén portando.

Así andan de amiguetes nuestros primos hispanos con el régimen “nacional comunista” de la isla, anunciado incluso visita borbónica y todo, Si Carlos Baliño, antiguo colaborador del independentismo y fundador del comunismo cubano resucitara se vuelve a morir, pero esto al Raúl-canelismo, en su pragmatismo le importaría un rábano.

*El Día 20 de Octubre de 2029  El País ya hablaba de una escalada en la violencia, que había obligado a atender sanitariamente a 576 personas.

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