Para lo que sirve Sigmund Freud

5 Oct

Mi viejo amigo de la adolescencia Francisco Almagro y yo hemos sostenido un apasionado intercambio de opiniones sobre el psicoanálisis. No se trata de debatir con cualquier opinador, en tanto Almagro, nacido en La Habana, 1961, ha sido médico psiquiatra en Cuba, desempeñándose actualmente como psicoterapeuta y Supervisor clínico, licenciado por el Estado de la Florida. Además de ser un consumado escritor forjado en la narrativa, ensayo, periodismo. Ha sido miembro del Consejo de Redacción de la revista Palabra Nueva, y exeditor de Espacio Laical, entre otras publicaciones digitales Francisco colabora con Diario de Cuba y Cuba encuentro. Es en este medio donde se ha dado nuestra polémica, teniendo por arena el foro generado bajo el artículo Los derechos del verdugo,

Como accedo al foro desde el sitio de Facebook de Cuba Nuestra, es ese el “nombre” con que se identifican mis escritos, algo que no funciona exactamente como un seudónimo cuando la versión digital de la revista Cuba Nuestra, primera publicación independiente de los cubanos en Europa, fundada originalmente en papel por este servidor allá por el año 1994, en Estocolmo, lleva dando guerra hace uno 20 años en las redes, siempre conmigo a su cabeza, Imposible no asociar su nombre con el mío, como muy bien hace mi “contendiente” en un debate que agradezco y recomiendo a mis lectores visitar y así conocer los valiosos argumentos esgrimidos por mi amigo en la controversia. Gracias a ella podido sacar al aire una serie de ideas que vengo incubando desde hace años, cuando siendo casi un niño visitaba la casa de un pariente en cuyo librero descubrí las obras completas de Sigmund Freud (Príbor, hoy república Checa, 6 de mayo de 1856-Londres, 23 de septiembre de 1939) el padre del psicoanálisis. Sin duda alguna aquellos libros cargados de sapiencia y cultura me atraparon, desde entonces vengo leyendo, trabajos a favor y en contra prácticas y teorías Freudianas, generando en mis las reflexiones que expuse en aquel foro y que ahora comparto con más o menos resumida, mas o menos desarrollada.

Parto del hecho de que el cocainómano y experto mental de Freud (no sé como podía conjugar ambas cosas) encaja perfectamente en concepto de “intelectual” que ya he desarrollado en este sitio. Un artesano con la misión de fabricar discursos, que no excluyen la presencia en los mismos de filosofías y descubrimientos científicos, que solo existen para nosotros precisamente cuando se vuelven discursos, incluso a veces existen en sí solo como discursos. Por supuesto esto es gracia de sus codificadores, es decir los intelectuales, pero no en menor medida quienes corren con sus gastos, y que lo harán en virtud de ciertas conveniencias. Es lo que explica que grandes descubrimientos e ideas duerma el sueño eterno mientas otros no tan grandes se propaguen por todos lares. Un buen ejemplo de lo segundo lo tenemos en el marxismo o esta pseudociencia que desde mi punto de vista es el psicoanálisis.

Con el psicoanálisis me ocurrió lo que siempre pasa con lo prohibido, quedas atrapado por la curiosidad, en incluso llegas a presuponer que si se le censura por algo en que desde hace rato dudas. Tal sería el caso de la lectura castrista del marxismo, imperante en Cuba y de la que modestia parte me considero un especialista, que no un adoctrinado y menos adoctrinador.

Y fue precisamente por lo vetado que estaba el psicoanálisis en los cursos de psicología que recibí dentro de mi formación en filosofía marxista-leninista, lo mismo en La Habana que en Cuba, que consideré desde los inicios al psicoanálisis como un saber valido y complementario de las teorías pablovianas, vigotskyanas o Leontievas (estas dos últimas para mí no menos especulativas el freudismo), que nos inculcaban entonces.

 

 

 

Mi liberación del culto a Freud vino muchos años después, y no fue gracias a mis conocimientos marxistas sino a pesar de ellos. Es más, puede que resulte un tanto cínico, mirando retroactivamente, hoy no siento la menor conmiseración que un día tuve por la expulsión de los seguidores de Freud de las universidades y clínicas cubana.

 

El fenómeno que se explica por la imposición en estas instituciones de los enfoques elaborados por intelectuales soviéticos, es decir como la típica intolerancia que se ganar en la lucha de religiones, incluso aquellas que se disfrazan de ciencia, y con una elaboración algo más compleja que las de por ejemplo Mary Baker Eddy fundadora de la ciencia cristiana, he incluso que las todavía populares y seguidas por millones teorías espiritistas de Hippolyte León Denizard Rivail y que por si fuera poco con los miles de asociaciones espiritas que andan promoviéndola por el mundo, también no las vende en estos momentos Netflix, con su Allan Kardec, una película que nos podría hacer creer en el espiritismo, como antaño otros filmes hicieron se encargaron de popularizar el psicoanálisis en un público carente de pensamiento crítico.

 

 

Puedo confesar que a estas alturas el trágico destino de los freudianos cubanos me despierta el mismo dolor que tendría si de pronto me informaran de la expulsión de los curanderos de puestos clínicos en los hospitales públicos cubanos (los únicos que existen. Por si no se sabe en la Cuba actual, se ha “pasado de palo pa rumba” de la censura de todo lo que no encajara en el manual de ciencias soviético a la aceptación de las terapias alternativas, como respuesta a la falta de medicinas. De modo tal que vas a por una solución médica y mismo te sientan en una pirámide que te llenan de agujas chinas que te someten a un tratamiento de Bioneuroemoción, aunque su creador Enric Corbera, ponga el grito en el cielo reclamando pagos por sus derechos de autor.


Puedo asegurar que, si bien el marxismo no pudo matar mi sed de conocer la teoría freudiana, menos fuero los marxistas los que me curaron de esa enfermedad intelectual que es creer en las virtudes terapéuticas del psicoanálisis. Han sido otras fuentes más que convincentes, desde textos escritos psicólogos católicos (cuya fe no comparto) hasta trabajos de pensadores antimarxistas y virtualmente ateos.

Sugerir que se niega al psicoanálisis por marxista es no entender la verdadera relación que existió entre las dos pseudociencias. Para comenzar Marx no vivió para criticar las teorías de Freud, tampoco lo pudo hacer su alter ego Engels, a Lenin el tema le tuvo sin cuidado en cambio el otro marxista duro de Trotsky coqueteó mucho con el asunto, existen textos que lo demuestra además de que se expone en la serie que lleva el nombre del bolchevique. Es más, el psicoanálisis soviético sobrevivió a Lenin. El último encuentro de la Asociación Psicoanalítica de Moscú se celebró en fecha tan tardía de la implantación del comunismo como el 7 de abril de 1927, y todavía un año después se publicaba su informe final. Es con la imposición del estalinismo – llamar marxista a Stalin con su teoría del comunismo en un solo país ya es mucho- y la cacería de los viejos bolcheviques que se le da el tiro de gracia al psicoanálisis soviético, lo que no significó un mucho mejor fin de su matrimonio con el marxismo.

Tenemos ejemplos de famosos freudomarxistas: Wilhem Reich (quien muere misteriosamente en una cárcel norteamericana) así como los miembros de la famosa escuela de Frankfurt, que una vez emigrados a los Estados Unidos, e incluso a un medio no anglosajón como es México como el caso Erich Seligmann Fromm. Se trata de supuestos críticos del capitalismo que se acomodaron a sus cátedras en países capitalistas gozando de tiempo y salario para predicar la buena nueva freudiana.

El caso más emblemático es el de Herbert Marcuse, con su Eros y la civilización de 1955 y El hombre unidimensional, de1964, dos piezas donde engranan a la perfección Freud y Marx, como si estuvieran hechos en unos para el otro, gracias a la compartida a cientificidad.

Por cierto llama la atención que este patriarca de la nueva izquierda, hubiera trabajado para la organización creada por los británicos en Estados Unidos para enseñar a espiar durante la segunda guerra mundial a su antigua colonia (otro misterio político), me refiero a la Oficina de Servicios Estratégicos de los Estados Unidos (US Office of Strategic Services), (precursora de la CIA), creada por William J. Donovan, con la asesoría del aparato de inteligencia de Gran Bretaña. Esto que la antigua metrópolis se encargue de formar la inteligencia y contrainteligencia de su antigua colonia dice mucho de la subordinación norteamericana a Inglaterra, pero esta es otra historia.

Lo cierto es que fue a Inglaterra a donde emigrar Freud huyendo de la anexión nazi de Austria en 1938.Mas tarde vivirá en la neocolonia británica de Canadá para recalar en Estados Unidos, tres grandes potencias de la aplicación y difusión del psicoanálisis. El culto a Freud se mantiene vivo en el Reino Unido. Allí por ejemplo se encuentra el Freud Museum, en la nada desdeñable casita vivió Sigmund Freud, en la cual no solo se nos muestra cómo vivió el judío austriaco (técnicamente checo), sino que se organizan estudios y seminarios vinculados con sus obras.

También en Inglaterra tenemos el famoso El Instituto Tavistock fundado en Londres en 19471 por grupos de orientación psicoanalítica. Si nos guiáramos por lo que nos dices sus críticos, y desde la visión de la filosofía pragmática el psicoanálisis es cierto por que funciona, pero sospecho que es precisamente por lo que se desvía del psicoanálisis originario que el instituto consigue los resultados que se le atribuyen.

Evidentemente hay gente muy bien situada económica y políticamente que le interesa que sigamos viva la Fe en Freud, (vaya usted a saber por qué) al punto de que se incluye y no de manera muy crítica que digamos en la formación curricular de los pobres psicólogos y así les va algunos como terapeutas, por no hablar de sus pobres pacientes.

Ante mis ojos, después del sentido común, el mayor demoledor del psicoanálisis quien es además de los mayores demoledores del marxismo como “ciencia”, ha sido Karl Popper quien, aplicando a Freud la misma receta que usa con Marx, afirma que psicoanálisis es comparable a la astrología, desde el momento que no admite la falsabilidad de sus “descubrimientos” que es lo que diferencia ciencia de lo que no lo es, por ejemplo, la dogmática religiosa.

Otro epistemólogo que le ha dado duro al psicoanálisis ha sido el argentino canadiense Mario Bunge, lo cual tiene mérito sabiendo como la peste del psicoanálisis se ha extendido en la patria de San Martín.

Por cierto tuve la ocasión de asistir a una extraña sesión con Mario Buge en sección de filosofía de la Academia de Ciencias de Cuba, donde el filósofo, además de quejarse de la falta de agua en el hotel donde vivía de se permitió hacer trizas la teoría de la ciencias imperante en la isla sin que ninguno de los presentes, consagrados especialistas en la epistemología oficial, tuviera algo que oponerle, claro fue una reunión prácticamente esotérica que nunca trascendería al resto de la intelectualidad oficial.

Pues bien, este mismo Bunge, que acaba con el marxismo, ataca mortalmente al psicoanálisis, desde otro ángulo, que podríamos definir como materialista, desde la ciencia del cerebro, que el psicoanalista por antonomasia (aunque la conozca) pasará por alto. Es lo que vemos con estos supuestos síndromes de naturaleza sexual que los psicoanalistas atribuyen a los niños, como si ignorasen que aquellos no tienen todavía desarrollado el hipotálamo, que es de donde proviene el impulso sexual.

Así ocurre con el resto de una teoría que ignora rotundamente las causas cerebrales de las enfermedades mentales mientras intenta curar a bases de charlas interminables y no precisamente baratas (amen de la terapiodependencia que generan), charlas que con mejore resultados, nos la podría dar una madre, una abuela, un hermano, un buen amigo y para colmo de “gratiñán” como dicen los cubanos.

Reconozco que cuento de la abuelita curando males psicológicos parecería un chiste para cualquier cofrade de la iglesia freudiana, si no fuera por el dineral que el psicoanalista puede dejar de ganar gracias al consejo dado a tiempo, desde el amor y la experiencia de la señora a su nietecito y un potencial cliente. No digo que siempre sea así, pero podemos convenir en que muchas “enfermedades” o “condiciones” mentales que no tienen origen neurológico se podrían haber evitado con una buena guía y calor humano.

Así otras enfermedades mentales pueden haber sido reforzadas en la consulta del terapeuta, cuando  éste sigue protocolos ajenos a la ciencia o irresponsables en cuanto a las consecuencias de los tratamientos, un mal que en mi opinión no sería exclusivo, pero si incluyente del psicoanálisis. Esto podría explicar que lo mismo en Suecia que en Estados Unidos las enfermedades mentales no dejan de multiplicarse en los países desarrollados, sobre todo entre sus jóvenes.

En Australia por ejemplo alrededor del 25% de la población de entre 16 y 24 años padece de algún problema mental. En Suecia uno de los países “estadísticamente” más felices y feministas del mundo aparecen continuamente estadísticas del empeoramiento de la salud mental de su población, particularmente de la femenina, aunque el fenómeno no se observa en la etapa infantil sino en las posteriores.

Entre el 2006 y el 2013 la necesidad de tratamiento contra la ansiedad en los jóvenes de este país Nórdico creció en un 20% más proclives a que en el año 2006. De acuerdo a un estudio realizado por de las autoridades de la salud en este país investigaciones realizadas entre los años 2017 y 18 muestran que los trastornos psicosomáticos como dolor de cabeza, depresión e insomnio, han aumentado entre los niños de 11 años entre los años 2013/14 y 2017/18. Así misma proporción de alumnos suecos con trastornos psicosomáticos aumentó entre los niños de 11 años entre los años 2013/14 y 2017/18. Para las niñas, la proporción que se informó trastornos psicosomáticos aumentó del 29 por ciento en 2013/14 al 41 por ciento en 2017/18, y para los niños, la proporción aumentó del 20 al 30 por ciento durante el mismo período. Es la proporción más alta de niñas y niños de 11 años desde que comenzó el estudio en 1985/86. Tener dos o más trastornos psicosomáticos más de una vez a la semana fue más común entre los jóvenes de 15 años que entre los de 13 y 11 años. La cosa no es mejor en la vecina Finlandia, famosa en el mundo entero en cuanto logros educativos, en Helsinki, por ejemplo, el tratamiento de jóvenes por problemas mentales aumentó en un espeluznante 100% en solo una década. Si mis estadísticas no fallan el 3,4% de los ciudadanos norteamericanos, sufren problemas psicológicos, 10 años atrás era solo el 3%.

Lamentablemente el fenómeno tambien se observa en paises menos desarrollados,

Luego entonces algo está fallando en su tratamiento y prevención, tal vez sea necesario mejorar la comunicación entre nietos y abuelitos en lugar de deshacernos de los viejos a la primera de cambio en todos estos países tan avanzados económicamente como despiadados en el terreno humano, donde las madres no tienen reparo en matar hijos abortando, no los hijos deshaciéndose de sus madres, dejándolas a su suerte entre los cuidadores, muchas veces descuidados de los asilos de ancianos, y que no tendrían la el menor reparo de “abortarlos” retroactivamente si se les pregunta sobre la aplicación de la eutanasia, al menos a una buena parte de ellos.

Yo no dudo que un terapeuta pueda conseguir resultados en su consulta, por ejemplo, con un paciente con tendencias suicidas. Pero apuesto cualquier cosa que si allí se salva una vida no será con los recursos de la interpretación de los sueños, o la asociación libre propios del psicoanálisis, sino con un buen consejo dado desde la empatía y probablemente la aplicación de una buena terapia cognitivo conductual que para mí es lo mejor que se ha inventado hasta el momento para modificar los comportamientos y gestionan el problema psicológico que se quiere intervenir.

Una terapia de este tipo ayuda, como mismo daña la “cura” irresponsable, cuando no mal intencionada segun ciertas agenda política o ideológicas. Lo sé porque he hablado con personas psicoterapizadas y la impresión que me dan es que han sido víctimas de una estafa institucionalizada.

No hablemos ya de los casos terribles en los que psicoanalistas indujeron en niños la idea de que habían sido abusados por ciertos adultos y por los cuales estos terminaron en tribunales, en los que más tarde se demostraría que todo era un cuento.

En España, tenemos el caso de Teo Leandres (1966), albañil de profesión, acusado falsamente del abuso sexual de su hijo, fue condenado a catorce años de prisión, una indemnización de 40.000 euros y la prohibición de ver a su hijo, todo con la mediación del equipo EICAS (Evaluación e Investigación de Casos de Abuso Sexual) pertenece a la Asociación ADIMA (Asociación Andaluza para la Defensa de la Infancia y Prevención del Maltrato) equipo del que forman parte cinco Psicólogos Evaluadores y una Psicóloga Analista.

Ahora bien, si alguien quiere atribuirle el mérito de una cura psicológica a Freud, como el paciente de acupuntura atribuye, por un efecto placebo el fin de sus dolores a la activación de meridianos inventados hace milenios por curanderos taoístas, entonces no hay nada que hacer. Es un acto de fe y esto no lo remedia, ni el médico chino, nunca mejor dicho.

Si debo reconocer lo productivo de este debate, me llevó no solo a exponer mis ideas sino también llegar conclusión que la psicología moderna le debe al psicoanálisis, lo que la astronomía a la astrología y la química a la alquimia, un par de pseudociencias por las que Newton se apasionó ciertamente, sin que dejara de ser el gran científico que fue. Es por esto que no debería sorprendernos encontrar, todavía en nuestro, tiempo personas con una mente perfectamente racional que se sienta fascinadas por algo tan cuestionable desde el punto de vista científico como el psicoanálisis original y sus derivados actuales.

Por ultimo debo agradecer a Francisco Almagro el haber compartido, aún en forma dialéctica su experiencia profesional en un campo tan apasionante como es el del tratamiento de las enfermedades mentales, y más cuando lo ejecuta en una sociedad moderna, donde la atomización del individuo, la ruptura premeditada de la familia tradicional, la fuerza descontrolada de la publicidad y no hablemos ya de los efectos de la drogas legales, ilegales o en camino de legalizar, se convierten en fuentes adicionales de neurosis y brotes psicóticos, todo un reto para para estos profesionales.

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