El intelectual y el zapatero

29 Sep

Jean Paul Sartre. El intelectual tipo: se fue a estudiar filosofía a la Alemania nazi, coqueteó con los soviético mas tarde son los separatistas argelinos, despues con el castrismo para terminar abrazado con el maoísmo.

Para mí el intelectual es un mero suministrador de discursos, en teoría con dos objetivos fundamentales: el de persuadir de las bondades de cierta ideología, comunismo, liberalismo, feminismo etc. y /o distraer al público. En general el primero se disfraza del segundo.

Para conseguir los objetivos anteriores se requiere por lo menos de dos soportes, el retórico (si quieres llámalo poético), es decir el juego que hace el autor, pintor, artista, ensayista etc. con el lenguaje, sea escrito, hablado o en imágenes plásticas, y un soporte puramente material, en lienzo, el libro la película, el programa radial o televisivo o lo que sea, que por lo general garantizar quien emplea sus servicios.

Luego necesitas canal de distribución de este soporte, redes de librerías, estanquillos, canales de televisión, cine etc., todo esto avalado por costosas campañas publicitarias, algunas encubiertas con las que se llenan los bolsillos, críticos y especialistas. Sin dudas hay algún que otro “intelectual” en el mundo que pueda financiarlo todo, lo cual es la excepción.

En general el intelectual tiene que vender su capacidad de creación a ese tercer factor que además de pagarle por sus trabajo mental y físico, cargará con los gastos que al fin y al cabo convierten al intelectual en una “marca personal”. Lo hará ya porque le interese lo que el intelectual ofrezca a la hora de convencer a los consumidores de un determinado orden de la realidad, que conviene a este financiador, ya por que el mismo encuentre un público dispuesto a pagar por un producto que le entretiene o le sorprende por la nueva forma que trae, es lo que pasa cuando hablamos de desarrollo en las artes.

En general esta es la forma en que funciona la industria que hace del intelectual un empleado más. Y cuídese muy mucho este buen artesano de que lo que ofrezca vaya a chocare realmente con los intereses del poder, allí donde vive, porque hasta ahí llegara su posibilidad de suministrar.

Que siempre habrá alguno díscolo que siga en sus treces, pese a las advertencias del que manda, ya por que se ha creído el mito del genio solitario (lo que podríamos llamar síndrome de Sócrates), ya porque, aunque no se note, nos encontremos frente a una dualidad de poderes que le permite al intelectual venderse a un nuevo amo. Pero mientras no se resuelva el conflicto de poderes la mayoría termina entrando por el redil del que resulta más evidente hasta que se vire la tortilla.

Aqui traigo el ejemplo típico de “Intelectuala” (para ser inclusivos con el discurso, como nos enseñan los intelectuales de nuestro tiempo), la recién fallecida y muy venerada por la oficialidad cubana, la profesora Ana Cairo.

Primero veamos su extenso currículo, en otras palabras, las posibilidades que le dio su mecenas para investigar, publicar y hablar: Luego en el video de su entrevista para la TV cubana.,  uno de los momentos en que paga el mecenazgo, dibujando con las palabras a un Fidel Castro como modelos de “intelectual” humanista,  un líder dialogante y autocrítico.

No es que todo lo que diga Cairo sea mentira, sino que selecciona momentos de la realidad y los engarza de tal manera que puede crear un mundo imaginario bien apartado de la realidad cubana y que muchos compran sobre todo si no viven en ella.

 

 

Desafortunadamente no es un fenómeno estrictamente comunista, las academias y editoriales del “mundo libre” nutren a miles de ejemplares como este, solo que dada la poliarquía que allí impera será difícil detectarlos, unos venderán mundos a la derecha, a la izquierda, otros a la iglesia, y así cada uno con su secta.

Así temos que figuras como Vargas Llosa, Cabera Infante, incluso Eistein encajan en el oficio del intelectual, han vivido del arte de “vendernos mundos”, gracias al interés de un tercero en que lo hicieran, unos mediate la literatura, el otro con fórmulas fisico matemáticas.

 

En resumen, el intelectual tiene su oficio como lo tiene el zapatero, si el segundo vende zapatos, el primero vende “imágenes de mundos”, más o menos reales, más o menos ficticias. Claro el zapatero puede dedicar su tiempo libre y hacer zapatos para regalar, lo que no puede hacer es vivir de eso y lo mismo ocurre con el intelectual.

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