La españolidad no es cuestión de raza ni de nacionalidad

24 Sep

Mi viejo amigo Francisco Almagro Domínguez, ha publicado un interesante artículo en Cuba encuentro titulado ¿Por qué América y no España?. Allí puede el lector encontrar interesantes reflexiones sobre las identidades y diferencias entre eso que actualmente se llama “cubanos” y los que se han quedad con el término de “españoles”. En un momento de su breve ensayo Almagro escribe:

Siempre me he preguntado por qué en Cuba nunca gustó el futbol y la tauromaquia como en España, y en cambio prendió el béisbol y el boxeo, al punto de competir con dos pasiones muy norteamericanas. Y también el sueño americano de tener casa y auto propios, trabajar turnos corridos —salvo bodegueros y tenderos, españoles y descendientes—, y no tomar la siesta para aliviar la canícula y el cansancio vespertino. Por qué a pesar de cuánto se diga, muchos de nuestros padres fundadores miraron hacia la Republica del Norte como el ideal democrático, y no una monarquía extranjera. Por qué algunos de nuestros más grandes escritores decimonónicos prefirieron el frío de Manhattan para vivir y crear, aun cuando en la España del sur, cercana en calores e idiosincrasia hubieran podido sentirse mejor

Estos y otros renglones del texto -que recomiendo a mis lectores- han inspirado en mi un cometario que dejado bajo el artículo. Es el siguiente:

Francisco claro que en Cuba gustaba la Tauromaquia tanto como en España, pero no olvides que fuimos objeto de una férrea reprogramación cultural a partir de la intervención norteamericana, de ahí el fomento del beisbol durante la ocupación mientras interventores prohibía de manera expresa las corridas entre muchas otras que nos arrancaron sin darnos cuenta y cuya reivindicación más que el comunismo, llevó tanta gente a las filas del castrismo.

No es que nos parezcamos a los españoles, es que somos junto a ellos un mismo pueblo como lo son además todos nuestros hermanos, del color de que sean que hoy pueblan los territorios de Nueva España (de la cual éramos una capitanía) Nueva Granada, Perú y tardíamente La Plata. Otra cosa es que el nacionalismo sembrado por la intelectualidad liberal, sus políticos entre ellos los “padres fundadores”, mejor llamarlos desguazadores y sus ejércitos haya servido para separarnos, enfrentarnos y rebajarnos en lo económico en relación con los países que hasta la cagástrofe separatistas continental de 1820 eran más pobres que nosotros, lo mismo en Europa que en Norteamérica.

Para terminar la hispanidad no tiene geografía, ni raza no es siquiera exclusivamente ibérica habiendo tanto hispano peninsular acomplejado de serlo, al tiempo miles de hispanoamericanos reclaman con orgullo su identidad y sobre todo un pasado único que no debemos olvidar, aunque algún tarado peninsular, producto del maldito adoctrinamiento nacionalista, desprecie a su hermano caribeño o sudaca, es un sentido transcontinental forjado en mil batallas contra el enemigo exterior e interior y sedimentado por una misma religión de la que quedan siempre remanentes entre los conversos al protestantismo, la masonería o al ateísmo (que al final sirven para lo mismo desde el punto de vista moral y existencial) y sobre todo engarzado por la segunda lengua más grande del mundo tras el mandarín que es la nuestra.

Luego he descubierto una respuesta de Francisco al comentario: Es la siguiente:

Estimado amigo.
Creo que en Cuba nunca la tauromaquia nunca fue bienvendida, segun he leido, por las mismas razones que el beisbol fue rapidamente asimilado, como sucedio en casi todo el Caribe. Claro que hubo plazas y toreros, pero ninguno que destacara. Como soy un poco aficionado a los toros y pelota, le puedo decir que la primera razon es que el toreo por ser tan espanol fue rechazado por los criollos, la misma razon a favor del beisbol, un deporte norteamericano traido a Cuba por estudiantes cubanos en USA (primer juego en Palmar de Junco, 1876 o 74 cito de memoria, osea mucho antes de que apareciera la prohibicion colonial de su practica por “ser nociva al espititu de Espana”). Segunda razon: la plaza de toros es excluyente: los mejores asientos son para los duenos y la realeza, no asi el estadio de pelota pues si los mejores asientos son detras de home, algunos prefieren verlo desde primera o tercera base o en los “files”. Tercera razon: es un deporte que se puede practicar por cualquiera y en donde quiera (?recueda haber jugado al “taco”?). Cuarta y ultima razon: si hubo reprogramacion cultural, pero nadie se quejo de ella. Somos el mismo pueblo, es correcto (por mis venas corre sangre espanola en tercera generacion, pero no me negara usted que nuestros mas grandes hombres cubanos han sido hijos de espanoles en primera generacion (Marti, hijo de valenciano y canaria). Sobre el desguace, acabo de terminar de leer la Una Historia de Espana de Perez-Reverte. Es un libro que recomiendo por simpatico, breve y esclarecedor. Espana ha vivido 20 siglos de desguace interno. Esto que vemos, el separatismo, es anterior al acueducto de Segovia. La caida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico en la egida norteamericana era cuestion de tiempo. Para colmo, mientras comian jamon en la Zarzuela, hicieron sacrificar inutilmemte a la flota del Almirante Cervera frentre a las costas de Santiago de Cuba. Espana y Cuba son patrias hermanas. Pero de esas hermanas que se visitan y lo mejor es que vivan lo suficientemente lejos para no interferir una en la otra. 

Y yo le he respondido de esta forma:

Francisco, ¿cómo algo tan español como la lidia no iba a ser popular en el territorio más hispano de América como lo era la Cuba en 1898?, si el toreo (que no viene de los pueblos autóctonos) todavía es popular en países con mayor número de población indígena como México o Colombia que se habían separados de España en 1820, pero nunca fueron ocupados (al menos en su totalidad) por USA. Por cierto nuestra identidad con ese invento que es México también ha sido muy grande compartíamos el glorioso nombre de Nueva España, junto a medio Estados Unidos, este mimo país que intenta negar su propia hispanidad mandando gente de origen indio a destruir estatuas de Colón mientras dejan intactas las de los generales que masacraban a miles de otros indios que ya habían sido hispanizados por nuestros antepasados, lo mismo en la Florida que en el falso salvaje oeste, donde muchos, como el cacique jerónimo estaban bautizados y hablaban nuestra lengua antes de que llegaran los buenos de los ”cowboys”, esos cuyas vestimentas tan lucidas por el cine son de origen español. Ocurre que, aunque muchos se acomplejen de nuestra condición hispana fue diseminándola que nos convertimos en pioneros de la civilización en Norteamérica, cuyos pueblos originarios resultaban ser muy primitivos se les comparan con otro grupo de Centro y Sur América. Claro eso lo logramos en nuestra condinción gigante de hispanos, luego nos redujimos a “mexicanos”, “cubanos”, “venezolanos”, “domincanos” y otros tantos “anos”que nos convierten en enanos.
Esto no nos lo cuentan, y por no contar tampoco te dirán que a la mayoría de los cubanos, negros, blancos y chinos los arrancaron contra su voluntad de su condición de súbditos de la corona española (por mucho que esta degenerara) esta condición fue combatida en Cuba solo por un partido anticonstitucional, incluso en la etapa de la primera república española, bajo la cual prefirió autoproclamarse gobierno en la manigua, en lugar de luchar cono con codo con el resto de los republicanos españoles por un patria común mejor, por el contrario ayudando con su beligerancia, sumada a las guerras de las guerras cantonales (las pequeñas Cubas armadas en toda España y de las que tampoco nos hablan) a hundir aquel intento. Así de demócratas era nuestros mambises que tanto miraban al norte.
Claro que nuestros compatriotas se quejaron de la invasión norteamericana antes y después y lo hicieron a balazos hasta que fueron traicionados por la politiquería madrileña, la misma que hoy deja hacer y deshacer l al separatismo catalán (como hicieron con sus predecesores en Cuba). Lo que pasa para es que la historia de Cuba y en particular de los patriotas hispano-cubanos, ha sido totalmente manipulada mucho antes de la llegada del comunismo, quien hereda el habito de descalificar a los defensores de la isla como simples voluntarios y guerrilleros (no “contraguerrilleros” como los denominan en la serie de Elpidio Valdés) sedientos de sangre, esto durante la guerra antiseparatistas o contran la invasión y luego durante la ocupación norteamericana, como simples bandoleros.
Con Pérez Reverte hay que tener mucho cuidado cuando aborda la historia de España, parece un conservador español, pero no pasa de ser un francófobo lo cual sería justificado tomando en cuenta el origen de esa plaga que es la dinastía borbónica que desgobierna España desde hace casi 300 años. Lo malo de Reverte es que lo mata su anglofilia, su visión suele ser subjetiva, escapándosele que buena parte de los males de su país (como los del nuestro) fueron inducidos desde el imperio británico.
Para terminar aquí te dejo el enlace a un interesante artículo sobre la tauromaquia en Cuba. Es esa impresión de que ella nunca existió ( como tantas otras cosas que caracterizaron nuestra hispanidad hoy borradas del imaginario cubano) uno de los resultados de la reprogramación cultural de la que te hablaba, iniciada en la ocupación, desarrollada en la neocolonia, y proseguida en paralelo lo mismo bajo el castrismo que en el exilio. Esperemos que el foro de Encuentro nos ayude a curar esto; https://havanatimesenespanol.org/reportajes/cuba-brava-la-historia-de-la-tauromaquia-en-la-isla/

Esta nota hice tarde en la noche, escapándoseme un craso error. Al otro día vi que Almagro, con la amabilidad que el caracteriza había respondido a este su amigo lector, poniendo en evidencia mi falta, quizás sin intención. Así escribía:
Pues sobre Perez Reverte quisiera discrepar. Compre el libro en Madrid solo por curiosidad pues habia visto una entrevista en TV. Me parecio todo lo contrario a lo que afirmas: un liberal anti-monarquico y anticlerical. Nada anglofilico. Enjuicia Espana con cierta crudeza, tal vez la que lleva. No omite ni una coma del pasado y lo mejor del libro es la parte de la Guerra Civil, dibujada en el horizonte peninsular desde tiempos inmemoriales. Cuando comparas la afuicioin a los toros de Peru, Mexico o Colombia, Cuba no cuenta. Ahora mismo un torero peruano Roca Rey esta causando furor en los ruedos del mundo. A mi que me gustan los toros y desde chico oigo hablar de ellos, me parece extraordinario. Tu articulo es muy interesante. Gracias por esos aportes siempre inteligentes y respetuosos. Me gustaria discutir mas acerca del “mapa” que pegaste abajo. No lo veo ni hubiera sido factible jamas.
Por cierto, acaca de salir Sidi, de su autoria, y sobre el Cid Campeador, un mito, una leyenda, otro listo que se nos hace heroe.

Y yo tras reconocer mi falta me adentraba, sin encomendarme a Dios, en el agosto terreno literario que al final se mencionaba:

Tienes toda la razón. El paradigma es invertido. Corrijo lo que había escrito de Perez Reverte (cosas del agotamiento nocturno) ahora que recuerdo mejor y retiro lo anterior. Su pecado es creer que el defecto de los españoles es no haber sido lo suficientemente afrancesados cuando se desata a la única de nuestras guerras que merece el nombre de “de independencia”, la que busca la expulsión de las tropas de Napoleón y su hermano el Rey Pepe botella (que no es Martí). Las nuestras que llevan tal nombre en propiedad fueron secesionistas como la civil norteamericana. De cualquier modo al escribir su propia historia desde el complejo de inferioridad (vicio que comparte nuestra historiografia oficial) sigue siendo un autor en el que no podemos fiar.
Y del Cid que decir, era un mercenario que no creía ni en su madre a la hora de vender la espada. A el solo le interesaba la paga, “héroe” lo hicieron otros. No por gusto siendo formalmente cristiano conocemos a Rodrigo por su título árabe de Cid (señor). Eso sí, siempre habremos de reconocer que al Cantar de mío Cid le sobran los valores historicosliterarios en su condición de Canto de Gesta, tanto como le faltan desde el punto de vista moral al personaje que le inspira, no importa lo bien que blandiese la espada ese caballero castellano, un tanto mitificado, que en vida fue Díaz de Vivar el Campeador.
Paradójicamente ni este, ni la otra figura cumbre de la literatura española, Don Quijote, deberían ser modelo de lo hispano, el primero por su pragmatismo desmesurado, el segundo por su idealismo insensato (que es en verdad lo que critica Cervantes con su ingenioso hidalgo), los dos grandes extremos por no hablar de tendencias innatas en nuestra rica y contradictoria cultura de las que deberíamos cuidarnos.

 

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