Cuando las guerras se iniciaban tirando gente por las ventanas

14 Abr

 

Me llamaba mucho la atención desde niño, el inicio de no sé qué programa televisivo cubano, no recuerdo si dedicado a la historia del cine o simplemente a la historia a secas, en la cual uno hombres de vestimenta antiguas lanzaban a otros por una ventana, se trata de un una defenestración, hecho histórico, que repetidamente tuvo lugar en Praga, parece que era tradición checa, por para ser más concretos de la Bohemia de entonces, tirar por la ventana a quien te caís mal, así se hablan de cuatro defenestración de Praga, 1419, 1483, 1618, el último en 1948 cuando el país dejó de ser una democracia popular para convertirse en un estado comunista.

Uno de estos ejercicios de barbarie, el de 1618 quizás el más famoso y seguramente el que recogía la película, que tradicionalmente se le considera como el detonante de la guerra de los Treinta Años. Hoy en día, el término “defenestración de Praga” suele referirse al caso de ocurrido un 23 de mayo de 1618, que dio lugar al enfrentamiento militar fue el desencadenante de entre las grandes potencias europeas de entonces modificándose con ella el mapa político europeo y dando pie a un peligroso desarrollo que marcaría entre otros derroteros el que llevará al inicio del hundimiento del Imperio español.

Se trata de una guerra a la que no se le presta demasiada importancia en los manuales de historia con que nos educamos en Cuba, pero que, según he notado emerge con insistencia en los de Suecia. Haré una reseña de la misma tomando como fuete el artículo que me llega en un boletín de la revista sueca Historia Popular, cuyos contenidos suele ser bastantes didácticos, aunque no sin cierta tendenciosidad a favor de los países protestantes. Se titula “El disparo de arrancada de la de la guerra de treinta años”, su autor es Gunnar Wiman y fue digitalizado el 8 de marzo de 2019.

Recuerda el periodista que, en mayo de 1618, los delegados protestantes de toda Bohemia se reunieron en Praga para llevar allí su descontento con las políticas antiprotestantes seguida por la casa de los Habsburgo. Y fue en la mañana del 23 de mayo, que un grupo liderado por Heinrich Matthias von Thurn fue al Castillo de Praga para exigir a los representantes del emperador garantías para los privilegios previamente otorgados.

Antes de continuar explico al lector quien era el tal Heinrich Matthias, sobre el que se profundiza por en el artículo de marras, en realidad de llamaba Jindřich Matyáš Thurn, había nacido el 14 de febrero de 1567 en Lipnitz dentro de una familia noble de Bohemia. Entre los años 1584-1586, Thurn realizó varios viajes largos en Asia y África, después de lo cual participó en las Guerra Imperial en 1588. Allí ganó una gran reputación siendo ascendido al Consejo del Tribunal de Guerra y en 1601 a coronel. Su relación con la Casa Imperial se vio perturbada en 1606, a causa de una propiedad adquiridas en Bohemia, lo que le lleva a unirse unió a la oposición protestante y liderar la contra el emperador Rodolfo II, rey de Hungría de 1572 – 1608 emperador del Sacro imperio romano desde de 1576 , rey de Bohemia 1575 – 1611 y Archiduque de Austria desde 1576.

Se trata de un personaje quien parentalmente está muy relacionado con los Reyes de España. Nacido el 18 de julio de 1552, su padre era Maximiliano II hijo de Fernando I quien a su vez había, nacido el 10 de marzo de 1503 en Alcalá de Henares, como sucesor del emperador Carlos V (primero de España) se convertirá en emperador germano-romano desde 1558 , rey de Bohemia y Hungría desde 1526 y rey de Croacia desde 1527 hasta su muerte.

Fernando I, por su parte era el hijo de Felipe I de Castilla y Juna la loca, hija de los Reyes católicos. La madre de Rodolfo veía de la misma línea, ella era María de Habsburgo,  hija del emperador Carlos V.

Quizás por tanta consanguineidad y sabrá dios porqué motivos, el caso es que heredó la locura de su bisabuela Juana, lo que, en medio de la guerra, le obligo a abdicar en beneficio de su hermano y sucesor Mattias, a quien, por lo visto los genes no jugaron tan mala pasada.

Pero volvamos al fatídico 23 de mayo de 1618. Ese día de forma tumultuosas, penetraron los inconformes que seguían a Von Thurn en la oficina donde estaban los cuatro administradores del Emperador e improvisaron un juicio haciendo ellos mismos de fiscales. Dos de los oficiales fueron declarados inocentes y se les permitió salir, pero a los otros dos, Vilém Slavata y Jaroslav Borita, se les sentenció a muerte.

Slavata y Borita pidieron desesperadamente que confesaran antes de que se ejecutara la sentencia ilegal, pero sus apelaciones fueron negadas. Primero, Borita fue arrastrado hacia la ventana tirado por ella, luego le tocó el turno Slavata y para completar el trío tiraron de paso secretario Philipp Fabricius. Entonces ocurrió “el milagro”, los tres hombres sobrevivieron a pesar de haber caído desde 20 metros: Sorprendidos y en shock, se levantarse y se perdieron de allí. Los católicos explicaron esta salvación con la providencia de Dios y afirmando que los tres hombres fueron rescatados por ángeles.

La propaganda protestante, por el contrario, ofrece una explicación más vulgar, aunque probablemente más creíble, asegurando que los defenestrados sobrevivieron por haber aterrizado en un montón de desechos, o en un montón de estiércol, podrían haberle concedió el caer sobre un montón de heno, pero ya se sabe que en propaganda -y en ella los protestantes desde Luteros a los que se volvieron nazis y por tanto paganos, pasando por los anglicanos sin maestros- al enemigo, ni agua.

Como dato curioso hay que decir que al secretario Fabricio, el emperador le otorgará el apropiado título de Barón von Hohenfal, que en nuestra legua sería “de la alta caída”.

En su artículo el periodista nos explicas las razones religiosas de este intento de asesinato e icono de. la historia europea. No era el resultado de una ira descontrolada, sino de un frío plan, inspirado en el incidente que había tenido lugar 199 años antes: la primera defenestración en Praga. En aquel caso sí que no hubo intervención angelical, ninguno de los defenestrados pudo levantarse e irse campantemente como los de 1618.

En 1415, Jan Hus fue quemado en una hoguera después de ser condenado como hereje por el consulado en Constanza. A principios del siglo XV, Hus se había destacado como líderes del movimiento de reforma establecido en Bohemia unas décadas antes. El objetivo inicial no era romper con la Iglesia católica sin promover la renovación interna, pero el conflicto entre los reformistas bohemios con la Hus a la cabeza y la iglesia del Papa se fue agudizando gradualmente.

 

Tras la ejecución de Hus su movimiento se radicalizó y la violencia por motivos religiosos se convirtió en una característica cada vez más común en las calles de Praga.

En el verano de 1419 el malestar llega a su colmen. El 30 de julio, el sacerdote de la casa Jan Zelivsky celebró un sermón en la Iglesia de la Virgen María de la nieve en la Ciudad Nueva de Praga, la principal fortaleza de los husitas radicales. La atmósfera era feroz, en parte debido a las habilidades demagógicas de Zelivsky, pero también porque las iglesias de los husitas en Praga habían sido cerradas recientemente por mandato real.

Después del sermón, Zelivsky se armó una procesión, que partió hacia el ayuntamiento donde los miembros del consejo recién nombrado se intentaban protegerse de los desordenes armados en las calles. Una vez allí, los husitas exigían acceso para hacer sus reclamos.

Mientas miembros del consejo les hablaban desde una ventana unos pisos más arriba para intentar calmar los sentimientos de malestar. Es en ese momento, narra el articulista, que Zelivsky recibe una pedrada lo que sirve de señal de estampida a la multitud, la cual logra forzar la puerta entrar al edificio y lanzar siete concejales por la ventana, de ellos el que sobrevivió a la caída terminó linchado por las turbas callejeras. Dos semanas después murió el rey bohemio Wenceslao IV, quien había sido una fuerza moderadora en el conflicto religioso. La ya tensa situación se vio agravada por el hecho de que el heredero del trono fue su hermano Segismundo (emperador germano-romano de 1433), considerado el hombre que traicionado a Hus en Constanza. 

Así comenzó la famosa guerra husita, Segismundo estaba preparado para asegurar el trono heredado con el poder de las armas, mientras que partes del movimiento husita estaban decididas a defender su revolución religiosa por todos los medios disponibles. El problema es que mientras el emperador germano-romano y el papa estaban unidos en el enfrentamiento a los husitas los últimos, se hallaban fragmentados y propensos al enfrentamiento entre ellos mismos.

La otra dificultad que tenían los reformadores era de carácter lingüístico, sus predicas eran en checo, dio al movimiento un carácter “nacionalista”, lo que alienaba a la gran población alemana. Además, había una línea de falla social donde las clases más altas permanecían leales al papa y a Segismundo o abrazaban las ideas más moderadas dentro de los inspirados por el difunto Juan Hus. Esto significó, explica el boletín, que la guerra de casas, al igual que la guerra de treinta años, que tiene lugar 200 años después, constituyó una mezcla de guerra civil y conflicto intergubernamental, con signos políticos, económicos, sociales, nacionales y, sobre todo, religiosos.

Según el artículo, la razón más importante por la que los husitas pudieron en un inicio resistir y derrotar repetidamente a las fuerzas superiores de Segismundo fue el genio militar Jan Ziska. Probablemente se trate de unos de los participantes en el defenestra miento con el que se inició esta guerra. Ziska lideró y construyó en poco tiempo un poderoso ejército que continuó su carrera de victoria incluso después de que Ziska murió en la plaga en 1424.

Apartándome nuevamente del artículo del Historia Popular, traeré aquí lo que se dice de Ziska en otro trabajo relacionado con el tema, Las guerras husitas: modernizar el uso de la pólvora, firmado por By Chuck Lyons y publicado el 20 de noviembre de 2018, en el sitio warfarehistorynetwork.com. Aquí se nos asegura que no fue hasta las Guerras desencadenadas por los seguidores de del sacerdote, filósofo y reformador checo Jan Hus, a principios del siglo XV que se desarrollaron las tácticas modernas que permitirán que las armas de pólvora contribuyan de manera decisiva a las confrontaciones bélicas en Europa.

La rebelión se extendido por áreas significativas de Silesia, Hungría Lusacia, Meissen y Sajonia. El propio Papa finalmente convocó varias cruzadas contra los rebeldes, y lo que no sabía yo que es que 1430 Juana de Arco estuvo a punto de entrar en el conflicto, enviando una carta a los husitas en los que los amenazaban con liderar un ejército cruzado contra ellos si no regresaban a “La fe católica y la verdadera Luz”, incluso amenazó con dejar de de luchar contra los ingleses e ir en contra los seguidores de Hus por la vía de la espada, lamentablemente esto no la librará de terminar en la hoguera con anuencia de la misma iglesia que defendía en su carta.

De acuerdo con warfarehistorynetwork los husitas lucharon al principio en una guerra defensiva, pero en 1427 habían comenzado a tomar la ofensiva. Fue durante este último período que desarrollaron lo que se conoció como su “estrategia de carro de guerra“, llamada así por las columnas de carros en la que las fuerzas husitas viajaban y luchaban, por lo visto fueron los inventores sino de tanques al menos de las primeras tanquetas de guerra de la historia. Los vagones en cuestión eran simples carretas de granja rectangulares con tablas robustas que se elevaban a una altura de tres a cuatro pies de la cama del carretón. En la parte superior de los lados, algunos de los cuales estaban blindados, se articularon tablones adicionales. Estos podrían levantarse y fijarse en su lugar, formando una pared a través de la cual los artilleros y ballesteros podrían disparar desde la cubierta. Debajo del cuerpo del vagón había otra tabla con bisagras, perforada con ranuras de disparo que podían bajarse para cerrar el espacio debajo del vagón y crear una cubierta adicional para los artilleros y ballesteros.

Se adjuntaron bolsas de rocas a los vagones para proporcionar estabilidad y, en caso de emergencia, ser arrojados al enemigo. La estrategia husita consistía en formar estos carros de guerra, o tabors, en cuadros o círculos, uniéndolos rueda con rueda por cadenas, con sus esquinas unidas entre sí y una zanja en frente. Escudos o pinceles espinosos estaban apilados en las aberturas entre los carros. La tripulación de cada carro consistía de 30 a 44 hombres, incluidos de cuatro a ocho ballesteros y dos artilleros, dos conductores, soldados de pie, piqueros y portadores de escudos. La caballería husita se agrupaba dentro de los carros en círculo. Los disparos resultantes causaron estragos entre los caballeros blindados del enemigo.

Las plazas de vagones husitas tenían la ventaja adicional de apoyarse mutuamente en la lucha cerrada que seguiría a un ataque. La artillería consistía principalmente en cuatro tipos: un tarasniuc, un arma de cuatro o cinco pies de largo con un agujero de dos pulgadas; un haufnitze (de donde puede haberse originado la palabra moderna “Howitzer”(en español obús), un arma de cuerpo corto con un diámetro de ocho a 12 pulgadas; un bombardero, un cañón o mortero de gran calibre que disparaba piedras grandes; Y un pequeño cañón. Las armas estaban montadas en carros de guerra especialmente construidos que permitían su retroceso. Algunas de las armas eran pistolas de asedio, y es probable que los haufnitzes y tarasniuces fueran utilizados para lanzar la metralla contra el enemigo.

El objetivo era golpear sobre todo a la caballería enemiga, rodeándola con círculos de estos vagones para atraparla en un fuego cruzado mortal.

Un objetivo importante de los husitas en la lucha era deshabilitar los caballos para que los caballeros se desmontaran, haciendo de ellos objetivos más fáciles. Con el enemigo debilitado, la infantería husita armada con mayales, espadas y picas, así como su caballería protegida hasta el momento por la husita atacaba sobre los flancos contra los aturdidos y desorientados caballeros enemigos, quienes entre los ataques de flanqueo y el fuego de los carros eran incapaces de escapar y terminaban por ser aniquilados. Con el tiempo, los husitas se hicieron famosos por no tomar prisioneros, algo de guerra psicológica que desmoralizó aún más al enemigo.

Estas tácticas de la fortaleza móvil fueron desarrolladas por el líder militar Jan Ziska, quien era semiciego, la idea no era del todo nueva, un oficial del ejército romano había mencionado el término ” vagoneta fortaleza” ya en el siglo IV, y los chinos utilizaron tales formaciones en la batalla de Mobei en para el año 119 antes de Cristo. En el caso de Europa, fueron los husitas los encargados de rescatar la idea olvidada durante siglo, la cual será reutilizada contra Napoleón por Wellington en Waterloo.

Lo novedoso de los husitas fue combinar la idea de del carromato fortaleza con la ballesta existente y el nuevo cañón de mano. El resultado fue devastador. Tales armas y tácticas permitieron a las fuerzas husitas ganar batallas importantes contra caballeros armados durante los años 1420 y 1430. No fue hasta 1436 que los husitas, preocupados por la disensión interna, fueron llevados a la mesa de la paz.

Como afirma el autor de Las guerras husitas: modernizar el uso de la pólvora, , con esta revolución táctica comenzaba el final de de la era de la caballería y resurgía resurgimiento de la infantería como el arma por excelencia en el campo de batalla, al mismo tiempo la introducción de la pólvora también se presagió una revolución social. “Ahora incluso un campesino analfabeto podría vencer a un noble caballero. Fue una lección que, una vez aprendida, nunca será olvidada”.

Hecha esta disquisición bélica retomemos a Wiman, que sintetiza los resultados de las casi dos décadas de guerra y devastación husita con un acuerdo de paz en línea con los objetivos de los de los marginados aglutinados pro la predica de Hus, cierto autogobierno, una gran libertad religiosa y que Bohemia en la práctica consiguió la primera iglesia estatal de Europa.

Desde Bohemia, las ideas reformistas se extenderán a Europa Central y preparando el terreno para la reforma de Martín Lutero. La libertad religiosa en Bohemia había sido confirmada por el emperador en varias ocasiones, y en Augsburgo en 1555, la fe protestante fue garantizada en todos los estados del Imperio germano-romano donde gobernasen príncipes de tal creencia. La última confirmación del estado protestante en Bohemia fue emitida por el ya nombrado emperador Rodolfo II en 1609, en la llamada Carta de la Majestad; en ella estaban acuñadas las viejas garantías (como una vez estuvieron en España la de los musulmanes tras la reconquista) cuya validez exigían von Thurn y sus seguidores exigieron el 23 de mayo de 1618.

El problema de los Habsburgo eran defensores entusiastas de la contrarreforma. Las concesiones hechas a los protestantes no se debieron al afán por garantizar de la libertad religiosa, sino a preservar la paz del reino. Recordemos que el verdadero enemigo eran entonces el imperio Otomano (muchas veces aliados con Francia), contra el que las diversas ramas de la casa Habsburgo, conocida en España como los Austrias, no podía combatir con suficiente energía mientras distrajera sus fuerzas con los protestantes. Este fue el olvido de Fernando II, quien al ser coronado emperador germano-romano en 1620 prohibió e inmediatamente el protestantismo.

Ya desde antes existía la profunda desconfianza entre los protestantes en el Imperio alemán, y en Bohemia en particular, con respecto a las intenciones de los Habsburgo. Esto llevó a los protestantes a establecer alianzas entre ellos, y también con estados extranjeros que estaban favorablemente dispuestos a su causa por motivos religiosos o políticos: Dinamarca era un ejemplo de lo primero, y la muy católica y pragmática Francia en lo segundo.

No faltaban casas reales que seguían con interés y ambiciosas agendas de política para el exterior lo que acontecía en la arena alemana. La idea era encontrar una oportunidad de emerger, tal es el caso, nos cuenta el historiador del rey sueco Gustavo II Adolf, quien entraría al juego en 1630.

En 1617, Fernando II fue nombrado rey bohemio. Fernando comenzó su carrera real cuestionando la validez de la dichosa carta de Majestad. Poco después, paró la edificación de iglesias protestantes en el territorio real y disolviendo una parroquia bohemia reacia a seguir sus órdenes. Fueron estas medidas las que hicieron que prominentes protestantes en Bohemia hicieran las maletas y se fueron a Praga en mayo a formar la “jodienda” de 1618, no encuentro mejor definición su con la defenestración en 1618, de inicia una guerra cruel que desbastara a Europa por 30 años.

Al inicio el levantamiento parecía haber sido aplastado en la Batalla de la Montaña Blanca o Bitva na Bílé hoře como la llaman los checos. Evidentemente los soldados bohemios habían perdido el arrojo y sobretodo el ingenio de sus antepasados husitas, es lo que se evidenció en el enfrentamiento librado aquel aciago 8 de noviembre de 1620.

Aquel día, en las cercanías de Praga, se enfrentó un ejército de 20 000 soldados entre bohemios y mercenarios, bajo el mando de Cristián de Anhalt se enfrentó ga contra los 25 000 hombres de los ejércitos combinados del Sacro Imperio Romano Germánico de Fernando II, dirigido por Conde de Bucquoy, más soldados de España y los Países Bajos españoles y de la Liga Católica de Alemania, al mando del Conde de Tilly. Con la entrada de las tropas imperiales en la capital de Bohemia y el sometimiento de los protestantes se internacionalizaba la lucha y finalizaba el período estrictamente bohemio de la Guerra de los Treinta Años que acababa de comenzar.

La batalla influyó decisivamente en el destino de las tierras checas durante los siguientes 300 años. Sus secuelas cambiaron drásticamente el paisaje religioso de estas tierras después de dos siglos de dominio protestante. Si bien los líderes de las fuerzas derrotadas en 1620 durante la batalla de Montaña fueron ejecutados, ello no bastó para detener las fuerzas puestas en movimiento por el levantamiento bohemio. Al ser coronado Fernando como el emperador germano-romano ese mismo año, implantará con fuerza la contrarreforma en Bohemia, el territorio pierde su independencia y se prohibió definitivamente el protestantismo. El catolicismo dominará sobre la mayor parte de las tierras checas hasta finales del siglo XX.

Así el sector protestante de la población, casi exclusivamente de nacionalidad checa, como había ocurrido primero con los judíos (1492) y luego con los moriscos (1509) en España, se enfrentó al dilema de convertirse o despojada de sus hogares. Muchos eligieron este último, lo que llevó a que la composición de la población se modificara radicalmente en beneficio de los hablantes alemanes. Como si no fuera suficiente, Praga será saqueada de sus principales tesoros por los suecos en 1648.

La situación no mejorará para los protestantes checos, ni siquiera con la llegada de la paz de Westfalia en 1648, con la que las potencias protestantes europeas salían ganado de la contienda. Se trata de los tratados de paz de Osnabrück y Münster, firmados el 15 de mayo y 24 de octubre de 1648, respectivamente, este último en la Sala de la Paz del ayuntamiento de Münster, en la región histórica de Westfalia firmados por el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (Fernando III de Habsburgo), la Monarquía Hispánica, los reinos de Francia, Suecia, las Provincias Unidas (Países Bajos) y sus respectivos aliados.

Así finalizaba no solo la guerra de los Treinta Años en Alemania, sino la todavía más larga, de unos ochenta años, entre El imperio español y los independentistas neerlandeses que oficialmente formaron parte del Sacro Imperio Romano Germánico hasta a ese años, 1648.

La Monarquía hispánica perdía Portugal con sus posesiones coloniales y era obligada a reconocer la independencia de su siete provincias septentrionales de los Países Bajos, las cuales recibirán además el derecho a navegar y comerciar con las tierras de América, fuera de control español. El emperador Fernando III pudo recuperar parte de sus dominios hereditarios, ocupados por potencias extranjeras, pero tendrán que sacrificar territorios en el Norte y en el Oeste del Imperio. Así mismo se anulaba su el llamado Edicto de la Restitución de 6 de marzo de 1629, que ilegalizaba la secularización de las tierras eclesiásticas después del año 1552, y demandaba el retorno de aquellas a la Iglesia católica, a la vez que colocaba los calvinistas fuera de la protección de la ley. Ahora se reconocían las secularizaciones anteriores al Edicto, y por si fuera poco situaba a los calvinistas en pie de igualdad con luteranos y católicos.

 

La gran beneficiaria será Francia, aumentando sus territorios a costa de España y del Imperio Sacro Germánico. Convirtiéndose a larga, tras la llamada Paz de los Pirineos en 1659, se convertiría en la potencia hegemónica de Europa.
Con Paz de Westfalia se inició un nuevo orden en Europa, que durará hasta las guerras Napoleónicas; estará basado en el concepto de soberanía nacional, estableciéndose el principio de que la integridad territorial frente a la concepción feudal, de que territorios y pueblos constituían un patrimonio hereditario, es aquí donde nace el concepto de Estado nación, entendiéndose al el Estado como una forma de organización política en un determinado territorio el cual está delimitado por fronteras. Paradójicamente nada de esto beneficiará a los herederos de los husitas es decir a los protestantes de Bohemia y quienes a pesar de haber sido los iniciadores de la guerra de los 30 años, terminaran siendo sus grandes perdedores, como bien dice en este artículo Publicado originalmente en sueco en Historia Popular, número 2/2018, que he tenido a bien reseñar y enriquecer para el amable lector.

 

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