Suecia, donde el transhumanismo se traduce en chip bajo la piel

23 Sep

Comienzo esta entrada con un video en sueco, pero cuyo contenido no resulta difícil de comprender solo con las imágenes que se muestra, el modo en que la empresa sueca operadora de trenes SJ Railways se ha convertido en una de las ya variadas compañías de su país que adopta tecnología para leer microchips incrustados en el cuerpo. Algo que funciona como una alternativa a los pasajes de trenes impresos. Aquí podemos ver, tal y como explica el texto al pie de material, como el microchip implantado en la mano es escaneado por el conductor para validar el boleto del pasajero. El sistema funciona registrando a cada pasajero con un número de membresía, que se almacena en el microchip, y se monitorea y actualiza a través de una aplicación en el teléfono inteligente del cliente. El microchip y la información de intercambio de aplicaciones utilizan la comunicación de campo cercano (NFC), la misma tecnología de transferencia inalámbrica de datos utilizada por Apple Pay, Android Pay, Amiibo, y tarjetas de crédito, y son “pasivos”, en el sentido que contienen datos que otros dispositivos pueden leer, pero no ellos.

A medida que el conductor se mueve a través del tren para verificar los boletos, los pasajeros pueden simplemente le tienden al conductor para que escanee y verifique la información del boleto. SJ Railways afirma que es la primera compañía de viajes en el mundo que ofrece este servicio cerca de 3.000 pasajeros de trenes que ya utilizan tecnología de microchip.

Cuando leí per primera vez la noticia de que a los suecos le estaban implantando chips en las manos, no por razones de salud, sino de transferencia informática, me pareció una exageración más propia de conspiranóicos que otra cosa. Bastante ya tiene el poder para controlarnos, sabiendo donde estamos con nuestros teléfonos y tableta portátiles, para encerrarnos o impedirnos entrar algún sitio con la sustitución de llaves por chapas electrónicas, por no hablar de expropiarnos de un zarpazo todo nuestro dinero, condenándonos literalmente al abre con el cierre de nuestras tarjetas bancaria. Pero no faltaba un dogal más y este se lo están poniendo alegremente al cuello, como se muestra en el video, los suecos, ellos son los pioneros, pero a todos nos llegará con un buen lavado de cerebro.

Repito, al principio no me lo creía, pero me en topado con la noticia en una publicación danesa que me despierte cierta credibilidad, la hoja informativa digital (no podía ser de otro modo) de popularización de saber científico que me hace llegar la revista Videnskab.dk (Ciencia.dk) a cuyo boletín estoY subscrito.

Es verdad que podríamos tener alguna reticencia ante la mala nueva sabiendo que a los daneses les encanta sacer trapos suecos a los suecos, pero en este caso se trata de vergüenza reales, y lo hacen traduciendo;  “Por eso tanto, miles de suecos tienen un microchip debajo de la piel”, un artículo publicado originalmente por la profesora Moa Petersén que traduce Stephanie Lammers-Clark. Ella trabaja en el Departamento de Artes y Ciencias Culturales de la Universidad de Lund, Suecia, donde investiga en Artes Visuales, Historia del Arte y Filosofía de la Ciencia, es autora del estudio “Las relaciones humano-tecnológicas en la era digital: el colapso de la metáfora en Biohacking”,  publicado este mismno año dentro de la monografía “Metodologías posfenomenológicas: nuevas formas de mediar en las relaciones tecnohumanas”(Londres: Lexington Books , p. 65-81) y actualmente escribe una biografía sobre el fotógrafo estadounidense Jerry Uelsmann.  Parece una académica seria que no tendría que estarnos mintiendo sobre el tema que nos ocupa.

Catedrática Moa Petersén. División de Historia del Arte y Estudios Visuales de la Universidad de Lund. Foto institucional.

 

Tengamos presente que es importante tomar cuenta de todo lo que ocurre en el país desde el que escribo, más allá de las enemistades históricas de las regiones nórdicas. Suecia es, un auténtico laboratorio social, donde se experimenta primero lo que nuevo se impondrá a nivel global, es lo que considero y constato permanentemente, por ejemplo, en España, cuyo asuecamiento paulatino en cuestiones vinculadas por políticas de género es más que evidente.

Siguiendo los enlaces que me ofrece el boletín he llegado a la fuente original de esta noticia, la agencia AFP que en un despacho firmado por Camille BAS-WOHLERT, con fecha el 13 de mayo de 2018, en Estocolmo. Aquí ya se informa de lo que ya “sugería” el video de arriba, que alrededor de 3.000 suecos tenía insertados en las manos unos microchips, y se informaba que, con los mismos, además de poder comprar y mostrar sus boletos de tren, las personas podían acceder a sus códigos de entrada digital, hacer uso de ciertas máquinas expendedoras o impresoras o reemplazar la necesidad de llevar llaves o tarjetas de crédito.

Según AFP, el dichoso chip, del tamaño de un grano de arroz, podría ser la clave para la solución muchos problemas cotidianos y aunque para algunos esto les puede parecer una pesadilla orwelliana, en Suecia se trataba una realidad bienvenida para un número cada vez mayor de personas la prefiere por encima del peligro de las posibles violaciones de datos personales. Para mía nada de extrañar frente a la manera general y diaria con la que sus pobladores, convencidos de vivir en un “Mundo Feliz”, aceptan situaciones que de algún modo recuerda la famosa novela un Bravo Nuevo Mundo de Aldous Huxley m sino también la más cruda distopía de “1984”.

No se trata, a de la mano, de una operación complicada, sino de un leve pinchazo de jeringa y el chip queda insertado en la mano izquierda, prácticamente sin dolor. No creo que los organismos de salud que nada dice sobre los efectos perniciosos de los piercings o tatuajes, tan comunes entre la juventud del país, vaya a poner en grito en el cielo por los efectos colaterales que pueda tener este cuerpo extraño en el cuerpo humano. El que sí lo ha puesto, según la corresponsal en la capital sueca es Ben Libberton, un microbiólogo que trabaja para el Laboratorio MAX IV en la ciudad sureña de Lund que proporciona rayos X para la investigación, el peligro es real. Los implantes de chips podrían causar “infecciones o reacciones del sistema inmune”, advirtió. También alerta sobre otros riesgos, ahora vinculados a los datos contenidos en el chip, sobre todo en la medida de que estos estos aumenten. Al investigador le preocupan qué datos se recopilan y quién los comparte. “Si un chip puede un día detectar un problema médico, ¿quién se entera y cuándo?, se pregunta agregando que “mientras más datos se almacenen en un solo lugar como podría pasar con un chip, mayor será el riesgo de que se use contra nosotros”.

Resulta que estos pequeños implantes pequeños se usaron por primera vez en 2015 en Suecia (y no solo en este país), inicialmente de manera confidencial. Constatándose que, si bien el uso del microchip ha aumentado, el debate sobre las cuestiones relacionadas con su uso es escaso en un país interesado en las nuevas tecnologías y donde el intercambio de información personal se mantiene como un signo de una sociedad transparente. Para mí otra prueba del modo en que las “discusiones” públicas del país son administradas desde el poder.

Volviendo al artículo publicado Videnskab.dk aquí que explica que las razones de esta nueva tendencia en Suecia pueden ser más complejas de los que se parece y refleja a una reacción a un fenómeno único, el de la cultura biohacker de Suecia.

El término “biohacker” abarca a los biólogos aficionados que realizan experimentos biomédicos fuera de las instituciones tradicionales, como universidades, compañías farmacéuticas y otros entornos controlados científicamente. Al igual que los piratas informáticos que piratean computadoras, los biohackers lo piratean todo biológicamente. El biohacking también es una cultura diversa, nos explica la revista, con muchos subgrupos; todos con diferentes intereses, objetivos e ideologías. Sin embargo, generalmente hay dos grupos principales:

Hackers de Wetware; biólogos de ciencias ciudadanas que construyen equipos de laboratorio con utensilios domésticos. Realizan la llamada “ciencia frugal”, donde encuentran soluciones baratas que pueden mejorar los niveles de vida de los habitantes de los países en desarrollo. También realizan experimentos más espeluznantes donde modifican genéticamente las plantas para que se vuelvan fluorescentes, o usan algas para producir diferentes tipos de cervezas.

Transhumanistas; se centran en mejorar y mejorar el cuerpo humano a largo plazo para mejorar la raza humana. Solo mejorando uno mismo y evitando los límites biológicos, el hombre puede competir con la inteligencia artificial en el futuro.

Los diversos entornos del biohacking a menudo reflejan las diferentes sociedades y culturas en las que evolucionan. Por ejemplo, los biohackers europeos difieren generalmente de sus homólogos norteamericanos. Los grupos de América del Norte están dispuestos a desarrollar alternativas a los enfoques establecidos del sistema de salud. Los grupos europeos, por otro lado, se centran más en encontrar formas de ayudar a las personas en los países en desarrollo o participar en bioproyectos artísticos.

Luego tenemos las diferencias internas en el viejo continente. La cultura sueca del biohacking difiere del resto de Europa. Los biohackers suecos son generalmente parte del movimiento transhumanista. Y son transhumanistas, más específicamente del subgrupo llamado ‘ grinders ‘, quienes filmaron chips de NFC en algún lugar entre el pulgar y el índice de miles de suecos. Se trata exactamente del mismo microchip que se usó para etiquetar mascotas y paquetes durante décadas. A eso se han reducido, creo yo los que se prestaron a la gracia.

Cuando se busca la explicación de porque ocurre este fenómeno solo en Suecia, aparece la teoría de que los suecos son más proclives a compartir información personal como resultado de sus vínculos con el sistema de seguridad social imperante en su país. Y aunque muchos niegan, especialmente las propias instituciones del estado, que los suecos sea unos ingenuos que confían ciegamente en el gobierno y sus instituciones nacionales. Mi experiencia en el trato con los nativos es que esta idea no tiene nada de una exageración.

Al margen de esto pueden existir otras causas para la aceptación de los implantes, se afirma en el artículo. Ellas serían, por ejemplo, el hábito generalizado de la gente a usar cosas digitales. Aquí se nos recuerda que hablamos de un país cuyos gobiernos de los últimos 20 años, no importa el color político viene el gobierno invirtiendo fuertemente en la infraestructura tecnológica. Esto último algo que puede sentirlo por ejemplo comparando la facilidad de acceso universal al internet que tenía la población desde fines del siglo pasado, con otros países, y no precisamente subdesarrollados, como es el caso de Estados Unidos.

Oséa que algunas de las causales del fenómeno se encuentran en el contexto de una economía como la sueca basada hoy principalmente en exportaciones digitales, servicios digitales e innovaciones tecnológicas digitales, lo que convierte al país en uno de los creadores y exportadores de productos digitales más exitosos del mundo.

Al mismo tiempo la investigadora subraya la confianza en el potencial de la tecnología digital ha tenido un gran impacto en la cultura sueca, sobre todo en de desarrollo del movimiento transhumanista.

Hace años descubrí el termino en Transhumanista una interesante revista sueca, cuyo nombre exacto ahora se me escapa, con la que me topaba en las bibliotecas de Suecia. No es de extrañar si unos de los grandes promotores de esta cosmovisión es Nick (Niklas) Bostrom, nacido el 10 de marzo de 1973 en Helsingborg, Suecia. Se trata de un filósofo y matemático formado en Universidad de Estocolmo (1994–1996), que hoy trabaja en la Universidad de Oxford, entiéndase para los británicos y que es conocido por sus trabajos sobre el principio antrópico, el riesgo existencial, la ética sobre el perfeccionamiento humano, los riesgos de la superinteligencia.
En época tan temprana como 1998, Bostrom participó en la creación de la fundación transhumanista Humanity + (Humanidad +) que desde entonces trabaja para convencer a los suecos y no solo a ellos, de que deberían tratar de mejorar sus cuerpos biológicos usando la tecnología.

 

Vamos a juzgar, a los transhumanista por lo que dicen de sí mismo, peligrosa práctica sobre la que Marx, lo mismo en relación con la sociedad que a los individuos, así que hagámoslo con prudencia. Para veamos lo que escriben en el portal https://humanityplus.org/ que traducimos al español con las siguientes palabras:

¿Qué significa ser humano en un mundo tecnológicamente mejorado? Humanidad + es una organización sin fines de lucro 501 (c) 3 internacional que aboga por el uso ético de la tecnología, como la inteligencia artificial, para expandir las capacidades humanas. En otras palabras, queremos que las personas sean mejores que bien. Este es el objetivo del transhumanismo.

Humanidad + aboga por un uso seguro y ético: Las tecnologías que intervienen con la fisiología humana para curar enfermedades y reparar lesiones se han acelerado hasta el punto en que también pueden aumentar el rendimiento humano fuera de los reinos de lo que se considera “normal” para los humanos. Estas tecnologías se conocen como emergentes y especulativas e incluyen inteligencia artificial, nanotecnología, nanomedicina, biotecnología, ingeniería genética, clonación de células madre y transgénesis, por ejemplo. Otras tecnologías que podrían ampliar y ampliar las capacidades humanas fuera de la fisiología incluyen la inteligencia artificial, la inteligencia artificial, la robótica y la integración cerebro-computadora, que forman el dominio de la biónica, la carga y podrían utilizarse para desarrollar prótesis de cuerpo entero. Debido a estas tecnologías, y sus respectivas ciencias y modelos estratégicos, como blockchain [una estructura de datos en la que la información contenida se agrupa en bloques con fines criptográficos]

El enfoque multidisciplinario: nuestro modelo para analizar la interacción dinámica de la aceleración de la tecnología se basa en el análisis de oportunidades. En esta esfera, gran parte de nuestro enfoque se centra en las tecnologías que ayudan a la humanidad a superar las dificultades. En cuanto al futuro a corto plazo, la inteligencia artificial, la nanotecnología, las interfaces dinámicas y las tecnologías anticipadas del futuro fomentan nuevas formas de energía y oportunidades para la exploración espacial. Nuestros intereses teóricos se centran en temas posthumanos de simulación cerebral, filtros colaborativos automatizados, carga mental y singularidad.

 

Suena muy bonito, como cualquier enunciado ideológico, por ejemplo, los del liberalismo o el comunismo. El problema es que se nos vende una utopía transhumanista en un vació de poder y no en una sociedad como las que hoy existen, donde las relaciones entre el ciudadano y el estado resultan completamente asimetricas, donde el individo al final temina siendo subjeto y no objeto de la política y por tanto del uso de las tecnologías mas avanzadas.

Lo que debe preocuparnos no es lo que dicen las palabras, sino lo que nos pueden llevar a hacer con ellas. Dentro de una ideología como la transhumanista y en medio del contexto económico social de Suecia, y apuntalado con un buen bombardeo mediático del que participan no pocas películas y series de ficción. No puede extrañarnos la facilidad con la que tanto de sus ciudadanos, acepten mansamente dejarse etiquetar con un chip en la mano.

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