Redes sociales versus democracia liberal

22 Sep

No hace mucho comenzaron a llegarme una serie de mensajes sobre protección de datos provenientes de las más diversas redes digitales, con las que estaba conectado, realmente me sentía abrumado por la repetición de lo mismo y la manera en que se dificultaba el fluido informativo, me pregunté que estaría pasando y que habría detrás de todo esto. La respuesta la he descubierto en un artículo que publicado el mes pasado solo hoy he descubierto se titula.” Por qué nuestros gobernantes perdieron la fe en el amanecer digital” lo firma Daniel Ben-Ami y apareció en agosto en el tablón de la revista Spiked

Daniel Ben-Ami es un periodista y escritor especializado en economía y finanzas. Colabora con los periódicos Financial Times, The Guardian, The Independent, Prospect, The Sunday Telegraph y The Sunday Times y es autor de libros como:”¿Japón es diferente?”,” El capitalismo cobarde: El mito del casino financiero global” y “Ferraris para todos: en defensa del progreso económico”,

En el trabajo que vamos a reseñar se da cuenta del cambio de paradigma con respecto a la tecnología digital, ya no se habla de su poder supuestamente liberador sino sobre su supuesta influencia maligna. En el punto de mira están sobre todo las plataformas de redes sociales, Facebook más que ninguna otra, aunque el miedo abarca a muchas otras compañías de internet, también.

Todo ha cambiado desde los tiempos de la elección de Barack Obama como el primer presidente negro de Estados Unidos. Entonces el uso de las redes sociales fue ampliamente elogiado, especialmente entre los llamados liberales en Estados Unidos, y se cita el caso de Arianna Huffington, editora en jefe del Huffington Post , quien dijo : “Si no fuera por Internet, Barack Obama no sería presidente”…”Si no fuera por Internet, ni siquiera habría sido el candidato democrático”.

Lo mismo ocurrió con la primavera árabe de 2011, durante las cuales muchos “progresistas” atribuyeron a las redes sociales la fuerza impulsora detrás de los levantamientos populares contra los gobernantes autocráticos de varios países árabes. Para estr caso el citado es Paul Mason, destacado comentarista de izquierda, quien describió las protestas en Egipto ese año como “una revolución planeada en Facebook, organizada en Twitter y transmitida al mundo a través de YouTube”. Lo gracioso es que esa misma posición la he visto compartida dentro del movimiento anticastrista soñando que un día las redes ayudarían a la realización de una “primavera cubana”.

Comparto el escepticismo de autor de la nota cuando afirma que, si bien las redes sociales pueden haber ayudado a difundir el mensaje renovador de Obama, estas no crearon las condiciones de desencanto público con los líderes políticos tradicionales. Del mismo modo, las redes sociales pueden haber ayudado a activistas a promover protestas en Egipto, Túnez y otros lugares, pero el componente clave de la Primavera Árabe -sistemas corruptos de gobierno supervisados por gobernantes geriátricos- tuvo poco que ver con Facebook o Twitter.

En un salto al presente hasta el presente, Daniel Ben-Ami constata el cambio de tono de las élites hacia las redes sociales, a firmando lo que percibo día a día en la prensa establecida en Suecia, que es difícil seguir las noticias sin ser bombardeado con afirmaciones histéricas sobre los supuestos peligros de Internet y la tecnología asociada. Una letanía de cargos que según el autor incluye: socavar la democracia; difundir ‘noticias falsas’; erosionando la privacidad; facilitando esquivar impuestos; fomentar nuevas formas de adicción; permitir que el acoso sexual se desencadene; no abordar la desigualdad; y poniendo en peligro a los niños.

Esto no quiere decir que no hubiera críticas a la tecnología digital hace una década o que hoy no hayan voces positivas. Pero el balance de la opinión (yo especificaría de los opinadores asalariados por el sistema) ha cambiado en un corto tiempo desde una perspectiva generalmente optimista a una que frecuentemente está cargada de fatalidades.

El columnista de Spiked, nos trae a colación el caso de
Jamie Bartlett, director del Centro para el Análisis de las Redes Sociales en el centro de estudios Demos, quien según él ha hecho más que nadie en Gran Bretaña para llamar la atención sobre este cambio-pena que no conozca un equivalente en la zona donde radico- y menciona su documental en dos partes de la BBC2 sobre los secretos de Silicon Valley , cuya primera emisión es de 2017, En este material Bartlett se esfuerza por mantener un enfoque equilibrado con respecto a la nueva tecnología, aunque al final se pone del lado de los pesimistas. Sin embargo, continúa advirtiendo contra el peligro de una ira emocional ciega contra las “máquinas”.

Bartlett llegaría afirmar que el fenómeno está motivado por la venganza de los Vieja Media contra los nuevos medios. Lo que en otras palabras significaría en que los primeros ven afectado sus ingresos publicitarios a causa de las plataformas de Internet. Algo que también yo había notado con la organización permanente de seminarios para fomentar sobre todo en el público joven, la critica de las fuentes y noticias que aparecen en las redes sociales, eventos organizados por periódicos que nunca se interesaron por hacer otro tanto cuando de sus propias informaciones se trataba.

El problema es que la cosa va más allá de una guerra entre medios poderosos y alternativos. Como bien se afirma en este trabajo, los gobiernos en todo el mundo occidental, junto con las instituciones supranacionales, como la Unión Europea, han liderado un ataque contra los nuevos gigantes tecnológicos en muchos frentes. La gama de nuevas leyes y reglamentos que se han implementado o que pronto se implementarán es asombrosa. También hay varios ejemplos de multas masivas impuestas a las compañías de tecnología. Estos incluyen la multa de € 4.34 mil millones (£ 3.85 mil millones) de la Comisión Europea en Google por supuestamente participar en prácticas anticompetitivas con su software de Android. En nombre de la protección de la seguridad pública y la lucha contra las noticias falsas, existe un impulso concertado para contrarrestar la expresión de opiniones no convencionales en Internet, afirma el articulista, quien además considera necesario identificar las fuerzas detrás de este cambio. Según él, lo más obvio es el aumento del populismo. Se personifica en el cambio entre dos usuarios famosos de los medios sociales: Barack Obama y Donald Trump famoso por sus enojados tweets enojados y a menudo mal interpretados. Mientras que las redes sociales en su conjunto alguna vez se vieron como un vehículo para el progresista divertido, ahora se asocia con el populismo iracundo. Irónicamente, a menudo son los más culpables de exageración en relación con la campaña de Obama los que se han convertido en los críticos más agudos de la tecnología digital, señala.

En definitiva, esto es una muestra del temor por parte de grandes sectores de la elite gobernante, -a la que al final sirve el progresista (por liberal que aparente ser) subrayo- de que su control sobre la opinión pública está desapareciendo. Es lo que se descubre con el referéndum Brexit en Gran Bretaña, la victoria de Trump en los Estados Unidos y el creciente apoyo a muchos partidos populistas en Europa continental.

Desde una perspectiva de élite, un peligro clave de las redes sociales es que permite que las tendencias políticas fuera de la corriente principal difundan sus argumentos con mayor facilidad, se nos recuerda y para apoyar esta afirmación tendremos a Yascha Mounk, profesor de política en Harvard y director ejecutivo del Instituto Tony Blair para el Cambio Global, quien ha expresado este temor en relación con el declive de los “guardianes” de los medios tradicionales en los EE. UU. Él describe la concepción tradicional de la élite de la democracia como diciéndole a la gente que siempre que nos permita tomar las decisiones, pretendemos dejar que usted “gobierne”, un trato que ha demostrado ser fenomenalmente exitoso durante 250 años. Hoy en día, ese trato es cada vez más difícil de sostener, y la razón sería el auge de Internet y las redes sociales las cuales estarían provocando que la base ideológica de esa democracia liberal que se apoderó de la imaginación occidental durante dos siglos sea cada vez más frágil ‘. El argumento de Bartlett no es explícitamente antidemocrático, dice en analista, pero su evaluación es similar a la de Mounk. La nueva tecnología permite ahora que unas voces que alguna fueron marginales tengan la capacidad de influir en el debate político.

Ahora veamos la manera concreta en que se implementa este tiempo y las consecuencias que expone Daniel Ben-Ami.

Resulta que las medidas que está implementando actúan para frenar la libre expresión, aquí se incluyen regulaciones relacionadas con noticias falsas, incitación al odio, derechos de autor, protección de datos, protección infantil y presuntas prácticas de monopolio.

El efecto general es reforzar el control estatal sobre los nuevos medios a expensas de la libertad de expresión y la democracia.

No debería sorprender, escribe, que algunas de estas regulaciones existan a nivel de la Unión Europea (UE). Por ejemplo, el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) otorga a los reguladores mucho más poder sobre el flujo de datos que antes. Un efecto colateral es que muchos de los principales medios de comunicación estadounidenses, que no están dispuestos a cumplir con la onerosa legislación, han bloqueado el acceso a quienes viven dentro de la UE.

Mientras tanto, en Alemania, se nos recuerda, una nueva ley no solo está socavando la libertad de expresión en el hogar, sino que ha establecido un peligroso precedente que está en proceso de ser llevado a otro lugar. Como Bartlett señaló en su documental de la BBC, la Ley de Aplicación de la Red 2017 Netzwerkdurchsetzungsgesetz o NetzDG) rompe el principio legal clave de que las plataformas de medios sociales no son responsables del contenido subido. La nueva ley significa que los sitios de medios sociales pasaron a ser responsables según las leyes preexistentes de odio de Alemania. Resulta que, bajo la NetzDG, una plataforma de medios sociales puede ser multada hasta € 50 millones (£ 44 millones) si no elimina el material “flagrantemente ilegal” dentro de las 24 horas. El discurso de odio o las noticias falsas que no sean inequívocamente ilegales se deben eliminar en un plazo de siete días o se puede imponer una multa menor . Esta medida inevitablemente tendrá un efecto escalofriante en la libertad de expresión. Según los informes, Facebook y Twitter han reclutado a cientos de moderadores en idioma alemán para revisar el enorme volumen de material publicado en sus sitios. Sin duda habrá un fuerte deseo de ir a lo seguro y eliminar cualquier material que pueda considerarse problemático.

En el caso de Gran Bretaña, donde radica el autor de este trabajo, un mordaz informe parlamentario sobre las redes sociales, publicado por el comité selecto del Departamento de Digital, Cultura, Medios y Deportes (DCMS), recomendaba, en línea con el precedente establecido por NetzDG, dar a las empresas de tecnología una responsabilidad legal clara por ‘contenido dañino e ilegal’. Esto aumentaría aún más la censura al proponer que las plataformas de los medios sociales deben ser responsables de los materiales considerados perjudiciales, incluso si es perfectamente legal. El gobierno británico ya está en el proceso de revisar extensamente las leyes relacionadas con internet. Ha completado una consulta sobre una Estrategia de seguridad en Internet , que implica nuevos controles exhaustivos a través de Internet. Se espera un Libro Blanco, que proponga legislación futura, antes de fin de año. A todo esto se suma la Carta digital sobre seguridad en Internet publicada en enero y la Ley de protección de datos de 2018 , que incorpora el GDPR de la UE a la legislación británica. El efecto general es que el uso de Internet estará mucho más regulado que en el pasado.

En resumen, de acuerdo con el escritor todo este ataque legislativo no es para para protegernos a todos, sino para salvar de críticas públicas a los que están en el poder, su llamado que comparto es el de resistir esta ofensiva es esencial para todos aquellos que creen en la democracia.

Evidentemente las nuevas tecnologías se han convertido por su sola existencia en un arma critica contra el modelo liberal de democracia, siguiendo el camino trazado alguna vez por los movimientos de inspiración anarquista o marxista, el peligro es que al igual que estos medios, las redes, terminen no sólo siendo neutralizadas, sino peor aún colocadas al servicio del sistema contra cuya estabilidad se atrevieron a atacar.

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