Maravillas de la evolución. El caso de las hormigas Melissotarsus

26 Ago

 

 

 

Si existe un insecto, junto a la abeja, pero su inteligencia social ha llamado mi atención esa es la hormiga, por ello me entrego con placer a la lectura de “La evolución convirtió esta hormiga en un taladro viviente”; un artículo de Jake Buehler, publicado este 24 de agosto de 2018 en Science (Ciencia) Aquí se da cuenta de un estudio sobre las adaptaciones extremas, de cierta especie de este animalillo, que, a diferencia de otras hormigas, les permiten tallar complicadas redes de túneles en sus árboles huéspedes.

Se trata de las Melissotarsus, nativas de África continental y Madagascar, de unos pocos milímetros de largo y que nunca abandonan las galerías talladas de sus árboles. Se cree que allí reúnen insectos sedentarios para alimentarse, comiendo sus sabrosas secreciones o carnes. Las hormigas obreras tienen dos pares de patas traseras que giran perpetuamente hacia arriba y una cabeza bulbosa armadas con glándulas de seda que ofrecen una característica única entre las hormigas. Los entomólogos se han preguntado durante mucho tiempo si esta peculiaridad favorecía el estilo de vida no convencional de los himenópteros, en particular la fuerza con que puede masticar la madera viva.

La respuesta, según Ciencia, nos la ha dado Christian Peeters, biólogo investigador de la Universidad de la Sorbona en París y autor principal del estudio.

Peeters y su equipo cortaron ramas habitadas por hormigas de árboles en Mozambique y Sudáfrica, y las estudiaron en un laboratorio en París. Allí combinaron una microtomografía de rayos X (un tipo de imágenes de rayos X 3D para objetos pequeños) y microscopios de alta potencia para visualizar el sistema esqueleto-muscular de las hormigas, centrándose en la anatomía de la cabeza, las mandíbulas y las piernas. Así descubrieron que las grandes cúpulas albergan algo más que glándulas de seda: músculos enormes llenan la cabeza, anclados en mandíbulas cortas y afiladas. Estos músculos proporcionan a las mandíbulas un enorme poder de cincelado, lo les permite atravesar la madera dura. Incluso los músculos que abren la mandíbula son más fuertes que los de cualquier especie de hormiga conocida, una característica que Peeters cree que puede ser útil para empujar los restos de madera fuera del camino mientras se hace un túnel.

Los investigadores también encontraron que las mandíbulas en sí mismas eran notablemente adecuadas para la masticación. Su amplia base los convirtió en palancas eficientes, y el análisis de sus puntas reveló altas concentraciones de zinc incrustadas dentro del exoesqueleto. Los “biomateriales de elementos pesados” reforzados con zinc como estos son comunes en los invertebrados, dice Robert Schofield, un biofísico de la Universidad de Oregon en Eugene que no participó en el estudio. Se encuentran en partes del cuerpo que soportan un uso intensivo, como colmillos de araña y mandíbulas de gusanos marinos. Los cúmulos de zinc a nano escala están unidos a la matriz de quitina, impartiendo dureza sin aumentar el riesgo de rotura. Esto resulta importante para unas hormigas que dependen de estas herramientas para construir y comer. “Si una punta afilada se daña, entonces están muertas”, dice Schofield, citado en el artículo.

Las patas de las obreras también están magníficamente adaptadas. Los investigadores encontraron que las extremidades, dobladas perpetuamente cerca del cuerpo, tienen músculos fuertes para apoyarse contra las paredes del túnel, con unos “talones” se extienden gracias a unas cerdas con forma de pez, lo que les proporciona un agarre extra cuando se apoyan. Esto mantiene a las trabajadoras ancladas en su lugar, contrarrestando las intensas fuerzas de masticación. Pero las adaptaciones tienen un costo: Las Melissotarsus llevan una vida encadenada a los árboles donde habitan, sus patas están tan dramáticamente modificadas que ya no pueden caminar sobre superficies planas, esto dificulta su desplazamiento en otros espacios, como se ve en el siguiente video:

, abandonando el mundo exterior, para decirse allí a para atender a sus rebaños de insectos. De tal modo la especialización evolutiva ha transformado unas hormigas que un día fueron muy móviles en herramientas perforadoras incansables. En cambio las hormigas típicas, si bien más dinámicas pero con mandíbulas menos fuertes tendrán si quieren vivir en las alturas, entiéndase un árbol, tendrán que conformarse con hacer sus casas con materiales de menor “calidad”, es decir con madera podrida o seca cuyas fibras son frágiles y se rompen fácilmente- es más fácil que masticar madera húmeda y saludable, explica Peeters, la otra alternativa sería instalarse en los hogares hechos y diseñados por otros, por ejemplo los túneles excavados por los escarabajos perforadores. ¿Interesante, verdad?

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