Un asunto incomprensible para los liberales latinoamericano; el monarquismo de sus iguales españoles

29 Jun

El historiador y comentarista político Fernando Díaz Villanueva se ha ganado con su ingente esfuerzo un amplio público en América Latina, nada de extrañar dada la larga tradición y arraigo que tiene el término liberal en aquella zona, no importa que significado pueda representar distintas opciones políticas, cuyas practicas a veces se diferencian bien poco de sus alternativas, sobre todo de orientación socialista. A todo ellos hay que agregar lo variado y trabajado que resultan sus archivos sonoros por ejemplo aquellos que denomína “Contrarréplica” en los que ofrece un mayor espacio a quienes le escuchan, incluso para que le critiquen. En la número 73 por ejemplo aborda los siguientes tópicos: – ¿Es el sistema de pensiones una estafa piramidal? – Humoristas de izquierdas y de derechas – La fiesta de los toros – Alquileres turísticos – Caso Lava Jato – Ley de migración chilena – ¿Por qué soy monárquico?

Vamos a centrarnos en el último tópico. El caso es que una y otra vez la predica del español choca con la misma predica que pone en guardia a sus oyentes de aquellas tierras, se trata de la defensa que hace Fernando de esa monarquía que en sus mejores sueños toman los españoles de derecha como parapeto contra la izquierda, y sobretodo para contener los separatismos que estos momentos amenazan con quebrar lo poco que queda de España. Lo hacen si notar que se trata de una muralla roída y agujereada y de que gracias a esos huecos el enemigo ya está a sus espaldas.

El caso es que en su última contra réplica un sudamericano, con la buena fe que le da la admiración ha reconocido a ignorancia que e impide entender cómo se puede conjugar la idea liberal del menor estado y la resistencia de esa casta parasitaria que representa cualquier realeza, nada de extrañar si desde los libros mas serios hasta los animados más simples que abordan las guerras secesionistas en la américa hispana se basan en una dicotomía dentro de la cual de un lado se colocaban, república e independencia, y del otro Realismo y colonialidad.

Lo cierto es que cada vez que un oyente obliga a Fernando a justificar su monarquismo se le desarma todo el andamiajes democrático y racional del liberalismo que sostiene, al punto que se obligado a caer en la falacia de que afirmar que un presidente cueste más que toda la parafernalia de una casa real (sabrá donde encontró el dato) o que sea igualmente antidemocrático ocupar el puesto de jefe de Estado por la cuna, que por la elección de quienes en teoría eligió el pueblo al parlamento (otra cosa es que el de España sea el partido y no la ciudadanía quien elige al parlamentario, otra muestra más de la falta de representatividad popular del borbonato de partidos. En lo que no se equivoca es en la afirmación de que los liberales latinoamericanos serían como los anglosajones si se hubiesen independizado al estilo de Canadá o Australia, sin querer está reconociendo que la oposición republicanismo/realismo, fue la fórmula usada por el liberalismo inducido desde Gran Bretaña para destrozar aquellas Españas de las que un día todos fuimos parte como demuestra nuestra lengua común.

La gran fortuna del Reino Unido y su actual mancomunidad es que a sus enemigos no se les ocurrió inventar contra ellos lo que ellos inventaron contra nosotros: el liberalismo.

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