Liberales intentan apropiarse del modelo nórdico olvidando las enseñanzas de la escuela austriaca

10 Jun

El Instituto Mises es institución que tiene como tarea la de promover la enseñanza y la investigación sobre la llamada escuela austriaca de economía, fundada por Carl Menger, nacido el 23 de febrero de 1840, Neu-Sandec, Galicia, Imperio Austríaco [ahora en Polonia] Menger recibió su Ph.D. de la Universidad Jagiellonian en Cracovia en 1867 y luego aceptó un puesto en la administración pública austriaca. En 1873 se convirtió en profesor de economía política en la Universidad de Viena, permaneciendo allí, con breves interrupciones, hasta 1903. Luego se dedicó a sus estudios de economía hasta su fallecimiento el 26 de febrero de 1921, en Viena, Austria, pudo así ser testigo de los efectos de la implantación del comunismo de guerra la Rusia Soviética.

Menger aborda el concepto de “valor” , de una manera que podríamos definir como cuasi semiótica, entendiéndolo como la “significación” (utilidad) que unos bienes concretos o cantidades parciales de bienes adquieren para “nosotros”, en cuanto estamos conscientes del modo en que dependemos de ellos para la satisfacción de nuestras necesidades “Así, pues, el valor no es algo inherente a los bienes, no es una cualidad intrínseca de los mismos, ni menos aún una cosa autónoma, independiente, asentada en sí misma. Es un juicio que se hacen los agentes económicos sobre la significación que tienen los bienes de que disponen para la conservación de su vida y de su bienestar y, por ende, no existe fuera del ámbito de su conciencia” Con esta concepción el fundador de la escuela austriaca se enfrenta a las teoría del valor basada en el trabajo que defendían Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx con su concepto del trabajo socialmente necesario, algo que según Menger carece de conexión directa con el valor de ese bien.

Para el austriaco eso que llamamos valor, es solamente una significación figurada o metafórica, cuya magnitud es desigual y está determinada por el grado de importancia de la mercancía para la conservación de nuestra vida y nuestro bienestar.

Menger y su escuela desechan la distinción entre el valor de uso y el valor de cambio de los bienes acuerdo a su escala de valores. Otro punto relevante dentro de esta teoría del valor es la “ley de la utilidad marginal” según la cual a medid que aumenta el número de unidades de un bien, el valor que asignamos a la última unidad va descendiendo.

En cuanto al precio de un bien este vendrá determinado por el gasto efectuado en factores productivos o bienes de orden superior como los denomina Menger (los bienes de orden inferior, dentro de la estructura productiva, son los bienes de consumo o cercano a las etapas finales), el valor de los bienes de órdenes superiores se encuentra siempre condicionado por el valor previo de aquellos bienes de orden inferior a cuya producción sirven, de otro modo el empresario sería el responsable de fijar el precio de un bien de acuerdo al costo de producción de ese bien y las empresas nunca quebrarían mientras que el precio de las acciones no harían más que subir otorgando cuantiosos dividendos a los accionistas. En realidad, ocurre lo contrario afirma la escuela. El el empresario utiliza como señal informativa los precios, y estos determinarán si resulta rentable entrar en un negocio o no. Si los precios no cubren los COSTES entonces el negocio no es rentable.

Pero esta situación cambia en un mercado monopolista. Según la escuela austriaca un monopolio puede nacer de diferentes formas una de ellas es gracias a las regulaciones impuestas por el gobierno que hace casi imposible la existencia de pequeñas empresas, beneficiándose de esa manera aquellos empresarios (con empresas más grandes) que mantienen contactos con las altas cúpulas políticas de las cuales puede obtener favores. En este caso el mercado competitivo y libre es sustituido por el lobby y el amiguismo entre políticos y empresarios.
Los monopolios también surgen de las nacionalizaciones de empresas o por la imposición de aranceles que protejan la industria nacional, un fenómeno muy común en los intentos socialistas o populistas experimentados durante los siglos XX y XXI.

Y aunque lo que defina al régimen de monopolio no sea el poder de una empresa fijar precios sino las barreras artificiales de entrada a otras propias del llamando “régimen económico mercantilista”. Para mí no cabe dudas de que el fenómeno del precio fijado arbitrariamente acompaña permanente al monopolio, lo veo día a día en Suecia cuando me veo obligado a pagar por ciertos productos y servicios unos precios que ni objetivamente (como opinaba la escuela clásica economía) ni subjetivamente, como consideran los de la escuela austriaca se justifican. Claro hacer esto evidente podría en un compromiso muy serio a los políticos que facilitan en vez de combatir el nacimiento de monopolios, al parecer los que mejor de avienen a los intereses del estado moderno.

Entre los discípulos de Menger tenemos aquel que da nombre al instituto, Friedrich Freiherr von Wieser (10 de julio de 1851 – 22 de julio de 1926) fue uno de los primeros economistas de la Escuela de Economía de Austria. Nacido en Viena, hijo del consejero privado Leopold von Wieser, un alto funcionario en el ministerio de guerra, primero se formó en sociología y derecho. En 1872, el año en que se graduó, se encontró con el fundador de la escuela austriaca, Carl Menger y cambió su interés por la teoría económica. Wieser ocupó cargos en las universidades de Viena y Praga hasta que sucedió a Menger en Viena en 1903, donde, con su cuñado Eugen von Böhm-Bawerk, había formado la una nueva generación de economistas austriacos, junto con Friedrich Hayek y Joseph Schumpeter, desde fines de la década de 1890 y principios del siglo XX. Fue Ministro de Comercio de Austria desde el 30 de agosto de 1917 hasta el final de la Primera Guerra Mundial en 1918. Su actividad fue siempre obstaculizada por Richard Riedl, Ministro de Energía y claro defensor del intervencionismo económico, dejando solo asuntos de importancia secundaria bajo la jurisdicción de Wieser.

Friedrich von Wieser murió el 22 de julio de 1926 en Salzburgo, así que fue testigo pues de la transición del comunismo de guerra a la Nueva Política económica en la recién inaugurada Unión soviética y por tanto de los efectos de la liberalización de la economía rusa decretada por un ya agonizante Lenin.

Según von Mises el hecho de que en un sistema socialista no se transen los medios de producción en un mercado libre hace imposible hacer un cálculo económico relativamente exacto que permita definir pérdidas y utilidades y por tanto del sistema de incentivos que pueda orientar los recursos hacia donde más se los demanda. La voluntad de la población pierde así la posibilidad de determinar, en cuanto consumidora, el destino de las fuerzas productivas. Mises considera que quienes dirigen la economía socialista planificada adquieren entonces el privilegio de imponerle sus valores y preferencias a una población sin vías de expresión, y aún ellos operarán forzosamente con gran incertidumbre por la falta de un sistema de precios que transmita la información económica. Por su parte el discípulo de Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, enfatizaba que un sistema de precios es esencialmente un vehículo de transmisión de información y conocimientos que se encuentran dispersos en la población.

El cumplimiento de este rol cognoscitivo supondrá para Hayek propiedad privada y libre mercado. Porque aun en el socialismo descentralizado la iniciativa privada para experimentar y finalmente descubrir los procedimientos más baratos para servir a los consumidores estará obstaculizada por la necesidad de convencer a las autoridades que se transformarán, entonces, en empresarios por cuenta ajena.
Estos principios me parecen interesantes y engarzan en la vieja discusión que se dio a nivel del socialismo real entre aquellos que proponían el llamado calculo económico, como hizo en su momento el polaco Oskar Ryszard Lange quien llegó a ser Vicepresidente de Polonia y presidente del Comité de Planificación y el Consejo Económico de Polonia (1957-1962) y quienes lo combatían a raja tabla, como el famoso Che Guevara Primer presidente del Baco Nacional y posteriormente Ministro de Industrias en una Cuba bajo en Castrismo en un período en el que todavía existía la pequeña propiedad privada y por tanto un cierto nivel de relaciones de mercado y que terminaron siendo aplastadas por la ofensiva revolucionaria impulsada por Fidel Castro en 1968.

De alguna manera Castro materializó la doctrina Guevara a partir de ese momento, lo que significó la proletarización casi total de la población urbana (todavía en el campo se mantuvo cierta propiedad privada) lo cual se manifestó en un empeoramiento de la calidad de vida. En Cambio, en Polonia como en otros países centro europeos Hungría, Checoeslovaquia, Yugoeslavia, RDA, etc., el restablecimiento de ciertas relaciones de mercado y propiedad privada bajo la tutela del estado comunista permitió una un grado de humanización del socialismo que nunca se vio en sus modelos cuartelarios de Entonces, Cuba, Albania, China, Corea del Norte, etc.
Sin tenerlas todas conmigo con la escuela austriaca me he subscrito al boletín del Instituto en el que sin dudas llegan trabajos muy interesantes, por ejemplo último que he recibido fue publicado originalmente en el sitio de su autor, Daniel Lacalle, Daniel Lacalle (Madrid, 1967). PhD en Economía y Administración de Fondos, poseedor del CIIA (Certified International Investment Analyst) y con un másters en Investigación Económica, se ve todo un experto y su artículo se titula se titula “Acéptalo, los países nórdicos no son socialistas”.

Según Lacalle una de las falacias más comunes de los nuevos populistas es decir que su modelo es el “nórdico” y que esos países son ejemplos exitosos de cómo funciona el “socialismo”, recuerda lo que los intervencionistas olvidan que según él y sin duda muchas estadísticas “serias” las naciones nórdicas son líderes en el índice de libertad económica (Patrimonio) y en la facilidad para hacer negocios de acuerdo con el Banco Mundial, la propiedad privada está garantizada por la ley y los ahorros de los ciudadanos son totalmente privados y no están bajo el control del gobierno. Agrega además que todos los países nórdicos han estado bajando la brecha fiscal y, hasta los recientes recortes de impuestos en los Estados Unidos, tuvieron tasas impositivas corporativas más bajas que los Estados Unidos.

Así mismo recuerda que en estas naciones el estado no impone ni impone educación y atención médica (la mayoría tiene esquemas de copago). Simplemente administra y promueve la elección entre servicios privados y estatales, son líderes en banca privada, que financia la gran mayoría de la actividad económica (80%), son líderes en la atracción de capital, lo que garantiza la seguridad jurídica y la inversión privada, en la privatización de entidades estatales ineficientes – cita los casos de exitosas privatizaciones de sectores estatales, desde telecomunicaciones hasta generación y distribución de electricidad, el servicio postal y algunos bosques- y la aplicación del gobierno corporativo de empresas privadas de clase mundial y la defensa de los intereses de los accionistas en empresas de propiedad semi-estatal (Statoil, etc.), el sector público no dicta el patrón de crecimiento ni la forma en que se debe manejar la economía, se genera desde el sector privado, que financia más del 60% de la investigación y el desarrollo, y el gobierno aplica las mejores prácticas de eficiencia y eficiencia del sector privado. transparencia en la gestión de los servicios públicos. Además, los funcionarios públicos no tienen una posición de por vida. Lo opuesto al control político que defienden estos populistas.


El especialista asegura además que Suecia tienen un mercado laboral que se encuentra entre los más flexibles del mundo, que estos países, la educación privada se fomenta a través de cupones escolares, no escuelas estatales obligatorias.

Por una parte de percata de que es virtualmente imposible copiar en los Estados Unidos un modelo utilizado en países con menos habitantes que Nueva York -sin entender los motivos de esta despoblación-, pero considera que la diferencia más importante es que la elección, la libertad y la iniciativa privada son la piedra angular de las naciones nórdicas, pilares de una sociedad que ninguno de los populistas quiere implementar y resume que el éxito de los países nórdicos ha sido tomar medidas a favor del mercado, privatizar sectores ineficientes y garantizar la propiedad privada, la creación de riqueza y la seguridad jurídica y de inversión, porque estos países sabrían según este especialista que no existe un estado de bienestar sin un próspero sector privado, libertad económica e inversión privada y que el sector público está allí para facilitar, no absorber la actividad económica del país. Saben que no hay ingresos fiscales sin un sector privado floreciente. Y ellos saben, porque cometieron el error en el pasado, que la intervención estatal multiplicadora solo conduce al fracaso. Por eso rechazaron el socialismo.

La Calle también nos recomienda cierta literatura como fundamento de su visión; “Scandinavian Unexceptionalism” de Nima Sanandaji () y el artículo “The Secret of their Success” “” aparecido en The Economist, materiales que comentaré mas adelante.

Estoy de acuerdo con Lacalle en que no hay nada Socialista sobre las Naciones Nórdicas, pero no porque estos países sean como el analista cree líderes en libertad económica, libre empresa, defensa de la propiedad privada, líderes en la banca privada y promoción del emprendimiento es lo opuesto al socialismo teórico. Si por socialista se entiende aquel país cuyas élites no lo son por ser dueñas privadas de capital y solo detentan el poder que les ofrecía el haber copado el estado los estados nórdicos tampoco lo son. Pero tampoco se rigen por un modelo de estado capitalista según no lo demanda una filosofía ortodoxa, liberal.

Esto no ocurre por el intervencionismo estatal en la producción o los altos impuesto que extrae so pretexto de redistribuir la riqueza, sino porque la economía está controlada por unos cuantos monopolios que en contubernio con el sindicalismo socialdemócrata que impiden la multiplicación de las pequeñas empresas frenando su desarrollo, atornillan al obrero nativo a la empresa y acosa y mantienen en un estado permanente de precariedad laboral y mal pago al obrero de origen extranjero.

Es verdad que se dan liberalizaciones en determinadas ramas, lo mismo en la educación que en los servicios, sin embargo el pago que estas reciben no sale directamente del bolsillo de su clientela, sino que viene asegurado por los subsidios, sea cual sea la calidad de lo que se ofrece, una vez más es la burocracia, o si prefieren llamarlo así los políticos los que juegan el papel fundamental repartiendo buen tuntún y no según valores subjetivos como considera la escuela austriaca, el dinero del contribuyente, inhibiendo así la libre competencia y convirtiendo al pequeño empresario en una dependencia más del Estado, el mismo que se utilizan el estado para en peor de los intervencionismos, el que se realiza en la familia como elemento reproductivo a la cual a pesar de tanta supuesta libertad, se le aplica una ingeniería social encaminada a mantener reducida la población en los limites justos para ser controlados por esas élites, las mismas que dictan el contenido de los medios y por supuesto la ideología de género que permea todo, desde el sistema educativo hasta la aplicación de las leyes pasando claro está por los sistemas de salud, en particular el mental.

En Suecia a pesar de la ruptura de algunos monopolios, que solo dan espacios a grandes empresas no a la pequeña, en Suecia por ejemplo se mantienen grandes monopolios estatales, por ejemplo, el l monopolio monetario con el Banco del Reino, (Riksbanken) nunca quiso perder este control como habría singinificado la implantación del euro, o La televisión pública (aunque existan privadas) pues es la única que puede financiar sus operaciones mediante la coacción. El monopolio de la financiación forzada podría llamarse así. Además, no es gratuito iniciar y transmitir televisión para otras empresas, está el llamado “sistema” que monopoliza buena parte de la venta de bebidas alcohólicas, y luego poderosas empresas privadas como SF tiene al menos el monopolio en todos los cines en Estocolmo, controlado por Bonniers, enorme consorcio publicistico, junto a un puñado de megaempresas se reparten la economía del país, dejando un pequeño y controlado nicho a la peque¨na empresam y con ella, como deduciría cualquier vbiejo marxista, la política del país : TeliaSonera AB, Tele2 AB, Ericsson, Volvo AB, ASSA ABLOY AB, Skandia Insurance Co., Skanska AB, Electrolux, SCA (Svenska Cellulosa AB), H&M (Hennes & Mauritz), Investor AB, Vattenfall AB, Svenska Handelbanken, Securitas AB, ICA Group, Foreningssparbanken Swedbank, Nordea, Nordic Baltic Holding AB, Scania.

En este aspecto sería justo decir que el amaestramiento de la pequeña empresa por la grande se consagra con el llamado “Acuerdo de Saltsjöbads”. Se trata de un pacto firmado entre entre el sindicato socialdemócrata Landsorganisation en Suecia y los grandes empresarios suecos agrupados en la antigua Asociación Sueca de Empleadores ( Svenska Arbetsgivareföreningen) el 20 de diciembre de 1938 en Saltsjöbaden. A partir de aquí se establecieron una serie de normas para tratar los conflictos sociales que fuero consisderadas prácticamente como textos legislativos. En tales acuerdos se lograba una estabilidad que beneficiaba tanto a la gran empresa como al sindicato, pero que dejaba en la estacada tanto al pequeño empresario como al obrero no sindicalizado, un fenómeno cuyas consecuencias aún se perciben en Suecia.

Por todo lo anterior es que considero tan injusto que los socialistas reclamen como suyo el modelo sueco como que los liberales hagan otro tanto. Y resulta extraño que los colaboradores del instituto mises no se den cuenta de esto.
Parece que para las escuelas opuestas a la intervención del estado en la economía se puesto de acuerdo para ganar para su causa los países nórdicos. Hace poco Gloria Álvarez, la joven promotora del liberalismo le dedicó un video al tema de Suecia con un enfoque parecido al de Lacalle, recomendando un libro de Mauricio Rojas.

Lo de la libertad económica y la falta de corrupción en Suecia es un mito, que ocultan muy bien con su doble moral los protestantes de cualquier lugar. Pero antes de aprender del modelo escandinavo, aclaremos que Mauricio Rojas es político primero que científico, probó suerte con los Moderados de derecha y luego con los Populares, un partido nacional liberal, aunque se proclama como social liberal en competencia silente permanente con los identitarios “Demócratas suecos” hoy por hoy la tercera fuerza política del país por encima de estos pseudo liberales, de comunistas, ecologistas, agrarios y feministas.

Hace unos años fui testigo  del modo en que Mauricio Rojas se prestaba para este juego durante un congresillo de este partido, declarando que había dejado de ser un partido de mano suave, para imponerle reglas a los inmigrantes, entre otras las de cercenar sus derechos políticos mediante la imposición de una prueba de idiomas antes de que se les concediera la ciudadanía. Si su ciencia económica no le dio a Rojas para descubrir los entramados reales de los liberales suecos, que de respeto por la libertad y la individualidad apenas tenía algo, poco nos dará para descubrirnos la verdadera naturaleza del modelo escandinavo en particular el de Suecia.

Al final me da la impresión de que todos estos liberales ya sean de corte austriaco o británico, lo mismo da, si bien pueden estar en lo cierto en cuanto a sus fundamentos teóricos iniciales, se niegan a ver la realidad. Una realidad que ha enterrado en libre mercado no gracias a los socialistas o populistas (que también lo hacen cuando pueden) sino a la materialización de las peores premoniciones que hacía Lenin en un folleto que fue escrito en Zúrich durante la primavera de 1916, en plena primera guerra Mundial: El imperialismo fase superior del capitalismo. Se trata de un libelo de obligatoria lectura critica en nuestro tiempo, donde denunciaba entre otras cosas a esa capa de obreros aburguesados, o “aristocracia obrera”, que “manichea” al resto de los trabajadores donde quiera que se haya establecido el estado de bienestar y cuya primera muestra de traición a los intereses de clase la daban esos lugartenientes obreros de la clase capitalista, por entonces respaldando la transformación del enfrentamiento entre el proletariado y la burguesía en una guerra genocidio y sin sentido entre. Pero lo mejor no es esto sino la descripción que hace Lenin del poder que ya apara entonces tenían los monopolios en donde la banca, la industria y el estado se iban entrelazando -imaginemos que no tendrán más de un siglo después- claro en su visión dialéctica y muy en la línea marxista Lenin ve en esta concentración de medios en pocas manos, la antesala de una revolución social que solo se verificará de manera excepcional en Rusia, para degenera bajo su propia responsabilidad en capitalismo de estado. Y es que, aunque intuyó sus peligros, y por eso la combatió como ya hemos vistos en otra entrada, Lenin no llega avizorar en su totalidad y eficacia, los que significarían para el freno de esa revolución anunciada la imposición de la ingeniería maltusiana.

En lo que si no se esquiva en el rol desinformador de la prensa cuando asegura entonces que “La propiedad privada basada en el trabajo del pequeño propietario, la libre competencia, la democracia, todos esos eslóganes con que los capitalistas y su prensa engañan a los obreros y a los campesinos, pertenecen a un pasado distante.” Un pasado que, en lugar de reivindicar, se entretienen en simular como presente donde ya no existe en términos generales, como ocurre en los países Nórdicos, coloreados como liberales, por los representantes de ciertos “tanques de pensamiento” que, financiados por esos mismos monopolios, que en principio deberían denunciar, por lo menos si se atienen a los planteamientos de la escuela austriaca. El problema está en que si el socialismo en todas sus variantes se empeña en engañarnos con los mitos de la propiedad social en los paises que considera “socialistas”,  el liberalismo quiere hacer lo mismo pero de manera opuesta,  convencernos de que existe libre mercado y espacio para la iniciativa en quellos que se consideran sus modeos, como ahora parecen ser los escandinavos, un par de mentiras de las que tenemos que cuidarnos.

Fuentes:

  1. La crítica de la ‘Escuela Austríaca’ al socialismo Eugene Von Böhm-Bawerk, Friedrich A. Von Hayek y Ludwig Von Mises. Por varios autores con Arturo Fontaine T. ( de compilador.
  2. Acéptalo, los países nórdicos no son socialistas. Por Daniel Lacalle
  3. La Escuela Austriaca de Economía: el valor y el precio (II) por Jan Doxrud
  4. El Imperialismo: fase superior del capitalismo. Por Vladimir Lenin
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