Lino Novás Calvo el escritor gallego que no quiso alertarnos

26 May

 

 

 

Carlos Cabrera Pérez, residente en Madrid ha publicado, este 25 de mayo, en Cubaencuentro.com un artículo titulado “Lino, uno, grande y libre”, se trata de una reseña de la obra titulada Con Un escritor en el frente republicano (Fondo de Cultura Económica-Consejo de la Cultura Gallega, Madrid, 2018, 658 páginas), se trata de una recopilación que ha hecho el cubano Carlos Espinosa Domínguez, de las crónicas sobre la Guerra Civil escritas por su compatriota el escritor y periodista Lino Novás Calvo. Según la información publicada en el portal de la Xunta de Galicia sobre este autor bajo el título de Lino Novás Calvo Referente de las letras cubanas.

El escritor nació en la parroquia de San Mamede das Grañas do Sor (Mañón) el 24 de septiembre de 1903 y fueron las dificultades económicas de la familia las que lo obligan en 1912 a marchar a Cuba. En 1926 viaja a Nueva York, ciudad en la que permanecería ocho meses. Sus colaboraciones literarias comenzarán en 1927 en la “Revista de Avance”, órgano de la vanguardia artística cubana. Posteriormente también colaboraría con la Revista de La Habana y con la revista “Social”. Por otra parte, comenzó a trabajar en la librería Minerva, hecho que le permitió acceder a una gran variedad de libros.

 

En 1931 el semanario gráfico “Orbe”, que pertenecía a la empresa del conservador  “Diario de la Marina”, lo envía como corresponsal a Madrid aquí colaborara en publicaciones como “Revista de Occidente”, “La Gaceta Literaria”, “El Sol” y “La Voz”, también se inicia en el mundo de la traducción, oficio en el que continuaría después de volver la Cuba. En 1933 publicó la novela “Pedro Blanco, el negrero”, que obtuvo críticas muy elogiosas de la presa madrileña.

Con el comienzo de la Guerra Civil Lino Novás toma partido por la República y colabora con el semanario “Ayuda”, portavoz del Socorro Rojo Internacional. En 1940, vía Francia, retornó a Cuba, esta vez como exiliado. En 1940 se integra en la redacción del periódico comunista “Hoy donde publicó su columna “Una hora del mundo”. Posteriormente, colaboraría con las revistas “Ultra” y “Bohemia”; de esta última fue jefe de información entre 1954 y 1960. Publicaría en la Isla los libros de narraciones: “La luna nona y otros cuentos” (1942), “No sé quién soy” (1945) y “Cayo Canas” (1946). Fue galardonado con el Premio Hernández Catá (1942) por su relato “Un dedo encima” y el Premio Nacional de Literatura (1943) por su libro “La hora nona y otros cuentos”. En 1945 obtuvo el premio de periodismo Enrique José Varona por su artículo “Una América sin patitos feos”, publicado en el periódico “Información”. En 1948 recibió otro premio periodístico, en esta ocasión el Eduardo Varela Zequeira por su reportaje “Guerra de nervios en Santa Lucía”, que había aparecido en la revista “Bohemia”. En La Habana ejerció como periodista y profesor de francés. Continuó además su cometido de traductor, vertiendo al castellano autores como Hemingway, Steinbeck, Lawrence o Faulkner. En 1959 publica en México el volumen de cuentos “El otro cayo”, que reúne textos de “Lana luna nona y otros cuentos” y “Cayo Canas”.

 

 

Por lo visto al viejo comunista no le gustó el modo en que su ideología se materializaba en Cuba, es una lástima que no escarmentara con lo que debía haber visto en su patria. A mediados de 1960 solicitó asilo en la embajada de Colombia en La Habana. Viajó a Miami y más tarde el Nueva York. En 1967 fue nombrado profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Syracuse. En 1970 publicó “Maneras de contar”, volumen de relatos. En 1973 sufrió un ataque cerebral ya no podra seguir dedicándose a la docencia. El escritor en 1983.

 

 

 

Volviendo al artículo de Cuba encuentro; en la reseña de la compilación hecha por su tocayo, Carlos Cabrera escribe a propósito del escritor gallego.

El cronista no rehúye el lenguaje del militante comunista a la hora de elogiar a las mujeres que trabajan en la Retaguardia haciendo prendas de corte ruso, de comentar las decisiones del Gobierno republicano y trazar las personalidades de jefes, oficiales y soldados. Pero el narrador no oculta las contradicciones de los suyos, el pesar por noticias falsas que provocan rabia en los soldados, aunque les favorezcan.
Y, sobre todo, la barbarie que vive cotidianamente no mata al narrador que —entre balaceras y arengas— consigue ver y contar como una parte de los vecinos de Madrid viven aletargados en “su caracol de neutralidad”, o a una madre angustiada ante la probable evacuación de los niños: “Me muero si mando mi hijo fuera” y el retrato que traza del poeta Pérez Bojart, al que confiere la emotividad de Miró, el humor de France y de Eça de Queiroz y que habría pasado del “señoritismo a la bohemia”, aunque más humanizado por la adopción casual de un adolescente campesino, que marcará a su padre adoptivo, tras morir de un balazo en la cabeza y larga agonía.
La geografía de este libro recorre casi todos los frentes de batalla, desde Melilla hasta Euskadi, pero Novás Calvo no puede evitar dejar aflorar su admiración por el frente de Madrid (5to. Regimiento), donde compartió batallas con Miguel Hernández y por las Brigadas Internacionales, de los que cuenta profusos detalles con datos exactos sobre composición, origen geográfico e ideológico; al tiempo que aprovecha para elogiar a su República por la protección brindada a los intelectuales.“

Reconozco que siento ganas de leer el libro preguntándome de antemano ¿Y tuvo Lino, en su condición de “periodista de raza” (y no de agitador), la honestidad de contarlo todo? Es decir, hacer lo que George Orwell, que habiendo combatido a los sublevados, en las milicias del Partido Obrero de Unificación Marxista, fue testigo de la represión estalinista y la resistencia contra ella dentro del bando republicano.
Después de tanta veneración por parte de nuestros intelectuales por esta figura literaria enterrada por décadas por la crítica oficial, no puede dejar de preocuparme
la admiración que según el artículo, Novas Calvo sentía por el 5 regimiento (https://es.wikipedia.org/wiki/Quinto_Regimiento)comandando al principio por el
estalinista rabiata de Enrique Lister Forjan, tristemente vinculado a nuestra historia reciente ya que más tarde será enviado como asesor “hispano soviético” a Cuba, siendo allí el verdadero fundador de los Comités de Defensa de la Revolución. Aquella copia española del ejército rojo fue tan “ejemplar” que tuvo por primer comisario al “internacionalista” italiano Vittorio Vidali, después de haber estado implicado en el ajuste de cuenta dentro del comunismo internacional con Julio Antonio Mella (según algunos historiadores) y al que también se acusa de participar en el secuestro, tortura y desaparición de Andrés Nin, líder del POUM.

 

El tema de la guerra civil española y sus vínculos con Cuba es apasionante; considero que aquella guerra sirvió como el ensayo general que permitió al castrismo salir triunfante, solo así se explica su rápida actuación contra los trotskistas, anarquistas, socialdemócratas y otros sectores de la izquierda cubana, que en el caso de España fueron las fuerzas que, intentan detener el derramamiento de sangre con el golpe de Estado del coronel republicano Segismundo Casado el 5 de marzo de 1939, una suerte de micro revolución contra el gobierno del Negrín, un socialista reducido a marioneta de la élite comunista, ésta sí quería seguir una guerra que ya estaba perdida, pero bien que supo poner el pellejo a resguardo marchándose a la URSS mientras ordenaba a sus bases continuar la resistencia suicida contra los nacionales.

El tema de la guerra civil española y sus vínculos con Cuba es apasionante; considero que aquella guerra sirvió como el ensayo general que permitió al castrismo salir triunfante, solo así se explica su rápida actuación contra los trotskistas, anarquistas, socialdemócratas y otros sectores de la izquierda cubana, que en el caso de España fueron las fuerzas que, intentan detener el derramamiento de sangre con el golpe de Estado del coronel republicano Segismundo Casado el 5 de marzo de 1939, una suerte de micro revolución contra el gobierno del Negrín, un socialista reducido a marioneta de la élite comunista, ésta sí quería seguir una guerra que ya estaba perdida, pero bien que supo poner el pellejo a resguardo marchándose a la URSS mientras ordenaba a sus bases continuar la resistencia suicida contra los nacionales.

Tal vez esto habría podido evitarse si escritores como Lino Novás Calvo, en lugar de colocar la pluma al servicio de los comunistas del patio, se hubiera dedicada a alertarnos sobre lo que pasaría si estos o gentes similares como los mutantes de Fidel tomaba el poder, pero no prefirió vivir del cuento y cuando se olió que la cosa se podría mala, puso de nuevo de nuevo los pies en polvorosa, como la Pasionaria, pero en dirección ideológica inversa a la de su antigua correligionaria.

 

 

 

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