¿A quiénes son más cercanos los españoles actuales, a los musulmanes o a los hebreos de Israel? (I)

15 Abr

Comentando la adoración por Israel de Fernando Díaz Villanueva

Fernando Díaz Villanueva, productivo y eficaz como siempre ha publicado este 12 abril de 2018 un nuevo archivo sonoro, con temas de gran actualidad. Entre ellos tenemos la cancelación por parte de Donald Trump de su asistencia a la Cumbre de las Américas y de paso a una visita a Bogotá que tenía prevista tras la cumbre.

El “feo” hecho por el presidente norteamericano a sus anfitriones lleva a Fernando a pensar que lo de Siria va en serio. Respeto su opinión, pero se me ocurre que todo el alboroto armado con respecto a Siria, cohetes disparados por Francia, Inglaterra y USA contra las posiciones de su ejército, ha sido el perfecto montaje planeado por la administración norteamericana, para que Trump no se viera rodeado y en minoría por aquellos a los que visceralmente detesta, los hispanoamericanos representados por sus respectivas presidencias.

Pero no es esta parte de su programa digital -que él insiste en llamar radial- la que estimula mi respuesta. Ha sido el aporte que ha hecho un oyente; Alfredo de Tenerife, cuestionando el tratamiento parcializado que suele dar Villanueva al sionismo.

El periodista madrileño ha respondido con una apología más al Estado de Israel, lo que demuestra que se mantiene en sus trece, y justifica su defensa con una identificación superior de su parte con los judíos israelitas (algo que se debe matizar), olvidando con esta declaración de preferencia, la inevitable cercanía, que en su condición de español, tiene de manera inevitable, con la cultura árabe, más allá de todas las revoluciones culturales traídas con la reconquista y en virtud los siglos, precedentes en los que la mayor parte de España fue musulmana, además de convivir en ella comunidades hebreas establecidas en la península mucho antes del nacimiento de Al-Ándalus, el nombre árabe que los musulmanes le dieron a las áreas dominadas por ellos en la península Ibérica entre 711 – 1492.

Es verdad que los españoles modernos han de tener también dentro de su genética cultural un componente hebreo, pero si tomamos en cuenta que la expulsión de los judíos de España fue ordenada en 1492 por los Reyes Católicos, que España prohíbe la práctica abierta del Islam por parte de su considerable población mudéjar a principios del siglo XVI, que la expulsión de los moriscos ordenada por el rey Felipe III y se realiza más de un siglo después de la judía, entre 1609 y 1613, y que aun así se siguió practicando el islam de manera oculta – Todavía en la Granada de 1727 se realizaban juicios masivos por la realización de prácticas musulmanas subterráneas- , habrá que llegar a la conclusión de que los antecesores de los españoles actuales tuvieron menos rose con los judíos que con los musulmanes, lo cual implica una psicología que para su bien les diferencia del resto de Europa y que ellos mismos no saben comprender en sus ventajas.

Vamos a usar una situación virtual para explicar al español de a pie, cada vez más islamófobo, cual es la situación ya no de los musulmanes, sino incluso de los cristianos e incluso de los hebreos originario de la propia España en este Israel que tanto se idealiza en buena parte del medio y la cultura occidental.

Imagínenos que los servicios de inteligencia británicos no hubieran conseguido comprar a los generales franquistas que convencieron al Caudillo para mantener su neutralidad, que España hubiera participado del lado de sus amigos del Eje Berlín Roma Tokio.

En esta ficción histórica sería inevitable que una vez terminada la guerra, una vez ocupada España (de lo que históricamente se libró por los pelos) como el resto de los derrotados, los vencedores hubieran querido, acabar para siempre con el régimen nacional premiando de paso algún aliado interno, como hicieron con los Kurdos tras la conquista de Irak, para el caso español digamos que a los vascos, algunos de cuyos micro nacionalistas de hecho colaboraron con operaciones de inteligencia al servicio británico esperando a cambio, más que el bloqueo que casi mata de hambre a los españoles, aquella la invasión aliada contra la España de Franco que nunca se materializó. Incluso la lengua vasca fue utilizada como lengua secreta por los norteamericanos en la guerra del Pacífico.

Supongamos que una vez ocupado el país este es entregado a una casta vasca, podría ser catalana, para el caso da lo mismo, y que para compensar su minoría comienzan a importarse en detrimento de otras inmigraciones los millones de presuntos descendientes de vascos que nuevo mundo. Y para no hablar de medidas peores, centrémonos en que harían lo ya se ha hecho durante décadas en Cataluña contra los castellanos parlantes, manipular, entre otras medidas, el sistema educativo, para convertir, desde el punto de vista cultural, al resto de los españoles en ciudadanos de segunda categoría. Pues así de mal como se sentirían de esta distopía los españoles, se sienten los árabes en Israel, llamarse “liberal” y al mismo tiempo alabar un estado tan “libre y próspero”, no solo indica un gran descociendo las fuentes externas de tanta prosperidad y las grandes lagunas que padece esta “libertad”, sino que da mucho que pensar, y no muy bien, sobre el daño que puede hacer la anteojera liberal al pensamiento.

Continuará

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