Lenin; el enemigo olvidado por el izquierdismo maltusiano

9 Abr

La lucha contra el aborto es algo mal visto dentro de eso que podríamos definir como la izquierda del siglo XXI, es decir entre los partidos socialistas, comunistas y organizaciones anarquistas, vendidas al capitalismo internacional maltusiano.

Ya no se trata de proponerse la construcción de una sociedad más justa, sino de promover leyes y medidas que terminan siendo aprobadas por la derecha del sistema, otras que bien bailan en esta danza de máscaras.

Para cumplir su misión, la izquierda mencionada se camufla tras un pasado que a menudo les traiciona, aquí les traigo el mejor ejemplo, que de paso servirá para demostrar que luchar por la vida no es solo cosa de religiosos o gente “carca” como llaman despectivamente en España a las personas de ideas o actitudes retrógradas. Denunciar el aborto puede ser la misión de un auténtico revolucionario, como lo fue Lenin antes y durante de la toma del poder, reconozcamos que poco después devino en una suerte de Zar rojo, que negando todo lo que había escrito en su Estado y la Revolución, hizo quedar, a los Romanov, por comparación con el régimen bolchevique, como una dinastía libertaria, empeñada en sacar del atraso a su pueblo.

Pero en 1913, Lenin está lejos de convertirse en un dictador sanguinario de cuyo círculo no podría engendrarse otra cosa que el estalinismo, todo lo contrario, se trata no solo de un revolucionario profesional entregado y eficaz, sino, incluso de un intelectual lúcido que todavía hoy vale la pena leer para comprender aquella época y para descubrir la catástrofe que nos amenaza y cómo combatirla; parodiando el título de un panfleto suyo que nada tienen que ver con el tema que ahora me interesa, el del enfrentamiento del revolucionario ruso a quienes ya por entonces se empeñaban en reducir a la humanidad como fórmula de su felicidad.

El 16 de junio de aquel año V. I. Lenin publica en el número 137 de Pravda, un artículo de título emblemático. “La clase trabajadora y el neomaltusianismo” * Aquí demuestra el pesandor marxista, lo claro que tenía el papel revolucionario del factor demográfico, en particular del crecimiento y reproducción de una masa trabajadora, que en la teoría estaba destinada a emancipar a toda la Humanidad. Es el mismo factor que por causas similares temen las élites que hoy hacen lo imposible por reducir la natalidad. En el caso de Rusia, para colmo, la clase obrera era ínfima; no podía pues permitirse coquetear con quienes predicaban en contra de tener hijos.

En el trabajo se reseña un Congreso de Doctores que había tenido lugar en Pirogov, y en el cual, se sostuvo un largo debate sobre la cuestión del aborto. León se centra en particular en el informe de un tal Lichkus, sobre lo que con la sorna que le caracterizaba, describe como “práctica muy extendida de destruir el feto en los llamados estados civilizados.”

Resulta que según el reporte, ya para aquel entonces, en Nueva York, se realizaban 80,000 abortos en un año, mientras que en Francia habrían 36,000 abortos cada mes en Francia. En cuando a Rusia esta no parecía quedarse atrás cuando en st. Petersburgo, su capital el porcentaje de abortos se había duplicado en cinco años.

Según la reseña, el susodicho Congreso, adoptó una resolución condenando cualquier persecución penal de una madre por hacerse un aborto artificial y pidiendo que los médicos solamente fueran procesados, si se realizaban este tipo de operación con fines lucrativos.

Así mismo, se abordó otra cuestión, que el propio Lenin califica de neomalthusiana, la del uso de anticonceptivos que según el fundador del bolchevismo fue muy aplaudida. Eso no sorprende a Lenin, ya que según él, la audiencia estaba formada por burgueses con psicología de filisteos; ya sabemos que el concepto de burgués, define una categoría al que los marxistas de toda laya, incluidos los leninistas, nunca han tratado muy bien.

Frente a lo que estigmatiza “como naturaleza completamente reaccionaria y la fealdad del neomaltusianismo”, Lenin antepone lo que llama “punto de vista de la clase obrera”, que en realidad es el suyo, el cual distingue de la psicología del campesino, el artesano y del pequeño burgués intelectual en general.

En el caso del pequeño burgués, según Lenin, este ve y siente que se encamina a la ruina, que la vida es cada vez más difícil, que la lucha por la existencia es cada vez más despiadada, y que su posición y la de su familia se están volviendo más y más desesperada, su protesta es la del representante de una clase que está irremediablemente condenada a desaparecer, que se desespera de su futuro, que está deprimida y es cobarde, que no encuentra nada que hacer y grita para que haya menos niños que sufran “nuestros tormentos y duro trabajo, nuestra pobreza y nuestra humillación”. Aunque Lenin , no suena muy materialista aquí, su explicación del activismo maltusiano apela a cierta psicología de clases, asombra como lo bien que encaja esta descripción de aquella pequeña burguesía zaherida por Lenin en las posiciones de las feministas actuales y las izquierdas que las respaldan.

El texto hace un llamado a la clase obrera rusa a no dejar que su conciencia sea opacada –como ocurre con tanto izquierdista moderno- con tales gritos, no importa cuán sincero y de corazón fueran estas consignas burguesas que son ajenos a nosotros –los trabajadores- en espíritu.

Con el optimismo inusitado que le caracterizaba, Lenin apostaba por una clase obrera en crecimiento, cada vez más fuerte, capaz de educarse a sí misma y que estaba sentando las bases de un nuevo edificio y cuya construcción sería culminada por los hijos de esta misma clase. No podía menos que enfrentarse a quienes abogaban por esterilizar esa fuerza poderosa.

Marcando la diferencia entre lo que es la propaganda médica y la protección de los derechos democráticos elementales de los ciudadanos, hombres y mujeres como una sola cosa y la teoría social del neomalthusianismo como otra muy distinta, Lenin termina su columna llamando a los obreros conscientes a llevar la lucha más despiadada contra los intentos de imponer esa teoría “reaccionaria y cobarde” en la clase más progresiva y más fuerte en la sociedad moderna, la clase que es la mejor preparada para grandes cambios.

Desgraciadamente, las poderosas izquierdas establecidas, no tienen otro proyecto que no sea seguir las directrices que las que emana teoría conspiratoria sobre el hipotético poder heteropatriarcal, hace tiempo que perdieron, o vendieron la vieja fe marxista en la clase trabajadora como fuerza capaz de transformar la humanidad, creando una sociedad no solo más justa, sino, capaz de alimentar a cuantos hijos vengan; nada de extrañar cuando se ha pasado más de un siglo viviendo de esa clase a la que decían representar, ya usando sus votos para obtener el derecho a mamar de las arcar del estado de partidos (Liberal) ya explotándola directamente bajo ese capitalismo de estado llamado “Socialismo Real” ayudado a fundar por el propio Lenin, cuando olvidó sus promesas a la alianza obrero campesina, al marino y al soldado.

Así, olvidada las consigas que hizo suyas el otro Lenin, el opositor, buena parte de sus herederos, o de los que alguna vez fueron sus compañeros de viaje, hoy se toma muy en serio la misión de negar los principios originarios de la revolución proletaria. Y lo hacen sin la menor sutileza, transformando lo que un día fue la lucha entre clases, en una lucha echando a pelear al trabajador contra su mujer, la trabajadora, y reduciendo en todo lo posible su descendencia, al nivel del ejercito, mínimo de reserva que el capitalismo cada vez más automatizado e independizado de las mano de obra pueda necesitar y su estado controlar.

Frente a este estado de cosas y con función general sembrada en el trabajador del nuevo siglo, necesitaremos de un nuevo Lenin que sin traicionar su pensamiento original, como hiciera el que embalsamaron en el Kremlin, ponga en su lugar a estos, los Kerenskys de Género de hoy, y a las feminazis que emulan de aquel batallón de cadetes mujeres que (vamos atenernos a la versión mítica de esta historia, existen otras igualmente válidas) defendiendo el Palacio de invierno en la noche del 25 al 26 de octubre de 1917, no lograron impedir a los bolcheviques derribara al Gobierno Provisional y entregar todo el poder al Soviet de Petrogrado.

*Lenin Collected Works, Progress Publishers, 1977, Moscú, volumen 19, páginas 235-237.

 

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