“Cornamentar”: eso si que es para siempre en “Amar”

11 Mar

Amar es para siempre es una serie de televisión que ya he comentado en este blog, pero que nunca me deja de dar que hablar.  Es emitida por Antena 3 desde enero del año 2013, como  continuación de ‘Amar en tiempos revueltos’, que la Televisión Pública española (RTVE) ofreció con rotundo con éxito durante 7 temporadas y 1716 episodios.

En principio la serie nos intenta mostrar el resurgimiento social y económico español durante el franquismo pero hay algo más que no se ve a simple vista,  se las ingenia para insertar en el pasado a través de las declaraciones y actuaciones de sus personajes valores hoy predominantes pero que poco o nada tiene que ver con los de la época reflejada. Es un manera de fortalecer patrones de conducta en espectador y lo curioso es que se hace desde un medio que en teoría solo estaría interesado en el lucro y el entretenimiento. Visto está que cuando de propaganda se trata,  no podemos fiarnos, ya no del estado, sino incluso del “libre” mercado.

La serie cambia y actualiza los tiempos políticos desde que nació como Amar en tiempos revuelto, pero ni jugando se aparta de una de sus incongruencias, la aceptación generalizada del engaño matrimonial.

El sentido ha sido desde la primera etapa de Amar en tiempos revueltos, el de sublimar la cornamenta, así en la sexta etapa que ahora se puede ver, por pago y desde cualquier parte del mundo a través de Atresplayer, la historia gira en torno a tres cornudos mas o menos consentidos. Estos modelos de lo que deben ser hoy los españoles son Carvajal, Ortega y Duran, así nos describen al trío interpretado por tres magnóficos actores:’

Arturo Carvajal

El actor Jacobo Dicenta es quien hace de Arturo Carvajal, su personaje tiene 45 años y es la mano derecha y colaborador del director del semanario Siete Días Ernesto Ortega. Es un periodista de raza. Casado y con 4 hijas y un hijo, su verdadero hogar es la redacción. Es lógico si se toma en cuenta que por obra y gracias del patriarcado al hombre le tocaba reventarse trabajando para mantener a su mujer (en este caso una petarda) y sus hijos, que se supone (aunque nunca se sepa con certeza hasta que se haga una prueba genética, que sean también suyos. De pronto se entera que Candela (personaje del que hasta el momento solo sabemos de oídas) le deja por su maestro de danza flamenca. Todo ello lo soporta con relativo estoicismo el pobre periodista hasta que descubre por unos dibujos que sus hijas quieren más al padre postizo que a el mismo, es entonces donde comienza a actuar intentando procesar a su esposa, siempre desaconsejados por todos y cada uno de los personajes a los que cuenta sus propósitos incluso el abogado que tramitará en caso, cuya mujer, Teresa Dorado ( Maria Barranco) por cierto es una alcahueta de armas tomar, es la que ha impulsado todo el tiempo a la mujer de Ortega a emprender una aventura extramatrimonial, de mas está decir que se le presenta como un personaje empático y positivo, incluso cuando califica despectivamente vegetal al pobre Ortega en estado de coma y le pide a la esposa que no se ocupe de el, solo le faltaba a los guionistas usarla para abogar por la eutanasia como hizo en el director por Alejandro Amenábar en su película “Mar adentro” protagonizada por Javier Bardem en 2004, obra cuyo mensaje abiertamente malthusiano le mereció entre otros premios el Oscar a la Mejor Película Extranjera.

Este personajes de Teresa es un buen ejemplo de las herramientas que se utilizan en la reprogramación moral del país, quebrando los valores transmitidod por su propia cultura, recordemos que paradójicamente fue en España donde se publicó en 1499 la obra que por excelencia denostó la alcahuetería; la Comedia de Calisto y Melibea, obra atribuida a Fernando de Rojas en la que se narra la historia del joven Calisto quien por conseguir el amor Melibea, acude la ayuda de una vieja prostituta llamada Celestina, sinónimo de lo peor hasta que llegó, medios mediante, el culto al adulterio y por ende la condescendencia con los alcahuetes, que vemos de sobra a lo largo de esta interminable serie.

Es ese mismo adulterio el que, en contra de la opinión de quienes le rodean intenta frenar en Carvajal (sabrá Dios si librando con ello a sus hijas de un pedófilo) y no lo hace tomándose la justicia por su mano, como era usual entonces, y de esperar en el “misógino”, ex soldado y hombre de mal carácter que nos han dibujado, sino civilizadamente; demandando legalmente a Candela, la mujer que después de explotarlo como a un esclavo, ahora lo intenta cambiar por otro siervo. Lo gracioso es el comentario del personaje Marta cuando opina que así se destrozaría una familia, cuando de hecho, la auténtica, la consanguínea ya había sido hecha hecha añicos por la mujer que se llevó a las niñas (el chico sigue con el padre) con su querindango.

Diego Durán

Interpretado por Víctor Clavijo, Diego Durán, tiene 37 años y es el hijo del famoso periodista Ricardo Osuna. Diego será contratado por Ernesto Ortega como periodista del semanario. Desde el comienzo, se sentirá atraído por Marta Novoa y mantendrán una historia de amor hasta la aparición de Raquel, su esposa, que lo había dejado por otro y ahora vuelve como el perro del hortelano, que ni come ni deja comer. Natural de Segovia y maestra de profesión, Raquel conoció a Diego Durán poco después de terminar Bachillerato y ambos se trasladaron a la ciudad natal de la mujer para iniciar una vida juntos. Pese al feliz comienzo del matrimonio, unos meses antes del traslado de Durán a Madrid, Raquel se enamoró de otro hombre. Dado que el divorcio o la separación no eran legales en España, la pareja decidió que cada uno hiciera su vida, en lugar de vivir juntos y mantener una mentira. Aunque no se justifica mucho el acto en la serie no se juzga demasiado severamente al personaje, si en cambio se utiliza la situación para justificar la necesidad que tiene Durán de divorciarse.

Ernesto Ortega

Fernando Cayo hace de Ernesto Ortega tiene 57 años y es el director de la revista semanal ‘España-Siete Días’. Está casado con Matilde Velázquez. Es un hombre mujeriego, ambicioso, orgulloso y manipulador. Su mujer es Matilde (Sonia Almarcha) tiene 47 años es una de las heroínas en esta etapa de la serie, no actúa como se deprende de sus carácter denunciando al marido, las leyes también condenaban a los maridos que engañaban a sus esposas sino que le paga con la misma manera , cuando aparece su amor de juventud, Julián Azevedo ( José Luis Torrijo), cambiará su forma de ver la vida y decidirá dar rienda suelta a su pasión, convirtiéndose en querida de un viejo amor de juventud, es el adulterio que más se intenta justificar en la serie.

Ortega “el malo” reacciona manipulando hilos para meter a Julián Azevedo, en la cárcel con falsa motivaciones políticas. Ni los personajes, ni los espectadores, parecen descubrir aquí la señal de compasión que ello implica para con su esposa, pues lo más fácil habría sido denunciarla y mandarla al talego con su marindago. Están en esa, cuando Ortega sufre un accidente y al recuperarse finge haber perdido la memoria, y de malo, comienza a pasar por bueno, bueno, bueno, al punto que acepta las relaciones extramaritales de su mujer como parte de esa condición de noble esposo (para estos tiempos no para aquello) que nos quiere vender.

Es curiosos como esta telenovela española y el medio que la transmite, pone el grito en el cielo antes el proyecto de Carvajal para rescatar a sus hijas y salvarlas sabrá dios si de un pedófilo como tantas veces ha ocurrido con esos nuevos maridos cuyas mujeres meten por los ojos de sus hijos de anteriores parejas. El mismo medio que conmina a las mujeres a destrozar sus propias familias involucrando al estado en cualquier en cualquier trifulca doméstica, a denuncias a sus esposos aunque la violencia verbal o física provenga de ella, y sabiendo que le inquisición de genero machacará sin clemencia a la parte masculina, ahora pone el grito en el cielo a través de varios personajes entre ellos Martha (otra que bien baila, en la etapa anterior le encasquetó un su esposo un hijo concebido con el novio de su hermana) quien lo acusa de querer destrozar la familia, como si no fuera el adulterio practicado por Candela la verdadera dinamita de ese núcleo humano.

Es esta la unidad que está en la mirilla de series como estas, en las cuales permanentemente y no sin mediar una astuta dialéctica de condena-aceptación donde al final prevalece la aceptación, se hable fuego sobre el puntal, la figura paterna, y por ende sobre la importancia de las relaciones sanguíneas como fundamento de un instinto de conservación que va más allá del propio individuo para proyectarse sobre los hijos, unos hijos que la construcción sicológica de los mismos que aquí se hace, a menudo tomas partido por el padre adultero y hasta por su amante, como hace, Javier el hijo de Ortega (Guillermo Barrientos) el mismo que habiéndole emprendido con Charo, por ser amante de su padre se solidariza con su madre cuando esta cornifica al hombre a quien debe la vida.

Laura ejemplo el “mal necesario” del amor filial y defensa de la familia

Como les decía el mensaje se transmite con astucia e inteligencia, es necesario inocular cual vacuna en este mundo imaginario la propia disidencia con respecto a la ideología que en el predomina, luego se le irá modulando poco a poco hasta hacerla desaparecer, creándose así las defensas en el receptor contra la verdadera oposición al ideario que, capítulo tras capítulo se le ha ido transmitiendo, si que él se percate.

Ahí tenemos la resistencia cada vez más debilitada que hace por mantener la familia Laura (Veki Velilla)la pequeña de los Ortega y es el ojito derecho de Ernesto. Retóricamente se justifica esa resistencia porque siempre la familia ha procurado que estudie fuera de Madrid, en buenos internados, y no conoce cómo se supone que si lo hace Javier unas interioridades matrimoniales en las que ningún padre que se respete involucraría a sus hijos.

Y la manipulación del espectador ha sido tan inteligente que ha parar de representar el personaje la imagen más bella de lealtad incondicional y amor filial por un padre, sobran los comentarios insidiosos ya no solo contra el personaje sino incluso contra el talento de la actriz que lo interpreta, a pesar de que este queda fuera de toda duda en cada capítulo. Así funciona la maldad cuando está bien hecha.

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