Medicina enemiga: el caso de las enfermedades mentales

21 May

Deadly Medicines and Organised Crime: How Big Pharma Has Corrupted Healthcare”  ( 2012, ISBN 9781846195853CAT # K28145), del investigador danés Peter Gotzsche, debería ser un libro de cabecera de todo ciudadano del mundo en un mundo donde nadie se escapa de la manipulación en favor de grandes intereses, lo mismo personas que instituciones aparentemente respetables y respetuosas como son las vinculadas con la salud humana, todo ello en contubernio con los Estados que deberían velar por el bienestar de sus ciudadanos.

Esta obra que es español podríamos denominar Medicamentos mortales y delincuencia organizada: cómo las grandes farmacéuticas han dañado la atención de la salud, revela cómo las compañías farmacéuticas han ocultado los daños letales de sus drogas con un comportamiento fraudulento, lo que ha traído por consecuencia que los medicamentos recetados se conviertan en la tercera causa principal de muerte después de las enfermedades cardíacas (muchas de ellas creadas por estos) y del cáncer. Si una epidemia tan letal hubiera sido causada por una nueva bacteria o un virus, o incluso un centésimo, habríamos hecho todo lo posible para controlarlo. Sin embargo, cuando el daño es provocado por estas poderosas industria apenas nos atrevemos a ponerle remedio.

Al denunciar esta situación el autor nos explica que prácticamente todo lo que sabemos acerca de las drogas legales, es decir los medicamentos es lo que las compañías han optado por decirnos razón por la que los pacientes confían en su medicina es que extrapolan la confianza que tienen en sus médicos a los medicamentos que prescriben, sin darse cuenta de que aunque los galenos actuales puedan saber mucho sobre enfermedades y fisiología y psicología humanas, saben muy, muy poco acerca de unas drogas que son inventadas y disfrazadas por la industria farmacéutica.

Particularmente interesante me parece el capítulo dedicado al terreno de las enfermedades mentarles; “La psiquiatría, el paraíso de la industria de la droga “en el cual a través de la cita de Judi Chamberlin, ex paciente mental e nos recuerda el peligro que significa dejar la determinación de si la enfermedad mental existe estrictamente a los psiquiatras lo cual equivaldría a dejar la determinación de la validez de la astrología en manos de los astrólogos profesionales, en este caso es poco probable que la gente cuestione las premisas subyacentes de sus ocupaciones, en las que a menudo tienen una gran apuesta financiera y emocional.

Asi mismo conocemos la opinión de Marcia Angell, ex editora, New England Journal of Medicine quien afirma haber pasado la mayor parte de su vida profesional evaluando la calidad de la investigación clínica, creyendo que esta es especialmente pobre en psiquiatría y que los estudios auspiciados por la industria se publican selectivamente, tienden a ser diseñados a corto plazo para favorecer la droga, y mostrar beneficios tan pequeños que es poco probable que superen los daños a largo plazo.

Otzsche explica que la psiquiatría sea el paraíso de la industria farmacéutica, con el hecho de que las definiciones de los trastornos psiquiátricos son vagas y fáciles de manipular. Por lo tanto, los psiquiatras corren un alto riesgo de corrupción. No es de extrañar que estos especialistas recauden más dinero de los fabricantes de medicamentos que los médicos de cualquier otra especialidad y que sean los que reciben más dinero los que suelen prescribir antipsicóticos a los niños con mayor frecuencia.

Fundamental en esta aclaración es exponer el funcionamiento arbitrario del infame Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales (DSM) de la American Psychiatric Asociación (APA). El cual ha degenerado tanto que Allen Frances, quien presidiera el grupo de trabajo para el DSM edición IV (que enumera 374 maneras diferentes de estar mentalmente enfermo, había solo 297 en el DSM-III) cree que la responsabilidad de definir las condiciones psiquiátricas debe retirársele a la APA. Frances ha advertido que el DSM-V podría desencadenar múltiples nuevas epidemias falsas y señaló que ya el DSM-IV había creado tres falsas epidemias debido a que los criterios diagnósticos eran demasiado amplios, estas serían: el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), el autismo y el trastorno bipolar infantil.

Según las palabras de Frances recogidas en el libro, los nuevos diagnósticos son tan peligrosos como los nuevos fármacos: “Tenemos procedimientos extraordinariamente casuales para definir la naturaleza de las condiciones, pero pueden llevan a decenas de millones de personas a ser tratadas con fármacos que pueden no necesitar y que pueden perjudicarlos “.Por lo tanto, las agencias reguladoras de medicamentos no sólo deben evaluar nuevos medicamentos sino también supervisar cómo se crean nuevas” enfermedades.

Y la incompetencia de este “instrumento” es tan grande que el DSM-IV ni siquiera puede definir lo que es un trastorno mental. Veamos algunos de los pedacitos de la definición, que el investigador danés nos ha destacado en cursiva.

“Síndrome o patrón de comportamiento o psicológico clínicamente significativo que ocurre en un individuo y que se asocia con angustia actual (por ejemplo, un síntoma doloroso) o discapacidad (es decir, deterioro en una o más áreas importantes de funcionamiento) o con un riesgo significativamente mayor de Sufrir la muerte, el dolor, la discapacidad o importante pérdida de libertad. Además, este síndrome o patrón no debe ser simplemente una respuesta esperada y culturalmente sancionada a un evento particular, por ejemplo, la muerte de un ser querido. Cualquiera que sea su causa original, debe ser considerada una manifestación de una disfunción conductual, psicológica o biológica en el individuo. Ni los comportamientos desviados … ni los conflictos que están principalmente entre el individuo y la sociedad son trastornos mentales a menos que el desvío o conflicto sea un síntoma de una disfunción en el individuo.”

El autor del libro considera que sería fácil mejorar toda esta ambigüedad y subjetividad y llegar a una definición más significativa y robusta. De todos modos, el DSM es un documento de consenso lo que hace que no sea científico. El Real Colegio de Médicos no toma en cuenta los comentarios del público del público en su página digital sobre el diagnóstico de cáncer de mama y “las ciencias reales no deciden sobre la existencia y la naturaleza de los fenómenos con los que están tratando a través de un alzamiento de manos con un interés personal y farmacéutico patrocinado de la industria.

El negocio del síndrome mental

En esta sección del Deadly Medicines and Organised Crime se nos recuerda que la homosexualidad fue catalogada como un trastorno mental hasta 1974, cuando el 61% de los psiquiatras votaron para que se retirara, sólo para retener algo llamado Ego Homosexualidad distónica para aquellos que se sentían incómodos con la condena de otros de otros de su orientación sexual.

1985, la APA decidió introducir el trastorno de personalidad masoquista para ser utilizado para mujeres que fueron golpeadas por sus maridos. En respuesta a esto, la Psicóloga Paula Caplan (de ideología feminista) y sus colegas sugirieron el “trastorno de la personalidad machista para los hombres violentos”, pero que sería etiquetado como “trastorno de la personalidad dominante delirante”, y sugirieron al Comité del APA que se aplicaría si un individuo masculino que cumpliera con seis de los 14 criterios que indican la incapacidad para establecer y mantener relaciones interpersonales significativas.

Allen Frances, ha cuestionado los fundamentos empíricos de este desorden y alertó que sería una locura abrir las compuertas a nuevos diagnósticos sin fundamentos, una observación interesante, subraya el autor teniendo en cuenta lo que ya se había incluido en el DSM-III.

Para concluir queremos destacar nuestra concordancia con lo que expone Peter Gotzsche, acerca de los fuertes conflictos de intereses entre los encargados desarrollar el DSM y como la creación de muchos diagnósticos significa un gran negocio, fama y el poder para ciertas las personas, a costa del sufrimiento de otras.

Por otra parte corremos el peligro de sacar conclusiones equivocadas a partir de esta iformación, como las de retirar toda medicamentación a un enfermo mental fuera de sí,  o peor aún, echarle de los hospitales, abandonándole a su suerte, algo que no sólo le daña, sino que afecta también quienes le rodean. De lo que se trata es de imponer criterios realmente científicos a la hora de diagnosticar y elaborar las medicinas para el tratamiento, incluso de buscar alternativas psicoterapéuticas que ayuden al propio paciente a lidiar con sus males (cuando son reales) en tanto aparezca la solución necesaria.

Lo que sí creo que el problema no se reduce a la capacidad corruptora de las grandes empresas farmacéuticas, el cual, por supuesto es grande, sino a la conveniencia para los poderes “públicos” de que este capee por su respeto, así estaría por escribirse una verdadera “economía política de la salud” que explique a quién beneficia, además de lo que lucran directamente con ello, el hecho de que estemos cada día más enfermos, ya no solo por la polución que nos rodeas o los ingredientes no saludables que se incluyen en nuestros alimentos, sino para colmo por los medicamentos que nos recomiendan nuestros propias médicos.

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