Otra conquista de la Colombia de Santos: la entrega de niños colombianos a pares de homosexuales

3 Nov

Erik och Kalle Norwald har blivit godkända för adoption.

Foto de los nuevos padres adoptivos de un niño colombiano, publicada en Metro.

Metro de Estocolmo ha dado hoy la gran noticia: El homonomio masculino conformado por Eric y Donald Norwald se ha convertido en la primera pareja sueca del mismo sexo suecos probada para la adopción de un niño colombiano, Hace aproximadamente un mes les llegó “la buena noticia”. “Fue bastante surrealista”, dijo a Metro Erik, uno de los flamantes padres adoptivos.
Cuando Erik Norwald y Donald Norwald comenzaron a pensar en tener un bebé pensaron en el caso de una pareja del mismo sexo de Dinamarca, que había conseguido la adopción internacional a través de Sudáfrica, sin necesidad de estar vinculados el país de adopción. Pero cuando comenzaron a hacer la gestión con la oficina de adopciones, esta les informó que también podían contar con Colombia ya que había cambiado sus directrices para las adopciones. Resulta que en el país sudamericano ya no se define a la pareja como un hombre y una mujer, sino simplemente como a un par de personas que viven juntas, con ese presupuesto legal no resultó imposible que el orfanato en Colombia les reconociera como padres.
Al margen de toda la discusión que existe fuera de Suecia sobre la capacidad de una pareja homosexual para criar a un niño sin ocasionarle traumas particulares (algo que nadie cuestiona en el país escandinavo), un hecho es indiscutible, cada vez se fomenta más la adopción entre las nuevas generaciones, haciéndosele creer sobre todo a las mujeres que lo más adoptable para ellas es la adopción de niños, si ante tamaña aberración desde el punto de vista evolutivo están claudicando masa de parejas heterosexuales, que puede esperarse para aquellas de naturaleza homosexual, impedidas por principio para la concepción.
Claro en el caso de las lesbianas existe la solución de ser inseminadas, como en el de los llamados gay la de colocar la simiente en vientres de alquiler, una suerte de prostitución por el que las feministas no suelen protestas. Pero en estos casos se crean nuevos seres humanos y eso es precisamente lo que no le conviene al capitalismo maltusiano, por ello irá presionando poco a poco para que vayan despareciendo las regulaciones que impide adoptar a los matrimonios del mismo sexo, de modo que no caigan en la tentación de producir un niño nuevo al margen de la pareja, sino que distraigan sus instintos paternales o maternales, con un que ya está hecho, sin importar que sean genes de otros, los mismos en los que, en el mejor de los casos, invertirán todos sus recursos para que salgan adelante, digo si el adoptado no termina adoptando la orientación sexual de sus “nuevos” padres.

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