Suecos víctimas de la depredación homosexual

13 Oct


En la página del periódico digital sueco especializado en atenciones médicas dagensmedicin.se se puede ver una foto del Hospital del Sur (SÖDERSJUKHUSET) en Estocolmo donde vemos izada la bandera de los homosexuales. La foto sirve de ilustración a la noticia de que en dicho hospital se abrió un servicio de atención de hombres violados en el cual ya han sido atendidos 35 casos.

Bajo la rúbrica de” Våldtagna män får specialistvård” (Hombres violados reciben tratamiento especializado) apareció una interesante nota en el sitio digital del programa Ekot (El Eco) de la radio pública sueca. Aquí se informa que cerca de 35 hombres y chicos ya han sido atendidos en un servicio de urgencias del Hospital del Sur especializado en violaciones, dependencia fue abierta en octubre del año pasado.

 

La nota ha servido de fuente a diversos medios suecos los cuales no se han preocupado mucho en profundizar en el delicado asunto. En el mismo sitio se se afirma que el año pasado tuvieron lugar en total 450 violaciones de personas de género masculino, cifra que no se aleja demaciado de la del número de mujeres violadas (para ser mas exacto de violaciones denunciadas) en el mismo período, unas 600.

El en caso de los hombres violados, supongo que no sean muchos los que hayan sido víctimas de mujeres, aunque pueda ocurrir en un país donde hace unos años un respetable caballero denunció a una mujer por mostrarle los pechos como parte de un chiste televisivo. Además el hecho de que en dicho hospital se mantenga izada una bandera gay sugiere la naturaleza homosexual de estos delitos.

Desgraciadamente, a diferencia de lo que ocurre en los casos cuando una mujer es violada, por un hombre (no así por otra mujer) donde la prensa se vuelca sobre el delito y las organizaciones feministas no paran hasta conseguir la pena máxima del acusado, sea inocente o no; en el tema de los hombres violados lo que impera en general es un silencio, que rompen de vez en cuando notitas como estas.

Evidentemente, con la falta de indagación y sobre todo de exposición de los culpables, presuntos o confesos, de lo que se trata es de invisibilizar la naturaleza homosexual de la mayoría de estos eventos, logrando con ello mantener intacta la imagen idílica del homosexual como víctima inocente de la sociedad, nunca como victimario. Al tiempo se siembra en los hombres el temor a las relaciones heterosexuales, esto se logra con la propuesta y aplicación de leyes que, bajo el pretexto de proteger  a las mujeres, facilita que éstas puedan acusar con razón o sin ellas al hombre que no le caiga en gracia, despues de haber mantenido relaciones sexuales con estos y sin que exista la menor señal de violencia por parte de ellos o de resistencia por parte de ellas.

El colmo del acoso al amor heterosexual lo tenemos  en la patologización y criminalización de los enamorados que les de por seguir con cierta insistencia a la mujer objeto de su amor, ya sea de manera física, mandando flores, o a travez de cartas y mensajes, ser les llama Stalker (del iglés stalking) y se les ha creado una enfermedad: “sindrome de persecusión” y algo aún peor, el llamado delito de persecución ilegítima o acecho. Con esto ya sabemos que al menos en Suecia eso de que “él que la sigue la consigue” está fuera de la ley, al menos en lo que respecta al amor.

Otra manera de obviar la trascendencia del elemento homosexual es afirmando, como se hace en el artículo de Ekot que hombres y mujeres son muy similares en sus respuesta a la violación sexual, tanto en términos de cómo se sienten cuando llegan a las consultas de urgencia, como en la forma en que se les debe tratar y en cómo funcionan en conjunto a la hora de producir una buena investigación y documentación.

Lotti Helstrom, jefa de este servicio para violado en el Hospital del Sur, llega a asegurar que sus historias contadas son muy similares a las de las mujeres.  En su declaración a los medios la mencionada “especialista” se salta el elemento cultural que nos llega de la época grecorromana la cual, aun siendo tan liberal en el terreno de la homosexualidad, consideraba la sodomización (de hombres y mujeres) como un acto particular de sometimiento, fenómeno que se observa en la ritualización que hacen de la homosexualidad muchos primates. Lo peor es que para esta  doctora, ginecóloga como mas de 30 añosde experiencia en el tratamiento de mujeres violadas, se le pasa por alto la diferencia entre el uso desnaturalizado del ano y el mas o menos adaptado de la vagina, por mas condenable que sea la mediación de la violencia o la indefensión como su la segunda  no fuera hecha precisamente para ser penetrada, mientras que el primero exclusivamente para expulsar.

Si a pesar de esto, hombres y mujeres siguen respondiendo igual a la penetración anal contra su voluntad, solo se puede encontrar la respuesta a tanta similitud en una suerte de programación cultural encaminada a borrar las diferencias psicológicas entre los sexos opuesto.

Lo anterior no puede extrañarnos mucho en un país, que ha servido de laboratorio a todo tipo de experimento “de género”, donde al tiempo en que se mistifica la homosexualidad identificándola con amor y la libertad se fomenta la sospecha, cuando no el miedo, entre hombres y mujeres, retorciéndose así las naturales relaciones sexuales que estos podrían y deberían mantener; donde la virilidad se ha convertido en pecado, y donde bajo el pretexto de perseguir injustificables crímenes de honor se ha terminado por criminalizar el honor en sí, algo que implica entre otras cosas defender con carácter la propia integridad física y sexual, donde la masculinidad se encuentra bajo el asedio permanente de la cultura, los medios de comunicación, los de justicia y por si fuera poco los de educación.

Un buen ejemplo del modo en que las instituciones invierten recursos en la deconstrucción practica de la masculinidad la tenemos estos momentos los vagones del metro de Estocolmo, sus vagones cargados de carteles promoviendo una muestra taller organizada en el museo Etnográfico donde se observa en dibujo de dos jóvenes más o menos masculinos en pleno acercamiento lujurioso, lo que nunca verás si fueran de sexo opuesto.

homnosexual

De lo que se trata en teoría seria de hacer participar a los asistentes, muchos de ellos escolares en una exposición lúdica sobre las normas y el derecho a “ser uno mismo” todo ello seguramente desde una perspectiva esencialista de la homosexualidad, en la que jamás se contaminarán a los participantes, en lo que respecta a las relaciones con personas de su propio sexo, con las aprensiones que suelen contaminar a las mujeres en relación al sexo opuesto.

Está bien que se quiera combatir la llamada homofobia (si es que existe en verdad tal enfermedad, pero lo mismo debería hacerse con otras fobias, por ejemplo; la colpofobia entendida como miedo a los a los genitales en general, y particularmente de los femeninos, algo que podría explicar por qué muchas personas terminan encaminando su libido al mismo sexo.

Lo que no puede hacerse es fomentar la heterofobia en las nuevas generaciones, sembrando de dudas sus relaciones con el otro sexo, y contraponiendo a esto una visión para nada científica, de la homosexualidad.

Así comienza la bajada de guardia entre jóvenes y no tan jóvenes ante la amenaza de la agresión sexual. Luego como quien no quiere la cosa y con el impulso de los medios vendrán, las bromas, experimentos, y jueguitos eróticos entre amiguitos, todo ello en medio enrarecido alcohol, las drogas y las necesidades creadas por rechazo inducido en las mujeres. Al final nadie se extrañe que un homosexual masculino se aproveche para penetra a otro hombre, sin mucha resistencia ni grandes dramatizaciones.

En resumen, que son las propias instituciones, con su promoción de la ambigüedad sexual y con su labor de zapa contra aquellas normas morales por las que antaño se definió la hombría, las que están sirviendo la mesa de la oportunidad a depredación homosexual de la que son víctimas estos chicos y hombres suecos, quienes tras las experiencias quedan en unas consecuencias físicas y morales que jamás podrán sanar el centro especializado de ningún hospital.

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