Amar es para siempre 4: buena en lo estético y cuestionable en lo ético y lo histórico

3 Sep

No puedo negar el haber disfrutado la cuarta sesión de Amar es para siempre, secuela de Amaren tiempos revueltos, de la que, en sido fiel seguidor desde sus inicios, con todas las críticas que pudiera hacerle. Ahora le toca el turno del rapapolvos a la continuación de la telenovela que inexplicablemente dejó de transmitirse en la televisión pública española, digo lo de inexplicable no por la audiencia, la calidad de las actuaciones o lo que suele ser determinante, el aplauso del público, sino porque a pesar de transmitirse en  Antena 3, una cadena privada,  este espacio televisivo mantiene la misma ideología de estado de siempre, es decir la inducción de una conducta en lo relativo a la familia, la fidelidad y la vida, en la que todos los representantes del poder, sean de izquierda o derecha parecen estar de acuerdo.

Es una pena que una serie tan bien hecha como Amar, sobretodo en la ambientación de los años sesenta caiga en la pifia, de que los espías de la guerra fría en los aos sesenta, eran torturados o que la pasarían peor en Estados Unidos que en España.

Otra cosa inverosímil es que los norteamericanos secuestrarían a un científico de un país aliado, en este caso español cuando el robo de cerebros funciona de otro modo (otra cosa es que chantajearan a los nazis para trabajar con ellos), esto por no hablar de la presunta persecución de Martos por la Mossad cuando esta resultó particularmente selectiva y siempre con fines propagandísticos, a la hora de capturar a sus víctimas.

Más absurda es la intención de los personajes de escapar de España para ponerse a salvo de órganos de inteligencia extranjeros, como si no hubiese nadie más desguarnecido que un refugiado en tierra extraña, sobre todo en esa Inglaterra cuyos agentes fueron los creadores de los servicios de inteligencia norteamericanos en vísperas de la segunda guerra mundial y cuya alianza con los interese estadounidenses está a prueba de balas desde hace más de un siglo. De ese modo esconderse de la Cía en las islas británicas equivale a meterse en la boca del lobo, algo que un hombre de mundo como Reyes debería conocer muy bien.

Por último tenemos es el triste papel que le han otorgado los guionistas al patriarca del Asturiano, epicentro y conector de la serie desde su nacimiento. A Don Pelayo le han convertido en esta etapa en una especie de compinche del uso de la eutanasia, es vergonzante, pero cómplice al fin y al cabo de ese término anacrónico de la muerte digna. Poco a poco lo van introduciendo en tan triste papel, primero en el caso de una anciana, su amiga Emilia, luego en el menos perdonable de una joven, Sofía a la que este hombre que ahora nos parece mas sabio por diablo que por viejo, ayuda a ocultarse de su madre para que pueda llevar acabo la rendición incondicional ante la enfermedad que le aqueja desde la infancia, para que no luche hasta el último momento por aquello por lo que su mamá estaba dispuesta a dar la vida, raro caso de reivindicación del sacrificio maternal en series televisivas. De lo que se trata de crear un modelo que se rinda en batalla aún no perdida del alejamiento de la propia muerte, en resumen para que induzca en la mente de millones de televidentes la claudicación frente a la muerte.

Qué que pena me da en este punto el dueño del Asturiano, quien además de “Celestino” (alcahuete) nos lo han vuelto un ser inhumano.

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