Los hermanos Grimsby: El arte de restarle dramatismo a la sodomización

11 Mar

 

La pantalla grande está plagada de actores cómicos, o encasillados como tales; de ellos, sumandos vivos y los que ya no están, me sobran los dedos de las manos para contar los que en realidad me hacen reír, dentro de esa pequeña lista incluyo, aunque no en los primeros puestos, a Sacha Baron Cohen (Londres, 13 de octubre de 1971). Por ello y con ganas de distraerme un poco no deje pasar mucho tiempo del estreno de la película Los hermanos Grimsby para ir a verla en una de las salas de Estocolmo, como humilde auto regalo de cumpleaños.

El filme fue dirigido por el francés Louis Leterrier, contando con Sacha Baron Cohen de coguionista junto a Phil Johnston y Peter Baynham, la película es protagonizada entre otros por el propio Cohen, Penélope Cruz ( muy bien su papel de mala de la película), y Mark Strong. Aquí se narra la historia del rencuentro de hermanitos hooligans crecidos en algún suburbio inglés, tras la separación de los mismos a causa de la adopción de uno de los niños. Esto ha dado lugar a dos vidas paralelas, las del menor convertido en una especia de súper espía británico, al estilo del agente 007 con ese personaje se consigue más logrado de la película, que es capacidad de parodiar del cine de acción anglosajón incluidos en este los efectos que se logran con las nuevas tecnologías digitales, algo que no debe resultar dificil a un director como Leterrier, quien tiene en su haber películas como Transporter (1 y 2), Danny the Dog o
The Incredible Hulk.

Para el caso del hermanito mayor,  ‘Nobby’ Grimsby, personaje que interpreta  Sacha Baron Cohen,  al crecer  en su encarnación del típico lumpen proletariado británico, este nos vendrá de perilla para saber como es visto ese sector marginal desde la mirada de las clases medio-altas inglesas, es decir como seres vagos, que se multiplican como conejos para colmo idiotizado por el alcohol y el futbol.

Poco a poco nos ira sacando su pata la raposa de la ideología en una película cuyo objetivo superficial es el de entretener. Aquí resulta interesante el rol que juega padecimiento que tiene ‘Nobby’ de anastimafilia: es decir excitación sexual por las gordas, una situación que le viene de perilla a los realizadores no solo para crear enredos, sino también para convertir en grotescos los actos heterosexuales que tienen lugar en la película. Sin embargo, incluso hasta ahí, la cosa nos es del todo grave, incluso podría aducirse en defesa de la obra que funciona muy bien para crear situaciones hilarantes, a la que habría que sumar además momentos de homenajes a otras películas, como el que se le hace a Ace cuando este se oculta y luego es “parido” por una mamá rinoceronte, que en realidad era un aparato mecánico.

En el caso de los hermanos Grimsby se hiperboliza el absurdo al esconderse aquellos en la vagina de una elefanta viva. Claro la cosa toma otro cariz cuando el animal en el que se ocultan los hermanos es será copulado por una hilera de sus congéneres, lo que traerá consecuencias imprevisibles para los fugitivos.

Poco a poco la obra va demostrando su verdaderas funciones conativa, por un lado la de trivializar la sodomización, a través del abuso de escenas cómicas cargadas de connotaciones homosexuales masculinas, mezcladas con incesto y bestialismo, cuyo clímax se alcanza al final de la película cuando los héroes se empalan voluntariamente  con sendos cohetes cargados de virus a fin de “salvar al mundo”,  algo que parecería solo grotesco sino tomamos en cuenta lo funesto que puede ser para una juventud espectadora, dada crítica de lo que ve en la pantalla,  confundida por el bombardeo permanente de la propaganda gay, desvinculada de valores paternos y la falta los orientación, tarea de la que se encargan  precisamente sus orientadores profesionales sembrados por los estados modernos en los medios, escuelas y consultorios  de psicología. En resumen, que se está haciendo con la penetración anal del hombre lo que antaño se hizo con la marihuanización de los jóvenes, convertirla en un chiste, cuando no en una hazaña; ya sabemos cuáles son las consecuencias de estos tipos de gracia para una generación que a falta de modelos de conducta termina imitando todo lo que ve en la pantalla.

Por el otro lado tenemos la misión que asume la película de confundirnos. Bajo su aparente critica de las ideas maltusianas, las que casi justifica con la imagen que nos ofrece de las clases bajas a eliminar, termina haciendo el juego a esta ideología. Lo peor es que nos confunde con respecto a la proveniencia del peligro al presentarnos ese proyecto como obra de un grupúsculo de bandidos conectados con la mafia rusa y no como la consecuencia de una política de la que el imperio británico ha sido el principal propulsor durante siglos, contando ahora con la complicidad de otras naciones, así como la de instituciones supraestatales como pueden ser la Unión Europea o la ONU.

En conclusiones, que en este caso hay que estar alerta con lo que se nos propone entre gags y gags tanto en lo que se refiere a la trivialización de los experimentos sexuales, como en lo que respecta a la imagen de quienes serían los enemigos del crecimiento poblacional, así como de los recursos que estos emplean para lograr sus objetivos.

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