Cachita ¿Virgen Mambisa?

27 Sep

 

Por Carlos M. Estefanía

“…Y aun precisamente esta ruina y trastorno, es lo que a conciencia maquinan y expresamente proclaman unidas las masas de comunistas y socialistas, a cuyos designios no podrá decirse ajena la secta de los Masones, pues favorece en gran manera sus planes y conviene con ellas en los principales dogmas.[…]sería insigne prueba de sensatez política y empresa conforme a lo que exige la salud pública que príncipes y pueblos se unieran, no con los Masones para destruir la Iglesia, sino con la Iglesia para quebrantar los ímpetus de los Masones…”
Humanum Genus
Sobre la masonería y otras sectas
Carta Encíclica del Papa León XIII
20 de abril de 1884

La ocupación estadounidense en Cuba ha quedado muy mal parada en Radio y TV Martí, medio que nadie se atrevería acusar de antinorteamericano. El canal presentó recientemente una entrevista con Rogelio Zelada, autor del himno “Virgen mambisa” y de obras como el “Libro del Culto a la Virgen” y “Las Advocaciones Marianas en la Religiosidad Popular Latinoamericana”. Graduado en Filosofía y Teología en el Seminario San Carlos y San Ambrosio de la Habana (Cuba) y con una maestría en Teología Pastoral en la Universidad de Barry, Miami, (Florida), Zelada desempeña actualmente, entre otras responsabilidades, la de custodiar la imitación de la Patrona de Cuba que existe en la Ermita de la Caridad de Miami. Será esta persona tan autorizada quien nos narre una anécdota poco conocida de la época de la primera intervención yanqui en Cuba.

Según el especialista en temas marianos, en 1898, tras la batalla de la loma de San Juan (uno de los choques más sangrientos de la guerra hispano-cubano-estadounidense) marineros luteranos entraron en Santiago de Cuba y se robaron La Virgen de la Caridad. Recordemos que aquella ciudad ofreció una heroica resistencia (de la que no hablan nuestros libros), en la que hasta sus curas empuñaron las armas contra los que la asediaban. Si la cosa es como nos la cuenta el custodio, el acto más que un robo, pudo ser un sacrilegio premeditado, propio de conquistadores que echan por tierra los ídolos de los vencidos.

De acuerdo al compositor no se le dio mucha publicidad al hecho para no crear problemas. Sin dar muchos detalles, el entrevistado relata que con el tiempo se recuperaron sólo las manos y la cabeza, no así el resto de la figura, que nunca apareció.

Hay otras versiones del hecho, por ejemplo, la que nos ofrece Augusto C. García del Pino en su artículo “La Virgen de la Caridad del Cobre. Cronología”, publicado en Palabra Nueva. De acuerdo a este autor, en mayo de 1899 (todavía bajo la ocupación norteamericana), cuando tiene lugar el robo de la imagen de la Virgen, sus joyas y atributos. En esta versión habrían sido la indignación levantada por este hecho y la respuesta de las autoridades las que permitieron recuperar parte de lo sustraído y capturar a los profanadores. El hecho se anuncia el 15 de mayo en el periódico santiaguero El Independiente, bajo el título de “El Robo del Cobre”, mientras que el 20 de ese mes, el mismo periódico da a conocer la recuperación de las joyas, ampliando la información un día después con la noticia de que la cabeza de la Virgen había sido encontrada en una mina en las proximidades del Santuario.

Sabrá Dios cuál es la verdad más allá del lastimero dato, en el que coinciden las dos fuentes, de que ni el cuerpo, ni el niño original, jamás se rescataron. Un presagio nada bueno para la flamante independencia que estaba por comenzar. Y menos mal que dieron con (o se inventaron) la cabecita y las manos con dar un toque de sacralidad a la nueva figurita, de lo contrario la cosa se le habría ido de las manos a los intervencionistas y sus cipayos, y Cuba habría sustituido a México como cuna de guerras cristeras en las Américas, emulando la isla aquellas Filipinas, cuyos insurgentes, a diferencia de los cubanos, no vacilaron en virar las armas contra el aliado norteamericano cuando este demostró que venía para quedarse.

Con tales antecedentes y al margen de los esfuerzos de algunos nacionalistas en convertir a la virgen en símbolo patrio, habría que preguntarse, ubicándonos en aquel tiempo ¿Cuán mambisa pudo ser Cachita? Hagámonos la pregunta tomando en cuenta que la virgen pertenece al panteón de una Iglesia que conformaba parte integral del entramado colonial, un cuerpo ideológico que para la cual estaba muy clara la naturaleza jacobina del movimiento separatista, el protagonismo dentro de este de la masonería y la complicidad con que contaba por parte de sus enemigos de toda la vida, los protestantes anglosajones, lo mismo da, si eran del nuevo o el viejo mundo.

Un buen indicio del posicionamiento de la iglesia contra el separatismo lo tenemos en la circular, emitida el 31de mayo de 1898 a todas las parroquias por el provisor de la Diócesis de La Habana, Toribio Martín de Belausteguis, en la que se afirmaba que era “…de imprescindible necesidad que se hagan rogativas a Nuestro Señor fervientemente, a que termine la contienda intestina que devasta y asuela este rico país. A que se conceda a las armas españolas un triunfo completo y definitivo sobre los enemigos que nos han declarado injusta guerra”.

No era una posición de última hora. Ea el 23 de junio de 1895, a pocos meses de iniciada la contienda, el Obispo de la Habana, Manuel Santander y Frutos, orientaba al clero para que, de ser necesario, fuesen convertidos los templos en fortalezas con las que defender los poblados de los ataques mambises.

El 31 de octubre de 1895 una circular pastoral, emitida en el Boletín Eclesiástico, dirá de los independentistas que”…no tienen corazón, no se detiene su arma homicida ni su tea incendiaria ante la majestad del infortunio de la orfandad, la inocencia o los años, el anciano, el niño, el pobre, la débil mujer no les inspira compasión”, identificando a los insurrectos con “el azote de Dios”.
Hasta el Papa León XIII en persona tomará cartas en el asunto, siempre en favor de las armas españolas, y lo hará no sólo a través de los prelados que reclutaban voluntarios en Galicia para la causa colonial o del Nuncio Apostólico en España, Mons. Cretoni, que bendecía las tropas que marchaban a la guerra de Cuba, sino incluso en un mensaje directo a estos soldados con fecha 1º de septiembre de 1896 en el que les decía: “…Vais a sostener una guerra santa porque los insurrectos destruyen las iglesias, e impiden el culto divino y matan a nuestros fieles”.

Manuel Sanguily, quien se encontraba en Estados Unidos gestionando la libertad de su hermano Julio (considerado doble agente por algunos historiadores) preso por los españoles, responderá al posicionamiento de la iglesia, el 10 de octubre de 1896, lo hará durante un acto público celebrado en New York donde acusará al episcopado español de atizar contra los suyos “ las pasiones inclementes de la plebe”, de paso arremeterá directamente contra el Papa afirmando; “mientras el vicario del Cristo dulcísimo que murió perdonando a sus mismos enemigos, bendice desde la Silla de San Pedro a los bárbaros que se aperciben a la matanza de gente que ni siquiera conocen, como si fantástico y sepulcral, entre los pliegues de su blanca túnica, reapareciese aquel Pontífice mundano y depravado que se atrevió a santificar la carnicería de los Hugonotes”, todo un guiño a la muy protestante Norteamérica para que tomase partido por la independencia.

Con tales antecedentes, y cuestionamientos, resulta difícil explicar el absurdo recibimiento ofrecido al Papa durante su arribo a Cuba el pasado 19 de septiembre. Ese día,tras los discursos y saludos protocolares una orquesta militar desfiló con paso marcial frente “Mensajero de la paz” y su anfitrión el General Mandatario Raúl Castro, interpretando nada más y nada menos que el “Himno Invasor”.

Se trata de la pieza guerrera cuyo texto original fue escrito el 15 de noviembre de 1895, en plena “contienda intestina”, por el entonces comandante Enrique Loynaz del Castillo, quien según afirma Gustavo Pardo en su artículo DULCE MARIA LOYNAZ; UN ANTECEDENTE DE ROBO PATRIMONIAL era masón.

Lo último no lo he podido confirmar por otras fuentes, pero de lo que no cabe duda es de la condición masónica del Jefe de Loynaz del Castillo; el General Antonio Maceo, que fue quien impartió la orden d musicalizar los versos y convertirlos en el himno con el que se invadiría la parte occidental de Cuba. Era mismo General quien, llamándose también de La Caridad, en sus firmas solía sustituir ese segundo nombre por los tres puntos, un modo con el que suelen reconocerse los masones. Los mismos signos se decubren en algunas firmas del General en Jefe del Ejército Libertador Máximo Gómez.

Masón fue también el organizador de aquella guerra “necesaria”, José Martí, de quien el historiador Emilio Roig De Leuchsenring escribió: “Ya hemos visto como Martí por su heterodoxia, su laicismo y su anticlericalismo, se colocó desde muy joven, franca y abiertamente fuera y en contra de la iglesia católica” * No es de extrañar que el Obispo de la Habana, antes mencionado, ordenase misas de celebración por las respectivas caídas de Martí y de Maceo**.

¿Ampararía la Virgen la causa de autores intelectuales o materiales de aquella y otras guerras cubanas que además de contra, fueron entre los demonios? ¿Amadrinaría las armas de quienes por el sólo hecho de ser masones, o manejados por estos desde las sombras, deberían haber sido excomulgados de su iglesia? Si yo fuera apostólico, católico y romano, que es la nueva moda en Cuba, no me lo creería. ¿Y usted?


*Emilio Roig de Leuchsenring, “Martí y las religiones”, Publicaciones de Acción, Asociación de Librepensadores de Cuba, 1941, capítulo 10.
**Ramón Torreira Crespo, BREVE ACERCAMIENTO HISTÓRICO A LA IGLESIA CATÓLICA EN CUBA, publicado en: Noemí Quezada, Editora.“Religiosidad popular. México – Cuba”. México, Universidad Nacional Autónoma de México y Plaza y Valdés. S. A. de C. V., 2004, pp. 187-234)

2 comentarios to “Cachita ¿Virgen Mambisa?”

  1. Javier 6 octubre 2015 a 11:07 AM #

    Hola, me gustaría entrar en contacto directo con usted debido a temas que ha tratado y que están en sintonia con una tesis doctoral que estoy preparando. Muchas gracias

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