“Amar es para siempre”: continuación de la batalla por la ideología de Estado

11 Ago

Amar en tiempos revueltos, la serie que transmitía el canal de la Radio Televisión Española reencarnó en Amar es para siempre, como una serie del canal privado Antena 3. Lo curiosos de esta transmigración ha sido como se mantuvo en esta producción audiovisual el aparato de creación de sentidos y programación social en beneficio de la ideología de genero, que es la ideología oficial del Estado Español.

No es que no hubiesen cambios a otros niveles, siempre pero en beneficio del Estado, por ejemplo en la tercera temporada se ha transformadola imagen de la policía con figura del Germán Arratia (Óscar Ladoire), el personaje que termina por suplir, con el desarrollo de la serie, la parte detectivesca, aquella de la que se encargaban los investigadores Outsider de Bonilla (Federico Aguado) y Perea (Javier Collado), se trata un comisario honesto que resuelve los casos policíacos de la serie a la vez que lleva una guerra personal contra una organización clandestina que existió realmente, el Consejo Ibérico de Liberación. Precisamente el día 18 de agosto de 1963, uno de los años en los que supuestamente se desarrolla este momento de la serie, la prensa española anunciaba la ejecución de la sentencia de pena capital dictada contra Francisco Granados Data y Joaquín Delgado Martínez miembros de aquel grupo anarquista.


Aquellos jovenes estrangulados en el garrote vil había sido delatados y acusados de colocar artefactos explosivos el 29 de julio de 1963 en la Sección de Pasaportes de la Dirección General de Seguridad y en la Delegación Nacional de Sindicatos. En realidad estos condenados no habían participado el hecho, el cual es parte de la trama inicial de esta etapa de la serie. Por cierto en ella no se alude a la injusta condena, mientras que todos lo miembro de CIL que nos presenta aparecen con las manos manchadas de sangre inocente.

Si hasta el momento se nos habían presentado a los agentes de la Social como esbirros ahora tenemos en Arratia una especie de santo al servicio de la paz ciudadana en abstracto con todo lo que de apología del Estado ello significa, mientras que se demoniza la lucha armada contra el Franquismo reduciéndola al nivel de un terrorismo psicópata, frente al cual la decepción, la deserción y la delación encarnadas en el personaje de Jorge Arteche (Javier Hernández) es la mejor opción, un terrorismo que por dañar inocentes no tiene piedad ni con un ex policía bueno como Bonilla, ni con el bar El Asturiano, regentado por una familia con antecedentes de izquierda como es la de Don Pelayo (José Antonio Sayagués).

Pero el fuego central de este momento va contra la institución del matrimonio, para lo cual se utilizará en primer lugar la familia que conforman los esposos Damián Blasco (Pedro Casablanc) y Juana Santiesteban (Ana Milán) y sus hijos Laura (Sara Rivero) e Ismael Blasco Santiesteban (Ferrán Vilajosana). Juana Santiesteban no sólo odia a su marido, sino que junto a su amante y mejor amigo de este, Aquilino González (Daniel Freire) trama su envenenamiento, un crimen para el cual si bien no se busca del todo la aprobación del espectador tampoco se le dramatiza lo suficiente, como para crear una epecie de indiferencia moral ante el asesinato que se está tramando.

Por otra parte Laura tiene una bella relación de noviazgo con un amigo de la infancia, Julián Madariaga (Roger Coma) un joven abogado que lleva todos los asuntos legales de la empresa familiar; Químicas Blasco. El caso es que con el desarrollo de la serie se descubre que Julia es además de homosexual un retorcido arribista, que solo a utilizado su noviazgo y posterior matrimonio como tapadera de sus inclinaciones y vía para hacer carrera. El lector se extrañara que en serie como ésta aparezca lo que hoy se llama gay como personaje negativo, pero tiene su explicación, si hay algo que la doctrina de genero aborrece después de una sana heterosexualidad, es una homosexualidad vergonzante y ese es el caso de Julián.

Paralelamente tenemos el arquetipo del maltratador de mujeres tal y como nos los han diseñados los medios, en este caso se trata de Juan Peña (Fernando Vaquero) quien trabaja de chófer para la familia Velazco, como Julián al principio nos lo presentan como un hombre simpático para luego transformarlo en un personaje traumado, sexualmente impotente y para colmo asesino en serie el se enamorará de Clara. Clara Cortina (Nuria Gago) hija bastarda concebida Pelayo con una miliciana voluntaria llamada Macarena, durante su estadía, en Agosto de 1936 en el frente de Somosierra donde cocinó para la tropa republicana.

Si Juan es el arquetipo del maltratador Clara será la caricatura de la mujer maltratada, una mujer fuerte, segura de si misma que ha tenido que sobrevivir en medio de la orfandad y que paradójicamente se deja machacar injustamente por su marido como su fuese una santa en suplicio, santa a la que no le faltará su admirador Nicolás (Álex Barahona), con el que entrará en contubernio, todo ello justificado argumentalmente, para poder entregar a Juan a la Policía como culpable de un homicidio involuntario que había cometido.

Por último, tenemos entre las muchas historias paralelas que se nos narran la de
Paco Díaz (Luis Bermejo) el típico soñador y eterno perdedor casado con Consuelo (Chiqui Fernández) y padre de Américo (Alex Martínez), un hombre al que no le importa tirar por la borda su familia para planear escaparse con Serafina Mínguez (Miriam Montilla) una mujer que para asombre de cualquiera cuenta con la aprobación de Consuelo, aun sospechando del romance de su marido para compartir piso con la familia junto a su hija la joven Lucía Barbate (Andrea Duro). Lo extraño es que al viejo no le diera por la chica como ocurriría en una situación real. Este romance paralelo también se justifica en la serie, la cual allana el camino de los adúlteros haciendo volar por los aires a la pobre consuelo durante la explosión del Asturiano. Una relación que parecería haberse torpedeado con la aparición de Felipe (Daniel Albaladejo) el marido de Serafina al que todos daban por muerto, un hombre trabajador que quiere reconstruir su familia pero al que Serafina termina mandando a paseo para desgracia de su hija de la que se había enamorado Américo, la cual lejos de la guía y protección de su padre y la falta de mano dura de su madre y la “comprensión” de su futuro padrastro se ira degradando hasta terminar de querida de quien la manipula en sus sueños de ser artista famosa, el embaucador y mafioso de Dante Rainieri (Jesús Olmedo). Esa es la fábula que inconscientemente se le escapa a los guionistas en un momento de inevitable apego a la realidad.

Hay mensajes que se repiten mucho en la serie, como consignas, los que declaran el hijo de Pelayo, Marcelino (Manu Baqueiro) y su esposa Manolita (Itzíar Miranda) la de que de no es bueno tener hijos, la afirmación esta relacionada con los hechos de que una de sus chicas, María (Lucía Martín Abello) se quiere meter a monja y la otra, Leonor (Natalia Rodríguez), se ha vuelto amante de un profesor de la Sorbona que además de multiplicarle la edad está casado. De esta manera se equipara el acto de castidad de una de las hermana conformada bajo la moral inculcada en la escuela franquista con la cabeza loca de la otra embrujada por el libertinaje imperante por entonces en las universidades en Francia, recordemos que es la misma época en la que Sartre hacía de las suyas con sus alumnas, bajo la mirada condescendiente de su esposa, la bisexual y feminista Simone de Beauvoir.

La otra consigna es; no estoy de acuerdo con lo que vas a hacer pero si es tu decisión te apoyo, ella recoge la falta de responsabilidad por el destino del prójimo que prevalece en nuestra época, si antaño hacíamos lo imposible por evitar que un ser querido se hiciese daño a si mismo hoy adoptamos la posición acomodaticia de alertar al suicida y luego empujarlo al abismo, algo a lo que contribuyen miles de series y películas como estas.

La consagración de todo esto lo tenemos en el capitulo 654 transmitido por Antena 3 el 8 de agosto de 2015, el capítulo donde Juan es machacado moralmente antes de ser agarrotado, ejecución, que vagamente se critica cumpliendo con la actual eliminación de la pena capital en España, pero justifica en todo momento redundando en su condición de maltratador hasta el último momento, una condición que intenta explicarse con experiencias de la infancia lo que harán del reo una especia de enfermo mental al que se debió encerrar en un manicomio antes de una cárcel, pero la ideología de genero no permite desarrollar una reflexión en este sentido. Es el mismo capítulo donde se consuma la venganza de Laura contra Julián al que le ha hecho comprar sin su conocimiento maquinarias de la República Democrática Alemana de la República Democrática Alemana, lo que le lleva a intentar escapar a La Argentina, algo que Laura, con la ayuda de su amante Arteche impiden facilitando el arresto del marido.

Nótese como e repite la misma situación en la serie, donde a la tradicional orgía de adulterios que vine de los tiempos de Amar en tiempos revueltos, se suman historias en la que una mujer apoyada por amante lleva la guerra contra su marido al extremo, ya sea a la muerte por envenenamiento o a la introducción del estado en los problemas iniciándoos en la cama, La vieja complicidad entre esposo y esposa recibe su tiro de gracia, todo vale en esta guerra donde primero se comprende y redime a un ex terrorista que a un maltratador por no hablar del pobre maricón -perdone el lector por el uso de esta palabra políticamente incorrecta pero muy usada en la serie- que se niega a salir del armario, mientras que anarbola con retórica convincente los principios tradicionales de la familia cristiana.

Que nadie piense que todo quedará en imaginación, aunque ya no está de moda hablar de la influencia de los medios en la conducta de los espectadores, esta existe, marcando la percepción del otro, con independencia de su realidad objetiva, en este caso el otro es el esposo del que habrá que sospechar por más que sea cariñoso y llegado el momento hacerlo polvo sin piedad, como hacen en Amar con Juan y Julián, hasta en la primera consonante se descubre el paradigma con el que nos intentan recetar el peor modo de manejar nuestras relaciones sentimentales, programando así, de manera funesta, la disfunción de la pareja heterosexual.

2 comentarios to ““Amar es para siempre”: continuación de la batalla por la ideología de Estado”

  1. Miguel 20 agosto 2015 a 9:06 PM #

    ¡¡Qué paranoia de artículo!! Cuánta majadería e hipocresía. Cuba, -la del partido único, la de la prensa al servicio del dictador, la de los presos políticos, la de la violación de los derechos humanos-, imaginando o inventando fantasmas en una simple serie de un país democrático y libre, y dando lecciones de moral y de uso de los medios de comunicación. Lo que hay que aguantar.

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