Del opinador cubano

4 Ago

 

 

Lo bueno que tiene el problema cubano, es la enorme gama de opinadores que atrae;  los hay de todo tipo.  Existen extremos; por una parte tenemos el pensador que  aborda su asunto concentrado en el complejo mundo de las ideas y la información, cuyo intrincado discurso, al estilo de un filósofo alemán decimonónico, se burla del receptor. Del otro lado está el escribidor que flota en la superficie como un balsero, elaborando, en puro ejercicio de redacción,  una papilla sin nutrientes, por más que facilite la digestión.

Dicha variedad se observa, sobre todo en la polémica, allí está, el que dando la cara, argumenta con precisión, oponiendo su razón a otras, buscando en la dialéctica llegar a la verdad; de contrapeso, tenemos a quien desarmado de intelecto busca en la ofensa, la tergiversación o en la errata del contrario, la agudeza que le falta a su cerebro. Se trata en el segundo caso de un opinador con alma de taquimeca, a la que alguien le dicta sin saber lo que escribe, siguiendo una agenda; no importa si es de izquierda, centro o derecha, eso sí, a temerario no hay quien le gane a la hora de meter la cuchareta. Puede que use el  diccionario, incluso con afición, más será para verificar si el contrario ha deletreado bien o mal alguna palabra, no para entender los mil significados que se le escapan.

Para poner un ejemplo: el personaje en cuestión puede sentar cátedra, afirmando con todo rigor que  Cuba es “socialista”, sin verificar  lo que ello implica. Esto por no hablar de su incapacidad para investigar si el sistema imperante  se basa en la propiedad colectiva, o si es una pequeña élite quien arbitrariamente allí regula la vida.

El pecado original del opinador de pacotilla va más allá. La peor de sus miopías es enfocar la vida como si viese una mala película y por eso,  cree que al morir el “malo” o “triunfar” el bueno la historia se termina. La cosa es más compleja “amigo”, apéate de la consigna. Si un día, Cuba vuelve a ser capitalista, verás renacer allí las miserias de hoy en día, volverán sin el aviso de nuestro buen opinador por mediocre y simplista.

 

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