Otra de enfermos mentales: el genocidio continúa

24 Jul

 

Menos mal que queda algo de libertad de Prensa en Estados Unidos y que en virtud de ella podemos leerartículos como el publicado el 10 de julio de 2015 en BuzzFeed, por Sandra Allen bajo el título de The trials of Teresa Sheehan: how America is killing its Mentally Ill, en español: “Los procesos de Teresa Sheehan: cómo América está matando sus enfermos mentales”.

En el trabajo se nos cuenta la historia de Teresa Sheehan, una japonesa-americana de 56 años, diagnosticada de trastorno esquizoafectivo, quien fuera abatida por siete disparos de la policía de San Francisco en 2008.

No se trata de un hecho puntual, es parte de un fenómeno generalizado cuya dimensión resulta difícil de valorar ya que, según informa la periodista, las agencias gubernamentales de Estados Unidos, no hacen un seguimiento fiable el número de ciudadanos muertos por la policía, algo que no creo que sea por casualidad, lo mismo en Estados Unidos que en Suecia. El trabajo institucional aún es peor, escribe la redactora, cuando se trata de ver cuál es el porcentaje de los asesinados por las autoridades que tienen una discapacidad psiquiátrica.¨

Sandra Allen nos ofrece fuentes alternativas. Una estimación de 2013 realizada por un grupo de abogados y de la Asociación Nacional de Alguaciles supuso que la cifra es de enfermos entre los muertos llega por lo menos la mitad. Por otra parte un informe reciente del Washington Post, en el que se reveló que de las 462 personas que habían sido asesinadas a tiros en lo que va de este año calendario por la policía, 124, o alrededor de una cuarta parte, se encontraban en medio de una crisis mental o emocional.

En lo que toca a California la periodista nos trae a colación, el examen realizado por la propia BuzzFeed de todos los casos d personas asesinadas por la policía allí en 2014, según el cual que aproximadamente el 16% de las mismas tenía un historial confirmado de la enfermedad mental.

Estamos hablando de las estadísticas para todo el estado pero estas se dispararon por lo menos hasta el año pasado en el caso de las grades ciudades, como nos demuestra el artículo publicado el 30 de septiembre del 2014 por Alex Emslie y Rachael Bale en el sitio de kqed.org bajo el título de More Than Half of Those Killed by San Francisco Police Are Mentally Ill (Más de la mitad de los muertos por la Policía de San Francisco son enfermos eentales)

Aquí se nos narran casos similares como el anterior. Todo comienza, según los periodistas con una llamada de auxilio que realiza un miembro de la familia, un cuidador o incluso un extraño marcando el número 911. Cuando hay una amenaza de la violencia, los primeros en responder no son los médicos responsables de tratar a alguien en una crisis psiquiátrica sino, generalmente, la policía.

Así y lo que comienza como una petición de ayuda puede convertirse rápidamente en un peligro mortal para una persona con una enfermedad tratable, como ocurrió cuando Christine Goias llamó al 911 en busca de ayuda para su hijo, de 34 años de edad, Errol Chang, quien se encontraba en medio de una crisis esquizofrénica, en la casa de su padre en Pacífica . “Tiene la paranoia y está pensando que la gente quiere asesinarlo “, fue lo que dijo al despachador Goias, según los periodistas.

Lo que se presentó en la casa no fue una ambulancia sino un equipo SWAT (en inglés: Special Weapons And Tactics, en español: Armas y Tácticas Especiales) es decir una unidad de élite de las que utiliza en órdenes de registro de alto riesgo en apoyo de agencias como el FBI y el INS cuando los sospechosos tienen antecedentes violentos.

Los agentes llegaron con rifles de asalto y un carro blindado, tras lanzar granadas de flash-bang e irrumpieron la casa. Chang había construido una barricada en el pasillo y sostenía un cuchillo con el que logró cortar a un oficial en el brazo. La respuesta de los hombres de SWAT fueron ocho disparos en el pecho del enfermo que le causaron la muerte.

Una revisión realizada por KQED de los tiroteos con intervención policial en San Francisco entre 2005 y 2013 detectó que el 58 por ciento de las personas asesinadas por la policía padecían de una enfermedad mental y que esto había sido un factor contribuyente en el incidente.

Sin duda alguna estamos asistiendo a un exterminio sistemático de enfermos mentales, para el que no se necesitan campos de concentración; basta con una policía que se siente impune en su derecho a matar, hacer la vista gorda con los detonadores de enfermedades mentales, en primer lugar las drogas y una buena dotación de ciudadanos enloquecidos sueltos por las calles o en sus propias casas: la masacre está servida.

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