El hombre que dijo no a la marihuana en Cuba (VI, final)

23 Jul

Por el momento la marihuana, a diferencia de la homosexualidad, no está legalizada en Cuba. Es necesario aprovechar esta situación para crear alianzas entre todos los que dentro o fuera de la isla comprenden y resisten su amenaza. Una alianza que podría parecer contra natura cuando se comprenden las motivaciones profundas del desencuentro entre la política seguida hasta el momento por la isla y las que llevan a cabo  sus regímenes aliados; que van desde la relajaciónde de la persecución del traficante (en muchos casos victimizado por los medios) hasta la aceptación plena de la droga; es el mismo diapasón que se observa al interior de los Estados Unidos.

Si la marihuana no se ha convertido todavía en uno de los grandes problemas de la Isla, esto no obedece a que su gobernantes resulten moralmente superiores a los de los países que la circundan; mucho menos porque detrás de su rechazo se cuente con un Ministerio de Salud inclaudicable en la tarea de imponer a otras instituciones como La Aduana y el Ministerio del Interior política que sirva exclusivamente a los intereses de la población.

La Historia ha demostrado que también esos blancos muros pueden caer. En la época de las “vacas gordas” (1976-1986), en la que se combinó el subsidio soviético con la aplicación del cálculo económico, el MINSAP pudo anotarse el mérito de convertir a Cuba en una potencia médica. No fué porque lo proclamara Fidel Castro, o lo validaran las siempre cuestionables estadísticas oficiales, sino por que lo sentía buena parte de la población. Pero esto fue convirtiéndose pasado, en la medida en se se fueron vaciando de sus hospitales y clinicas del país de especialistas y medicinas en beneficio de campañas internacionales o del turismo de salud. A lo que habría que sumar serios errores administrativos y de corrupción que rara vez asoman a la luz; como los que en enero de 2010 provocaron la muerte de frío y desnutrición de 26 pacientes en el Hospital Psiquiátrico de La Habana. Se trata del mismo Centro donde trabaja el Dr. Ricardo González Menéndez, quien a juzgar por las sentencias no estuvo involucrado en la tragedia, menos mal.

El problema fundamental de la medicina cubana, por el cual dudamos de ella como un aliado eterno en la lucha contra la mariguana, radica en su politización. Para el médico formado en las nuestras academias  el ser “revolucionario” e internacionalista resultan requerimientos sine qua non de su sistema de valores, lo que implica el deber de aceptar, de manera a apriorística, la supuesta la justeza del sistema social imperante en la nación, así como  defenderlo, identificándose con la política interna y externa de su actual gobiernos  (al que se suele apelar entre sus adeptos con el término genérico de de “Revolución”), particularmente en lo que se refiere a prestar o ayuda desinteresada a otros países, o cualquier forma de “intercambios mutuamente ventajoso”.

Estos “intercambios” resultan en apariencia motivados por fines filantrópicos, y por tanto resultan difícil de criticar, sin embargo sus razones y con independencia de los seres humanos a los que se beneficien (desvistiendo un santo cubano, para vestir uno extranjero) obedecen motivos mucho más espurios, como pueden ser los de corte propagandístico o incluso económicos.

La cuestión es: ¿cómo actuarían nuestros trabajadores de la salud sin mañana la dirigencia del país considera, como hacían no hace muchos de los izquierdistas que andan por el mundo, con un porro en la boca, gritando la consigna de “Cuba Sí yanquis no”  que la marihuana es también revolucionaria? Ya sabemos la respuesta. A propósito de la consignita,  ésta fue subvertida hace algún tiempo por el poeta Angel Parra, y Silvio Rodriguez repite la gracia durante la inauguración de la Embajada de cubana en Estados Unidos, no sabemos si por la convicción de no morirse como vivió o  bajo los efectos de la planta cuya legalización defendió el diputado a la Asamblea Nacional, cuando se entrevistó, en su condición con el mandatario  uruguayo José Mujica en noviembre del 2012. 

El tema de la ética médica cubana se nos complica aún mas cuando a partir de las escaseces del llamado período especial el estado comenzó a avalar,  a veces  muy a ligera, formas alternativas de curación, en la que se incluye desde el uso de yerbajos hasta la acupuntura pasando por el empleo de pirámides, un peligroso precedente que puede facilitar la labor del quienes nos quieran colar el cuento de la marihuana medicinal.

El sistema de salud cubano no podría lidiar con este Caballo de Troya, del mismo modo en que no lo ha podido hacer con la venta por debajo de la mesa y el uso incorrecto de muchos medicamentos.

Recordemos la práctica de consumir de forma indebida drogas legales, que ya tenía lugar desde los años setenta por los jóvenes conocidos informalmente como Friki-Frikis (del inglés freaky), y que tan bien son dibujados en la película de Gerardo Chijona, “Boleto al paraíso”,  del año 2010, donde se cuenta la historia real de seis  de aquellos muchachos que se infectan voluntariamente de SIDA con tal de no vivier en la calle e ingresar en un sanatorio.

Se trata de un mal que se prolonga hasta nuestros días y sobre el que suelen escribir no solamente los activistas de la prensa independiente, sino incluso los de la oficial como los autores de Alas trágicas para volar, un artículo publicado por Juventud Rebelde el 27 de junio en el que se identifica el uso de psicofármacos, a veces mezclados con alcohol, como una de las formas actuales más frecuentes en de consumo de drogas entre los jóvenes del país.

En esencia, lo que explica la diferencia entre Cuba y los países adyacentes en el tema de marihuana es el hecho de que el poder isleño, a diferencia sus homólogos extranjeros, el poder no isleño no necesita de las drogas para crear una masa mentalmente débil y adocenada, por el contrario, en estos momentos el uso irregular de sustancias psicotrópicas sólo servirían para descomponer los canales de programación social, que con tanto esfuerzo vienen construyéndose en el país desde el inicio de las campañas de alfabetización, el establecimiento del monopolio del partido comunista sobre los medios de producción espiritual y la creación de un aparente sistema de educación universal que hacen de jeringas con las cuales inocular en la población un estupefaciente tan adictivo y efectivo como lo es que es la ideología marxista leninista, el que dude de sus peligros, letales similares a los de cualquier droga que le pregunte a las víctimas de los “brigadistas rápidos”, por no hablar del típico “soldados internacionalista” formado en la isla, sea cubano o no.

Claro está, lo más probable es que la madre de un joven enloquecido por el cannabis y expuesto a ser baleado en calle de Estados Unidos por la policía, preferiría cambiar la situación de su hijo por la enajenación de  un Elián González, al que el régimen parece haberse sustituido  el trauma de su naufragio por el culto a la personalidad de Fidel Castro.

Pero la solución no puede ser el cambio de un mal por otro, sino combatir los dos a la vez, tomando al mismo tiempo lo mejor de aquí o allá, apelando y valiéndonos siempre de la crítica cuando sea científica, sin importarnos si aparece en Granma,  o en TV para Cuba, el canal en Youtube del periodista exiliado Jesús Angulo, consientes de que el futuro de Cuba no puede ser ni el se “Bravo mundo feliz” que espera a los norteamericanos cuando se imponga el uso de la Marihuana en todos sus estados, ni aquel 1984 que se mantiene en Cuba como triste recuerdo de lo peor del siglo pasado, y mucho menos podemos quedarnos cruzados de brazos frente a la integración de ambos modelos totalitarios al estilo de lo que nos anuncia Equilibrium aquella película de ciencia ficción estadounidense de 2002, dirigida por Kurt Wimmeen la que se describe la distopía de un pueblo dominado a base de droga y represión.

Sin embargo, en un tiempo en los que el presidente de Estados Unidos no tiene reparos en amnistiar traficantes, en que se intenta aflojar la mano con los vendedores de drogas, donde la ciudadanía parece olvidar que al  volver legal un mal uso del cannabis, el dinero que hoy ahorra en policías, tribunales y las cárceles, mañana se multiplicará en gastos de hospitales, por no hablar de familias destrozadas y problemas sociales; cualquier alianza entre los que rechazan las drogas será buena, por más que estos se opongan en otras esferas.

Por todo lo dicho me atrevo aconcluirr recomendando, a los cubanos de la Florida que se valgan de la distensión Cuba USA y conviertan el intercambio que se avecina el algo más que negocio, turismo y pachanga, construyendo la plataforma de algo que estaría por encima de cualquier diatriba política: una mejor salud de la población en ambas orillas, llevando a la isla información sobre las conseciencias de la liberalización de de la droga en diferentes Estados, o de los efector de su consumo ilegal allí donde ahún está prohibida, en este sentido quien mejor que el Dr. Heriberto Ortiz y el especialista en Adicción Pablo Miret para  explicar a los jóvenes de la isla que no todo lo que reluce en el mundo libre es oro.

Y del mismo modo que se trae a Miami tanto artista, disidente o deportista, bien harían sus autoridades sanitaras en invitar especialistas de la talla del Prof. Ricardo González Menéndez, para que imparta conferencias o asista a tertulias televisivas sobre la legalización de las drogas, ayudando con sus conocimientos y experiencias a construir la muralla de información necesaria para enfrentar la maldad del cannabis. Pero hay que darse prisa, no sea que un día de estos amanezca González Menéndez en plan pijama por haber cambiado el régimen su visión, diciendo sí también a la Marihuana.

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