Engels y los crímenes del comunismo, a propósito de una biografía

22 Jun

 
El británico Tristram Julian William Hunt, nacido el 31 de mayo 1974, es historiador, periodista, locutor de programas de historia en la televisión y colaborador regular de medios como The Guardian y The Observer. Vinculado con el Partido Laborista británico, Hunt ha sido miembro del Parlamento en Stoke-on-Trent en Staffordshire. Es además profesor de historia británica moderna en la Universidad Queen Mary de Londres u autor de varios libros, entre ellos una interesante y bien documentada biografía de Friedrich Engels, publicada en el 2009 y titulada ”The frock coated comunist”, cuya versión sueca ”Kommunist i Frack, fue publicada en el 2013, por la editorial Leopard de Estocolmo.

En la reseña dedicada, con motivo de su aparición, al libro de Hunt por The Guadian, escrita Roy Hattersley bajo el título de A communist and a gentleman, se afirma con toda razón de que se trata de una biografía es clara y concisa; capaz de explicar lo que suele ser incomprensible, como por ejemplo la teoria del materialismo dialéctico o el libro del Anti-Dühring. Así mismo se le reconoce el mérito de habernos enseñado sobrela obra de los clásicos del Marxismo, que si bien prosa heroica era puro Marx, gran parte de la rutina intelectual dura que subyace a la musma había sido llevada a cabo por Engels. Se trata de un libro, afirma el periódico ingles, cuya importancia es la de extraer a Engels de abajo de la sombra de Marx, contandonos con con “objetividad cariñosa” la historia y el estilo de vida del primero. Aquí se retoman pasajes de la vida de Engels, como los de su época de estudiante del distinguido gimnasio de Elberfeld, donde se sintió atraído por “patriotismo romántico”, aunque el entusiasmo por La “joven Alemania” no duró mucho; el momento en que conoció a Karl Marx ,en 1842, siendo ya era un socialista comprometido o su envío a Inglaterra, en teoría por motivos de la empresa familiar, pero, de hecho, para mantenerlo alejado de compañía radicales. Allí, consagrado al duro trabajando en el comercio del algodón. Engels que no era precisamente un buen gerente se convertiría en el benefactor de Marx, financiando los esfuerzos intelectuales del “Moro”en el Museo Británico donde recababa los datos que necesitaba para su célebre Das Kapital. El hecho le permira a Hattersley destaca la doble ironía que se manifiesta en esta obra, la de que la teoría del comunismo funcionó a expensas de los trabajadores pobres y el remedio para los males económicos del mundo fue recetada por un incompetente financiero lo que nos plantea, según el reseñista una cuestion moral ¿Debemos preocupamos por el estilo de vida de un filósofo o son sus ideas todo lo que importa? En su comentario de la obra de Hunt,Roy Hattersley, nos recuerda los momentos gentiles de aquel alemán,hijo de un fabricante textil piadoso, nacido el 28 de noviembre 1820 en Barmen, Prusia, y muerto el 05 de agosto 1895 de cáncer de garganta; por ejemplo; cuando asumió la adopción del hijo ilegítimo y repudiado de Marx, una muestra mas del afecto y capacidad de auto-sacrificio que sentía Federico Engels por su amigo. El periodista concluye que si bien las paradojas de su vida como el magnate de algodón y socialista revolucionario, así como la complicación de sus teorías, hacen difícil de contar la historia de Engels, la tarea se realiza realizada con notable claridad por parte de Tristram Hunt,

Desde mi punto de vista trata de algo más que una compilación de datos bien hilavanada acerca de la evolución vital e ideológica del personaje, o de su particular relación con Carlos Marx, a quien Federico Engels, sin merecerlo, le cedió todo el mérito por la creación del llamado socialismo científico.

Es por demás un ensayo que intenta descubrir hasta que punto resulta responsable la obra y el pensamiento de aquel burgués socialista de lo que tras su muerte ocurriría en Unión Soviética y no sólo en ella.
Al final de su obra Hunt compara las denuncias que hacía Engels de la situación de la clase obrera en Inglaterra, con la explotación que sufren los trabajadores chinos, por cierto en uno de los pocos países del mundo donde el pensador alemán en venerado con rangos de semidios. El autor concluye que esa nunca fue la visión de Engels, y que se trataría de una negación de la negación que en su tiempo hicieron aquel socialista y su amigo Marx del capitalismo que les tocó vivir.

No tengo reparos en coincidir con el joven historiador británico en esa interpretación, solo agregando que su respuesta es la que se da a un pseudo problema, ya que en ningún caso resultan las ideologías –y el marxismo engelsismo es una por más que se vistiera de ciencia además de frack – responsables de los crímenes que en su nombre se realizan, ellas son lo suficientemente maleables y existe entre la teoría y la practica suficiente espacio como para que quienes toman el poder hagan y deshagan con los pueblos cuanto les de la gana en su nombre, sin que el mundo de las ideas tenga otra función que la de servir, cuando más, como lubricante doctrinario de la maquinaria del poder, sino como cortina de humo para sus desmanes, funciones para las que resultan intercambiables las doctrinas más diversas y opuestas.

En ese sentido si se trata de acusar se podría culpar por igual tanto al marxismo como a su oponente ideológico, el liberalismo, de los crímenes del llamado comunismo, máxime cuando estudiando la historia de centralización forzada impulsada por las “revoluciones” liberales del siglo XIX, en Europa y América se descubre en ellas, al margen de todo el bello discurso de igualad, libertad y fraternidad conque se justificaban, la prefiguración de los crímenes que un siglo despues cometerían los regímenes comunistas evocando las ideas de Marx de Engels, pero actualizadas para la ocasión por sus no siempre bien llevados discípulos Lenin, Trotsky y Stalin.

La tarea que está por hacer es la de descubrir las conexiones subterráneas que existen entre el liberalismo y el socialismo marxistas,vínculos cuya naturaleza resulta ser mucho más materialistas de lo que nos deja entrever el tupido bosque de las ideas.

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