Nobleza obliga: tengo que agradecer a la policía

7 May

Sede de la Policía del Condado de Estocolmo y la Policía Nacional y se compone de varios edificios erigidos entre los años 1911-1972, en la calle Kungsholmsgatan 33-47 en Kungsholmen en el centro de la capital sueca. La parte levantada en 1911 es hoy considerada como monumento nacional. Foto: Carlos M. Estefanía

Hace algunos años encontré en el metro un teléfono portátil, siguiendo lo aprendido en casa y a pesar del mal ejemplo recibido en los internados de las escuelas cubanas en el campo llamé a la policía para saber cómo entregarlo, no sé si fue producto de mi expresión en sueco o del prejuicio hacia el extranjero del oficial, el caso es que el hombre me dijo que tenía que pagar por el gesto, algo que me pareció absolutamente ridículo ¿cómo es que se va a castigar al cuidando por entregar algo que no es suyo? Pero la cosa se aclaró enseguida, el policía entendía que yo estaba reclamando algo perdido y es por eso que se deposita una pequeña cantidad, no recuerdo ahora si como retribución a quien hizo el hallazgo o por los esfuerzos de los policías a la hora de conservarlo y devolverlo a su dueño.
Parece que la ley del Karma ha comenzado actuar para mi bien. Hace dos semana durante el trayecto del trabajo a casa perdí una cartera como mi cámara fotográfica; algún buen samaritano ha debido entregarla las autoridades y así la he recuperado.
Primero esperé los correspondientes diez días que se aconsejan para preguntar en la empresa que administra el metro de Estocolmo, sitio probable de mi pérdida, cuando lo hice no sabían nada de ello, fue entonces que llamé a la policía para informar del hecho y en este caso fue un amable funcionario el que no solo tomo nota, sino que en cuestión de minutos llamó de regreso a mi teléfono para informarme que en el centro de objetos hallados de la policía de la ciudad habían unos que se correspondían con los que yo había descrito. Eso si me solicitaba que tuviera alguna manera de demostrar que aquello era mío, ya fuera describiendo lo que había retratado o por ejemplo diciéndole el número de serie del aparato fotográfico. ¡CANDELA! Al bajar a mi computadora las últimas fotos tomada con la cámara las había borrado de la memoria, el número de serie no lo sabía, para colmo había botado en embalaje y cual si fuera poco no encontraba el certificado de la compra.
Afortunadamente dos cerebros piensan más que uno y así fue que vino en mi ayuda el de mi mujer, recomendándome que buscara en mi cuenta de banco, a través del internet, alguna información que me ayudara.
Dicho y hecho, efectivamente toda nuestra vida, en particular su parte económica está recogida en la red; esto puede ser para nuestra mal más por esta vez fue para mi bien. Navegando en mi cuenta di con un día, un desembolso y una tienda que con toda probabilidad se correspondían con las coordenadas de la compra.
Llamé al lugar y con esos datos y mi nombre no fue difícil a la empleada dar con la transacción, y a su vez entregarme el código de la misma, se ofreció enviarme por correo la copias de los vales de compra, pero preferí presentarme esa misma tarde en el negocio y recibirlos directamente en su sección de atención del cliente.
Así fue, sólo tuve que mostrarle a la empleada los códigos que había recibido por el teléfono y está sin pedirme identificación si quiera me entregó los vales que necesitaba. Fuero ellos con los que al otro día presenté en la Sede de la Policía del Condado de Estocolmo, en cuyo costado, por la calle Kungsholmsgatan, número 43 se encuentra la sección de objetos perdidos- y sin dudas, gracias a estos papeles fue que la oficial que allí me atendió no tuviera el menor reparo en entregarme mis pertenencias, una vez pagada la modesta cifra de 200 coronas, el equivalente a unos 20 dólares; nada si se compara lo que valía la cámara sumada a la bolsa y su memora. Me retiré del lugar naturalmente contento y no sin antes agradecer a la policía por su efectividad. Y es aquí donde me preguntará en atento lector que en este blog me ha visto desbarrar en más de una ocasión contra ese cuerpo: “¿Qué vas a decir ahora?”
Mi respuesta es la siguiente; mantengo mi visión ácrata sobre la esencia de la policía los mismo en Suecia que en la Conchinchina, lo hago de la misma manera que la honestidad me obliga a reconocer e incluso a agradecer cuando sus representantes, trabajan bien, como ha sido el caso
No se olvide que lo que anda mal en principio, necesita apoyarse en momentos de bien para su propia sobrevivencia, ejemplos existen por millones, de izquierda a derecha, por ejemplo, con el nazismo, que su etapa de la preguerra fue capaz de reducir el desempleo, aumentar el nivel de vida de los alemanes étnico y por si fueran poco construir para los trabajadores unos sanatorio que muchos envidiarían hoy por su eficiencia.
De lo que se trata es de revertir la periferia en esencia, por eso como ejemplo para en mi utopía siempre guardaren en la memoria a los buenos policías con los que me comunique en estos días. Y que sería el modelo para una institución que en futuro, estuviese siempre al servicio del pueblo, no del estado, ni de las clases pudientes, que sirvan a ciudadano de a pie, sin tomar encuentra su origen nacional o social, sin excepciones, ni falsas prioridades y por supuesto ateniéndose a una verdadero derecho.
Nobleza obliga y por ello no me duelen prendas en reconocer que sin el trabajo de unos gendarmes (y por supuesto la rectitud de un anónimo ciudadano) no habría recuperado la cámara con la que retraté el entorno llamativo donde la recuperé y que usted, pinchando aquí, podrá ver.

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