En este 1 de mayo: todos somos Baltimore

1 May

El pasado lunes, Larry Hogan gobernador de Maryland declaró el estado de excepción para frenar los disturbios en Baltimore. Mientras que los medios en todo el mundo se dedican a crear una señal de identidad entre la manifestación cívica y la delincuencia que saquean locales y agreden a la policía desde la muerte, el 19 de abril de Freddie Grey, un afroamericano, que había sufrido una contusión tras ser detenido por los agentes. El caso se suma al de Michael Brown, también asesinado por la policía de Ferguson, en agosto pasado.

La familia de Gray ha declarado no querer que el movimiento social se vea ensuciado por la violencia”. Creo que no se percata de que se trata del mismo truco con el que desde el poder, por acción u omisión, de desacredita la protesta.

Es lo mismo que ocurrió hace más de un siglo cuando manos desconocidas lanzaron bombas contra los policías que disolvían las manifestaciones iniciadas el 1° de mayo de 1886 por los trabajadores que reclamaban la jornada de 8 horas de trabajo y que trajo consecuencia el juicio, contra años ocho trabajadores anarquistas, de los cuales cinco terminaron en el cadalso.

Para conocer mejor aquella historia que tanto manipulado en su favor el socialismo de estado, en sus versiones socialdemócratas y comunistas, nada mejor que una leer las crónicas, ajenas a cualquier angiografía y por tanto más objetivas, que dedicó José Martí a las luchas sociales de aquel tiempo en Chicago.

Siempre he creído, como en tantos otros casos de ataque de falsa bandera, que el terrorista que el 4 de mayo a las de 1886, hizo estallar en Haymarket Square la bomba que mató a un policía hirió a otros lo hizo de manera consiente o no, sirviendo al Estado. Es lo mismo que hoy suele ocurrir, lo mismo en Estado Unidos que en Europa, cuando una una delincuencia perfectamente estructurada se mezcla en las manifestaciones, y se apodera de las calles sin que la policía “pueda” controlarla, desviándose así la atención sobre el mensaje de los que realmente protestan.

Como lo que está pasando en Estados Unidos, es una historia que se repite día a día en cualquier parte del mundo incluida las pulcra Suecia, la prensa establecida del país escandinavo no ha dejado de prestar su atención y dar su opinión – que como toda presan legal y por muy privada que parezca en el fondo es la del Estado- sobre lo que está pasando en Norteamérica.

En su edición digital de este viernes, 1 de mayo 2015, el periódico Dagen Nyheter publica la noticia de que las protestas se están extendiendo en todo E.U.A. Se habla así mismo de que a pesar del informe inicial de la policía entregada a los fiscales el jueves siguen varias piezas del rompecabezas queda por aclarar. Por lo visto Gray, de 25 años de edad, fue arrestado por dos agentes de policía y perdió el conocimiento durante el viaje de media hora a la estación. El conductor del auto quien se detuvo varias veces dijo que al afroamericano estaba furioso. De acuerdo con el Washington Post, referido en el artículo sueco, otra persona que también iba arrestado en el autor, pero en la parte de atrás declaró haber escuchado a Freddie Gray darse golpes contra la pared, como si quisiera hacerse daño a sí mismo, algo que los abogados de Gray sostienen que esto no es cierto. La pregunta es por qué Gray, si tan peligroso parecía ser no estaba atado de tal manera que no pudiera dañarse.

Una semana después de su arresto, falleció Gray, según el médico forense en la causa de haberse roto el cuello contra la parte trasera de un autobús de la policía. Ver para creer, ahora en medio de la mayor secretes en la investigación oficial, los medios se hacen eco de la “teoría” de que Gray se mató a si mismo, como si fuera tan fácil suicidarse, sobretodo en manos de la policía.

Pero lo peor no es eso, lo terrible es que se sigan tratando estos asuntos, y las protestas que les suceden desde un reduccionismo racista del que ya hablado en estas páginas, pasando por alto lo mucho que tienen en común con lo que pasó en Chicago con una multitud de obreros en su mayoría de origen europeo, la manera en que se empercude la protesta social con la mácula de la criminalidad. Es lo que ocurrió en Suecia tras la explosión del pasado 30 de noviembre en el Centro de Justicia de Malmö, cuando la prensa comenzó hablar de un acto de venganza por parte de algún grupo mafioso local, como si los periodistas no entendiera que lo menos que le interesa a los delincuentes es buscarles las cosquillas a la policía, lo que no quita que se aprovechen de la distracción de esta para cometer fechorías.

El 30 de abril el mismo Dagens Nyheter publicó un sesudo editorial titulado “Los disturbios no ayudan”. Aquí se reconocía que tanto Walter Scott (de quien también he escrito) como Freddie Gray, se ha convertido para muchos en el último símbolo de la violencia policial, la injusticia y el racismo que existen en los EE.UU. de hoy. Así mismo se afirma que los disturbios de Baltimore sirven dos intereses totalmente contrapuestos. Para la “derecha” ellos confirmarían la existencia de una juventud negra que representan amenazas y violencia, contra la que la policía deberá actuar de aún más duramente en el futuro. Para la izquierda estos serían ejemplos de lo que sucede cuando la injusticia y la violencia oficial contra los negros pobres van demasiado lejos, lo que encajaría en una imagen de sociedad basada en la confrontación por contradicciones de la de la clase o raza.

De acuerdo a los editorialistas lo que ambas partes ignoran es que es sólo una pequeña minoría en este caso, Baltimore, la que está saqueando y destrozando la ciudad. La gran mayoría de los negro y blancos, están suspirando mientras barren los restos de los destrozos y calculan la cantidad de dinero que perdieron cuando sus coches se convirtieron en cenizas.

Para el periódico sueco resulta fácil sucumbir a conclusiones simples, “Dos errores no hacen” un acierto y se puede ser tan crítico del asalto de la policía como de la forma en que se explotar la ira para robar zapatillas de deporte y juegos de video.

En eso estoy de acuerdo, no así en que al analista de este importante diario se le escape el detalle que por ser simplemente una minoría la que vandaliza, la policía si se lo propusiera, con todos los recursos tecnológicos de que cuenta bien podría haberla puesto a buen recaudo, esto por no hablar de mi sospecha de que es ese mismo cuerpo, lo mismo en Estados Unidos, en Cuba que en Suecia el estimula y explota, ya no la justa ira, sino el “robo de zapatillas” para empañar las justas protestas.

Dagens Nyheter asegura que Baltimore no es hoy una ciudad donde los negros sean una minoría oprimida. El 63 por ciento de la población es afro-americana, así como el alcalde y el jefe de la policía. Sin embargo es cierto que la ciudad está plagada de privaciones sociales y violencia.

Dentro de la policía, informa el matutino, hay una sensación de que todo lo que hagan será un error. Si se golpea con fuerza contra un crimen en el que tanto autor y como la víctima son a menudo negros se les criticará por el aumento de las tensiones. Si por el contrario se echan atrás entonces vendrán las denuncias de que la policía condona el delito tan pronto como las víctimas no son blancas.

Esta dicotomía encierra una falacia, y es la de que la policía tenga el derechos a actuar con fuerza entendida con ella el salto de normas, si un policía arresta a un delincuente, del color que sea ateniéndose a las reglas y registrando los hechos, una vez con ayuda de las nuevas tecnologías, sin tener que esperar a que sea un transeúnte casual como su teléfono móvil quien se encargue de la transparencia entonces no habría problemas. Pero esto exigiría un estado de cosas en el que primara un nivel de claridad y de falta de impunidad que haría de la policía un instrumento poco menos que inservible a la hora de defender el sistema.

En este editorial también se acepta la existencia en muchos países occidentales de los mismos tipos de segregación, la cultura criminal y problemas sociales en Baltimore aunque, hacen la salvedad –de la cual no estoy muy seguro de que son una escala más pequeña. Pero no es esto lo que haría diferente a los Estados Unidos sino sus leyes de armas liberales absurdas, sugiriéndose en el artículo que esta sería la explicación de que el número de asesinatos per cápita en Baltimore en 2013 fuera mayor que en África del Sur y que la policía, sabiendo que cada sospechoso puede muy bien llevar un arma de fuego esté más estresada lo que a su vez aumenta el riesgo de disparos mortales.

Para algunos observadores, sobre todo en Suecia, el racismo estaría detrás de cada caso en el que un hombre negro asesinado por un policía blanco. Estados Unidos se presenta como un país donde los negros están completamente sin derechos. Hay desafortunadamente una gran exageración en ello, considera DN, en eso le doy la razón pero no tanto cuando lamenta que los medios no tomaran en cuenta que el policía involucrado en el caso de Michael Brown resultó absuelto por tanto un gran jurado como por una investigación del Departamento de Justicia: “los medios de comunicación, deberíamos haber aprendido a no sacar conclusiones apresuradas, incluso de las “evidencia fotográfica” que se difunden en internet.

El editorial termina asegurando que ni a Scott o Gray se les ayudada con la gente destrozando Baltimore. “La rabia puede estar justificada. La violencia y el saqueo no lo es.”

Estoy plenamente de acuerdo con la última expresión, tanto como con la idea que se está sobredimensionando el aspecto racial del asunto, lo que si no comparto es el rol que le atribuye el periódico a las leyes de armas o al estrés de la policía. Lo que le falta decir a Dagens Nyheter es que si a alguien se ayuda con los saqueos es precisamente a la policía y que mientras se crea que es un problema de ella contra los negros no se perderá el foco de un asunto, cuya esencia radica en el modo en que funciona la represión del ciudadano, sea del color que sea, por el parte del Estado, lo mismo bipartidista que unipartidista.

Y si bien no basta con las pruebas que dejadas por un activista en la red para sacar conclusiones, no meno apresurado resulta el contentarnos con las conclusiones de un tribunal, como parece recomendar este periódicos. Así se manifiesta no sólo la ideología liberal del medio, sino su olvido, de que también fue un jurado, al servicio del estado, el que lanzó un veredicto injusto contra los mártires de Chicago, y eso que ninguno era negro.

¡Feliz día de los trabajadores!

PS: En una nota de última hora publicada, hoy en el sitio digital del DN, a las16:58, hora local de Suecia, se informa que la Fiscal Marilyn J. Mosby, consideraba la muerte de Freddie Gray en Baltimore fue un homicidio. En el video que le dedica la Voz de América vemos que se trata de una mujer con raices africanas, como buena parte de la policía de la ciudad, confirmando que el problema allí no es de razas, sino de impunidad.

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