Tannhäuser : la ópera de discordia

31 Mar

“Tannhäuser y el torneo poético del Wartburg” es el nombre de una ópera romántica de Richard Wagner estrenada en 1845. La pieza está dando mucho que hablar últimamente, cual si fueran temas de actualidad aquellas aquella historias medievales en las que se basó el compositor a la hora de escribir su libreto a principios de los años cuarenta del siglo XIX.

Según la leyenda el cruzado Heinrich Tannhäuser de tanto vagar por el mundo había llegado al reino de Venus, la diosa del amor, un día se arrepiente de disfrutar de los placeres que allí se le ofrecían y decide volver a su vida habitual para lo que habrá de evocar a la Virgen María El caballero viaja a Roma para pedir perdón por sus pecados al Papa el pero este se lo niega, en tanto no crezcan retoños en su bastón. Desilusionado, el caballero regresa al reino del amor y es entonces ocurre el milagro, el bastón del Papa florece y como no puede dar con el cruzado es el Pontífice quien termina siendo condenado.

En 2013, Alemania quiso homenajear el bicentenario de Richard Wagner, con un amplio programa que incluía la reposición de su Tannhäuser. La ópera bajo la dirección Burkhard Kosminski contó con una escenografía que recordaba el período nazi, recordemos que el antisemita de Wagner había sido muy utilizado por propaganda nazi. Por supuesto que la polémica no se hizo esperar.

En estos días “Tannhäuser” ha vuelto a ser objeto de escándalo, mas no por que pueda haber ofendido a algún sobreviviente del holocausto, sino porque “con la iglesia ha topado” y no precisamente con aquella de la que hablaba El Quijote a Sancho, sino aquella a la que Stalin hizo renacer de sus cenizas, la Iglesia ortodoxa rusa, convertida por obra y gracia del Putinismo en un apéndice intocable del Estado.

Resulta que en diciembre del año pasado la Ópera y Ballet de Novosibirsk estrenó “Tannhäuser” bajo la dirección de joven director Timofej Kuljabins.

En febrero, los representantes de la Iglesia Ortodoxa Rusa comenzaron a protestar por considerar que la obra insultaba al cristianismo, en particular a Jesús Cristo quien aparecía como productor del musical.


Como resultado de la protesta, Boris Mezdricha, quien dirigia la Ópera y Ballet de Novosibirsk, fue despedido y sustituido por Vladimir Kehman quien era en el momento director del Teatro Mijailovski de San Petersburgo.

El colofón de la protesta fue una manifestación de tres mil personas, que tuvo lugar el domingo 29 de marzo de 2015, frente a la Ópera de capital de Siberia, acto comenzó con una oración masiva y fue respaldada por sacerdotes ortodoxos, celebridades y funcionarios del gobierno. Quién lo diría en un país que 30 años atrás era el principal divulgador del ateísmo científico.

La bronca desatada por Wagner en Novosibirsk ha escalado hasta convertirse en una batalla cultural nacional, donde grupos cristianos se manifestan en las calles de diferentes ciudades y los creadores culturales argumentan desde los medios, en particular los extranjeros a favor en favor de una libertad artística, amenazada por la religión.

Evidentemente existe una confrontación entre la Iglesia Ortodoxa Rusa y la élite cultural de Rusia, pero si a la primera se le pude acusar de utilizar recursos propios del periodo totalitario la segunda tampoco ésta libre de pecados en cuando se ha dejado comprar por quienes desde afuera, intentan convertir la cultura en medio de propaganda al servicio de un nuevo orden mundial.

En este contexto resulta interesante el enfoque parcializado que ofrece la radio sueca sobre el acontecimiento, en una nota que podíamos escuchar esta mañana y que puede ser leida en su portal digital, la firma el reportero Fredrik Wadström y se titula: Ministerio de Cultura de Rusia cede a las protestas de la Iglesia. En ella se le da voz al directora y actriz rusa Anastasia Patlay quien se queja de que la religión es ahora un tema prohibido para el teatro, y que a pesar de que en los últimos años los ataques de la iglesia a la vida cultural de Rusia habían sido feroces, lo nuevo es que el Ministerio de Cultura de Rusia ponga del lado de la Institución religiosa, actuando en contra de los trabajadores culturales.

En la nota sueca se informa que tras las manifestaciones de Novosibirsk los fiscales han abierto una investigación preliminar para saber si había sido violada una ley en defensa de los sentimientos de los creyentes, promulgada después de sentencia de cárcel contra los miembros del grupo de artistas Pussy Riot en 2012. Se trata de grupo que si bien hoy está en crisis producto de sus desavenencias interna y apenas se menciona, el momento de su acción contó con el respaldo unitario de la media sueca, lo mismo de izquierda que de derechas, una media que solo se entienden con las iglesias cuando estas, como la luterana entra por el redil de la ideología de género, que sueña ver a la ortodoxa rusa tan ultrajada como lo está siendo en todo en todo occidente, incluida las américas su hermana católica, en plena crisis de identidad, atacada permanentemente desde la industria cultural y por su fuera poco acosada en las calles por turbas histéricas histéricas y exhibicionistas; ante los cuales hacen de la vista gorda lo mismo tribunales y policías.

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