Fueron por lana y salieron trasquiladas: maltratadas, fichadas y descontentas

16 Dic

Cartel en la entrada del edificio de la Policía de Sodertörn, Estocolmo,  donde se hacían los refistros. Foto: Carlos M. Estefanía

Se ha desatado el escándalo en Suecia por la información difundida el 16 de dicembre de 2017, por el programa Eco hoy de Sveriges Radio (Radio de Suecia), acerca de que la policía conservaba registros ilegales con las intimidades psicológicas (abusos infantiles, depresiones, problemas con alcohol o drogas, mitomanismo, Etc.) así como otros detalles de miles de mujeres maltratadas.

Ellas creían que sólo los maridos serían objeto de estos registros, y han  terminado marcadas como ellos.  Metieron al estado en casa y ahora no saben como librarse de él, mas cuando estas debilidades, son de importancia fundamental para la construcción por la “justicia” de muchos casos de “maltrato”, esos com los que poco a poco se va destruyendo la institución familiar en la Europa Occidental.

Tal es el caso de Linn, de 28 años edad, quien se mostró indignada en el reportaje al conocer que tras  informar a la policía de que su novio la golpeaba; las autoridades se dedicaron a compilar de manera intrusiva información sobre ella, entre otras cosas, que había sido víctima de pedofilia y que padecía de bipolaridad.

La policía negó en principio que el registro existiera; en la radio se podía escuchar los sarcasmos y risas con las que los oficiales respondían a quienes preguntaban por ellos, pero varias fuentes confirmaron su existencia. El contenido es sorprendente, en la página digital de la radio: un enlace a las fichas de las mujeres ,afectadas por la intromisión policíaca en sus vidas pasadas.

Esta actividad fue realizada por un grupo especial  dentro de la de Policía de Södertörn, cuya estación se levanta al sur de Estocolmo, la actividad se mantuvo durante diez años e incluye entre 2000 y 3000 mujeres.

Citada por la radio,Ingrid Helmius, una Doctora en Derecho Público en la Universidad de Uppsala,  que ha investigado la policía sueca, confirmó la ilegalidad del registro.

Entre los datos que se ofrecen aparecen los de la etnia, la religión, diagnósticos psiquiátricos de las mujeres, así mismo comenterios que seguramente nunca llegaron a los tribunales,  como el de que “parece que el sospechoso (el maltratador) es la víctima.

Al final, la policía terminó reconociendo la existencia del registro. El jefe de la policía en Södertörn, Christian Agdur, justificó con buena intenciones el fichaje, se trataría de evaluaciones de riesgo de estas mujeres para evitar que fueran víctimas de nuevos delitos, algo que recuerda la ley cubana de peligrosidad, solo que a la inversa, digamos a la sueca.

Sin embargo, la realidad no sostiene este argumento. El día 17 de diciembre apareció en la página digital de la radio sueca el artículo: Clasificada como de “bajo riesgo” en los expedientes de las mujeres – fue asesinada con un cuchillo.

Se trata del caso de Mirjana mujer de un ex-policía “Lars”, quien fuera asesinada en 2010 por su marido, Mirjana ya había sido fichada el año 2009, después de que la policía llamara al apartamento de la pareja por una infracción menor. La evaluación del riesgo para este caso se clasificó como “baja” y no se tomaron medidas para proteger a la mujer. Hay que decir que esta evaluación se hizo por antiguos compañeros del hombre, reveló eco hoy.

Esto demuestra, además, del comportamiento corporativo de la policía, donde unos se protegen a otros –como en todo el mundo- que la evaluación del riesgo no funcionaba en lo que a la protección de las mujeres se refiere.

La industria del maltrato no ha tardado en pronunciarse al respeto, el mismo día 16 de diciembre varios medios se hicieron eco de la declaración de Karin Svensson, presidenta de Roks – Organización Nacional de Refugios de Mujeres y Niñas en Suecia quien vomitando su paranoia de genero, acusó a la policía de ponerse del lado de los acusados, declaró irrelevantes los datos registrados y expuso su alarma porque ahora las mujeres se vuelvan reacias a denunciar los supuestos crimenes., que comenten sus parejas contra ellas.

Sólo, quien no entiende, o no quiere entender como ocurre con la señora Svensson, el sistema se preguntará entonces para qué son los registros. Yo les encuentro sentido, se trata de influir en mujeres con conflictos reales o imaginativos, no para que se alejen o divorcien de sus maridos, sino para que, aún siendo sus parejas, o padres de sus hijos, hagan contra ellos lo que no harían con un desconocido, los inculpen, marcándolos para siempre como criminales en otros registros por el que nunca se escandalizarán los medios de prensa en el estado totalitario de partidos, los mismos cuya ” garganta profunda” les vino a contar lo que estába pasando un año después que se se terminara el registro de estas mujeres, en el 2013, según reveló el periódico Metro de Estocolmo, el 17 de diciembre de 2014.

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