Como en Ferguson, Estocolmo, París o La Habana: Policía, delincuencia y poder se apañan

30 Nov

Cuando la policía mata; utiliza luego, la delincuencia como la mejor aliada para hacerse la “necesaria” frente a la opinión pública. Es lo que está pasando en estos días en Ferguson Estados Unidos, y lo que ya lo habíamos constatado en aquellos incendios en las afueras de Paris,  iniciados el jueves, 27 de octubre de 2005, tras la muerte de dos jóvenes musulmanes de origen africano;  Ziad Benna de 17 años y Bouna Traoré 15 años. Se dice que Zihed y Bouna murieron cuando un coche policial, alcazó la moto en que viajaban, pero lo que masse difunde es la versión oficial de que  murieron al recibier un shock eléctrico al saltar la cerca de un transformador.

Esta historia de protestas en incendios se ha repetido en otras partes del viejo contiente, por ejemplo en Suecia, cuando en mayo 2013 Estocolmo, ardieron las afueras, tras la ejecución, en el barrio de extranjeros de Husby, de un anciano  desquiciado, de origen portugués, a manos de un piquete especial de la policía.

Sin actuar  realmente en defensa propia, la avanzada del Estado contra la población, había ejecutado, de manera directa o indirecta a ciudadanos que poco o nada podía hacer contra ella, luego ante la protesta social, el mismo todopoderoso cuerpo,  se había mostrado “impotente” de detener los vandalismos que empañaban la justa protesta de la ciudadanía. Los gendarmes creaban así la ilusión deque la sociedad no puede vivir en seguridad sin la presencia de los guardianes, no le bastaba el hecho claro de que la “justicia” del Estado, por una vez más,  no castigaría a los asesinos uniformados, siguiendo el principio de la impunidad que ofrece  el poder a quines están para someter en su nombre al otro;  al ciudadano de a pié. Un principio que va más allá de la fronteras donde los que mandan, al margen de que se parapeten en diferentes ideologías, al final se tienden la mano.

Eso explica, porque desde los micrófonos de  “La Tarde se mueve”; radio digital de la gusanera castrista en Miami, Edmundo García y Eddy Levy, navegando a contracorriente con lo que dicen los analistas tan destacados de la izquierda norteamericana como Amy Goodma  y Noam Chomsky, justificaron el 25 de noviembre de 2014, La decisión de un gran jurado de Estados Unidos de no imputar a Darren Wilson, policía que mató en agosto, al joven negro Michael Brown.

Lo hicieron condenando  además   los violentos disturbios en Ferguson, a la vez que se les escapa, quizás por cuestionas de edad o servilismo al mismo estado que de vez en cuando critican superficialmente, la responsabilidad de la policía con su dejar hacer.

En este caso, los llamanos a custrodiar el orden sólo protegieron los barrios blancos y dejando a su suerte los negocios de los negros, creando la falsa imagen de que se trata de un conflicto racial, y no de un caso más de la arbitrariedad sin fronteras de colores que ejerce el cuerpo policial: divide y vencerás.

¿Cuándo se entenderá de una vez que pesar de toda su supuestas radicalidad, el Castrismo (y por tanto sus voceros)  es una pieza más del Establishment mundial?, quizás la  mejor especializada en el uso conjugado de la policía y la criminalidad, algo que logra  organizando y disciplinando a la delincuencia en forma de brigadas de acción y respuesta rápida, cuya sangrienta versión bolivariana se ha dado en llamar”colectivos”.

El objetivo ya no es empercudir las demostraciones, con la delincuencia, como saben hacer bien los custodios  de las “democracias” liberales, sino reprimir y aplastar,   esas protestas sociales, que a García y a Levy no les conviene recordar,  lo mismo en Caracas que en La Habana,  allí dónde asoma el  rostro verdadero del Estado sin  caretas.

A manera de Postdata: La policía como victima

Renunció el policía y ahora circula por los medios, a modo de consuelo, la foto de un  ciudadano negro abrazando a un colega suyo. Es cómo si bastara una imagen y dejar el trabajo para exculpar un asesino. Ni se puede hablar aquí ni siquiera de “cabeza de turco” el policía no está siendo castigado, se está “sacrificando” para salvar a sus compañeros de no se sabe que amenazas, “¡que miedo!”.

La lección está clara ;no se puede condicionar la acción de la policía al respeto de la ley, pues se crearía en ella una suerte de escrúpulo que le impediría en algún momento cumplir su función transgresora por principio de defender a los de arriba al margen de cualquier pacto social. Tal es la conciencia de su impunidad  que tiene este cuerpo, que cuando en el programa televisivo  de María Elvira, se invita a Según Álvaro Zabaleta, el vocero de la Policía de Miami-Dade, para comentar el hecho lo que el guardia este lamenta no es la perdida de una vida humana, sino el final de una carrera, la misma que el mismo habría perdido, reconoce,  cuando estuvo a punto de asesinar a un niño de 13 años, desarmado y enfermo mental. Zabaleta cuenta la, anécdota con lastima de si mismo y no del infeliz que él, en combinación con un sistema que hecha a los enfermos mentales (blancos, negros, indios o asiáticos) a la calles, casi hacen desaparecer, como ocurre día a día con miles de jóvenes  que asesina la policía, sin que los medios, la ciudadanía  pon no hablar de las bien financiadas organizaciones  defensoras de los derechos humanos digan: ” esta boca es mía.”

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